Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Del Potro, el quinto Beatle

Por: | 28 de febrero de 2011

Delpo 

Aquí está, y cuidado, que viene dando zancadas. Juan Martín del Potro empezó el año más allá del número 400 del mundo, tras lesionarse y jugar solo seis partidos en 2010, y en dos meses ya vuelve a estar entre los 100 mejores: es el número 89, tras ganar el domingo el título en Delrey Beach. Es muy probable que hubiera rezos en busca del favor divino. Es seguro que hubo invitaciones a los torneos. Trabajo, por supuesto…y un convencimiento al alcance de muy pocos.

             A mediados de 2010, Delpo pasa por la prestigiosa clínica Mayo de Rochester y se trata de una lesión de muñeca. Pocas cosas hay peores para un tenista: esa es la bisagra, el diapasón que marca el dónde y el cómo de los tiros. El eco de su silencio, extendido a todo su equipo, que calla por lo general ante los medios, abre la caja de los truenos en Argentina. El país, que sigue el tenis apasionadamente, ve cómo la vida del jugador, campeón del Abierto de Estados Unidos 2009, tras derrotar a Rafael Nadal y Roger Federer, queda rodeada de interrogantes. La misma gente que aplaudió la instalación de una monumental raqueta de 3,60m en una rotonda de Unquillo cuando David Nalbandian llegó a la final de Wimbledon se empieza a hacer preguntas. Unos dicen que Del Potro valora la posibilidad de consultar con psicólogos y hablan de “pánico escénico”. Otros piensan que los dolores no son tales, que hay algo de la maldición del Gato Gaudio, abrumado por las responsabilidades derivadas del triunfo en su primer grande (Roland Garros 2004: “¡Debo ser el peor campeón de la historia!”, cuentan que dijo cuando entró en el vestuario). Los diarios locales recogen la situación y de Delpo, que antes era seguido en  cada torneo por una insaciable legión de periodistas, casi no se sabe nada. Juega seis partidos en todo el año (video: "Tengo que salir adelante yo solo").

           Cuando el tandilense reaparece se enfrenta a algo más que una montaña. Escalar el Himalaya, volver a donde estaba, el número cuatro, o más arriba, es el destino. Ya está, y en un tiempo récord, a mitad  de camino. Le queda la prueba de enfrentarse a los mejores, que probablemente afronte en Indian Wells o Miami. Muchas cosas faltan para que el Del Potro de 2011 se parezca al de 2009. Lo esencial, sin embargo, se mantiene: los fallos de la final de Delrey Beach fueron al ataque. Los errores se hicieron desde el convencimiento. Para cada punto comprometido hubo un ace o un sacazo. El título es un premio. Para el resto de tenistas, un aviso: hubo periodistas que resumieron su impacto en el circuito diciendo que “provocó el revuelo de un Beatle o un Rolling Stone”. Están Rafael Nadal, Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray. No hace tanto, Del Potro tenía voz en esa pelea. Hoy lucha por volver a ser el quinto Beatle.

Maldita naturaleza

Por: | 22 de febrero de 2011

Ancic 

Un prestigiosísimo cronista le llamó el hombre que disparó a Liberty Valance, porque su hazaña había tenido el ritmo de John Ford y las maneras de John Wayne: había conseguido ganar a Roger Federer, el rey de la hierba, en la catedral de Wimbledon. Tamaña gesta, lograda en 2002, cuando la rivalidad del suizo con Rafael Nadal no era ni embrionaria y su gobierno sobre césped era incontestable, retrató al verdugo. Mario Ancic, Supermario, se retira. La mononucleosis que le dejó prostrado durante meses, constante amenaza para su actividad desde 2007, fue su mayor enemigo. Los dolores de espalda le han señalado el final del camino. Por delante tiene el ejercicio del derecho, la vida como abogado, que ya le ha llevado a dar dos conferencias en Harvard. Por detrás, una carrera que cautivó a los aficionados y a la que la enfermedad cortó el paso.

            En el currículo de Ancic, que lo deja con 26 años, se lee que fue bronce olímpico, campeón de la Copa Davis y número siete del mundo. Esos datos, sin embargo, no hablan de Baby Goran, el niño al que Goran Ivanisevic aceptó en sus entrenamientos con el único propósito de formar a un escudero con el que levantar la Ensaladera. Las cifras nada dicen del chaval al que el campeón de Wimbledon recomendaba romper una raqueta tras otra, exteriorizar sus sentimientos, aullar como un lobo ante la luna. Nada cuentan esos datos de un tenista venido del futuro, como lo definió Boris Becker cuando vio ese corpachón y ese saque, esos largos brazos y sus sutiles cambios de ritmo.

            Ancic, competidor fiero, estaba llamado a protagonizar una carrera llena de brillos. Lo impidió una mononucleosis que él, como le explicó a este diario, relativizaba con una sonrisa: “Te pueden ocurrir cosas peores”. En la hora de la retirada, quizás decepcionado porque hubo periodistas que no esperaron a su anuncio oficial, fue menos positivo: “No puedo soportarlo más”, dijo esta semana. “Me fuerzan a dejarlo. Mi espalda no soporta los esfuerzos del tenis profesional. La naturaleza ha decidido que es el momento”.

El golpe del año

Por: | 20 de febrero de 2011

R 
2011 todavía no llega a marzo, pero ya muchos han decidido cuál es el golpe del año: el saque del canadiense Milos Raonic, un desconocido que ha empezado a sembrar el terror entre sus rivales. El hombre, nacido en Montenegro, amamantado en Canadá y criado ahora en las pistas de tierra de España, lleva 303 aces, más que nadie en el circuito, con una media de 19 por partido. Tras un estupendo arranque de temporada (octavos del Abierto de Australia, viniendo de la previa; y título en San José), se inclinó el domingo en la final de Memphis ante Andy Roddick y siguió dejando la sensación de que esa fluida mecánica, ese golpe sin esfuerzo, sin sudores, elástico y grácil, quizás se parezca al de un tal Pete Sampras. Los biomecánicos ya lo estudian con sus cámaras superlentas. Los amantes de las estadísticas ya se hacen la pregunta: ¿podrá Raonic romper el récord de 1477 saques directos que consiguió el croata Ivanisevic en 1996?

             Queda el resto, claro. Demostrar que el gigantón de 20 años y 196 centímetros es más que un sacador. Que Galo Blanco, su técnico español, ex número 40, sea capaz de enseñarle a caminar hacia delante, a jugar en la media pista, ese terreno pantanoso donde tanto cuesta decidir entre la fuerza y el toque y en el que los mejores buscan a los gigantones. Que sea capaz de agachar el espinazo cuando los tenistas con más armas le tiren golpes cortados. Y que esa derecha y ese revés que tanto daño hacen cuando golpean de arriba abajo sean igualmente peligrosos en todas las superficies.

            Mientras tanto, Raonic, al que algunos auguran lesiones, recaídas en su ya superado desgarro pectoral, dolores en el hombro, tanta fuerza tiene, sigue a lo suyo. Gana partidos. Sube en la clasificación, ya dentro de los 50 mejores. Estudia finanzas. Y algo hará muy bien cuando crea tantas frustraciones. “Para mi esto no es realmente un partido de tenis”, dijo Verdasco, según DPA, tras perder consecutivamente la final de San José y la primera ronda de Memphis contra Raonic. "Espero jugar pronto contra él en tierra para mostrarle lo que es jugar al tenis, correr, pelotear, y no sólo sacar”. Roddick, vencedor en Memphis tras ganar el punto de partido igual que ataja un portero de fútbol, volando en una peligrosa estirada hacia el infinito (video), lo vio de otra manera: "De alguien que ha visto a muchos jugadores...tienes un futuro muy, muy brillante".

ESTUDIO PRELIMINAR DEL SAQUE DE RAONIC

La crisis de la tierra

Por: | 13 de febrero de 2011

Rg 
Son unos 235 millones de euros, pero también son la señal de una crisis. Cuando la Federación francesa renunció este fin de semana a abandonar París para instalar Roland Garros fuera de su lugar fundacional, no solo apostó por el alma del torneo y por una reforma de unos 235 millones que le permitirá aumentar su superficie de 8,5 a 13,5 hectáreas. También dijo adiós a la posibilidad de trasladarse, por ejemplo, a Versalles, de aprovechar una inversión propuesta de 540 millones, y de inclinarse por hacer un torneo del siglo XXI, tres veces más grande. Fue el último síntoma: la arcilla, marca histórica del tenis europeo y sudamericano, sigue mirando al pasado y cada vez pesa menos en el circuito, donde manda el cemento, las grandes infraestructuras, lo estadounidense y anglosajón. La tierra está en retroceso. 

            Roland Garros tenía la oportunidad de frenar esa tendencia, subrayada por las crisis de dos torneos históricos, Hamburgo, rebajado en categoría, y Montecarlo, que ya no es de participación obligatoria. París es ahora mismo el cuarto grande en importancia. Su organización no puede absorber la afluencia de público, que se agolpa incomoda y peligrosamente en los pasillos; tampoco puede atender a las demandas de los tenistas, que esperan y esperan esa pista de prácticas que nunca llega; y vive constantemente amenazada por la lluvia, que suspende constantemente las jornadas porque no hay una central con techo, problema que se solucionará ahora con la reforma.

            La Federación francesa apuesta por el romanticismo, la historia y el atractivo de París. No quiso saltar hacia el futuro, asumir el riesgo de alejarse de los aeropuertos y del metro que tan cómodamente atraen a los seguidores, o de construir un gran complejo de tenis igual que antes lo hicieron los otros tres grandes torneos: ninguno, aunque parezca mentira, permanece hoy en su lugar original. Todos, menos París, abandonaron el terreno fundacional para crecer en infraestructura, facilidades y dinamismo. París, no. El torneo que corona la temporada de arcilla, ya tan acosada por sus enemigos, ya tan reducto de especialistas y románticos, ya tan cara de mantener en comparación con lo que cuesta una pista de cemento, no encuentra aquí una decisión que cambie las cosas. Como explican los tenistas: ya no se puede especializar uno en tierra, ser un Sergi Bruguera o un Emilio Sánchez, porque los puntos están en el cemento. Para ascender en el ránking no se puede jugar solo en arcilla.

“Nos permitirá brillar durante décadas, a contracorriente del gigantismo que está de moda”, dijeron los federativos sobre su decisión, que incluye la construcción de una nueva pista. El ideal romántico es desde hoy la apuesta. El alma y el corazón del torneo, la tradición, su marca. Suerte.

Dos caminos

Por: | 07 de febrero de 2011

To 
“Y ahora, a volver poco a poco a mi sitio”. Cuando Tommy Robredo abandona Melbourne, derrotado por Roger Federer en el Abierto de Australia, no sabe que ganará el torneo de Santiago de Chile, que en semifinales le negará la mano al rival para luego ser insultado… pero sí cuál es el objetivo. Volver. Ser otra vez él mismo. Desandar el camino que le llevó del número cinco al 52 tras un 2010 vivido a ritmo de derrotas, dolores y disgustos. Pasar de caído a levantado.

Robredo, que llevaba dos años sin títulos, busca escalar la montaña de la clasificación, que hoy le sitúa en el número 31, apostando por sus seguridades. Otros lo hicieron de un modo muy distinto. Hace años que Rafael Nadal dejó de jugar la gira americana de arcilla, donde habría amasado un título tras otro, intocable sobre su terreno predilecto. El mallorquín, sin embargo, eligió las aguas movedizas de la pista rápida, jugar sobre cemento en invierno, marcharse a Rótterdam o Dubai  y enfrentarse allí, en su terreno, con los mejores, atraídos todos por los dólares y la lógica de preparar sobre la misma superficie la gira estadounidense de cemento. Era, concluyeron el tenista y su equipo, la única manera de hacerse hombre multipista.

Ahora, Robredo anda el camino opuesto, pero también lo hace cargado de sentido. La idea es la siguiente: veterano ya poco dúctil a la influencia externa, rota su relación con Javier Duarte, contratado ahora como técnico Karim Perona, el gerundense busca apuntalar su relanzamiento en el terreno que aupó su carrera. Por eso, vuelve a la tierra. Gana un título, el décimo. Desarbola con técnica y sentido táctico a jugadores que en ningún caso están entre los 50 mejores. Vuelve a sentirse peligroso, tras ganar 6/2, 2/6 y 7/6 al colombiano Giraldo una final que iba perdiendo 5/2 en el tercero.  Y luego, tras reforzar la autoestima, tras trabajar las piernas con los sufrimientos de la tierra, si eso… a pensar en volver a asaltar el cemento.  

El País

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