Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Dioses caídos

Por: | 29 de octubre de 2010

BjornBorg
El juez más implacable fue Jordi Arrese. Thomas Muster volvió a competir esta semana, y al hacerlo no solo perdió en primera ronda del torneo de Viena, organizado por su antiguo mánager, contra un tenista 20 años más joven: a sus 43 años, el ex número uno también se arriesgó a que el tiempo juzgue con más dureza su carrera, a que sus numerosos títulos y logros quizás queden ensombrecidos por ese intento de volver a ser el hombre que fue cuando el reloj ya ha decidido que eso es imposible. El austriaco, sin embargo, no fue el primero en ceder a esa tentación. Antes estuvo Bjorn Borg. Para el genio sueco, Jordi Arrese fue principio y final del camino.

            El hombre de hielo se había retirado con 26 años y 11 grandes. Su lugar en la historia de su deporte estaba asegurado. Nadie había domado la tierra y la hierba con su puño de hierro. Nadie como él había dejado una marca tan indeleble. Borg, sin embargo, se casó y divorció; montó y perdió negocios; se encontró en la ruina, rodeado de rumores nunca demostrados sobre drogas y malas decisiones financieras, y decidió volver. Era 1991. Llevaba ocho años sin jugar. El club de Montecarlo pedía dinero para presenciar sus entrenamientos. Discutían los tenistas sobre las posibilidades del gran hombre (“Me da pena, mucha pena”, decía Edberg, entonces el número uno). Y así, tras entrenarse con unos jovencísimos Becker e Ivanisevic, que concluyeron que era un top 10 en forma física, pero que le faltaba  fuerza, picante, en los golpes, el tenista de 34 años se presentó con sus prehistóricas raquetas de madera en la primera ronda de uno de sus torneos fetiche: Jordi Arrese, por entonces más allá del número 50, acabó con él en un suspiro (6-2 y 6-3) sobre la arena de Montecarlo. Duraron más los prolegómenos que el propio partido. Borg siguió intentándolo, pero ya lo vio todo en aquel primer encuentro: ni sus raquetas ni su cuerpo estaban ya en sintonía con aquellos tiempos. Perdió 12 partidos seguidos.

            Borg, como Muster, no se quedó solo en ese intento por reverdecer viejos laureles, tan frecuente en el tenis femenino (Clijsters, Henin, Margaret Court, Hinguis) y que tan mal puede sentarle a una biografía. John McEnroe se retiró en 1992 y dos años después se llevó tal disgusto en la primera ronda del torneo de Rotterdam (2-6 y 6-7 ante Gustafsson) que ya no volvió a intentarlo. Ilie Nastase, con Borg el primer sex symbol del tenis, lo dejó con 39 años, volvió tres cursos después en el torneo de Dijon, y ya tuvo suficiente (2-6 y 6-7 ante Moir, el número 260). Del mismo modo, Stan Smith, campeón de Wimbledon y del Abierto de Estados Unidos, perdió decenas de partidos tras su primera retirada. Al final, como Borg, todos encontraron a su Arrese, al tiempo disfrazado de tenista para explicarles que hasta los dioses tienen fecha de salida.

BORG Y MCENROE, EN UNO DE LOS TIE-BREAKS MÁS EMOCIONANTES DE LA HISTORIA (Wimbledon, 1980)

ARRESE, EN LA FINAL DE LOS JUEGOS DE BARCELONA 1992

900 veces Federer

Por: | 25 de octubre de 2010

Federer
Al principio, antes de que fuera obligatorio romper la ventanilla del coche, antes de que hubiera que contratar aviones privados para que volaran los amigos, antes de que el gato ya se pudiera quedar solo, y antes de que Roger Federer ganara el torneo de Estocolmo, la semana pasada,... ya estaba todo.

- Roger Federer, número 396 del mundo (antes del partido): “Yo sé contra lo que me voy a enfrentar, al contrario que Agassi, que no tiene ni idea de quién soy yo. Jugaré para ganar”.

 - Andre Agassi, número ocho del mundo (después del partido): “Demostró talento y su instinto unas pocas veces, pero para mí ha sido una primera ronda ideal, porque no tuve que hacer mucho para ganar y pude acostumbrarme a las condiciones de juego”.

Era 1998. Federer, un chaval al que solo conocían en su país, centraba todas las miradas en el torneo de Basilea, que esperaba como mejor medida de su talento al encuentro que le enfrentó a Andre Agassi. Perdió el suizo por 6-3 y 6-2. Aquellas dos frases, sin embargo, demuestran que en aquellos lejanos tiempos ya estaba todo: la confianza infinita en sí mismo de Federer. La incapacidad de Agassi, que resume la de cualquiera, para imaginar lo que el suizo sería capaz de hacer luego.

Federer ganó la semana pasada el torneo de Estocolmo, una cita menor en el calendario. Para él, no: celebró su partido 900 con victoria (¡qué barbaridad!), logró su título 64 (iguala a Pete Sampras en el cuarto puesto de la Era Abierta) y firmó el tercero de una temporada gris para su infinito talento, por mucho que conquistara el Abierto de Australia.

“Es increíble estar en el mismo sitio que Pete, ahí donde él acabó su carrera”, dijo el número dos del mundo. “Nunca sabes cuándo ganas tu último torneo. Por eso hay que saborear cada victoria”.

La primera gran victoria supuso una ventanilla rota: su padre se había dejado las llaves dentro del coche tras conducir hasta Milán para ver la final. La tercera victoria en Wimbledon, la prueba definitiva de que su progenitor podía dejar de cuidar al gato: Robert Federer había visto a su hijo Rotschi perder en primera ronda de ese torneo con Mario Ancic, había deducido que su presencia daba mala suerte, y, hasta entonces, no había pisado otro partido, con la excusa de atender al animal. La conquista de Roland Garros, que sellaba el Grand Slam, también se notó en los cielos: había que traer en avión a los amigos para que lo vieran.

Nadie podía imaginarse todo eso en aquel torneo de Basilea. Tampoco Agassi en 1998. El hombre no sabía que ese día jugaba con un genio.  

IMPRESIONANTE REVÉS EN PUNTO DE PARTIDO EN LA FINAL DE WIMBLEDON 2008 LOS TWEENERS COLECCIÓN

Entrenadores mudos por 5000 euros

Por: | 20 de octubre de 2010

Los teletipos describen el partido como “polémico duelo”. Hablan de “amarga eliminación”. Cuentan, además, que Daniel Gimeno Traver “protestó parando el partido [...] y pidiendo la presencia del juez de la ATP, por la actuación del entrenador del Ryderstedt, que durante todo el encuentro dio instrucciones a su pupilo”. El valenciano cayó el lunes 7-6 y 6-3 contra el sueco en primera ronda de Estocolmo. Sus protestas, justas según el reglamento, provocan una pregunta: ¿Cuánto vale un entrenador que no te puede hablar durante el partido?

            “No entiendo por qué un jugador paga a un entrenador para que luego este no le pueda ayudar y aconsejar durante el momento más importante de su relación, que es el partido”, suele decir, palabra más, palabra menos, Toni Nadal, tío y entrenador del número uno, un hombre cargado de sentido común, que este año, en Wimbledon, fue sancionado con 2000 dólares por gritar “¡positiu!”, “¡positivo!” en mallorquín, sin duda la clave táctica que resolvió un tensísimo partido. No es, ni mucho menos, el único entrenador que ha sufrido ese sinsentido.

La otra cara de la moneda, además, hace aún más ridícula la situación: el tenis femenino sí permite que los técnicos bajen a la pista a aleccionar a sus jugadoras (video). Los hombres pagan hasta 5000 euros de multa por cada vez que abren la boca. Los hombres saben que el supervisor puede cambiar a su técnico de sitio en la grada si sospecha que le está haciendo gestos con aplicaciones en el juego. Los hombres no pueden escuchar música en la pista o hablar por teléfono, no vaya a ser que les estén dando instrucciones. Y entre los hombres abundan los aficionados que intentan desprestigiar grandes victorias con el argumento de los consejos recibidos, además de los jueces con raseros distintos, porque hay tenistas que se sienten perseguidos. Así está hoy el tenis: en la ATP, los entrenadores son mudos.  

Pelotas mordidas y brazos en jarras

Por: | 18 de octubre de 2010

Fotografías para contar la última semana del tenis, en la que Roger Federer recuperó el número dos, cosechó una de las peores derrotas de su carrera en juegos perdidos (6-3 y 6-2 contra Andy Murray en la final de Shanghái) y conoció que se había disputado la final femenina de más edad de la historia: Tamarine Tanasugarn (33 años) venció en Osaka a Kimiko Date (40).

1. Tsonga perdió en cuartos de Shanghái y se alejó de la Copa de Maestros de Londres.

Tsonga 

2. Federer no encontraba explicación para los errores de su final.

 PeticionImagenCASLTUAH

3. Murray, tras un curso decepcionante para su altísimo nivel, volvió a encontrarse...pero sufriendo. 

Murraydolorido 

4. Nadal perdió en octavos de un masters por primera vez desde 2008. La soledad de la derrota.

Rafa 

5. Kimiko Date, vieja rival de Arantxa Sánchez Vicario, siguió pegando a los 40 años.

Kimiko 

Y 6. Ana Ivanovic, ex número uno, ganó un torneo por primera vez en dos años (Linz).

IVA 
 

Las arrugas de una crisis

Por: | 16 de octubre de 2010

PeticionImagen La japonesa Kimiko Date ganó el viernes 5-7, 6-3 y 7-6 (4) a la australiana Sam Stosur en el torneo de Osaka, donde el domingo perdió la final. Hasta ahí, normal. Desde aquí, la sorpresa mayúscula: Date tiene 40 años. Stosur 26. La japonesa era número cuatro en 1995. La australina llega a final de año como la número ocho. Nunca una tenista tan mayor había vencido a una de las diez mejores del planeta.  

            Una vez más, el tenis femenino, cantera de tantas tenistas legendarias, cuna de tantas campeonas de increíbles golpes y capacidad competitiva, da síntomas de crisis profunda. Esta es la lista: Date, que estuvo 12 años retirada y hoy es la número 56, ya eliminó a la rusa Dinara Safina, ex número uno, en Roland Garros. La mejor tenista del momento, la danesa Wozniacki, no ha ganado ningún grande. Su predecesora en el puesto, la estadounidense Serena Williams, solo ha jugado seis torneos en todo el año. La belga Clijsters tardó una hora en ganar la final del Abierto de Estados Unidos...

        "¡¿Te casarías conmigo?!", le gritaron un día de semifinales de Wimbledon a Steffi Graf. "¡¿Cuánto dinero tiene?!", le contestó la campeona. Se rió el público. Se rió la alemana...y se rió Kimiko Date, que en aquel lejano 1996, antes de romper todas las barreras de la edad y la lógica, antes de dar consejos para preservar la piel y luchar contra las arrugas, antes de ser una superestrella en su país, ya estaba jugando. Ahí sigue. ¿Para qué irse, si con 40 años sigue ganando?

El tuberías también juega

Por: | 14 de octubre de 2010

Guillarmogarcia
Dos escenas para un retrato. Primera. “¡Mire usted la línea! ¡A lo mejor está torcida!”, viene a decir el tenista. “Es matemáticamente imposible que yo haga una doble falta, que falle dos saques seguidos en ese lado”. Segunda. “¿Cuándo llegará nuestro momento? ¿Cuándo será nuestra semana, igual que ha sido la de Montañés o la de Granollers? ¿Cuándo será nuestro día?”

            Hace dos años, en el torneo de Madrid, algún familiar de Guillermo García López, el Tuberías, se desesperaba porque al tenista de La Roda no le llegaba ese gran día, esa gran semana, que coronara con un título y un trofeo, con una foto sonriente, el trabajo de tanto tiempo. Se lamentaba aquel familiar, miraba al jugador, y al hacerlo veía a un español distinto al resto, espigado (1,88m) golpeador de tiros planos con revés a una mano, toda una rareza en España.

            A la vuelta de dos años, el momento, la semana y el día de García López ya han llegado. Esto ha cosechado en los tres últimos torneos: victorias sobre Rafael Nadal (el número uno, tras salvar ¡24! bolas de break), Andy Roddick (el número 11, que se retiró lesionado) y Tomas Berdych (el número siete, aquejado de problemas en el estómago). Triunfo final en el torneo de Bangkok, en pista dura y bajo techo, para señalar su carácter multipista (ya conquistó un torneo sobre tierra y llegó a una final en hierba). Y ese éxito ante Berdych que tanto habrán agradecido David Ferrer y Fernando Verdasco, rivales del checo para jugar la Copa de Maestros en Londres.

            Este es Willy (video): un hombre que disecciona su juego con dvd’s, que golpe a golpe intenta mejorar a través del televisor y a las órdenes de Juan Manuel Esparcia. Un tenista que hace unos años, en Wimbledon, jugando contra Nicolás Almagro, se quejaba amargamente al juez de silla: “¡Mire usted la línea! ¡A lo mejor está torcida!”, decía. “Es matemáticamente imposible que yo haga una doble falta, que falle dos saques seguidos en ese lado”. Un jugador con desconexiones, un poco patapalo, porque juega tan estirado que a veces sus furibundos ataques quedan detenidos por ese golpear tieso que tanto le complica en las pelotas bajas.

            Nunca antes había ganado tantos títulos en un año el tenis español. Nunca antes lo habían logrado tantos tenistas distintos y en tantas superficies distintas. Y nunca antes, allá en la lejana Asia, había demostrado Guillermo García López que pudiera subir por encima del número 40. El tuberías, que a veces se siente periodista, también juega.

Patadas voladoras, toallas y Maradona

Por: | 12 de octubre de 2010

Verdasco 
Así son las cosas y así marchan en la peculiar gira de cemento asiática, distinta a todas.

1. Fernando Verdasco, un tenista tremendo, el número nueve, se juega asistir a la Copa de Maestros de Londres. Tras ver cómo su tiempo de entrenamiento adelgazaba y adelgazaba (“me tomé una semana de descanso tras el Abierto de Estados Unidos y luego, en Madrid, tuve un montón de compromisos”), viajó a Asia con problemas en una rodilla, aprendió lo básico del boxeo tailandés mientras un bajito contrincante luchaba desesperadamente por arrearle un puñetazo mientras él le pegaba patadas (ver video), y fue jugando como podía. Lleva tres derrotas seguidas en primera ronda: Bangkok, Pekín y Shanghai.

2. Roger Federer vuelve a competir tras el Abierto de Estados Unidos y Rafael Nadal debutará contra el suizo Wawrinka en el torneo de Shanghai. En el estadio Qi Zhong protagonizaron una escena inolvidable. Nadal da toques a un balón de fútbol en un recóndito pasillo, el que dirige a los vestuarios. Otro tenista le jalea entusiasmado (¡Maradona, Maradona!) mientras pide participar del juego y quienes les rodean retan a su pareja a actuar de portera. Son Roger Federer y Mirka Wawrinek. Es 2007. Un dato: no hacía ni media hora desde que Nadal había perdido en semifinales de la Copa de Maestros contra el suizo.

3. Novak Djokovic, que no pierde oportunidad de echarse unas risas, quiso compensar al público que había resistido el domingo a la lluvia para ver la final de Pekín cuando esta fue definitivamente suspendida. Aquí, el último capítulo de su show: él también sabe secar pistas.

Djoko 
 

El chico de las ruedas

Por: | 10 de octubre de 2010



Fer 
“Me he cagado, así de sencillo”, dice hace tres semanas David Ferrer, que niega cualquier percance físico y luego se marcha cojeando, dolido en cuerpo y alma, por un interminable pasillo. Esta es su historia.

Un día, cuando aún era un chaval, se dio un respiro del tenis. Pasó unos días trabajando en una obra que dirigía un tío suyo, subido al andamio. Volvió a las pistas. Otra vez, para que aprendiera a entrenarse con entusiasmo, fue encerrado en un cuarto, la llave bien echada por fuera y el pan y el agua como toda compañía. Volvió a las pistas. Más tarde, perdió un partido contra el argentino David Nalbandian en la final de la Davis 2008 y sintió que se acababa el mundo: “Me han pasado por encima”, dijo. Volvió a las pistas. Este mismo año, harto, se sentó en una rueda de prensa, sin abandonar esa  amabilidad que le caracteriza, y les dijo a los periodistas: “¿Queréis un titular? Ni tengo la mentalidad ni aguanto la presión para ser el de 2007 [cuando era el número cuatro]”. Volvió a las pistas. Y hace unas semanas, tras su derrota de octavos en el Abierto de EE UU, se pegó a sí mismo: “Me he cagado, así de sencillo”.

Y sin embargo, David Ferrer sí puede, sí es capaz, sí tiene la mentalidad, porque es un tipo muy pero que muy duro.

Hay que ser de una pasta especial para superar esos disgustos y seguir consiguiendo triunfos. Hay que ser un hombre muy comprometido para volver al tajo tras sentir tanto desánimo. Y hay que ser un jugador de hierro, como Ferru, que le dicen, para pasar por todo eso y encontrarse ahora en un sitio muy distinto. Ferrer, verdugo la semana pasada del sueco Soderling, el número cinco, perdió la final del torneo de Pekín contra el serbio Novak Djokovic, el número dos, pero mantiene viva, vivísima, su legítima aspiración de estar en la Copa de Maestros de Londres, que reunirá a los ochos mejores tenistas del año desde el día 21 de noviembre. Ahí están, así, en presente, su derecha terrible, un saque muy mejorado y unas piernas tremendas, que un día, hace ya unos años, lograron que el estadounidense Andy Roddick se sintiera poeta por unos minutos: “He's got some wheels”. En muy libre traducción: “Ferrer juega con ruedas”.

Fue en Shanghai. Fue en 2007. Fue antes de que el alicantino llegara a la final de la Copa de Maestros. ¡Qué derechas aquellas! Para los nostálgicos, para aquellos que aún recuerdan a ese tenista sobre ruedas que jugaba con un mazo, para los que creen que el alicantino puede volver al torneo de los torneos, un video: aquel día, Ferrer, el hombre de hierro, derrotó a Rafael Nadal, que acaba de ganar el torneo de Tokio.  

Las lágrimas de Caroline

Por: | 08 de octubre de 2010

PeticionImagen Para ganar con la raqueta utiliza guantes de boxeo. Es toda una declaración de intenciones: la danesa Caroline Wozniacki, desde este lunes número uno del mundo, se entrena sobre un cuadrilátero, golpe va y golpe viene, pega que te pega, igual que si estuviera en la pista, pero calzando puñetazos en lugar de raquetazos. “Correr en una cinta, hacer los ejercicios de siempre, es aburrido”, contaba en una de sus últimas ruedas de prensa, recién quitado el vestido diseñado por Stella McCartney, recién derrumbada otra adversaria con un tenis sin alharacas, de pura insistencia.

En un lado la estadística. En el otro, el corazón. La ascensión de Wozniacki y sus puñetazos hasta el número uno, según las cifras, son un desdoro: jamás ha ganado un título grande, es la séptima en la cadena de tenistas que se suceden en el trono desde enero de 2008, y ha necesitado que Serena Williams, que la antecedió en el puesto, se lesionara (misteriosa lesión, por cierto, un corte en un pie con unos cristales) y jugara solo seis torneos en 2010 para llegar a lo más alto. Luego, sin embargo, está la persona y su personalidad, que elevan a la tenista, de 20 años. Aquí está, por ejemplo, un video no apto para personas sensibles para demostrar de qué materia está hecha la danesa, cómo es de dura, de durísima, Wozniacki.

            “Cuidarla, que vale mucho”, suele decir Fernando Verdasco, sonriente y amable como siempre, cuando se cruza con los periodistas que rodean a su amiga. “Ese carácter, esa capacidad competitiva, son una ventaja, no se enseñan, vienen de familia”, cuenta Gonzalo López, el entrenador de Anabel Medina, que admira que el padre (ex futbolista) de la jugadora le haya impreso personalidad de piedra ante las dificultades. “Lo tienes todo”, le añade Sven Groeneveld, que dirige el grupo de trabajo de Adidas en Las Vegas, donde la danesa coincidió entrenándose con Andre Agassi y Steffi Graf, su ídolo de siempre.

            Wozniacki corre, lucha, pelea y pocas veces se altera. Wozniacki, que fue una niña de impresionante aparato corrector para los dientes, aprendió a jugar contra un destartalado frontón verde. Y Wozniacki, en una época de tenistas inseguras e irregulares, tan alejadas de las estrellas que hicieron grande su deporte, aporta un valor hoy en constante huída: lucha permanente, pelea continua, sufrimiento... aunque, como aquel día del video precedente, para ganar deba sufrir temblores como cuchillas.

El País

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