Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

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La doble victoria de Kleybanova

Por: | 22 de marzo de 2012

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Los periodistas se agolpan esta semana alrededor de las pistas en las que se entrena y juega Alisa Kleybanova. La rusa, exnúmero 20 mundial, compite en Miami con una invitación de la organización. No juega desde mayo de 2011. Acaba de superar un cáncer bajo la forma del Linfoma de Hodgkin.

“Tengo una gran motivación para vivir al ciento por ciento cada día de mi vida”, escribió la tenista en el comunicado oficial con el que anunció su vuelta a las pistas en el torneo de Miami. “Eché de menos la competición. Nunca tuve un parón tan grande. Lo que más me gusta del tenis son los torneos, los partidos, los resultados, las victorias, todas las emociones que siento durante los encuentros. Eso es lo que me mantuvo luchando mientras sufría todos estos problemas”.

"Aquí en Miami", cuenta por email Xavi Budó, técnico de Carla Suárez y coordinador del grupo de entrenamientos Elitia; "cuando nos fuimos a hablar con ella y le dijimos que nos alegrábamos una barbaridad de su vuelta al circuito, nos dijo: 'Ahora sí que disfrutaré del tenis". "No puedo opinar", añade Budó; "sobre el tiempo que tardará en volver a coger su nivel, ya que estas cosas dependen de muchos factores, sobre todo, a nivel mental, de cómo vuelva a afrontar la competición y del tiempo que necesitará para adaptarse físicamente otra vez a la exigencia del circuito. Lo que sí puedo asegurar es que afrontará la competición y el tenis de otra forma", cierra el entrenador, uno de los más observadores de la WTA.

A los 22 años, Kleybanova vio frenada su prometedora carrera y descontó casi un año en Italia, entre los hospitales y las visitas a las viejas pistas de entrenamiento, tras cerrar una etapa competitiva en la que se sentía constantemente enferma, como en una gripe continua, sin encontrar explicación para su estado.

La enfermedad frenó la evolución de una tenista a la que siempre se comparó con la estadounidense Lindsay Davenport, ganadora de tres grandes y del oro olímpico, por su rocosa armadura (1,81m y 72 kilos). Una constitución que dificulta sus movimientos en la misma medida que le permite gozar de un saque y una potencia que pocas competidoras pueden igualar en el circuito.

Kleybanova, claro, no pensaba en nada de eso cuando volvió a competir en Miami, torneo en el que también reapareció la estadounidense Venus Williams, en principio recuperada del síndrome de Sjögre. Delante de la exnúmero 20 apareció la sueca Larsson. Larsson ganó la primera manga. La rusa tuvo entonces la excusa perfecta para dimitir y pensar en la siguiente cita. Remontó el partido. Llegó a segunda ronda y celebró una doble victoria: la de la pista y la de la enfermería.

Isner, el tenista universitario

Por: | 20 de marzo de 2012

John Isner ha llegado esta semana al top-10, clasificado como número 10 mundial tras derrotar al serbio Novak Djokovic y alcanzar la final de Indian Wells. El estadounidense ha seguido un camino tortuoso y excepcional. Tiene 26 años. Parece haber necesitado muchas temporadas para instalarse en la élite de los mejores. Ocurre que no dio el paso de entrar en el circuito hasta los 22 años porque antes cursó cuatro temporadas en la Universidad de Georgia, donde se licenció en comunicación social, aprovechó su beca de jugador de tenis para ganar con sus compañeros el campeonato universitario (NCAA) y se convirtió en el competidor con más victorias en individuales y dobles de la historia de la institución. Allí, entre universitarios, aprendió a cambiar la pizza por los vegetales hervidos y sentó las bases para ser más que un gigante.

El Abuelo, como le llamaban en Georgia, asalta el top-10 con 26 años. El márketing del tenis siempre vivió de estrellas adolescentes (Boris Becker, Michael Chang, Rafael Nadal…) y fulgurantes que llegaban a la elite sin haber cumplido los 18. Ahora, sin embargo, eso es patrimonio del tenis femenino, mientras que cada temporada sube la media de edad del top-100 masculino, situada ya ampliamente por encima de los 20 años. ¿Qué está pasando?

Con los nuevos materiales aplicados a las raquetas, la bola viaja más rápido y con más potencia. En consecuencia, el tenis requiere cada día más músculo, más fuerza, más cabeza y más entrenamientos. Los tenistas se confirman más tarde y con menos tiempo por delante para redirigir su vida en caso de lesión grave o fracaso deportivo. Por eso, preocupada por las lagunas formativas de sus jugadores, la ATP, organismo regidor del tenis masculino, ha desarrollado un programa educativo al que etiqueta de Universidad del tenis.

“Y en esos seminarios”, cuenta Roberto Bautista, el número 169 y uno de los últimos graduados; “nos enseñan el funcionamiento de los torneos, las normas y reglas”. “En otro nos enseñan cómo administrar nuestras ganancias, nos explican las reglas antidopaje y anticorrupción, y cómo desenvolvernos ante los medios”, prosigue. “Es parte de los requerimientos de la ATP, y es buena información para el jugador, en este caso para mi. Ayuda a la formación, a que el jugador aprenda cosas de su profesión (…) Es un curso interesante”.

Isner no necesitó de eso. Él ya tiene dos graduados: el universitario y ser uno de los 10 mejores jugadores del mundo.

Adiós al tenista político

Por: | 08 de marzo de 2012

El croata Ivan Ljubicic, exnúmero tres mundial, ganador de la Copa Davis, de diez títulos ATP y del bronce olímpico en dobles junto a su compatriota Mario Ancic, se retira a los 33 años. El sello de Lubo, sin embargo, queda impreso aún más nítidamente lejos de los focos, en los despachos, allí donde se toman las decisiones que afectan a su deporte.

En el último decenio, no hubo disposición sobre el calendario, la bolsa de premios o la estructura interna del circuito que no llevara las huellas de Ljubicic: defendió la reducción de la temporada y del número de torneos obligatorios para los tenistas, o el aumento de premios, pero siempre con guante de seda, rehuyendo las más de las veces las medidas de presión públicas. El croata estuvo seis años en el Consejo de Jugadores (2002-2008), los dos últimos como presidente, y siempre tuvo hilo directo con Roger Federer, un peso pesado del tenis, que consultaba con él su posición estratégica ante las grandes cuestiones. “Tiene un gran futuro por delante”, se felicitó ayer el suizo; “en el tenis o en lo que quiera hacer, porque es un hombre inteligente y una gran persona”. “Es triste verle partir”, prosiguió el exnúmero uno mundial. “Ha sido uno de los jugadores más temidos, y también una persona beneficiosa para este deporte, porque ha sido parte del sistema político”.

Ljubicic hizo carrera con su cabeza y su saque. Lo primero lo utilizó en los despachos. Lo segundo, arma temible, sobre el terreno.

“Nunca lo hubiera imaginado”, suele contar Alex Corretja, exnúmero dos mundial, que viendo entrenarse a aquel tiarrón de 1,93m y casi 100 kilos en Barcelona, observando con ojo clínico sus dificultades para moverse, analizando ese revés a una mano y esa derecha con tendencia a romperse bajo presión… jamás habría pensado en que lograría tantos éxitos.

Ljubicic fue un niño refugiado en Italia de la Guerra de Yugoslavia. Eso, suele contar, le ayudó a tener claros sus objetivos, porque o entrenaba y triunfaba o estaba perdido. Montecarlo, ya en abril, despedirá al tenista, que acaba de ser padre por segunda vez. No será la última vez que se sepa de él: desde hoy, el croata es candidato a dirigir un gran torneo y se escuchará su nombre en las quinielas cada vez que quede vacante un despacho influyente del tenis.  

El País

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