Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Las agallas de Maria

Por: | 30 de marzo de 2011

Sh 
Sin hombro y casi sin saque. Con alergia a la red. Usando toneladas de decisión, litros de sudor y kilos de voluntad competitiva. Así, tras dos años de espera, ha vuelto la rusa Maria Sharapova a estar entre las diez mejores del mundo.

    Fue una niña emigrante en Estados Unidos que debió dejar atrás a su madre, escucharla hablar en ruso por teléfono para no olvidar el idioma, y luego ver a su padre trabajar de chófer y fontanero para pagarlo todo. Se convirtió en una adolescente impactante, capaz de ganar Wimbledon con 17 años, el gran icono del tenis glamour. Hoy vuelve a la elite de su deporte. El tiempo pasa para todos, pero no igual de rápido: hace casi una década que la rusa venció su primer grande, pero solo tiene 23 años. Lo dijo ella misma: “Todo lo he conseguido con mis manos”.

    La rusa tiene un currículo que le asegura un sitio en los anaqueles cuando se acaben las portadas de las revistas: ganadora del Abierto de Australia, del Abierto de Estados Unidos y de Wimbledon, aún puede soñar con completar el Grand Slam. Su carrera, sin embargo, siempre quedará matizada porque la convirtieran en un símbolo del desnortado tenis femenino de principios del siglo XXI, en el que los jerarcas de la competición dieron más peso al márketing y las sonrisas que al grupo de magníficas campeonas que se alineaban en las pistas (Justine Henin, Kim Clijsters, las hermanas Williams, Sharapova…).

    Nadie puede saber cuánto tiempo estará Sharapova entre las diez mejores, grupo al que vuelve este lunes. Pocos aficionados recordarán quién compone tan privilegiada lista en el tenis femenino. Los cambios son constantes. Tras el Abierto de Australia y por primera vez en la historia, todas las tenistas fueron de una nacionalidad diferente. Serena Williams, que lleva desde el verano pasado sin jugar, languidece entre las 15 mejores, tantos puntos había acumulado. Y Sharapova, que tampoco está jugando un tenis marciano (¡cómo sufrió para llegar a semifinales de Miami!), vuelve ahora con menos armas que nunca: sus persistentes problemas en un hombro, que la obligaron a pasar por el quirófano, le han forzado a cambiar de técnica de saque. Su movilidad es mejorable. Le duele un tobillo. 

    Pocas jugadoras, sin embargo, juegan con el ahínco de la rusa. Pocas tienen su deseo competitivo, su ambición y voluntad de mejora. Más allá de los flashes y la técnica, es el epítome de las cualidades psicológicas de los campeones: el brío y la energía en busca de la victoria, por encima de cualquier cosa. Lo dijo en Miami, tras su sufrida victoria de cuartos, ante Dulgheru: “Le eché agallas. A veces, ganar es algo más que jugar bien. Me hice daño  en un tobillo. Me he puesto mucho hielo. Me lo han vendado. Estaré bien. Soy dura”. Bienvenida de vuelta.

Nadal y 'la australiana'

Por: | 16 de marzo de 2011

MARC 
Es un misterio: ¿cómo explicar que nueve de los diez mejores tenistas del mundo se inscribieran para jugar el dobles en Indian Wells, el primer masters 1000 de la temporada? La modalidad está de capa caída. El calendario y sus apreturas la han convertido en una incomodidad para los mejores…y aún así, el partido a cuatro, festival de reflejos, podría deparar en semifinales un cruce que enfrentaría a Rafael Nadal y Marc López con Roger Federer y Stanislav Wawrinka, los campeones olímpicos.

            Está la lógica de la adaptación: con los tenistas iniciando un mes de partidos en Estados Unidos y jugando un torneo de condiciones especialmente difíciles (el famoso viento del desierto californiano), los jugadores buscaron el camino más rápido para hacerse a las pistas. Está la lógica del monedero: 7.000 dólares en primera ronda, y más de 200.000 por ganar el trofeo. Está, para Nadal y López, la lógica del ránking: defienden título. Y está, finalmente, la lógica de apurar cada minuto en pista con el dobles a favor de la técnica y los objetivos individuales: así, atreviéndose a intentar algo parecido a la australiana (vídeo, desde el segundo 55), jugada en la que el compañero se agacha por debajo de la red para favorecer el saque, provocar incertidumbre en los rivales y apostar por un lado de la pista, el número uno estuvo a punto de dejar sin cabeza a su amigo en 2010.

            “En torneos tan largos como estos”, explicó entonces Nadal; “con un día de descanso entre los partidos individuales, puedes jugar el dobles y disfrutar. Esos partidos me permiten mejorar mucho la volea. Eso me ayuda también en el torneo individual. En el dobles puedo ser más agresivo al resto, y puedo practicar el saque un poco. Juego más relajado. Lo importante para mi es seguir jugando el dobles para mejorar en el individual”.

            Una escena lo resume todo. Ocurrió en Charleroi, durante el Bélgica-España de Copa Davis. Como corresponde a la competición, Nadal jugó con semblante serio. Sobre la pista solo sonrió en una ocasión. Al mismo tiempo, Marc López, el decimocuarto mejor doblista del planeta, se levantó del banquillo para aplaudirle con ironía, mientras imitaba entre risas su gesto técnico. El número uno, de los mejores en la red, acababa de ganar el punto. Había sido de volea. Ortopédica, pero volea.

El dolor, el miedo y la vida

Por: | 13 de marzo de 2011

Murray 
¿Cómo se mide el dolor en el tenis? ¿Cuánto pesan las desilusiones, los miedos y las dudas? ¿A qué tipo de presiones se enfrenta un jugador que carga con las esperanzas de todo un país, que se sabe observado por todos, única posibilidad de lograr un título grande tras 70 años de espera? La vida del británico Andy Murray, perdedor de tres finales grandes, aclara todos esos interrogantes.

El número cinco arrancó el año como un cohete. Llegó a la final del Abierto de Australia. Perdió el título sin decir ni pío. Se marchó cariacontecido y desde entonces no ha vuelto a ser el mismo. Cedió en la primera ronda de Rotterdam. Ha vuelto a hacerlo en la de Indian Wells, contra Donald Young. Mantiene el gesto mohíno, y conoce de sobra este destructivo camino: en 2010, tras perder también el encuentro decisivo en Melbourne, entró en una espiral de malos resultados como la que se anuncia ahora. En los siguientes seis torneos, cedió dos veces a la primera y nunca pasó de cuartos. Era un hombre moralmente destruido. Ahogado por la responsabilidad de reemplazar a Fred Perry. Asfixiado por ser el epicentro de su deporte en el Reino Unido, una potencia económica del tenis, donde su figura y Wimbledon aportan más de 400 millones de libras a la economía.

“Necesito centrarme, conseguir que mi mente se ponga bien”, dijo tras una de sus derrotas del año pasado. “Debo solucionar esto solo. Depende solo de mi, de lo que pasa dentro de mi cabeza. Mi actitud mental ha sido pobre desde Australia”, añadió. ¿Cuál fue su reacción tras perder le mismo título en 2011? “No voy a perder el sueño por esto. Quiero ganar un grande, pero si no ocurre, pues no ocurrió. Quizás no juegue en meses. Quizás lo haga en una semana”, avisó. Esa misteriosa frase, pronunciada en un momento de angustia, resumió la zozobra en la que se mueve ahora Murray, un jugador capaz de todo, hasta de ganar en Miami, donde debería disputar su próximo torneo. Es el dolor por perder un grande. Es el miedo a no volver a tener la oportunidad de ganarlo. La vida de Murray.

El récord, el truco y la maldición de Ivo

Por: | 06 de marzo de 2011

Kc 
El saque del croata Ivo Karlovic salió disparado a 251 kilómetros por hora, rompió el récord de velocidad (los 249,4 del estadounidense Andy Roddick), y alimentó su leyenda negra. Cada vez que el gigante (2,08m) tartamudo  ha dejado su huella, luego ha perdido el partido. Le pasó el sábado, cuando disparó ese servicio supersónico en el dobles de Copa Davis que le emparejó con Ivan Dodig  y contra los alemanes Petzschner y Kas (Croacia, 2; Alemania, 3 en la eliminatoria). Le ocurrió en las semifinales de 2009, cuando lanzó 78 aces, entonces récord, y aún así cedió ante el checo Stepanek. Y le sucedió meses antes en Roland Garros, cuando sumó 55, en su momento la mejor marca, para inclinarse ante el australiano Hewitt. ¿Cuál es la técnica que origina ese saque destructivo?

“Lo de Karlovic no es técnica, sino que tiene una ventaja física”, argumenta Fernando Verdasco, el plusmarquista español, con un saque a 238 kilómetros por hora. “Mide 2’08m. Sus palancas, sus brazos, son más largas que las del resto de jugadores. Compite con cordaje de tripa, que ayuda a que la bola salga más rápida, y con una raqueta que le ayuda a despedir más”, prosigue. “Yo, por ejemplo, voy con todo luxilon (cuerdas sintéticas) en el cordaje y con una raqueta distinta, para tener más control desde el fondo, que es mi juego. Él, que lo basa todo en el saque, elige una raqueta que es de más potencia, con una cabeza muy grande, porque sus puntos son más cortos. Por eso, lo que de verdad me parece increíble es que Andy Roddick tuviera el récord en 249,4 kilómetros por hora. Roddick es una persona con una estatura normal (1,88m), sin esas palancas. Karlovic, desde mi punto de vista, tendría que sacar siempre por encima de los 240 kilómetros por hora, y no lo hace”, cierra.

Las suspicacias de sus compañeros persiguen al jugador croata desde que se convirtió en el más alto que jamás había logrado clasificarse entre los 100 mejores. Karlovic, de 32 años, vive hoy martirizado por una lesión en el tendón de Aquiles que le ha hundido hasta el puesto 217 de la lista. Llegó a ser, sin embargo, el número 14. Antes de lesionarse, en mayo de 2010, lo que le dejó sin jugar hasta enero de 2011, lideró durante tres años seguidos la clasificación de aces totales (890), coronándose en 2009, su último curso completo, como el que más juegos había ganado al servicio (92%) y con el primer saque (85%). Su nombre sembraba el miedo en la hierba de Wimbledon. Allí, justo antes de caer eliminado en los cuartos de final de 2009 y ante un tal Roger Federer, dejó una reflexión para sus detractores. “Si consigo ganar solo con un golpe”, ironizó con media sonrisa en la cara; “será que soy un genio”.

Genio o no, Karlovic, que se atrevió a grabar un rap con el serbio Djokovic pese a su tartamudez, que protestó públicamente contra la intromisión de que los controladores antidopaje le vinieran a visitar hasta la ducha, y que pasa por hombre accesible, entrañable incluso, volvió a vivir el fin de semana un episodio que preferiría haber evitado. Tras lograr el récord del saque más rápido el sábado, el croata salió el domingo a disputar el partido decisivo de la eliminatoria que enfrentaba a su país contra Alemania. Se quedó mudo: 4-6, 6-7 y 6-7 para Petzschner.

El País

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