Los periodistas se agolpan esta semana alrededor de las pistas en las que se entrena y juega Alisa Kleybanova. La rusa, exnúmero 20 mundial, compite en Miami con una invitación de la organización. No juega desde mayo de 2011. Acaba de superar un cáncer bajo la forma del Linfoma de Hodgkin.
“Tengo una gran motivación para vivir al ciento por ciento cada día de mi vida”, escribió la tenista en el comunicado oficial con el que anunció su vuelta a las pistas en el torneo de Miami. “Eché de menos la competición. Nunca tuve un parón tan grande. Lo que más me gusta del tenis son los torneos, los partidos, los resultados, las victorias, todas las emociones que siento durante los encuentros. Eso es lo que me mantuvo luchando mientras sufría todos estos problemas”.
"Aquí en Miami", cuenta por email Xavi Budó, técnico de Carla Suárez y coordinador del grupo de entrenamientos Elitia; "cuando nos fuimos a hablar con ella y le dijimos que nos alegrábamos una barbaridad de su vuelta al circuito, nos dijo: 'Ahora sí que disfrutaré del tenis". "No puedo opinar", añade Budó; "sobre el tiempo que tardará en volver a coger su nivel, ya que estas cosas dependen de muchos factores, sobre todo, a nivel mental, de cómo vuelva a afrontar la competición y del tiempo que necesitará para adaptarse físicamente otra vez a la exigencia del circuito. Lo que sí puedo asegurar es que afrontará la competición y el tenis de otra forma", cierra el entrenador, uno de los más observadores de la WTA.
A los 22 años, Kleybanova vio frenada su prometedora carrera y descontó casi un año en Italia, entre los hospitales y las visitas a las viejas pistas de entrenamiento, tras cerrar una etapa competitiva en la que se sentía constantemente enferma, como en una gripe continua, sin encontrar explicación para su estado.
La enfermedad frenó la evolución de una tenista a la que siempre se comparó con la estadounidense Lindsay Davenport, ganadora de tres grandes y del oro olímpico, por su rocosa armadura (1,81m y 72 kilos). Una constitución que dificulta sus movimientos en la misma medida que le permite gozar de un saque y una potencia que pocas competidoras pueden igualar en el circuito.
Kleybanova, claro, no pensaba en nada de eso cuando volvió a competir en Miami, torneo en el que también reapareció la estadounidense Venus Williams, en principio recuperada del síndrome de Sjögre. Delante de la exnúmero 20 apareció la sueca Larsson. Larsson ganó la primera manga. La rusa tuvo entonces la excusa perfecta para dimitir y pensar en la siguiente cita. Remontó el partido. Llegó a segunda ronda y celebró una doble victoria: la de la pista y la de la enfermería.