Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Dos gemelos de récord

Por: | 26 de enero de 2013

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Bob y Mike Bryan. Mike y Bob Bryan. Sin que importe el orden, esos ya son dos nombres esculpidos para siempre en los libros de tenis. Al celebrar su sexto Abierto de Australia, los gemelos  estadounidenses se han convertido en los doblistas de más éxito en la historia: ya son 13 títulos de récord en la modalidad de dobles, más que los míticos John Newcombe y Tony Roche (12), que marcaron con su tenis a generaciones de espectadores.

"Es muy especial ser parte de la historia", resumió Mike. "Es un gran récord". "Somos competidores", le continuó Bob. "Odiamos perder. Nos marcamos metas para mejorar: por eso seguiremos jugando dos, tres o cuatro años más".

Los Bryan son una pareja letal. Bob es zurdo sacador. Mike, diestro y restador. La combinación les hace inabordables para la mayoría y durísimos para los mejores especialistas. Son el termómetro del circuito. Si una pareja puede mirar a los Bryan a los ojos, se siente preparada para todo: tras 15 temporadas como profesionales, han vencido más de 60 partidos (el récord) y han ganado todos los grandes, el oro olímpico y la Copa Davis.

Propietarios de un currículo impresionante, su aproximación a la competición es distinta a la de
cualquier otra pareja. Aman los desafíos, pero los afrontan con un punto de desenfado, mecidos en la complicidad de los lazos de sangre, sin los aspavientos que han roto tantas parejas de especialistas.

La normalidad es su credo. Los Bryan tienen 34 años. Bob ya tiene hijos. Mike está recién casado. Acompañados de sus esposas, atacan como un cuarteto la vida nómada del tenis. Frente a la alergia que sienten la mayoría de sus compatriotas tenistas a las giras europeas, ellos dos se la tomaron siempre en serio: ponen su base de operaciones en Londres, se entrenan en el bello club del Queen’s, del que son socios de honor, y desde ahí viajan a los torneos del continente.

Los gemelos se manejan por la vida sin divismos. Igual le piden un autógrafo a Kobe Bryant en la Villa Olímpica que están dispuestos a hacer colas infinitas con tal de asegurarse asientos para ver sus musicales favoritos, como Jersey Boys. Influidos desde niños por su padre, Bob y Mike han grabado un
disco tocando los teclados y la batería
. Let it rip se llama su obra. Bryan Brothers Band, el grupo. Sea cual sea su impacto, nunca podrá superar el de su carrera tenística: pecho contra pecho, como siempre, celebraron que son los más grandes de la historia.

Ni un paso al frente

Por: | 20 de enero de 2013

Rafael Nadal no compite en el Abierto de Australia. El virus estomacal que impidió su reincorporación progresiva a la competición tras sufrir una rotura parcial del ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda fue una oportunidad para un grupo de competidores sin la heráldica de los consagrados. En Melbourne, sin embargo, nadie dio un paso al frente. La media de edad de los tenistas presentes en octavos fue de 26 años. Ningún desconocido aprovechó el hueco dejado en el cuadro por el campeón de 11 grandes. Ningún joven hizo buena la ausencia de su larga sombra.

Así, el argentino Juan Martín del Potro, campeón del Abierto de EEUU 2009, se inclinó en tercera ronda ante el francés Chardy, un tenista sin más argumentos que el de sus derechazos, y dejó en nada la posibilidad de desplazar al español en el ránking. El polaco Janowicz, una de las revelaciones de 2012, porque alcanzó la final del masters 1000 de París, dijo adiós ante Nicolás Almagro, que le detuvo sin épica, en tres mangas. El australiano Bernard Tomic, tan seguro de sí mismo antes de la tercera ronda, perdió el saque nada más empezar y pronto abrió la puerta de salida ante el genial Roger Federer. El torneo vuelve a subrayar el progresivo envejecimiento del circuito, huérfano de caras nuevas, necesitado de sangre fresca, sin un nombre desconocido que llame la atención con un gran resultado desde hace mucho tiempo.

Aunque el francés Jo-Wilfried Tsonga y el checo Tomas Berdych aún siguen vivos en el torneo, ninguno de los candidatos a instalarse en la elite de los cinco primeros dio un paso al frente. Melbourne, por ahora, consolida un tenis de dos velocidades. En octavos, solo Federer y el serbio Novak Djokovic siguen en liza sin haber perdido el saque. Casi nadie imagina un campeón que no esté entre los cinco mejores. Las caras nuevas acabaron como siempre: derrotadas frente a los grandes nombres, ahuyentadas por las leyendas, caídas sin aprovechar que Nadal estaba en casa.

Mamá Murray

Por: | 17 de enero de 2013

5598340 La han descrito como una arpía con la cara cincelada a hachazos. La han ridiculizado por acompañar a su hijo a las pistas, tomar notas de sus rivales y ofrecerle esquemas tácticos. La han caricaturizado como controladora, fría, manipuladora… Y, sin embargo, cualquiera que siga el mundo del tenis y que conozca su perfil en las redes sociales sabe que Judy Murray, madre de Jamie y de Andy, el primer británico campeón de un grande desde 1936, no es nada de eso y es mucho más que eso.

En tercera ronda del Abierto de Australia hay dos jóvenes tenistas británicas que ya están cómodamente instaladas entre las 50 mejores del mundo: Heather Watson y Laura Robson. Entre las dos han alcanzado cotas olvidadas para el tenis británico: han ganado títulos (Watson) y alcanzado finales (Robson) casi 25 años después de que lo lograra su última compatriota; han celebrado Wimbledon junior (Robson); han derribado a campeonas de grandes instaladas en el top-10 (Robson a Kvitova en Australia 2013)… y resulta que todas esas cosas han empezado a conseguirse cuando la influencia de Judy Murray ha escapado al banquillo de su hijo para extenderse al resto del tenis británico.

La escocesa es la capitana de la Copa Federación. La voz crítica con las inversiones millonarias de la Federación, que crea centros de entrenamiento de última generación y malcría a sus tenistas con becas millonarias desde que son niños. Una mujer decidida: vio que un niño llamado Rafael Nadal se entrenaba con un hombre llamado Carlos Moyà, y enseguida decidió mandar a su hijo a entrenarse a Barcelona.

A la madre de Andy, hija del exfutbolista Roy Erskine (Hibernian, Stirling Albion y Cowdenbeath), le encanta reírse de su dudoso gusto con la ropa, hablar con periodistas desconocidos del tipín de los tenistas, y hasta hacerle saber al mundo que Feliciano López es un dios griego, un hombre delicioso, Deliciano, que le dice. Todo eso, sin embargo, solo refleja que Judy es muchas mujeres en una: la tierna madre (“Más que nunca, orgullosa de un gran hijo”, tuiteó el día que Murray perdió la final de Wimbledon 2012) y la entrenadora de éxito.

Los laureles de Ferrer

Por: | 12 de enero de 2013

Aún bosteza 2013 y el tenis español ya presume de un título (Auckland, David Ferrer) y otro finalista (Chennai, Roberto Bautista). Huérfano de Rafael Nadal, el alicantino queda al mando del país con más tenistas en el Abierto de Australia (23 entre hombres y mujeres). El número cinco mundial arrancó el curso con un título que ya es costumbre (lleva cuatro en Nueva Zelanda) y siguió cimentando las bases de su notable legado a los 30 años: es el cuarto español que ha ganado más títulos en la historia (suma 19, por los 50 de Nadal, los 27 de Orantes y los 20 de Moyà) y el quinto que más finales ha disputado (34, tantas como Juan Carlos Ferrero).

Fue un triunfo conquistado al estilo Ferrer: “Dos veces tuve break de ventaja, y las dos veces lo perdí. Tras ganar el primer set, no falló casi nada. Lo restó todo. Es muy duro jugar contra él. Está por todas partes”, dijo el alemán Kohlschreiber, derrotado en la final por 7-6 y 6-1.

Con esas bases y las de su primer Master 1000, recientemente conquistado, llega Ferrer a Melbourne, donde el primer Grand Slam del año comienza el lunes. Eso son palabras mayores. Nunca se ha visto al número cinco mundial en una final de un torneo grande, donde los muy buenos quedan separados de las leyendas por los resultados. Jamás se sintió cómodo en el cruce con el serbio Novak Djokovic, el suizo Roger Federer o el británico Andy Murray.

Destinado a ocupar el número cuatro cuando acabe el torneo y Nadal pierda los puntos que le corresponden como finalista de 2012, el buen alicantino se encontrará en un puesto que no es suyo desde 2007 (el año de su final en la Copa de Maestros) y que le ha costado un mundo conquistar: ha tenido que mediar un brillante curso suyo y la lesión del mallorquín, tanta distancia de puntos había entre los cuatro primeros y el resto. Es el momento de que deje huella. Es ahora cuando le toca aprovechar cuadros más amables, cruces dulcificados, no verse las caras con las grandes raquetas hasta semifinales, para asaltar una gran Copa: su buen currículo aún espera algo más grande.

El País

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