Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

¿Dónde está Soderling?

Por: | 31 de mayo de 2013

Está desaparecido. Casi nada se sabe del único hombre que ha sido capaz de derribar a Rafael Nadal en Roland Garros (2009). ¿Dónde está Soderling? ¿Qué es del gigante de Tibro? ¿Cómo puede ser que ya no deje huella un tenista temible como él, finalista en 2009 y 2010? ¿Se ha evaporado el jugador que rompió la racha de 23 semifinales grandes seguidas de Roger Federer al derrotarle en los cuartos parisinos de 2010?

Soderling dejó de jugar el 11 de julio de 2011, tras la final de Bastad, que conquistó contundentemente ante David Ferrer (doble 6-2). Desde entonces sufre lo que los médicos han identificado como una mononucleosis. Ha sido padre de Olivia. Se entrena de vez en cuando, y de vez en cuando le atacan la fatiga y la debilidad consecuencia de su enfermedad. Pero el sueco, de 28 años, no ha enterrado el hacha, aún tiene lista la raqueta, piensa en volver a combatir y sueña con volver a derribar favoritos con el martillo de su derecha y el remache de sus saquetazos.

En una entrevista con el USA Today, Soderling reveló su deseo de retornar a las pistas, cómo se inspiraba en veteranos como Haas, en la elite ya en la treintena y tras mil percances, que el gusanillo seguía vivo. El tenis echa de menos un competidor de su carisma, fiero sobre la pista, sensible y amable fuera.

Tras aquella derrota de 2009, Nadal derrotó al sueco en la final de 2010 y en los cuartos de 2011. El mallorquín puso las cosas en su sitio mirando al cielo, cruzando los dedos para que hubiera sol y no nubes, como en el día de su derrota; porque el calor le pusiera velocidad a sus tiros en lugar del frío que ponía pesada la bola. Igual que entonces Nadal, Soderling debe mirar ahora al cielo: pedirá una segunda oportunidad, poder volver a ser Robin el fiero.

Modelos para todos

Por: | 28 de mayo de 2013

Nadie podía esperar esto. A los 32 años, fuera del top 50, y aparentemente sin el ritmo que tanto necesita para competir, Albert Montañés, Monty, ganó el título el sábado pasado en Niza. Sin tiempo para descansar, con la lengua fuera, el lunes se impuso en la primera ronda de Roland Garros apurando los cinco sets. Como si todo eso fuera normal, luego se sentó a hablar alegremente de la hernia lumbar que le martiriza, del deseo, del hambre, de las ganas de competir. “Un ejemplo, tiene muchísimo mérito”, que dijo admirado David Ferrer, su amigo y rival en la segunda ronda parisina.

“Estoy muy contento. Es increíble. No lo esperaba. Me ha salido todo de cara”, explica Montañés, que en la final de Niza derrotó a un purasangre como Monfils. “Tengo una hernia lumbar. Cuando me da, me quedo clavado”, continúa el tenista español, quemado por el sol y listo para otra batalla. “Operación, no, porque me pararía un año, y con la edad que tengo, no merece la pena. Sé lo que tengo. Sé que no puedo hacer cosas que antes sí. Me aguanto”, prosigue. “Estoy jugando muy bien, muy concentrado, a un gran nivel. Llevo muchos años haciéndolo. Soy muy competitivo. Me gusta la competición. Tengo 32 años, no 54. Intento pasármelo bien, disfrutar en la pista”.

Cuando Ferrer repasa el caso de Montañés, o el de su idolatrado Lleyton Hewitt, un ex número uno dispuesto a batirse el cobre hasta la quinta manga en París, no puede evitar pensar en los niños. En los jóvenes. En los que empiezan. En que todos ellos pueden moldearse a imagen de esos competidores insaciables, o del alemán Haas, todo un ex número dos de vuelta al top-20 tras años de penurias.  “Que vean que el tenis no es solo los que ganan los títulos, también esto”.

Noah, el camerunés

Por: | 26 de mayo de 2013

Noah

 Zaccharia Noah abraza a su hijo Yannick / DOMINIQUE FAGET, AFP

Hace frío. El cielo está encapotado. El París que estos días recibe a los tenistas no tiene nada que ver con el que vio el último triunfo de un francés en Roland Garros. Fue hace 30 años (1983), cuando Yannick Noah tumbó al sueco Wilander y el público prefirió pasar por alto un detalle. El campeón jugó aquella final con una muñequera con los colores de la bandera de Camerún, el país de su padre. Nada más lograr el título, aún sin la Copa, se abrazó a ese exfutbolista internacional, Zaccheria, su progenitor, que había ganado la Copa de Francia con el Sedan en 1961. Y sin dudarlo, con las raíces siempre presentes, se fue a casar a Yaoundé, la capital de Camerún, donde pronto aceptó el cargo
que le ofreció Paul Biya, entonces y ahora sempiterno presidente.

El último triunfo francés en Roland Garros nació en las colonias africanas. Noah, hoy convertido en cantante y en crítico del deporte español, al que relacionó con el dopaje, refleja como pocos esa mezcla de la que ahora son herederos tenistas como Jo-Wilfried Tsonga o Gael Monfils. El campeón de los franceses fue y es un espíritu libre, un competidor que primaba la inspiración del momento y la belleza del punto sobre la planificación del largo plazo y la mecanización del juego. Un voleador capaz de ganar el grande de la tierra asaltando la red.

Noah recibió la Copa de manos de Marcel Bernard, hasta él el último francés en conquistar París, uno que llevaba 37 años esperando a su heredero. El nuevo campeón, que había dejado Camerún con 11 años, que siempre viajaba con una guitarra y que visitaba los musicales neoyoquinos cuando jugaba en la ciudad (Vícos pequeños, en Broadway), alzó el título mientras la grada se rompía las manos en sonoras palmas.

Desde entonces, Francia espera a quien le de relevo: da igual la muñequera, 30 años son mucha espera.

El efecto Murray

Por: | 22 de mayo de 2013

Andy Murray no jugará Roland Garros. Le han podido los dolores en la espalda, pero no solo eso. Su decisión llega en el contexto de su alergia a la tierra y de su amor por la hierba. Con Roland Garros y Wimbledon concentrados en mes y medio, el británico puso dos cosas en la balanza: ninguna final sobre arcilla contra un oro olímpico y una final de Wimbledon sobre césped. Consciente de dónde tiene mayores posibilidades de conquistar un título, el número dos mundial no quiso arriesgar la disputa del grande de su país a cambio de un improbable éxito en París.

Que el campeón del Abierto de EEUU no esté en el segundo grande del año también refleja otra cosa: por primera vez en mucho tiempo, el pétreo bloque que formaban Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal y él mismo, siempre en las rondas finales, tiene grietas. Les llamaron The Big Four. El cuarteto sigue siendo dominante y se sigue repartiendo todos los grandes títulos, pero ya no se presenta inevitablemente en las semifinales de todas las citas. Tras imponerse en el Masters 1000 de Montercarlo, Nole acumula un puñado de derrotas sorprendentes, dolido en un tobillo. Por primera vez en una eternidad, el suizo llega a Roland Garros sin haber ganado un título en lo que va de año. Nadal, brillante en 2013, juega con la rodilla izquierda vendada. Y Murray, baja en París, solo ha levantado un trofeo de gran nivel, el titulo de Miami, y tras afrontar punto de partido en contra.

Su baja en París tiene un efecto dominó. Propulsa a Rafael Nadal hasta el número tres en el sorteo y a David Ferrer hasta el número cuatro. Para el mallorquín no cambia nada. Para el alicantino cambia mucho: significa que no jugará contra Djokovic, Federer o el propio Nadal hasta unas hipotéticas semifinales, lo que le despeja mucho el camino hasta ronda tan noble. Con el horizonte más despejado, Ferrer esperará al sorteo como quien espera a una ocasión única: a los 31 años, busca en Roland Garros su primera final grande.

Serena y el látigo de Razzano

Por: | 19 de mayo de 2013

Ser
Es más que el título 51. Es un viaje de vuelta a 2002. Al ganar 6-1 y 6-3 a Victoria Azarenka en la final de Roma, Serena Williams se corona por primera vez desde 2002 sobre la tierra italiana con un ejercicio tiránico: solo cede 14 juegos en todo el torneo, menos de dos de media por encuentro, confirma la mejor racha de triunfos consecutivos de su carrera (24 partidos, 4 torneos ganados) y se asegura llegar a Roland Garros como máxima favorita para levantar un trofeo que ganó… en 2002.

No hay casualidad en la coincidencia de fechas y en la acumulación de celebraciones. La estadounidense tiene 15 títulos grandes. A los 31 años, París es el torneo del Grand Slam que más le ha costado dominar: solo se impuso en aquella ocasión de hace 11 años, y en 2012, víctima de un día de perros, se acabó inclinando ante Virginie Razzano, la viuda de París, que jugaba con un crespón negro por la muerte de su pareja. Fue y sigue siendo la primera vez que la hoy número uno mundial perdió en la ronda inaugural de un torneo de la máxima categoría.

Aquella derrota fue un acicate para una carrera que amenazaba con caer en la autocomplacencia, porque el dominio de Serena sobre el circuito era tan acusado que entraba y salía de los torneos a su conveniencia. Tras caer con Razzano, la estadounidense ha reforzado su equipo técnico (Patrick Mouratoglou), ha celebrado Wimbledon, dos oros olímpicos en los Juegos de Londres y el Abierto de Estados Unidos, entre otros títulos (casi nada) y ha reforzado su imagen de campeona indestructible: en Roma tras propinar una de sus habituales palizas, se retrasó antes de atender a la prensa. Se estaba entrenando. No había tenido suficiente. Que se prepare Roland Garros: la campeona de campeonas llega hambrienta.

Cuestión de cabeza

Por: | 13 de mayo de 2013

Shazza

Foto: Maria Sharapova, en Madrid. Autor: ALEJANDRO RUESGA

Se juega con la raqueta, se gana con el cerebro. En Madrid, penúltima parada de la gira de tierra, que ahora echa el ancla en Roma, tres tenistas hablan de cuánto pesa su cabeza en su tenis, de cuánto dependen sus triunfos de su mente.

“La cinta que llevo en la rodilla izquierda no sirve casi para nada”, dice Rafael Nadal camino de su quinto triunfo en siete torneos tras su lesión, magnífico en el tramo final de la cita, voraz, decidido e imperial en la final. “No hace una gran diferencia. Cada uno hacemos nuestras cosas. Finalmente, a nivel mental, te da un poco más de seguridad. Nada más”.

“Empecé muy despacio el partido”, resume Maria Sharapova, la adolescente que en el primer encuentro (2004) se asombró por la fortaleza física de Serena Williams, y que ya nunca se olvidó de ello: la estadounidense le quita el título y le cierra el paso al número uno en Madrid, la 12ª derrota seguida de la rusa. “¡Qué pasa! ¡No estás en el partido!”, le grita durante un cambio en la final su entrenador, mientras ella mira al infinito con ojos vidriosos.

“Nunca había sacado mal”, describe sobre sus problemas al saque Pablo Andújar, que pasa de ser el número 113 mundial al 54 con sus semifinales madrileñas. “El saque es muy mental. Creo que todo pasaba por mi actitud mental, que sacaba mal porque no tenía confianza. No había un problema técnico”.

La técnica, en consecuencia, no lo es todo en el tenis. ¿Cuántos jugadores dotados de talento no llegan a los grandes escenarios? ¿Cuántos hay que con menos recursos y una decisión a prueba de bombas se instalan entre los cien mejores? La gira de tierra, con sus peloteos interminables, da respuestas para esas preguntas: los encuentros se rematan con la raqueta, pero se juegan ya desde el vestuario, con la actitud, la cabeza y el equilibrio interior de los corazones que la manejan.  

Páginas con historia

Por: | 10 de mayo de 2013

_ARS0368
Foto: Andrés Gimeno. Autor: ALEJANDRO RUESGA.

En Madrid, el presente y el pasado caminan de la mano a través de las páginas de dos libros.

Andrés Gimeno se pasea por la capital con sus hechuras de gigante, alto (1,85m), ancho de hombros, aún fuerte a los 75 años. Esa es la percha de un antiguo campeón, no hay duda. Sus manos grandes y firmes se mueven mientras repasa una carrera que dio para mucho: este es el primer español que se atrevió a convertirse en profesional de la raqueta, aunque le castigaran sin jugar los grandes por ello; este es el primer español que se atrevió a ver mundo (Australia) para mejorar su tenis; este es el campeón más viejo de la historia de Roland Garros (1972, 34 años), ahora de visita en Madrid para presentar Pasión por el tenis, el libro que han escrito sobre su vida Manel Serras (EL PAÍS) y Jaume Pujol-Galcerán (Periódico de Catalunya), dos periodistas que se las saben todas.

A ese privilegiado club pertenece Neil Harman, del The Times, que en la capital de España trabaja cogiendo impulso para atacar la cobertura de su 100º grande (en Roland Garros, que empieza el 26 de mayo, cubrirá el 88º) mientras prepara la presentación de Court Confidential. Esta es una crónica de lo que ocurre entre las bambalinas del circuito, un ejercicio sobre el por qué y el cómo de las decisiones y los triunfos, en el que participan Rafael Nadal, Andy Murray, Ivan Lendl o Serena Williams.

Pasión por el tenis observa el pasado con mirada incisiva, y en él Gimeno, de la época de las raquetas de madera, se sorprende y maravilla con todo lo que ha cambiado su mundo. Court Confidential observa el presente y explica cómo se ha llegado hasta lo que se vive estos días cerca de las pistas y en los vestuarios: la época dorada del tenis, en el que conviven más campeones (Djokovic, Nadal, Federer, Murray, las Williams, Sharapova…) que nunca.

Un guiño a Nadal

Por: | 05 de mayo de 2013

 “Todos sabemos que Rafa se lo merecería. Ha tenido tanto éxito ahí en los últimos ocho años que se lo merecería”.

Habla el suizo Roger Federer, y el ahí al que se refiere es Roland Garros. El torneo francés ya ha anunciado que no alterará el ránking de cara al sorteo de su cuadro, como proponía un directivo, y que en consecuencia no premiará los siete títulos de récord del español manipulando la clasificación con la que se sortea el cuadro para compensar que Nadal haya bajado hasta el número cinco tras siete meses sin competir por lesión. Las palabras de Federer, en consecuencia, no tienen efectos prácticos, pero sí emotivos: la némesis de Nadal le hizo un guiño a su verdugo parisino.

Federer ha perdido tres finales y una semifinal contra el español en Roland Garros. Federer ha vivido momentos extremadamente dolorosos en París, donde Nadal le abrumó en 2008 (solo sumó cuatro juegos). Federer, probablemente el tenista más grande de todos los tiempos, tuvo que escuchar en 2009 que él había ganado Roland Garros porque al mallorquín le había eliminado Soderling. Todo eso pudo inclinarle hacia la inquina, quizás le tentó hacia el silencio, pero finalmente le llevó hacia la admiración. Un ejemplo más de la especial relación que une a ambos contrarios: donde otros grandes rivales solo se dedicaron silencio o frío desprecio, entre Nadal y Federer hay admiración mutua.

“Y además”, dijo el suizo en Madrid; “no es como si Nadal fuera el número 80 del mundo. No necesita un empujón. Es el número cinco mundial. ¿Significaría una gran diferencia que llegara al torneo como número uno o como número cinco? Al final del torneo, creo que no. El mejor va a ganar. Rafa, obviamente, tiene una gran oportunidad de hacerlo por lo gran jugador que es sobre tierra”.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal