Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

El miedo

Por: | 26 de marzo de 2013

164627676¿Cuánto cuesta ganar? ¿Cuántos demonios hay que derrotar, cuántas pesadillas hay que sortear, cuántos malos consejos retumban en el cerebro cuando se acerca la victoria? ¿Provoca vértigo la posibilidad del triunfo? ¿Da miedo, mucho miedo, apuntarse una víctima sonada, derrotar a uno de los mejores tenistas del planeta? La respuesta la tiene el búlgaro Dimitrov, el pequeño Federer, que le dicen, por sus golpes cincelados a imagen y semejanza del genio suizo.

El lunes, en Miami, sacó para apuntarse la primera manga contra el británico Andy Murray. Cometió tres dobles faltas y perdió el parcial. Antes, en el torneo anterior (Indian Wells), tuvo a Novak Djokovic contra las cuerdas. Le pasó lo mismo: sumó cuatro dobles faltas en un juego y perdió el set. Total: siete dobles faltas y cero sets ganados ante dos de los mejores tenistas del planeta.

No solo Dimitrov tiembla, claro. ¿Cómo olvidar a Rafael Nadal cometiendo doble falta en punto de break en la final de Indian Wells 2013? ¿O a Fernando Verdasco entregando así la tremenda semifinal del Abierto de Australia que le enfrentó al mallorquín en 2009? ¿Cuántas cometieron el serbio Noval Djokovic, el suizo Roger Federer y el británico Andy Murray en puntos decisivos, de los que marcan el destino de un partido?

El miedo atenaza a todos y precisamente por eso distingue a los mejores del resto. Son ellos los que combaten mejor a los fantasmas, ellos los que sienten menos veces sus garras apretándoles la garganta, cortándoles el aire y ahogándoles en dudas. Ellos, los Djokovic, Federer, Nadal y Murray comparten con Dimitrov el vértigo ante la victoria, pero tienen herramientas con las que construirse el paracaídas que detenga la caída. En sus soluciones hay técnica (un saque supersónico por aquí, un saquecito malintencionado de zurdo por allá, un servicio lento, solo por poner la bola en juego, confiando en la calidad de sus golpes de fondo), pero también filosofía. Frente a los monstruos interiores, los monstruos de la raqueta. Hace tiempo que los mejores imponen tanto respeto al resto que saben que si ellos sufren escalofríos, pronto sus contrarios sufrirán una tiritona.

Tres dobles faltas seguidas de Federer

Brotes verdes

Por: | 16 de marzo de 2013

Gabi

“Gran servicio. Dispara ganadores por todos lados. Solo tiene 19 años. Puede hacerlo muy bien”. No son las palabras de una cualquiera: habla Serena Williams de Garbiñe Muguruza, y lo hace con el tono admirativo de quien cree firmemente en un potencial aún sin confirmar. La española mide 1,82m. Pesa 73 kilos. Pega duro. Acaba de llegar a los octavos de Indian Wells, ya dejó huellas alcanzando la misma ronda sobre la pista dura de Miami 2012, y, aún sin consolidarse entre las 100 mejores tenistas del mundo, empieza a dar señales de ser una tenista diferente al resto de españolas: una pegadora.

Y, sin embargo, Muguruza no está sola.

Se llaman Carla Suárez, Lara Arruabarrena y Tita Torró. A ninguna, como tampoco a Muguruza, se le puede pedir que cargue con los mismos fantasmas que varias generaciones de tenistas incapaces de digerir la herencia de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, dos campeonas. En cualquier caso, son tenistas que representan brotes verdes en el alicaído horizonte del tenis español, al que le sobra presente y le falta, en principio, futuro.

Carla Suárez, ya número 21 del mundo, roza la parte noble de la clasificación, por donde no pisa ninguna española desde que Anabel Medina alcanzó el número 16 mundial. La canaria de 24 años, doble cuartofinalista en los grandes, llevaba años penando lesiones y recuperando la mente de las cicatrices que dejan los sufrimientos del cuerpo. Aunque aún no ha celebrado un título, sus resultados de 2013 (final de Acapulco) empiezan a ser notables, y en una forma óptima será capaz de firmar capítulos hermosos en la gira de arcilla europea, como ya anunció en Roland Garros 2008.

Su ejemplo sirve de espuela a las tenistas de la generación del 92, Arruabarrena (ya campeona en Bogotá 2012, también en octavos de Indian Wells) y Torró (de la factoría de Ferrero, una tenista de gran percha y dañina derecha sobre tierra), de progresión ascendente en el circuito. Todas, quizás con la excepción de Suárez, ya consolidada en la elite, tienen aún un largo camino por recorrer... y las herramientas que necesita el viaje.

El trampolín de Nadal

Por: | 04 de marzo de 2013

Nat
“Me ha fulminado”, acaba por decir David Ferrer, el número cuatro, cuando Rafael Nadal ya le ha devorado 6-0 y 6-2 en la final del torneo 500 de Acapulco. Es mucho más que un ejercicio de demolición competitiva. Es la culminación de la primera fase del plan de reincorporación progresiva a la competición del mallorquín, que cierra con dos títulos (Acapulco y Brasil) y una final (Viña del Mar) la gira sudamericana de arcilla, que eligió para volver al circuito tras siete meses penando por una rotura parcial de ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. A falta de la prueba de los mejores (Djokovic, Murray y Federer), Nadal deja Sudamérica reforzado: su primera victoria ante un top 10 tras la lesión confirma que sigue siendo un tenista decisivo sobre arcilla y sirve de trampolín para su participación en la gira estadounidense de cemento, donde su participación en el masters 1000 de Indian Wells ya está confirmada.

El mallorquín configuró una gira de menor a mayor dificultad: dos torneos de categoría 250 (Viña del Mar y Brasil) y uno de 500 (Acapulco). Pese a ello, sus estadísticas han mejorado según ha aumentado su movilidad (“La rodilla ha respondido bien toda la semana”, dijo ayer). Durante sus dos primeros torneos, Nadal salvó el 73% de las pelotas de break. En Acapulco, defendió el 92% (solo entregó una vez el saque en toda la semana). Al comenzar su andadura americana, solo sumó el 31% de los puntos al resto sobre el primer saque del rival, y así perdió una de las señas de su tenis: su capacidad para poner casi siempre la pelota en juego, neutralizar a los mejores sacadores y llevar los duelos siempre al cuerpo a cuerpo. Ahora se marcha al cemento de Estados Unidos habiendo celebrado el 40% de puntos sobre el primer saque rival en su último torneo sobre tierra. Del Nadal irreconocible que perdió 10 de los 11 peloteos iniciales en su primer partido individual tras su lesión (ante Delbonis en Viña del Mar) se ha pasado a un Nadal con margen de mejora pero ya identificable.

Fue su segundo título del curso, 38º sobre tierra batida y 52º en total. Le consolidó como el tenista con mejor porcentaje de victorias sobre arcilla de la historia (93% de triunfos, por el 86% del sueco Bjorn Borg y el 77% del austriaco Thomas Muster) y le asentó aún más si cabe en el podio de los que han conquistado más trofeos (38, por los 40 de Muster y los 45 del argentino Guillermo Vilas). Pero fue mucho más que eso: la confirmación de que sigue siendo una fuerza dominante sobre arcilla y el aliento necesario para atacar el cemento con mentalidad positiva. Un trampolín.

El País

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