Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Notas a pie de página

Por: | 29 de junio de 2012

Un quinto set antológico catapulta al checo Lukas Rosol de la nota a pie de página al titular de la portada. Rafael Nadal ha perdido en segunda ronda de Wimbledon, su eliminación más temprana en un grande desde 2005. Ya no hay margen de maniobra para que el mallorquín se niegue a que cierren el techo cuando aún hay luz; ya no caben preguntas sobre por qué hay que hacerlo justo en ese momento, cuando él sube y su rival baja, si aún en las pistas exteriores se competirá durante 40 minutos con luz natural; y ya no se puede dar marcha atrás y encontrarse con un Nadal activado, atento y concentrado de inicio. Rosol ha evitado eso a cañonazos. Magnífico. Rebelde. Arisco. Preparado para aprovechar la rebajada versión de su contrario.

El número 100 cree ahí donde otros no creyeron. Él no es el Robert Kendrick de 2006, que estira a Nadal a cinco sets en segunda ronda y pierde 6-7(4), 3-6, 7-6(2), 7-5, 6-4. Él no es el Robin Soderling de 2007, que lleva al mallorquín al límite durante cinco mangas y luego se inclina 6-4, 6-4, 6-7(7), 4-6, 7-5, como hará Mikhail Youzhny en la siguiente ronda (4-6, 3-6, 6-1, 6-2, 6-2). Él no es el Robin Haase de 2010 (5-7, 6-2, 3-6, 6-0, 6-3 en segunda ronda) ni el Philipp Petzschner del mismo año (6-4, 4-6, 6-7(5), 6-2, 6-3 en tercera), tumbados cuando ya tienen en las mandíbulas la presa. Rosol es otra cosa. Tiene fe a prueba de bombas.

Una vez más se demostró que las primeras rondas de Wimbledon tienen un peligro infinito para Nadal. En la primera semana, mientras él busca el ritmo justo y espera a que se desgaste el césped, descubriendo la tierra que lo sustenta, es vulnerable. En la segunda semana, gobierna. Durante años, un puñado de partidos durísimos y peleados a muerte pasaron por la imprenta como un simple resultado, acunados en la dinámica ganadora del mejor tenista español de la historia, desvestidos de la épica que sin duda tenían.

Rosol pone ahora las cosas en perspectiva. Jugar cinco finales de Wimbledon en cinco participaciones seguidas, ganando dos títulos, no es frecuente en la historia de un torneo plagado de trampas. Durante un lustro, el mallorquín tuvo magia, hizo real lo imposible, dominó partidos irreductibles. Solo el futuro sabe si volverá a llegar al duelo por el título. Mientras tanto, la victoria de Rosol puso en su justo sitio lo que ha logrado Nadal hasta el momento: una carrera para las enciclopedias, en la que lo excepcional acabó siendo normal.  

Abanderado

Por: | 23 de junio de 2012

Es una cosa nunca vista. Rafael Nadal será el abanderado de España en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Novak Djokovic liderará a Serbia. Maria Sharapova a Rusia. Roger Federer, que ya ocupó el puesto en Atenas 2004 y en Pekín 2008 (video), aún podría serlo de nuevo. Que las caras más reconocibles del tenis ocupen un lugar de privilegio en la alfombra roja del deporte mundial refleja el momento único que vive el deporte de la raqueta y el impacto global de sus figuras. Ninguna de sus naciones ha querido desaprovechar el impulso que supondrá para su marca país que una estrella mediática del peso de Djokovic, Nadal, Federer o Sharapova encabece su desfile.

Hubo un tiempo, sin embargo, en el que el tenis tuvo que pelear duro para buscarse su sitio en los Juegos. Nacida como una celebración del espíritu amateur, la cita no se entendía bien con una disciplina hiperprofesionalizada, donde abundan el dinero y los patrocinios. Además, algunas de las figuras de la raqueta consideraron la medalla como un trofeo de segunda categoría. Caza menor. Prescindieron de la pelea para preparar los grandes. No dejaron su sello.

Que el tenis ocupe ahora un lugar de privilegio en Londres 2012 tiene mucho que ver con Nadal y Federer. En 2008, los dos rivales acudieron a Pekín y reivindicaron con hechos y palabras que el sitio del tenis está en los Juegos. Fue aquel el año más mágico de su pulso. Con la ya mítica final de Wimbledon recientemente disputada y resuelta a favor del mallorquín, todos los focos se giraron para iluminar las pistas de cemento de Pekín, igual que los girasoles buscan la luz de la estrella más brillante. Nadal se alzó con el número uno y ganó el oro individual. Federer celebró el título junto a su compatriota Wawrinka en el dobles. Los dos salieron coronados y asentaron el sitio de su deporte en los Juegos. Tras la disputa de Wimbledon, que arranca el lunes, un desfile este verano es el mejor testimonio de su obra. 

Las dos caras de Djokovic

Por: | 12 de junio de 2012

¿Cómo es realmente Novak Djokovic? La final de Roland Garros, llena de tensión, lleva a los dos protagonistas y a sus respectivos equipos a exteriorizar sus emociones como nunca. Tras su impresionante 2011, el número uno se quita la careta que contuvo el curso pasado sus inquietudes, y exterioriza sus sentimientos. Igual que se ve al Rafael Nadal de siempre, con sus gritos (“¡Vamos!”), sus celebraciones (bíceps comprimido, puño al aire) y sus fauces abiertas enseñando dientes como sables, también aparece un Nole distinto y doble. El caballeroso y el arisco.

NnEn un escenario del máximo prestigio, con un título grande en juego, Djokovic toma una decisión que le retrata como un caballero: contraviniendo el criterio del juez de silla, que quiere que se repita un peloteo, le concede el punto a Nadal porque considera que ya no tenía opciones de disputarlo cuando un juez de línea se equivocó al gritar durante el intecambio. Sorprendentemente, ese mismo tenista exquisito con su contrario, al que siempre piropea en público, es durísimo consigo mismo, provoca abucheos, se castiga por sus fallos: tira una raqueta al suelo, rompe un banquillo a raquetazos y se ríe abiertamente, nadando en ironía, mientras mira a su banquillo. Todo en el mismo partido.

El pulso también se traslada a los equipos. Hace tiempo que las dos esquinas, la del español y la del serbio, se miran de reojo. Los padres de Djokovic consideran que las instrucciones que le da Toni Nadal a su pupilo, contrarias al reglamento, son constantes, y así se lo hacen saber con gestos al juez de silla (“Habla, habla”, dicen abriendo y cerrando las manos). En el banquillo de Nadal, rebosante de puños cerrados, no pasa desapercibido que los contrarios son ruidosos, que no entienden de etiqueta, y que su comportamiento se acerca más al de un ultra de fútbol que al de un aficionado al tenis. Los Nadal aplauden puntos del rival, admiran lo que puede hacer su contrario, aprecian con educación de buen aficionado lo que hay enfrente. Los Djokovic se levantan encima de la silla, abriendo los brazos, cuando su hijo gana un peloteo con más de 40 golpes.

De alguna manera, el número uno, tenista brillantísimo, bebe de dos fuentes. En su interior habita un campeón amable y educado, capaz de saludar uno a uno a todos los Nadal horas después de haber perdido la final del Abierto de Estados Unidos 2010, sin escatimar abrazos ni sonrisas. Un tipo extravertido, cantarín, amable y chistoso.  Cuando sus ojos miran al banquillo, sin embargo, hay algo que se enciende en su interior, llama ardiente que incendia los partidos, un reflejo de campeón que se revuelve ante la derrota. Sus retinas se llenan de gestos, gestos devuelve él a su banquillo. Entonces, su maravillosa raqueta triunfa o acaba destrozada y rota, tirada por los suelos.

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Las emociones de Arantxa

Por: | 06 de junio de 2012

Pzitf sanchez 12par hm2Dice que ha estado a punto de llorar. Viene vestida con un vestido blanco con cola. Se declara emocionada. Arantxa Sánchez Vicario, la mejor tenista española de todos los tiempos, acude como invitada de honor a la gala de la Federación Internacional de tenis, que le entrega el premio Philippe Chatrier, su más alta distinción, “por su compromiso con España”. La ex número uno, cuatro veces campeona de torneos grandes y cinco de la Copa Federación, es homenajeada por ser la tenista que más veces se ha impuesto en la competición por equipos, además de la que más partidos ha vencido (72 por 28 derrotas).

“Gané aquí (en París) mi primer Grand Slam con 17 años”, recordó la ex tenista, fotografiada por Paul Zimmer. “(…) Quiero darle las gracias a todos los que han considerado que mi carrera ha merecido este reconocimiento (…) No puedo olvidarme de aquellos que me han hecho sentir que todo el esfuerzo merecía la pena. La gran familia del deporte me ha dado todo lo que una deportista podría soñar (…). Muchas gracias a todos por hacerme sentir como una jugadora, pero también como una persona que se merece ser parte del grupo de jugadores que han recibido este premio”.

Si las estadísticas de los éxitos retratan a una competidora de acero, sus palabras, pronunciadas en inglés, describen a la mujer. Son días complejos para los Sánchez Vicario y Arantxa habla mientras desde una mesa le observa su marido repasando unas notas.

Antes del discurso ha empezado el baile de los vinos tintos franceses, la danza de los filetes de ternera, el ballet del caramelo caliente que derrite en los postres las láminas de chocolate. El serbio Novak Djokovic recibe su premio al mejor tenista de 2011 vestido con un chándal y disculpándose por ello, ya que la invitación solicitaba pajarita o corbata, imprescindible el chaqué. Los gemelos Bryan, quizás los mejores doblistas de la historia, bromean sobre el escenario, embutidos en sus trajes negros. Dicen que si uno de ellos compite con Serena Williams en el dobles mixto de los Juegos de 2012 cambiarán su tradicional forma de celebrar los puntos: “Del choque de pecho al choque de culos”. Ríe el público. Sonríe el bebé de uno de los hermanos, ataviado con una diadema estilo años 20. Arantxa se prepara: pronto va a subir al escenario, y está emocionada.  

Pistas con alma

Por: | 03 de junio de 2012

PeticionImagenCAQDXBZ8Es poesía en movimiento. Lejos de la mastodóntica estructura de la Philippe Chatrier, la pista central de Roland Garros, la Suzanne Lenglen, segunda en importancia, ofrece una oportunidad única a los espectadores. Los héroes están ahí, a un palmo. Se les escucha respirar. Se oye el ruido de sus pasos contra la arcilla. Se les ve gruñir, gesticular y pegar pelotazos. La cercanía permite vivir las emociones de los tenistas como si se estuviera a su lado. No hay aquí metros de distancia, miles de espectadores en medio, es casi una cita entre cada seguidor y su jugador.

En la Lenglen se observa como en ningún otro sitio el juego de pies de Roger Federer, un maravilloso ballet que le coloca siempre en la mejor disposición frente a la pelota. En la Lenglen se ve a Mikhail Youzhny regalarle una raqueta a un espectador durante el partido o dibujar una disculpa con la zapatilla sobre la arena. En la Lenglen se descubre como en ningún otro sitio el daño que le hace Rafael Nadal a sus contrarios: así, justo a espaldas de la jugada, se ve cómo el uzbeko Istomin, un gigante, tiene que estirarse a la caza de altísimas pelotas que le roen las articulaciones.

La profesionalización del tenis ha ido en paralelo al aumento de la bolsa de premios y la desaparición de las pistas más románticas. Es necesario aumentar el aforo, vender más entradas, dividir incluso la jornada en dos (día y noche) para aumentar los ingresos. La tendencia imparable ha provocado la desaparición de pistas únicas, mágicas e irremplazables.

Ya no existe como era la pista dos de Wimbledon, el cementerio de los campeones, donde uno tras otro se inclinaban los ganadores de la Copa mientras los espectadores oían cómo rozaban sus blancas zapatillas contra la fuerte hierba. Allí cayeron Pete Sampras, Boris Becker, Venus Williams…

Ya se ha hablado de reformar la pista uno de París, la mítica plaza de toros, donde los resbalones de los tenistas manchan de tierra a los aficionados. Allí, en 1980, fue descalificado por incomparecencia Manuel Orantes, que protestó porque el argentino Guillermo Vilas, excusándose en dolores de estómago, lograra que se retratase su partido un día en contra de lo que dicta el reglamento. Allí, en 1993, Gabriela Sabatini desaprovechó 6-1, 5-1 y cuatro puntos de partido en cuartos ante Mary Joe Fernández. Allí, en 2004, Marat Safin se bajó el pantalón y enseñó los calzoncillos para celebrar que había ganado a Félix Mantilla.

Hay pistas impersonales, como la central del Abierto de Estados Unidos. Otras suenan incluso cuando están vacías, vibran sin espectadores y están llenas de historias. Son pistas con alma.

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Campeones de la vida

Por: | 01 de junio de 2012

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Eliminada en segunda ronda, Virgine Razzano se revuelve contra la idea de que su nombre quede reducido a una simple nota a pie de página, la primer mujer capaz de tumbar en primera ronda de un grande a Serena Williams, la viuda de París, acunada por el público desde que perdió a su pareja antes del torneo de 2011. “Ser una campeona no significa necesariamente estar entre las diez mejores del mundo”, avisa desde sus llameantes ojos azules. “Miren lo que he conseguido en mi carrera. He ganado a Zvonareva, Dementieva, Safina (todas top-10); he tenido altibajos en mi vida profesional y personal; no siempre ha sido todo fácil. No es el ránking el que hace al campeón. Es tu comportamiento en la pista. Es poder ganar a una de las diez mejores. Es poder ganar un título”.

En el deporte, vino a decir Razzano, no solo gana quien levanta la Copa. Hay deportistas que viven en el segundo plano, gente cuyo día a día es un triunfo en sí mismo pese a que no ocupe las portadas. París, con sus inmensos cuadros llenos de competidores, también abrió sus puertas a tenistas coronados solo por estar empuñando la raqueta. El estadounidense Brian Baker, por ejemplo.

PeticionImagenCAU9M92ATras cinco operaciones (cadera, hernia por esfuerzo, codo...) en tres años, y un parón competitivo mucho más largo, el tenista, de 27 años, volvió a los grandes escenarios en 2012. Su impacto fue inmediato. Pese a no haber pisado la arcilla desde 2005, llegó a la final de Niza, que perdió con Almagro. “En los momentos de tensión, su cara me daba miedo: no reflejaba nada”, dijo Gilles Simon tras eliminarle en segunda ronda después de cinco estupendos parciales. Baker ha sufrido demasiado como para dejarse intimidar por un mero partido. “Cuando has tenido tantos problemas como yo”, explicó el estadounidense antes de abandonar París; “nunca puedes estar seguro de que podrás mantenerte sano. Nunca pensé en tirar la toalla, pero hubo momentos en los que pensé que tendría que buscarme la vida fuera del tenis”, añadió sobre su empleo como asistente de un equipo de tenis universitario. “Nunca, sin embargo, estuve listo para decir: estoy acabado”.  

Esa actitud es común a muchos de los deportistas que lucharon su futuro en las pistas de París. El uzbeko Istomin, eliminado por Rafael Nadal, sobrevivió a un terrible accidente de coche que le supuso 80 puntos de sutura, bien visibles en su partido con el mallorquín, y a meses inmovilizado en la cama. Serena Williams a punto estuvo de morir por una embolia pulmonar. Su hermana Venus sufre una enfermedad autoinmune. James Blake, que lucha por volver a la elite, cedió en París en primera ronda tras dejar atrás decenas de lesiones, una escoliosis cuando era un niño, y un golpe contra el poste de una red que le dañó una vértebra. Esta vez ninguno de ellos ganaron el título en la pista, pero siempre serán campeones en la vida.

El País

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