Es una cosa nunca vista. Rafael Nadal será el abanderado de España en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Novak Djokovic liderará a Serbia. Maria Sharapova a Rusia. Roger Federer, que ya ocupó el puesto en Atenas 2004 y en Pekín 2008 (video), aún podría serlo de nuevo. Que las caras más reconocibles del tenis ocupen un lugar de privilegio en la alfombra roja del deporte mundial refleja el momento único que vive el deporte de la raqueta y el impacto global de sus figuras. Ninguna de sus naciones ha querido desaprovechar el impulso que supondrá para su marca país que una estrella mediática del peso de Djokovic, Nadal, Federer o Sharapova encabece su desfile.
Hubo un tiempo, sin embargo, en el que el tenis tuvo que pelear duro para buscarse su sitio en los Juegos. Nacida como una celebración del espíritu amateur, la cita no se entendía bien con una disciplina hiperprofesionalizada, donde abundan el dinero y los patrocinios. Además, algunas de las figuras de la raqueta consideraron la medalla como un trofeo de segunda categoría. Caza menor. Prescindieron de la pelea para preparar los grandes. No dejaron su sello.
Que el tenis ocupe ahora un lugar de privilegio en Londres 2012 tiene mucho que ver con Nadal y Federer. En 2008, los dos rivales acudieron a Pekín y reivindicaron con hechos y palabras que el sitio del tenis está en los Juegos. Fue aquel el año más mágico de su pulso. Con la ya mítica final de Wimbledon recientemente disputada y resuelta a favor del mallorquín, todos los focos se giraron para iluminar las pistas de cemento de Pekín, igual que los girasoles buscan la luz de la estrella más brillante. Nadal se alzó con el número uno y ganó el oro individual. Federer celebró el título junto a su compatriota Wawrinka en el dobles. Los dos salieron coronados y asentaron el sitio de su deporte en los Juegos. Tras la disputa de Wimbledon, que arranca el lunes, un desfile este verano es el mejor testimonio de su obra.
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