Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Anabel

Por: | 30 de abril de 2011

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En tiempos de escasez de triunfos en el tenis femenino español, Anabel Medina. La valenciana se ha alzado con el título en Estoril. El éxito, menor para una tenista de su trayectoria, en la que brillan hasta una decena de trofeos, pone los focos sobre una jugadora que se codeaba con las mejores y que, sin embargo, amaneció esta semana en el número 61.

Cuentan quienes lo vieron que el día que marcó la carrera de Medina fue dramático. La tragedia no fue solo la lesión de rodilla sufrida en el Abierto de Australia 2002, cuando jugaba con la losa de ser la heredera de Conchita y Arantxa. El momento espeluznante también estuvo en su solitaria espera, en los largos minutos que pasó abandonada con el cuerpo roto sobre el cemento, impertérrito el juez de silla, ciega la rival (Monica Seles), y perdido el fisioterapeuta en no se sabe qué lejanísimo recoveco. De aquel problema se levantó la tenista para apuntalar un lugar entre las 25 mejores y lograr una plata olímpica junto con Vivi Ruano. Algo, sin embargo, volvió a romperse en 2010, cuando solo superó la primera ronda de los cuatro grandes en Roland Garros, donde se apeó en la segunda. Según quienes la conocen bien, las emociones y los sentimientos, la vida y sus requiebros, explican una crisis que poco tuvo que ver con la pista y los dolores del cuerpo: pasó de cerrar 2009 como la número 28 a despedir 2010 como la 73.

Medina busca un nuevo comienzo. Tiene 28 años y un saco de experiencias en la mochila. Le acompaña Gonzalo López, un hombre entrañable y un técnico de largo recorrido. Llegó a ser la número 16, mientras volaba a igual altura en el dobles (video). Peligrosa siempre en arcilla, Estoril puede ser el sitio en el que coja impulso. Es un título tras dos años de sequía. De Portugal, al mundo.

El triunfo del lado oscuro

Por: | 22 de abril de 2011

Almagrator 
Un día se definió como “un tenista comarcal”. Al otro, como un jugador “del lado oscuro”. Hoy está en un escenario principal e iluminado por todos los focos: Nicolás Almagro es el decimoséptimo español que logra colocarse entre los diez mejores del mundo, privilegiado grupo en el que ya no figura Fernando Verdasco.

El murciano se expresa en la pista igual que ante la prensa. Siendo él mismo. Durante años, su juego entró a borbotones por los ojos de los especialistas, escondiendo con tiros ganadores una clasificación sin galones. Hubo quien se atrevió a augurar que el peso de esos golpes acabaría por dejarse notar en el ránking. En los peores momentos, años de inconsistencia, de dificultades para el movimiento sobre la pista y de aparente alergia al cemento, Alex Corretja, exnúmero dos, siguió insistiendo en que allí había madera, en que ese era el mejor relevo entre los jóvenes jugadores españoles, en que allí había tenista.

Curiosamente, uno de los técnicos de sus rivales generacionales ha hecho buena su profecía. José Perlas, que entrenó a Carlos Moyà o Albert Costa, por ejemplo, ha ejercido una influencia decisiva en el buen murciano, que llevaba año y medio amagando sin dar. El compromiso férreo del tenista quedó demostrado cuando aceptó trasladarse a entrenarse a Barcelona. Su convencimiento en la validez del método, en que bajara y bajara peso, hasta unos cinco kilos, ganando en movilidad sobre la pista. Su fe en el sistema quedó fotografiada por los octavos alcanzados en el Abierto de Australia 2010, cuando jugó con una mano hecha puré. Y la tensión de su tenis, una coz tras otra, tan fuertes son sus tiros, tendrá desde el lunes el premio de estar entre los diez mejores.

Queda el siguiente paso: elegir entre celebrar un éxito que a la larga se perderá en la memoria colectiva, superada por hechos más recientes, o construir a partir de su ingreso en el top-10 el asalto a los grandes títulos y los triunfos multipista. Es seguro que Almagro, temible en tierra y aún en progresión sobre cemento, optará por lo segundo. Tiene 25 años. Pega duro. Le entrena Perlas. Combinación explosiva.

Pasarela de tierra

Por: | 11 de abril de 2011

G 

La lista de favoritos para la gira de tierra no tiene misterio: con Rafael Nadal un cuerpo por delante, están también Novak Djokovic, Roger Federer, Robin Soderling, David Ferrer o Fernando Verdasco. La superficie, sin embargo, abre la puerta a otras experiencias. Será una primavera de puntos masticados y agonías que pondrá los focos sobre un puñado de tenistas que normalmente pasan bajo el radar de las pistas centrales. Más allá de cuántos títulos ganen, la tierra abre la posibilidad de nuevos y, en ocasiones, inesperados protagonistas.

Nicolás Almagro. El murciano asalta el top 10. En 2010 ya dio muestras de que es un auténtico peligro sobre arcilla: camino del título de Roland Garros, Nadal vivió su partido más duro en cuartos y contra el terrible Almagro, golpeador inmisericorde. El número 12, coronado ya este curso en Costa do Sauipe y Buenos Aires, siempre tiró fuerte y sacó con una maza. A eso le une ahora dos cosas que le hacen un rival poco deseable: la sabiduría del prestigioso José Perlas en el banquillo y su propia dedicación, que le ha llevado a perder peso para ganar en movilidad.

Juan Martín del Potro. Favorito casi siempre y en cualquier superficie, el argentino nunca pasó por especialista en tierra. Su adaptación al polvo de ladrillo, sin embargo, le llevó en 2009 hasta las semifinales de Roland Garros, donde perdió un magnífico partido contra Federer, aupado por una grada partidista que hurgó en las dudas del argentino, por entonces casi un niño al que le celebraban las dobles faltas. El ex número cuatro es hoy el número 46, tras pasarse casi un año de baja por una lesión en una muñeca. Da igual. Sobre cemento, hierba, tierra o agua, a Delpo siempre se le espera.

Stanislas Wawrinka. El suizo, un tenista pesado, de pecho ancho y estómago generoso, encuentra un fantástico terreno de expresión sobre la lentitud de la arcilla. Sufrirá de lo de siempre: su cabeza pocas veces acompaña a su tenis. El espectador, sin embargo, podrá disfrutar de su sello: ese revés a una mano, látigo endemoniado, surca la arena como un trueno.

 

Albert Montañés. El catalán es un ejemplo de superación. No cumple con ninguno de los cánones del tenis del siglo XXI: ni es alto, ni tiene un físico apolíneo ni saca a 240 kilómetros por hora. Montañés, sin embargo, es pura fibra. Su capacidad de desplazamiento es magnífica. Su velocidad, espídica. Su cobertura de pista, en consecuencia, es sobresaliente. A esa movilidad tan importante sobre arcilla, une el diente retorcido: es un maestro en partidos apretados. Por algo es el número 23 del mundo.

Tommy Robredo.La duda es su estado físico: una lesión impidió que se presentara a los cuartos del torneo de Indian Wells y que luego disputara el de Miami. La certeza es su voluntad, ejemplo para el siempre trabajador Juan Carlos Ferrero, que intentará volver tras una racha de lesiones: Robredo, el número 29, lleva una escalada progresiva desde el inicio de curso y busca recuperar un sitio entre los 20 mejores con sus argumentos de siempre. A falta de pimienta, piernas, pulmones y golpes de libro.

Aleksander Dolgopolov.Eliminado a las primeras de cambio en Montecarlo por el letón Ernest Gulbis, otro que suele destaparse por estas fechas, es difícil no sucumbir a la tentación de incluirle en la lista. Al ucraniano le falta orden y patrón para ser un auténtico peligro, pero su anarquía es un regalo para la vista. Sus partidos son impredecibles. Sus tiros, distintos a todos. Sobre arcilla, una delicia: de dejada en dejada, siempre con cambios de ritmo, The Dog siempre dejará un detalle para que el espectador disfrute de sus partidos.

La crisis del tenis femenino

Por: | 04 de abril de 2011

Serena 
Serena Williams, campeona de campeonas, lleva sin competir desde el verano de 2010, cuando ganó Wimbledon. La estadounidense se cortó un pie al pisar un cristal a la salida de un restaurante. Sufrió una embolia pulmonar. No se entrena. No juega… y desde este lunes vuelve a estar entre las diez mejores del mundo, mejorando dos posiciones en el ránking tras nueve meses sin coger una raqueta.

            El dato refleja tres cosas. Que jugando muy pocos torneos (6 en 2010; 16 en 2009), Serena es capaz de sumar muchos puntos, porque gana con altísima frecuencia. Que la constancia de la mayoría de sus rivales es mínima, puesto que en los nueve meses que la ex número uno lleva de baja no han sumado resultados como para desplazarla. Y que el nivel de competencia en el tenis femenino es, al día de hoy, muy distinto al del tenis masculino: con una ausencia igual de larga, el argentino Juan Martín del Potro se encontró más allá del 400 del mundo.

            La vuelta de la estadounidense, mito del deporte por derecho propio, no es el único síntoma de la locura que se ha instalado en el circuito femenino, que durante décadas proporcionó a los aficionados  grandísimas campeonas, tenistas de talento y carácter que ya forman parte de la leyenda: entre muchas otras, Billie Jean King, Margaret Court, Suzanne Lenglen, Martina Navratilova, Steffi Graf, Arantxa Sánchez Vicario, las mismas hermanas Williams…. La china Na Li, por ejemplo, no ha ganado ningún partido desde que alcanzó la final del Abierto de Australia. La danesa Caroline Wozniacki, que es la número uno, todavía no ha vencido un grande. Y la alemana Andrea Petkovic, una tenista que podría ser cualquier otra, porque juega recto y fuerte, el patrón más generalizado en el circuito, se ha convertido en la estrella del momento.

        Su fama no tiene origen en las magníficas semifinales alcanzadas en Miami, donde derrotó a la número uno y a la número siete. Petkovic baila sobre la pista cada vez que logra una victoria. Escribe un blog. Graba videos y los cuelga en internet. Tiene twitter, su propio canal de YouTube…y casi nadie recuerda que la número 19 llegó a cuartos del Abierto de Australia. El márqueting, por delante del tenis.

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