Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Decepciones

Por: | 27 de noviembre de 2012

Tsonga02
Roger Federer volvió al número uno mundial, que al final ocupó Novak Djokovic. Andy Murray conquistó su primer grande (Abierto de EEUU), rompiendo la sequía del tenis británico (Fred Perry, 1936). Rafael Nadal sumó un séptimo Roland Garros de récord, y luego se perdió la segunda parte de temporada por lesión. La República Checa ganó su primera Copa Davis en el siglo XXI. No fue lo único que ocurrió en 2012. También hubo varias decepciones.

Jo Wilfried Tsonga. El número ocho mundial empezó y acabó la temporada como uno de los favoritos del público. Su tenis explosivo y su ductilidad frente a las cámaras le aseguraron un lugar preferente entre los aficionados, que siempre le tienen entre sus candidatos cuando comienza la pelea por los grandes títulos. Tsonga, que gana trofeos con sus derechazos y su saque y los pierde con su revés, acabó en el top 10 pero protagonizó una estadística impresionante: de los 16 partidos que jugó contra los otros diez mejores solo ganó uno.

Nicolás Almagro. El murciano terminó el año a un paso de los diez mejores (número once) y ganó dos trofeos. Sin embargo, no se apreció una evolución en sus resultados que le permitiera pensar en una mejora radical con respecto a 2011: volvió a destacar en la arcilla, pero sin pasar de los cuartos de Roland Garros, donde un tie-break mal jugado le pesó frente a Rafael Nadal; no destacó en cemento más que episódicamente; y puesto ante el momento culminante de su carrera, el quinto punto de la final de la Copa Davis, frente a Stepanek, perdió sin dejar la más mínima huella. Que Juan Carlos Ferrero se decida a entrenarle en 2013 puede ser el punto de inflexión que necesita para que los fogonazos positivos de 2012 ganen en continuidad.

Bernard Tomic. Su abracadabrante temporada resumió el fracaso de los jóvenes, incapaces de adaptarse a las exigencias físicas y mentales del circuito profesional. Tras su esperanzadora ronda de octavos en el Abierto de Australia, se le vio más por las comisarías, en los tabloides o explicando por qué no se esforzaba al máximo, que protagonizando partidos al nivel de su talento. Capaz de llegar a los cuartos de Wimbledon en 2011, su carácter resta todo lo que suma su impresionante capacidad técnica. Con 20 años, no está entre los 50 mejores del planeta (número 52) y cerró la temporada con desgana (tres derrotas a la primera en tres torneos). Como él sufrió el estético Dimitrov y se diluyó Harrison. No hay jóvenes que aprieten a los veteranos para quitarles un puesto entre los diez mejores ni adolescentes menores de 20 años entre las 100 raquetas más potentes del planeta.  

Fernando Verdasco. El madrileño perdió en primera ronda del Abierto de Australia aduciendo un problema estomacal. Durante todo el año le acompañaron los problemas de rodilla, con los que explicó la derrota a la primera en los Juegos. Destacado junto a David Marrero en los torneos de dobles, donde acumuló cuatro títulos, logró su primera victoria contra Nadal, pero no hubo noticias del tenista mercurial de 2009, que llegó a codearse con los mejores y a alcanzar las semifinales de Melbourne. Su entorno lo explicó con el argumento de la fatiga mental. Él, con los dolores físicos. En medio, corrió otra hoja del calendario: Verdasco, quizás el tenista con más variedad de golpes y más tiros decisivos de La Armada española, cumplirá 30 años en 2013. Acaba este curso como el número 24, con solo una final en la mochila.

David Nalbandian. El argentino, un tenista con una mano prodigiosa y un caudal de juego a la altura de los mejores, se despide de 2012 más cerca de abandonar la elite (número 82) que de volver a parecerse al hombre que en 2007 asombró al mundo eliminando a Federer y Nadal en dos torneos consecutivos, para ganar, por supuesto, ambos trofeos (los masters 1000 de Madrid y París). Siempre perseguido por los problemas físicos, aún fue capaz de ganar dos partidos contra los diez mejores, pero naufragó en los grandes. A los 30 años y tras múltiples operaciones, le ocurre como a Lleyton Hewitt, quien sin embargo protagonizó más fogonazos durante la temporada: ha consumido muchos más años de carrera de los que le quedan. El argentino dice pensar ya en la retirada.

Las heridas de la Davis

Por: | 19 de noviembre de 2012

Es lunes, y en el aeropuerto de Praga coinciden Nicolás Almagro y Feliciano López. Los dos españoles han visto cómo la selección perdía la final de la Copa Davis (República Checa, 3; España, 2) con ellos protagonizando dos episodios críticos: el murciano perdió el segundo (Berdych) y el quinto (Stepanek) punto; el toledano criticó no haber sido incluido en el equipo titular. La derrota, interpretable también como una demostración de esfuerzo y voluntad de conjunto, porque se alcanzó el quinto partido como visitantes, puede dejar heridas abiertas en el equipo que capitanea Àlex Corretja. En consecuencia, el seleccionador afronta un panorama complicado. Debe analizar en apenas dos meses si hay brechas que dividan al grupo; dialogar con David Ferrer para conocer cuál será su disponibilidad en 2013; y planear la primera ronda, que ha emparejado a España como visitante con el Canadá del prometedor Raonic.

En la puerta de embarque, Almagro atiende a decenas de aficionados, aunque su tristeza se nota a la legua. El número 11 mundial perdió contra el número 37 un partido que cambia una carrera. “Ahora…”, lleva la mirada al infinito, cuando se le pregunta por sus planes inmediatos, enfangado en la melancolía de la derrota. Antes de dejarse ver por unas exhibiciones en Miami y Buenos Aires, el chico de Samuel López dedicará unos días a reflexionar sobre lo que pasó en Praga, según cuenta luego.

Feliciano se encuentra en parecida situación. Convencido de que era la mejor opción para tumbar a Berdych, al que Almagro extendió hasta el quinto set, el toledano deja la final sin jugar, tras ganar un partido en los tres últimos torneos de la temporada y sabiendo que el técnico no contó con él porque eso le obligaba a desmontar un dobles que venía de celebrar la Copa de Maestros o a ponerle frente a Stepanek, con quien pierde 2-7 en los enfrentamientos particulares. Feliciano sufrió en los últimos seis meses, donde solo destacó en su magnífico partido contra Andy Murray en el Abierto de Estados Unidos. Probablemente se le hizo intolerable perder la oportunidad de celebrar una medalla olímpica tras desaprovechar cuatro puntos de partido para jugar la final de los Juegos de Londres 2012 en la modalidad de dobles y con David Ferrer.  “Por supuesto que estoy disponible para el año que viene”, dice, defendiendo la unidad del grupo y el esfuerzo de la selección para llevar la final hasta el quinto punto, asegurando que no hay heridas abiertas.

Ferrer, que sale reforzado de Praga, donde dejó dos lecciones magistrales (“Me ha recordado a Djokovic”, dijo Berdych sobre él tras su derrota), marca también en esto el camino a seguir por Almagro y Feliciano. El alicantino también tiene sus heridas, también lleva abollada la armadura, no ha sido la suya una carrera de sonrisas, triunfos y brillos constantes.

Igual que Feliciano, él también perdió en la treintena la que probablemente sea la última oportunidad de su vida de celebrar una medalla y hacerse una fotografía que quede para la historia. Él se rehízo poco a poco, sin prisa pero sin pausa: no compitió el siguiente torneo, pero inmediatamente llegó a las semifinales del Abierto de Estados Unidos, celebró los títulos de Valencia y París (su primer masters 1000) y firmó una final de la Davis de ensueño. De nuevo, el alicantino dejó pistas que seguir a esos dos tenistas que se paseaban por el aeropuerto con aire triste: no hay heridas que sangren eternamente si el enfermo pone todo su empeño en curarse.

Galones

Por: | 17 de noviembre de 2012

España compite en la República Checa con un ejemplo muy presente: "¿Si pudimos una vez, por qué no vamos a poder otra?", dice Àlex Corretja, el seleccionador. El ejemplo es Mar del Plata 2008. La primera Copa Davis conquistada a domicilio, contra Argentina, sobre cemento, bajo techo y sin Rafael Nadal. En el relato de los recuerdos, sin embargo, una circunstancia queda normalmente oscurecida. Entonces, arriesgando su prestigio personal, Emilio Sánchez Vicario, el capitán, obvió los galones, se saltó el escalafón y apostó por las cualidades técnicas de un tenista antes que por su ránking: aunque Fernando Verdasco era el número 16 del planeta, Feliciano López compitió el individual del viernes siendo el número 30. Fue un éxito.

En Praga no ha ocurrido eso.

Navratil, el capitán local, jugueteó toda la semana con la posibilidad de utilizar el viernes a Lukas Rosol en lugar de a Radek Stepanek. La lógica más aplastante le empujaba a ello: protegía a su estrella de 33 años de la tortura de competir tres días seguidos; se aseguraba que el saque de Rosol le hiciera muchas preguntas sin respuesta a Ferrer; y premiaba un buen momento de forma (el de Rosol, campeón del challenger de Bratislava la semana pasada) frente a otro dudoso (el de Stepanek, semifinalista en dobles en la Copa de Maestros pero retirado hace 15 días en París por un problema de rodilla).

Finalmente, se impuso el peso del dorsal. Jugó Stepanek, se metió una paliza de tres horas que a buen seguro sentirá el resto de la eliminatoria, y su confianza quedó minada por una derrota que fue un rapapolvo.

España también pensó en la posibilidad del cambio. Algunos de los técnicos desplazados a Praga valoraron que la pista negaría a Marc López algunas de sus cualidades, que Nicolás Almagro perdía 3-8 sus duelos con Tomas Berdych, y juzgaron que Feliciano López sería la mejor solución a esos dos problemas. Corretja también decidió en función del ránking, respetó el escalafón y los galones, pero lo hizo apoyándose en las estadísticas: en Praga se juega bajo techo y Feliciano solo ha ganado un partido en los tres torneos indoor que ha disputado a final de temporada.

En la final de 2012, por ahora, no ha habido un Sánchez Vicario. Los seleccionadores piensan fundamentalmente en el hoy, pero saben que también se juegan un poquito del mañana: los delicados mecanismos que sustentan los equilibrios interiores de su equipo.

Lo inexplicable

Por: | 12 de noviembre de 2012

DV1346919
Campeones de la Copa de Maestros, bajo techo y sobre cemento. Ganadores de los hermanos Bryan, quizás la mejor pareja de la historia. Semifinalistas en el Abierto de Estados Unidos. Es inexplicable: dos tipos nacidos para el juego sobre tierra, que construyen la jugada desde atrás, alérgicos en un caso a tocar la pelota con el revés, han sido capaces de hacerse un hueco en la especialidad de dobles y de cambiar el panorama en la final de la Copa Davis que enfrentará a España contra la República Checa. ¿Y si de repente el título fuera posible?

Marcel Granollers y Marc López son esos tenistas. Àlex Corretja, el seleccionador, les pidió que se juntaran como pareja habitual en el circuito atendiendo a dos circunstancias: los doblistas titulares de España (Feliciano López y Fernando Verdasco) habían insinuado en 2011 su renuncia a la competición, y además habían perdido todos los partidos de entrenamiento para la final del curso pasado contra Granollers y López.

La decisión del seleccionador es de las que distinguen a un profesional de un aficionado. Granollers se había demostrado hasta entonces como un especialista espectacular en la red pero sin continuidad en sus resultados. López, ya con 30 años, había alzado títulos de prestigio, hasta de masters 1000, pero siempre en compañía de Rafael Nadal, lo que matizaba su contribución al éxito en aquellos triunfos. El catalán, además, cargaba con varios sambenitos: demasiado bajo (1,75m), sin un saque contundente, con un revés que palidece en comparación a su buena derecha…

Corretja, sin embargo, insistió. Los resultados están ahí: dos títulos, cuatro finales, los primeros españoles en la Copa de Maestros desde 1994, los primeros finalistas desde 1990, los primeros que coinciden en el top 10 en más de un decenio… M&M, como les denominan en el vestuario, jugueteando con la marca de chocolates y su nombre, se complementan hasta ocultar sus debilidades. Son una pareja atípica, que confunde a los contrarios al apostar por la estrategia antes que por la contundencia del saque y la carga a la red. En la espídica especialidad del dobles, donde un supertie-break decide la mayoría de los encuentros, se han acostumbrado a vivir en el alambre. La final de la Davis pondrá a prueba su fórmula. Stepanek y Berdych son algo más que especialistas: un transatlántico del mundo del dobles.

La Copa más abierta

Por: | 04 de noviembre de 2012

155390205

La Copa de Maestros arranca en un escenario inesperado y extremadamente abierto: por primera vez desde 2003 ha habido cuatro campeones distintos en los grandes (Novak Djokovic ganó en Australia, Rafael Nadal en París, Roger Federer en Londres y Andy Murray en Nueva York); el mallorquín, un fijo de la cita, no competirá por lesión; y dos de los implicados en el torneo (Ferrer y Berdych) miran de reojo a la final de la Copa Davis, que les enfrentará la próxima semana. El lunes, Murray se enfrenta a Berdych (no antes de las 14.45) y Djokovic a Tsonga (no antes de las 20.45).

Novak Djokovic. Aunque el serbio acaba el año como número uno mundial, su temporada ha estado llena de claroscuros. Su impresionante victoria en el Abierto de Australia, donde sometió a Rafael Nadal tras la final más larga de la historia (5h 53m), pareció anunciar un año de dominio aplastante similar al de 2011, cuando se hizo con tres de los cuatro grandes en juego. Sin embargo, cuando Nadal le derrotó en las finales de Montecarlo y Roma, Nole volvió a ser humano: primero sufrió la muerte de su abuelo, luego la hospitalización de su padre, y en medio, siempre dentro de su alto nivel y de los cinco títulos conquistados, volvieron a aparecer sus aspavientos y sus quejas, especialmente llamativos durante la final perdida en Roland Garros (reventó de un golpe su banquillo), tras quedarse sin medalla en los Juegos Olímpicos de Londres (serró todas sus raquetas) y durante la final cedida del Abierto de Estados Unidos (sus quejas fueron continuas). Ganar la Copa sería el mejor trampolín para un 2013 en el que volverá a soñar con todo: ha celebrado un estupendo 62% de victorias este año contra los otros diez mejores.  

Roger Federer. El suizo es el gran reivindicado del curso. Tras un 2011 que pareció crepuscular, porque Efe-fotos-espana.8160964no ganó un grande por primera vez en más de un lustro, la campaña que ahora acaba le ha visto reconquistar Wimbledon con 31 años, coronarse como el hombre que más semanas ha pasado como número uno, superando las 300, y volver a competir de tú a tú contra los mejores al aire libre. De vuelta a su reino, el de las pistas bajo techo, el número dos mundial ha subrayado la importancia que le concede a la cita de Londres con una decisión estratégica: no acudió al torneo de París para preparar el torneo final de una temporada en la que ha sumado seis títulos y se ha rencontrado con su saque, el golpe desde el que construye su juego.

Andy Murray. El británico rompió un maleficio que parecía eterno al ganar el primer grande (US Open) para un tenista británico desde el lejano último triunfo de Fred Perry (1936). El punto de inflexión de su temporada y de su carrera, sin embargo, estuvo en Londres: primero alcanzó la final de Wimbledon, en la que el cierre de la techumbre jugó un papel decisivo en favor de Federer, y luego conquistó en esa misma pista el oro olímpico individual y la plata en dobles mixtos. Londres pondrá a prueba su consistencia. Desde su excelente triunfo en Nueva York, donde disputó una final durísima contra Djokovic, no ha alzado ningún título, y perdió el partido decisivo de Shanghái contra el serbio tras disfrutar de cinco puntos de partido. Tiene la oportunidad de preparar el asalto al número uno en 2013: el año pasado se retiró lesionado de la Copa de Maestros y tiene muchos puntos por sumar.

ARP3355536

David Ferrer. El alicantino puede adelantar a Rafael Nadal, lesionado, en la clasificación si llega a la final, que ya disputó en 2007, con lo que terminaría como número cuatro. Eso lo dice todo de la brillantez de su curso: siete títulos (más que nadie), 72 victorias (más que nadie), trofeos en cuatro superficies distintas (tierra, hierba, cemento y cemento bajo techo) y su primer triunfo en un Masters 1000 (París). A los 30 años, Ferrer mejora cada temporada que pasa, y derriba barreras impensables. ¿Quién habría apostado porque su primer masters llegara bajo techo y no sobre arcilla? ¿Quién habría dicho hace un lustro que competiría de tú a tú con Murray sobre la hierba de Wimbledon, como ocurrió en los cuartos de 2012? ¿Cómo prever que sería un tenista tan dúctil como para adaptarse a ser el número dos de España cuando Nadal acude a la Davis y un líder fiable cuando el mallorquín falta? Su triunfo en París, que cicatriza la herida abierta por perder una medalla olímpica en dobles que ya parecía segura, perjudica sus aspiraciones en Londres: tras levantar el trofeo francés el domingo, compite ya el martes contra Del Potro.

Tomas Berdych. Irregular siempre, el número seis mundial es mal cliente en pista de cemento y bajo techo. Sin viento ni sol para alterar sus tremendos tiros planos, el checo tiene una oportunidad para dejar su sello entre los mejores. Es el examen que le falta para consolidar una carrera en la que luce una final grande (Wimbledon 2010) y que le ha visto derrotar este mismo año a Federer en el Abierto de Estados Unidos: solo se impuso en el 39% de sus enfrentamientos contra los otros 10 mejores en 2012 y a lo largo de su carrera perdió el 69% de esos duelos.

Par7366686Juan Martín del Potro. Un dato certifica la vuelta del argentino a la elite tras la lesión de muñeca que cortó su excelente progresión, subrayada por su victoria en el Abierto de Estados Unidos 2009. Por fin ha vuelto a ganar a Roger Federer, encima en la final de Basilea. El de Tandil vuelve al torneo de los mejores por primera vez desde 2009, cuando disputó la final, que perdió contra el ruso Davydenko. Tiene tenis para atacar a cualquiera, corazón para pelear con todos y armas para asaltar cualquier torneo. Solo su cuerpo y su cabeza esconden el candado que sujeta o no su raqueta.

Jo-Wilfried Tsonga. El francés es cada vez un tenista más demagógico, propenso a los gritos y los golpetazos que alegran al público pero no ganan partidos decisivos. En todo 2012 ha celebrado dos trofeos menores (Metz y Doha) y una plata olímpica en dobles, pero solo ha ganado un duelo contra los otros diez mejores. Naufragó en los cuartos de final de la Copa Davis, cuando Francia cayó eliminada contra Estados Unidos  como local y sobre tierra. Los precedentes deben animarle a darle la vuelta a esa estadística: el año pasado alcanzó la final de la Copa de Maestros y apretó de lo lindo a Federer, finalmente el campeón. Técnicamente, sonríe con el saque y la derecha, pero pena con el revés. Un tenista que en carrera golpea ese golpe igualmente a dos manos que a una está ofreciendo una diana evidente a sus rivales.

Janko Tipsarevic. El serbio ha sido intrascendente en los grandes escenarios y está en el torneo por la baja de Nadal, que dejó un puesto libre. Sin peso en los torneos que deciden la brillantez de una carrera, desaprovechó una oportunidad única para jugar las semifinales del Abierto de EEUU cuando perdió ante Ferrer un partido de cuartos que tenía dominado. Es un tenista pegador, creativo y versátil. En un torneo con el formato de la Copa de Maestros, que permite margen de error al dividir a los ocho mejores en dos grupos de cuatro, tendrá su peligro. En 2011 ya tumbó a Djokovic. En 2012, sin embargo, su estado físico es una incógnita: llega al torneo final tras retirarse por precaución en el masters 1000 de París.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal