Ciencia Ficción Barata
Para la Tribuna del Agua de la Expo 2008 de Zaragoza, como apadrinamiento del festival de I Concurso de Cortometrajes Agua y Desarrollo Sostenible.
Para la Tribuna del Agua de la Expo 2008 de Zaragoza, como apadrinamiento del festival de I Concurso de Cortometrajes Agua y Desarrollo Sostenible.
Internet funciona a sopapos. Llego a casa a una hora desaconsejable, debatiéndome acerca de qué hablaros, todavía aturdido por la reacción al juego online, tratando a de poner orden al huracán ruidoso e incierto en el que se ha convertido mi vida de un tiempo a esta parte, y buscando el tema más oportuno del que hablar. Entro, como hago con cierta frecuencia, en Antiegos, y me topo con una sorpresa agradable como pocas.
Llevaba tiempo preparando un texto acerca de ·La aventura de Rosa, el cortometraje de Ángela Armero en el que una chica (Alba Alonso) se debate entre Fran Perea y un servidor. Como pueden comprobar, el género es fantástico. Pues bien, resulta que lo pueden ver pinchando aquí.
De los recuerdos de un rodaje siempre te quedan sensaciones extremas. La mayoría de los casos el fin de un rodaje es la vuelta al útero materno tras pasar una semana en Irak. Notas que has llegado al límite de tu capacidad física, mental y emocional, como si fueses el protagonista de un culebrón en un edifición en llamas. Sin embago, en este rodaje, me quedé con las extrañas ganas de más. Antes les hablaba de un huracán ruidoso e incierto. Pues bien, aquellos días alguien bajó el volumen y sirvió una copa. Fue un rodaje delicioso, y está claro que debería darle las gracias a Ángela, a su equipo, y, por supuesto a Alba y a Fran.
Descubrir el corto recién desempaquetado, y al alcance de la mano me ha devuelto a esos días, al estupendo guión, y a la gozada que supone participar en un corto tan cristalino, tan honesto y tan divertido. ¡Chapó! Si os ha gustado, no me lo digáis a mí. Decídselo a ella.
Postdata para Cronojugadores: ¿Habíais visto este trailer?
“Quién me iba a decir a mí, eh” pensaba yo con la careta de goma puesta.
He sido fan de la obra de Miguel Angel Martín desde siempre. Y, destino, lúcete, he acabado interpretando a dos de sus personajes. A Rudy, el lider sectario intérprete de rock industrial con pálpito genocida en la obra de teatro Kyrie – nuevo europeo. Y a Rubberface en el cortometraje de Borja Crespo Snuff 2000.
Tanto Crespo como Martín han sido dos de esas personas a las que he tenido el placer de admirar antes que conocer. A los dos desde antes de ir a la universidad. Borja Crespo era una figura reconocible en el mundo del cortometraje antes de que existiese NADA. Antes de los festivales, de los premios, de las ambiciones generalizadas. Antes de que hacer cortos tuviese ningún sentido, Borja, en compañía de Koldo, organizaba pases de obras como Foto-Matón o El trivial exterminador. Era una época tan falta de perspectiva, y a la vez tan emocionante, que no sabías dónde estaban los límites. Pero los pitotes que montaban estos dos parecían estar cerca.
Y Martín, hace poco lo comentábamos, es de esos pocos artistas que, sin variar su dibujo un centímetro más allá de las huellas casi imperceptibles del tiempo, jamás ha quedado trasnochado. En cualquier lenguaje es complicado no salirse de los estrechos márgenes de una personalidad tan marcada como la suya durante tantos años y ser tan actual como el primer dia. O más que actual, anticipador. ¿Cómo es posible que los cabezones exactos de M. A. sigan pareciendo dibujos de dentro de diez años, cuando ya existían hace casi veinte?
Con todo esto, os podréis imaginar lo que supuso para mí participar en Snuff 2000, haciendo un papel tan deshumanizado pero a la vez tan campestre como el de Rubberface. Tengo un recuerdo bastante extremo del rodaje. De las risotadas con Antonio Gómez. De lo mucho que sufrió Susana Guerrero, la mismísima Dramakuin haciendo de embarazada en la peor situación posible. Del increíble dolor que causaban la máscaras de goma en las sienes.
¿Qué queda de todo eso con el tiempo? Curiosamente, hoy en dia se han hecho más frecuente los esfuerzos cinematográficos a la hora de imitar las constantes de un dibujante de cómic específico. Siempre desde un presupuesto holgado y las posibilidades infinitas de la tecnología digital. Pues Crespo hizo algo similar antes de Sin City y similares, sin pantalla verde ni nada, con cuatro perras de su bolsillo, y además tomando como referente un tebeo forzosamente anticinematográfico. Sin un tono, trama o estructura mínimamente cómplice con el trasvase. Y yo estuve ahí.
Hoy en dia el cortometraje se incluye en la edición en DVD de El Almuerzo Desnudo, a cargo de AVALON. Por fin se edita El Almuerzo Desnudo, después de tantos años y mira. Quién me iba a decir a mí.
Es mi último cortometraje, lo protagoniza el gran Carlos Areces y lo pueden ver aquí . Se trata de uno de los cinco cortos que forman parte de la iniciativa Nature Movies, presentada por Nokia y Fotogramas. Julio Medem, Isabel Coixet, Daniel Sánchez Arévalo, Borja Cobeaga y servidor hemos hecho sendos cortos con la cuestión del medio ambiente como común denominador. Y con el teléfono móvil NokiaN95 como única cámara. Ya me dirán.
No, no es un fotograma del corto, ya me gustaría a mí. Se trata de un posado robado de Ojete Calor, los autores de la banda sonora. Miren, MIREN.
Es mala idea que les hable del notodofilmfest hoy porque la entrega de premios y fiesta posterior fue anoche. Por lo tanto, estoy de resaca. Ya saben que yo no me suelo poner con frecuencia la chapa de maldito, pero tengo que advertirles (y advertirme, claro) que, con los años, mis borracheras van a peor. Y por lo tanto, las resacas.
Que los cortometrajes sirvan para algo además de para llevarse a sí mismos y a sus directores a las alturas es el eterno debate. Más o menos tenemos asumido que el destino natural de un cortometraje son los concursos y festivales. Mi gigantesca carrera de festivales ganados y perdidos me da la autoridad para lanzar esta reflexión al vuelo: ¿No es triste que el destino marcado de nuestro trabajo como cortometrajistas sea competir antes incluso que comunicar? Lo digo con otras palabras: En España hay una extensa y variada comunidad de cortometrajistas cuyo trabajo define la posibilidad de que el cine, dentro de diez años, no sea el mismo que hay ahora. ¿No es una pena que la única forma de convivencia entre ellos sea la competición? ¿Se imaginan que todos los directores de largometraje españoles tuviesen por ley que estrenar el mismo fin de semana?
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