Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Ferrer, un detallista

Por: | 29 de junio de 2013

En la elite, cada centímetro cuenta, cada segundo hace una diferencia, todo el mundo lima lo que puede cualquier desventaja y cuida con mimo cada detalle por si eso es lo que diferencia la victoria de la derrota. David Ferrer, un hombre reflexivo, el top 10 de menos estatura, no es una excepción. Él, un competidor constante y testarudo, aprovecha en Wimbledon todas las opciones que le ofrece la tecnología, la medicina y el vestuario para avanzar hacia las rondas nobles de la catedral del tenis.

Huérfano de un servicio que le de decenas de puntos gratis, el alicantino ha cambiado tres veces la tensión de su raqueta para lograr acabar antes los peloteos: de 23 kilos por 23 kilos ha pasado a 23x22 y 22x22, buscando más punch, golpes más definitivos, aunque sea a cambio de sumar errores no forzados. “Cada día he ido a menos (en tensión del cordaje)”, explicó en Londres. “Tengo que buscar cómo está el día, si está más nublado, más soleado, y a partir de ahí buscar la raqueta”.

Aquejado de un esguince en el tobillo izquierdo, el finalista de Roland Garros 2013 también tuvo que buscar soluciones con el médico. “Y por primera vez me infiltré ahí”, contó, aquejado de una ligera cojera al bajar las escaleras. “No sentía nada… o sentía una sensación diferente”.

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Finalmente, al saber que en octavos le espera el croata Dodig, “un tenista valiente”, el número cuatro mundial tuvo la opción de recurrir a un DVD de scouting que analizara a su contrario, pero optó por una opción más artesanal, más de sensaciones, quién sabe si más efectiva. Se dirigió a la casa que ha alquilado en Wimbledon. Ahí, tras “una batalla” con Dolgopolov para seguir vivo en el torneo, se sentó con Feliciano López, con quien comparte casa. El toledano tenía mucho que contarle: él eliminó a Dodig sobre la hierba de Eastbourne la semana pasada.  

El amor de Feliciano

Por: | 22 de junio de 2013

A los 31 años, Feliciano López por fin ha sellado su idilio con la hierba: justo antes de Wimbledon, y precisamente ante el rival que le espera en primera ronda de Londres (Gilles Simon), el toledano ha ganado el primer torneo de césped de su vida (Eastbourne). La radiografía de su carrera, con títulos en pista cubierta (Viena), rápida (Johannesburgo) y este de césped, describe a un español atípico, porque nunca ha celebrado un trofeo sobre arcilla. López es el saque y la volea. El asalto de su 1,90m lanzándose a la red como un corsario. Un competidor de sensaciones, emotivo, sentimental, genial en los días inspirados, irreconocible y sin filo en los negros. Lo dice él mismo: es un tenista "raro".

Este es el héroe de Mar del Plata, aquel que derribó a Del Potro en la final de la Copa Davis 2008. Este es el corsario de Austin, aquel que capitaneó el abordaje español y la primera victoria en Estados Unidos en los cuartos de 2011. Este es un triple cuartofinalista en Wimbledon, quien, para llegar hasta su primer título sobre hierba, tuvo que superar una peligrosa lesión de muñeca y vivir unos días con el brazo escayolado en 2013.

Para culminar la escalada hasta el tercer título de su carrera, Feliciano tiene que plantarse en la treintena, interiorizar el final que se acerca y transformarlo en una oportunidad para disfrutar de las últimas temporadas de juego. López habría sido más López si se hubiera atrevido a apretar más con la derecha. López habría sido más López apretando más los dientes, doctorándose en cabezonería y siendo un tenista menos estético y más mecánico, de patrón repetitivo, machacón y permanente. López, entonces, se habría quedado en López y no habría sido Feliciano, el enamorado de la hierba: en toda la Era Abierta (desde 1968) solo otros tres españoles han ganado títulos en césped (Gimeno, Nadal y Ferrer).

El fantasma de Rosol

Por: | 19 de junio de 2013

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Ya es oficial. Rafael Nadal, el número cinco del mundo, será el quinto cabeza de serie en Wimbledon, y David Ferrer, el número cuatro del mundo, será el cuarto. Hasta ahí, todo lógico. Sin embargo, el tercer grande del año ha alterado frecuentemente el orden del ránking para privilegiar en el sorteo del cuadro a los especialistas en hierba, defendiendo así la superficie en la que se disputa el torneo y aupando a quienes protegen con sus buenos resultados una tradición en retroceso frente al cemento. Rafael Nadal ha ganado dos veces Wimbledon, otra el Queen's y ha jugado otras tres finales en el templo de la hierba. David Ferrer, campeón dos veces en s-Hertogenbosch, no ha pasado nunca de cuartos en Londres. ¿Por qué no ha alterado la clasificación el comité de Wimbledon para aupar a uno de los tenistas con mejores resultados en césped de la historia?

Ocurre que esa no es una decisión sometible al libre albedrío. Responde a una fórmula matemática: calcula los cabezas de serie sumándole a los puntos de la clasificación el 100% de los puntos logrados sobre hierba en las 52 semanas precedentes y el 75% de los logrados en esas pistas en el año anterior a esas 52 semanas.

Conclusión: una vez superados sus siete meses de baja por lesión, claves para que se estrechara la clasificación pese a su brillante vuelta al circuito, Wimbledon no ha podido privilegiar a Nadal porque Rosol, un checo echado para adelante con un saque terrible, le tumbó en la segunda ronda de Wimbledon del curso pasado. El fantasma de esa derrota vuelve a materializarse porque ese mal resultado le resta puntos fundamentales para la fórmula de Wimbledon: Nadal perdió con Rosol y por eso un año después tiene más difícil llegar al título. Se enfrentaría, hipotéticamente, a Djokovic, Federer, Murray o Ferrer en cuartos del próximo Wimbledon.

La resaca de Nole

Por: | 16 de junio de 2013

El número uno acabó serrando sus raquetas en el vestuario. Novak Djokovic es un hombre sentimental, emotivo, volcánico en sus reacciones dentro y fuera de la pista. El circuito analiza ahora cómo digerirá su derrota en las semifinales de Roland Garros, cuando acabó inclinándose ante Rafael Nadal pese a ir liderando con break de ventaja en la quinta manga. En 2012, tras perder la final del torneo parisino, en la que llegó a propinarle un 8-1 al mallorquín, se quedó dos meses petrificado: cedió en semifinales de Wimbledon, ante Federer, y dejó escapar una doble oportunidad de ser medallista olímpico, al perder en las semifinales de Londres 2012 con Murray y en el combate por el bronce con Del Potro. Desesperado, afectado por la resaca de su derrota parisina, acabó serrando sus raquetas en el vestuario.

Nadal es justo lo contrario. En 2012, cuando no habían pasado ni diez minutos de su derrota frente al serbio en la épica final del Abierto de Australia, el mallorquín ya había digerido el disgusto. Entonces fue él el que lideró el partido decisivo con break de ventaja en la quinta manga. Sin embargo, tras siete finales seguidas cedidas ante Nole, interpretó esa ocasión perdida como un paso en la dirección correcta. Por fin se había vuelto a sentir competitivo ante Djokovic; por fin creía haber encontrado un camino. Desde entonces, ha ganado cuatro de los cinco partidos que le han enfrentado contra el número uno del planeta.

Wimbledon está a la vuelta de la esquina. Los dos mejores tenistas del momento llegarán sin haber competido torneos sobre césped. Más que nunca, dependerán de sus cabezas y corazones para afrontar el desafío de la catedral de la hierba. En Londres, París pesa.

El otro Nadal también gana

Por: | 08 de junio de 2013

El otro Nadal ya tiene su Copa, Roland Garros ya tiene su campeón junior: el chileno Cristián Garín se impuso 6-4 y 6-1 a Alexander Zverev en la final de la categoría, con lo que emuló a Fernando González, coronado en 1998.

Ocurre que Rafael Nadal participa en una compañía dirigida desde este año por Carlos Costa, su agente de siempre, una agencia de representación. Garín es el primer jugador al que firmaron, precisamente en febrero, cuando el mallorquín volvió a las pistas en el torneo chileno de Viña del Mar y se entrenó con el jugador.

“Cristian está en el buen camino", dice el número cuatro. "El único consejo que le puedo dar es que trabaje con pasión y entusiasmo para mejorar. Es el objetivo a largo plazo, que no le distraigan las victorias, que siga luchando. Le deseo lo mejor”.

El tenis, un deporte en el que es normal que los competidores sean dueños de torneos en los que participan (Ferrer y Ferrero en Valencia, como antes Djokovic en Belgrado) ofrece también la lejana hipótesis de que los agentes se enfrenten sobre la cancha con sus representados. El español es heptacampeón de Roland Garros. El chileno ya tiene el primero. Está claro: París le sienta bien a los 'nadales'

La ira de Youzhny

Por: | 03 de junio de 2013

Mikhail Youzhny se siente humillado por su derrota en octavos: 6-1, 6-1 y 6-3 ante Tommy Haas, un tenista de 35 años al que acababa de derrotar fácilmente en Roma. A mediados del segundo set, destroza su raqueta contra una valla, violentamente, y se esconde bajo la toalla, llorando. Su gesto no pasa desapercibido en el vestuario. "¡Es como Marat Safin!", grita Grigor Dimitrov, una de las grandes esperanzas del tenis. "¡Madre mía!", le acompaña un coro de jugadores, riendo. Nadie se lleva una sorpresa mayúscula. Todos saben que Youzhny, viejo látigo del Nadal joven, es un tenista con un genio fuerte.

"En situaciones así", explica luego el ex top 10 ruso; "intentas hacer cualquier cosa que te ayude a darle la vuelta al marcador. Intenté eso... realmente no ayuda".

El año pasado, mientras David Ferrer le arrollaba en Roland Garros, el ruso, al que la espalda ha impedido volar más alto en su carrera, sintió la necesidad de disculparse con el público. Lentamente, entre los aplausos del gentío, fue escribiendo letras sobre el albero: “Sorry”, se pudo leer finalmente. “Perdón”, decía Youzhny.

Mucho antes, frente a Nicolás Almagro, en Miami, Youzhny sufrió otro ataque de ira. Víctima de un resultado que consideraba injusto, se abrió una brecha en la cabeza de un raquetazo. Sangrando, con el murciano ojiplático tras su gesto, ganó el partido.

Hoy, en París, Youzhny, de sonrisa perenne fuera de la cancha, volvió a protagonizar otro incidente. Su raqueta rota reveló lo que otros esconden con autocontrol: lo que duele una derrota.

El País

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