Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Incógnitas

Por: | 30 de diciembre de 2012

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Preguntas. Incógnitas. Dudas. El curso 2013 arranca con muchas menos certezas que los precedentes en el circuito masculino. Se ha abierto el abanico de los candidatos a los títulos. Faltan grandes nombres. Abundan los interrogantes.

El peso del tiempo. Nadie puede discutir su talento infinito, su incomparable capacidad competitiva ni sus genialidades. Sin embargo, Roger Federer cumplirá 32 años en 2013. ¿Hasta cuándo mantendrá su excelso nivel? ¿Cuántas veces más resucitará tras ser enterrado? ¿Seguirá teniendo las piernas que le lleven hasta la pelota para disparar sus inigualables tiros? El suizo, que lleva años desafiando la lógica y demostrando un apetito ya mítico, no será el único que medirá su raqueta contra los rivales y el paso del tiempo. Por ejemplo, David Ferrer, al que siempre distinguieron los pulmones, celebrará los 31 en 2013.

Un Murray sin el fantasma de Perry. Tras ganar su primer grande en el Abierto de EEUU, liberado por fin del fantasma de Fred Perry, hasta entonces el último británico en ganar un Slam (1936), 2013 debería ser el año de Andy Murray. El escocés, además, sumó el oro olímpico en Londres y siempre se ha sentido a gusto en el Abierto de Australia, donde ya ha disputado dos finales. Su final de curso 2012, en cualquier caso, deja dudas: tras celebrar la Copa en Nueva York, se despidió de los siguientes tres torneos desaprovechando al menos un punto de partido y pasó sin pena ni gloria por la Copa de Maestros. Tiene dos caras sobre la pista. ¿Cuál se verá en 2013? ¿Cómo competirá el escocés sin las cadenas de Perry?

El Grand Slam de Djokovic. El número uno mundial ya señaló en rojo un objetivo en 2012: conquistar Roland Garros y completar el Grand Slam, celebrando así los cuatro grandes del tenis. Solo Rafael Nadal, en una final intensísima, fue capaz de frenarle. En 2013, con el mallorquín rodeado de dudas por una baja prolongadísima, París estará más abierto que nunca… pero Nole acabó extremadamente frustrado en su última aparición. Hubo banquillos rotos, raquetas destrozadas, quejas contra el público y el árbitro. ¿Olvidará todo eso su cabeza para centrarse en la Copa?

La larga sombra de los ausentes. Si Rafael Nadal vuelve a competir en el torneo de Acapulco, como pretende, habrá acumulado ocho meses de baja, casi una temporada entera empleada en curar su rotura parcial de ligamento rotuliano y su hoffitis sin pasar por el quirófano. En ese tiempo, el mallorquín se ha perdido dos grandes (los Abiertos de EEUU y Australia), ha bajado del número dos al número cuatro, y se ha asegurado una vuelta a las pistas llena de aristas. Cuando sus pies vuelvan a pisar la tierra, temblarán él y sus rivales: Nadal competirá sintiendo lógicas inseguridades (¿volveré a ser el mismo? ¿cómo responderá la rodilla? ¿cuánto tiempo tardaré en recuperar el ritmo?) pero acunado porque su vuelta se produzca sobre arcilla, su superficie preferida. Ahí también dudarán sus rivales, enfrentados antes al mito de la tierra que al tenista. En el siglo XXI, solo un top 10 vivió una baja equiparable a la del mallorquín: el sueco Robin Soderling, que llegó a ser el número cuatro mundial, no juega desde julio de 2011 por una mononucleosis que le ha retirado de facto.

Los jóvenes. ¿Hay vida más allá de las caras conocidas? ¿Despuntará algún desconocido? ¿Será el polaco Janowicz, a sus 22 años finalista en el último masters 1000 de 2012, capaz de dar el relevo a alguno de los tenistas consagrados? ¿Se renovará por fin el top10, donde viven instalados los mismos competidores desde hace un buen tiempo?


El País

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