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¿Tienen algún sentido las huelgas universitarias?

Por: | 28 de febrero de 2014

1393492505379Ayer había convocada una "huelga" de estudiantes de secundaria y Universidad que, en mi Universidad (y especialmente en el campus donde se encuentra el centro donde yo trabajo, la Facultat de Dret de València), derivó en incidentes varios que abocaron al cierre de los aularios donde se imparten la mayoría de las clases. Aunque en otros centros, o incluso en el mío, hubo quien pudo dar clase con normalidad (es, por ejemplo, mi caso, tenía una clase por la tarde y transcurrió sin incidentes aunque con menos afluencia de la normal), es éste un suceso que sistemáticamente (aunque no necesariamente de forma generalizada) se repite cada vez que hay una huelga de estudiantes. Y, más allá de la ritual condena que merece que haya quien considere que su "derecho" a no ir a clase (derecho que, por cierto, y por lo general, se tiene todos los días del año excepto si te topas con determinados talibanes boloñísticos) ha de ir acompañado del de privar a los demás de tomar la decisión por sí mismos (y digo ritual porque de tan obvio que es afirmarlo da la sensación de que tiene poco sentido reiterarlo), a mí los sucesos de ayer me mueven a preguntarme algo más sencillo y directamente de base en torno a este asunto: ¿tienen algún sentido estas "huelgas"?, ¿sirven para algo?, los convocantes, ¿qué es lo que buscan con ello?, ¿lo consiguen?

Vaya por delante que siempre he considerado con cierto escepticismo que se califique de "huelga" lo que no tiene nada que ver con las huelgas de trabajadores que definen el término. Los trabajadores que dejan de ir a trabajar lo hacen, en el marco de un conflicto, asumiendo un coste (y un coste no menor) como es la pérdida de su salario. Ir a la huelga es, pues, no sólo costoso sino muy costoso si el conflicto se prolonga en el tiempo (lo que suele ser el caso cuando la huelga no es mero acompañamiento simbólico de otro tipo de protestas). Esta actuación es por ello es especialmente encomiable y, en parte por esta razón (aunque también por otras) muy digna de mucha protección jurídica. Cuando un grupo de trabajadores decide plantear un conflicto laboral por esta vía es, sí o sí, porque ha agotado todas las demás menos lesivas para sus intereses y porque, jugándose mucho en el envite, decide poner a alguien que tiene capacidad de decisión efectiva para llegar a un acuerdo en una situación también compleja. Mientras dure la huelga, ambos pierden (aunque quizás unos más que otros), fomentando en cierta medida que, caso de que haya una solución posible y no óptima pero sí asumible para ambas partes, se pueda llegar a un acuerdo. 

Como a nadie se le escapa, nada de esto tiene sentido con una huelga de estudiantes. Los estudiantes no reciben un salario que dejen de perder y, de hecho, ni siquiera hacen algo demasiado excepcional dejando de asistir a clase (dado que las tasas de asistencia en la Universidad española son bastante lastimosas -lo que, por cierto, quizás debiera hacernos reflexionar a los profesores sobre cómo tenemos montado el tinglado, pero eso es un tema del que mejor hablar otro día-). En el peor de los casos, pierden la clase que sea impartida ese día, aunque hay una costumbre muy extendida que entiende que si hay "huelga" no se puede avanzar en el temario (y, por supuesto, no se pueden hacer exámenes) para evitar perjuicios a los estudiantes que se movilizan. Como puede verse, nada que ver con una huelga de verdad. Hasta tal punto de que nunca he entendido por qué se hace uso del término (aunque en el fondo la respuesta es obvia, para vestir con un ropaje muy digno lo que, como reivindicación, a veces lo es... y a veces no).

Las llamadas "huelgas de estudiantes" en la Universidad tienen más que ver, sencillamente, con una jornada reivindicativa que institucionalmente se entiende como digna de respeto (lo que no me parece necesariamente mal), por lo que, en consecuencia, se decide también "protegerla" paternalistamente desde la institución (esto es, desde la propia Universidad) evitando cualquier consecuencia negativa, o al menos las más lesivas (a diferencia de lo que pasa con una huelga de verdad, donde los trabajadores pierden su salario del día) para quienes forman parte de ella. En el fondo, probablemente no puede ser de otra manera. Porque los estudiantes, sencillamente, reciben una prestación y tiene poca lógica emparentar esa actividad con la de trabajar. Prescindir de la misma como mecanismo de protesta radical podría tener, quizás, su sentido en momentos y circunstancias extremas (relacionadas con una enseñanza muy deficiente o sesgada, por ejemplo), pero da la sensación de que nadie,en este mundo de hoy, se plantea hacerlo para protestar contra los recortes o cosas equivalentes. Bien está.

La cuestión es que, planteado el asunto en estos términos, me queda la duda, la verdad, de para qué sirven entonces estas reivindicaciones organizadas como si fueran huelgas y consistentes en no ir un día a clase. ¿Se logra algo con ellas? ¿Son un mecanismo eficaz de protesta? Sinceramente, tengo la sensación de que no. Son un modelo ritual de movilización, cómoda (porque no tiene costes para quienes participan de ella) pero que no  tiene capacidad real de condicionar ninguna decisión (ni de la Universidad, contra quién además no suelen ir las protestas; ni del Gobierno, a quien le da un poco igual, la verdad, que haya clase o no). El único (y magro) efecto que se puede lograr es salir un poco en prensa. Y como para ello es más útil que se tenga que cerrar un aulario porque ha habido piquetes violentos que simplemente lograr un movimiento de protesta más sólido y generalizado a partir de otros mecanismos de movilización, pues es lo que tenemos. Tampoco es que se logre nada así, más allá de extender una imagen que no sé si es muy beneficiosa para quienes protestan (en todo caso, ése es su problema, no el mío), pero quizás este estado de cosas debería llevarles (y llevarnos) a cierta reflexión. 

Por ejemplo, en clave interna, que es la que más me interesa, hay que cuestionar si hacen bien las Universidades españolas optando demasiado rápidamente  por soluciones fáciles y expeditivas (como cerrar aularios) que demuestran no querer líos incluso a costa de suspender (institucionalmente, de facto) las clases en lugar de otras, quizás más complicadas de instrumentar, que pudieran garantizar que se impartieran efectivamente todas las clases que fuera posible impartir para los alumnos que lo deseen. No hay que ser tolerante con cierto tipo de acciones (no, al menos, en el sentido de dejar de cumplir con tus obligaciones para alentarlas), por mucho que haya una supuesta "tradición" en este sentido. Máxime cuando, al menos desde mi óptica, asistimos cada vez más a supuestas "huelgas" que casi ya no buscan más imagen reivindicatoria que esa violencia de baja intensidad que supone el pequño, magro y ridículo éxito de "lograr que hoy no haya clase". ¿De verdad eso es el gran éxito? ¿Sólo eso? La verdad, a tan poca cosa, y conseguida de esa manera, habría que dejar de llamarla "huelga" de una vez porque, lamento decirlo, degrada un término que se refiere a un esfuerzo muy meritorio de unos trabajadores que se juegan su salario para luchar por lo que creen justo y no por participar en batallitas estéticas asociadas más a cierto narcisismo supuestamente rebelde que a una reivindicación seria.

Hay maneras mucho más inteligentes y adaptadas a los tiempos de activismo político. Es patente que en nuestras Universidades, a día de hoy, están mayoritariamente ausentes. La preocupación de los estudiantes y sus asociaciones por los problemas internos de la Universidad o algo tan obvio e importante como la calidad de la docencia que reciben está bajo mínimos. Recientemente en las elecciones a rector de la Universitat de València se ha vuelto a poner de manifiesto (junto a la legendaria tendencia del profesorado a verlas como unas elecciones para lograr reivindicaciones respecto de las mejora de las condiciones de trabajo) que lo importante para cierto activismo de nuestros días es el día de la paella y no la cantidad de profesores que van a clase a leer unos apuntes, libro y power point (y eso, claro, si van). Que este estado de cosas quede maquillado por cuatro contenedores cruzados en la calle y aularios rociados de espuma de extintor para impedir las clases no hace la cosa más digna sino, la verdad, mucho menos.

¿Hay algo más? Pues sí, hay algo más. Ayer mismo, por la tarde, se presentaban libros y debatía sobre cuestiones de mucho interés en el casal que los estudiantes han montado usando el espacio ahora vacío de la antigua cafetería de Filosofía. Ocupa menos espacio en los medios, pero probablemente de ahí saldrán cosas más útiles para el futuro. El problema es que de esto tenemos poco y, en cambio, de otras cosas, demasiado.

Hay 8 Comentarios

Xavi, iría con todo diciéndote que el 90% de los estudiantes que asisten a las "huelgas" no han pagado su matrícula. "Se la han pagado". No olvidemos que hoy en día está muy extendido ese pensamiento de "rompo la papelera pública, no la pago yo" que se extiende al ámbito privado en casos como éste. Dudo que ninguno de los que va, piense en el dinero que han desembolsado sus padres.
Quien se paga la matrícula a si mismo, no tiene tiempo ni intención de tirar ese dinero

Maniqueo, reaccionario y bochornoso. Hay tantas formas de huelga que huelga explicar su valor. Tengo dudas sobre el valor de la violencia pero no sobre el valor de las huelgas. En el fondo de tanto mal uso de las huelgas (incluida la devaluación que programádamente hacen las autoridades con concesiones infantiles) existe la luz de un grupo de personas que saben que esto no va bien. En fin, leí artículos menos tendenciosos en ¿Qué pasa? Si no sabes que es lo miras.

No estoy de acuerdo en parte con el artículo. Verás, te resumo lo que pienso en breves líneas.

Sí estoy a favor de la huelga universitaria como una forma de mostrar el descontento que tiene el estudiantado y parte del profesorado en general hacia la situación general de cómo está la Educación Universitaria, que debería mejorar mucho más en muchos aspectos, como en becas y ayudas (mejorarse, aumentarlas, ampliar el abanico de ayudas con ayudas adaptadas a varios perfiles mayoritarios de personas y a casos más concretos), mejoras de infraestructuras y transporte, mejores servicios (las cafeterías de Tarongers no están mal para el precio tan bajo respecto a otros bares, aunque se podría mejorar más), etcétera...

Lo que no estoy a favor es de que en las huelgas se emplee vandalismo, sea de la forma que sea, como el que se ha visto en la Facultad de Derecho (mi clase era una de las más afectadas por la rociada rociera de extintores), ni que se proceda al insulto hacia el profesorado (que tambien sufre los recortes) ni hacia la policia o los políticos (por muy dificil que sea contenerse en estas situaciones, lo se...). Fue lamentable lo que se pasaron los que hicieron la gracia, y temo que repercuta en un aumento de tasas a la mayoría de alumnos como ''castigo'' general para arreglar los desperfectos causados

sus argumentos parecen dictados por Franco frente al heroico movimiento de 1956.

Yo mismo no lo hubiera expresado mejor que el autor. Vocablo inapropiado ("huelga") para quienes no se juegan nada, violencia, negación del diálogo y coerción a quienes no participan, daños a bienes que son de todos, pérdida de clases, intimidación, imposición de una actitud. En breve: la antítesis de la Universidad. Pasé por ella cuando las carreras delante de los grises, imagínense mi antigüedad. Nunca sabré si hubiera terminado la carrera que había empezado, e incluso alguna otra, sin aquellas huelgas, aquellas asambleas, aquellas clases inexistentes o rellenadas con votaciones de absurdidades. Yo votaba que sí a todo, cuanto más que no tenía ni idea de lo que iba aquéllo; yo creía que había ido a estudiar. Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus... Quizá la época más triste de mi vida. Pero mi vida ha sido la que ha sido y no es la cuestión, sino que todo siga igual.

Xavi, gràcies pel comentari.

Es cierto que existe ese daño (lo que, por cierto, es un argumento adicional para no entender en ningún caso como admisible que se impida por la fuerza que otros reciban esa enseñanza que han pagado, en parte, caso de que deseen que les sea garantizada), pero también lo es que por lo general (se garantiza que no pierdas examen y con ello matrícula, incluso se dan esos contenidos de nuevo en otras clases muchas veces) es reducido.

De hecho, por esa razón digo que puedo concebir una "huelga" universitaria en serio como algo meritorio (un profesor da una mierda de clases y los alumnos optan por hacer huelga todo el semestre, exponiéndose a perderlas, como mecanismo reivindicatoria, por ejemplo; ya no digamos si es a gran escala, protestando contra todo un plan de estudios o algo así), pero creo que no estamos en ese caso.

Yo lo que veo, la verdad, son protestas ritualizadas y poco reflexionadas que no logran nada porque, en realidad, no pretenden nada más que "marcar palmito" (lo que en términos de visibilidad sirve sólo a tres o cuatro y para objetivos del todo ajenos, en realidad, a lo que supuestamente ha de buscar lograr la protesta).

Mi experiencia personal es que estas huelgas sólo sirven para perder horas de clase. De las huelgas que hice, nunca se consiguió nada http://xurl.es/9ik46

Andres, respeto tu opinión, pero no estoy de acuerdo con ella. Piensa que esos alumnos también reciben un daño económico no yendo a clase. Han pagado la matrícula por esa clase y han pagado impuestos para que esa clase sea posible. Y ese día renuncian al derecho que tienen a cambio de esos pagos.

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Sobre el blog

Una mirada al mundo y a la actualidad a través del Derecho público. Este blog no es sino el reflejo de los anteojos de un jurista y su uso para filtrar obsesiones, con mejor o peor fortuna. Aspira a hacer más comprensible la realidad aportando un prisma muchas veces poco visible, casi opaco. En todo caso, no aspira a convencer a nadie sino a dar razones. Porque se trata, sobre todo, de incitar a pensar desde otros puntos de vista.

Sobre el autor

Andrés Boix Palop

(València, 1976) es Profesor de Derecho administrativo en la Universitat de València y ha estudiado o investigado, en diversos momentos en Universidades francesas y alemanas (París, Múnich, Fráncfort). Al margen de sus trabajos sobre cuestiones de Derecho público escribe regularmente sobre temas de actualidad que tengan que ver con esa parcela del ordenamiento, no sea que en contra de lo que históricamente han considerado los juristas españoles, haya alguien ahí fuera a quien puedan interesar estas reflexiones a caballo entre lo jurídico, lo noticioso y las obsesiones personales de su autor.

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