Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Adolescentes, "distintos" y campeones del mundo

Por: | 30 de septiembre de 2013

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De izquierda a derecha, Carles Vicens, el capitán, Portero, Munar y San Martín. (ITF)

Mientras Rafael Nadal busca esta semana el número uno en el torneo de Pekín, la selección española se ha proclamado campeona mundial sub 16 por quinta vez en su historia (1991, 1998, 2002 y 2004). Con todas las dudas que despierta el paso al profesionalismo, la cantera española, a la que tan negro horizonte se le augura, vuelve a emitir señales positivas. Parece claro que la cadena que unió a una generación tras otra de tenistas en el top-10 quedará rota cuando se retire la que ahora pisa las pistas. No se vislumbra ningún joven cercano a los 20 con ese potencial. Una generación después, sin embargo, España ya puede presumir de tener a los campeones del mundo sub 16, que levantaron el título en pista rápida, adaptándose en 48 horas a los 3.000 metros de altura de la ciudad mexicana de San Luis Potosí y derrotando en cuartos a Rusia, la selección favorita. Estos son sus perfiles según los describe Mico Margets, director del grupo de competición de la Federación de tenis en el CAR de San Cugat, donde se entrenan los tres.

Pedro Martínez Portero. “Es campeón de España júnior y cadete, algo que nadie había logrado. Juega bastante metido en la pista. Le gusta subir a volear, cierra muy bien la jugada en la red. Le gusta irse para adelante. No es el típico español. Coge la pelota cuando sube. Revés a dos manos”.

Jaume Antoni Munar. “Con Pedro ha ganado el campeonato de Europa en dobles. Técnicamente se mueve a gusto en pistas rápidas. Hace bastante saque-red. No es de ritmo alto, el típico español que se invierte de derecha y cede un metro de línea de fondo. Le gusta acortar los puntos. Muy buen revés, muy plano”.

Álvaro López San Martín. “Está un poco más cómodo atrás, pero también tiene golpes más bien planos. Le pega muy duro de derecha. Como los otros dos, no responde al típico patrón del juego español. Son distintos. Tres tenistas para ilusionarse”.

Dos espaldas

Por: | 20 de septiembre de 2013

Estas son dos espaldas que se miran de reojo. Una pertenece a Andy Murray, que la próxima semana se someterá a una exploración en un quirófano para ver de dónde vienen los dolores que le martirizan. La otra es la de Roger Federer, que sabe que del periodo de baja al que obligue al británico ese tratamiento dependerá el grado de su esfuerzo para intentar clasificarse para la Copa de Maestros (4-11 de noviembre).

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A los 26 años, el escocés amenaza con cerrar el curso sin presentarse en el torneo que reúne a los ocho mejores de la temporada en Londres. Baja en Roland Garros tras retirarse en Roma por sus dolores en la espalda, y campeón en Wimbledon, el número tres mundial se arriesga a perder el puesto, porque defiende casi 1.300 puntos hasta final de año. “Espero volver más fuerte”, dijo tras cancelar sus próximos tres torneos y dejar en duda el último. Confirmada su baja en la gira asiática, de que juegue o no en el torneo final dependen muchas cosas. Quizás, entre otras, que lo dispute o no Federer.

El suizo, que domina como nadie el tramo final de la temporada, donde el techo y el cemento le reconcilian con sus primeros éxitos, es hoy séptimo en la carrera que decide quiénes son los ocho tenistas que compiten en Londres. Con su compatriota Wawrinka echándole el aliento en el cogote (solo 130 puntos de diferencia) y una jauría de tenistas suspirando por su puesto, la posibilidad de que el genio no esté en Londres es real. La baja de Murray, que es el tercer mejor tenista del año, le permitiría vivir con menos tensión en las próximas citas, cuidar su propia espalda, que tanto le molesta, y observar con desdén lo que hoy mira con ansiedad: hay torneos que nunca soñaron con tenerle en su cartel y que ahora le reservan invitaciones por si decide apuntarse a última hora para rascar los puntos que le faltan.

Así, llegan el cemento y los torneos bajo techo. Dos tenistas, mientras tanto, están tan pendientes de la raqueta como de sus espaldas.

Nadie se cae como Nadal

Por: | 13 de septiembre de 2013

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Rafael Nadal está en Madrid para que España no descienda en la Copa Davis por primera vez desde 1995. Su presencia alivia a un equipo que se acostumbró a gobernar con autoridad la competición y que sueña con mantener la categoría para que un sorteo más amable le permita volver a asaltar el trofeo en el futuro. El mallorquín llega a la capital impulsado por un verano mágico. No solo ganó tres títulos sobre cemento, incluido el Abierto de EE UU, sino que además demostró su deseo, su hambre, su espíritu insaciable en una situación insospechada. Nadal nunca fue más Nadal que cayéndose al suelo. Nadal nunca fue más guerrero, más campeón, que cuando sus posaderas se dieron contra el cemento durante la final que le ganó a Djokovic en Nueva York. Nole no comprendió que perdería el título cuando desperdició sus oportunidades, sino cuando vio la impresionante forma en la que el mallorquín se pegó un costalazo contra la pista: nunca despegó la mirada de la pelota, jamás se preocupó por saber dónde acabarían sus huesos, siempre, de tropezón en tropezón, mantuvo enhiesta la raqueta, convencido de que mientras se caía sería capaz de enhebrar un golpe. VÍDEO: desde el minuto 35,30s

“Siempre creí que le podría dar”, dijo en la rueda de prensa posterior, ya con el título a su lado. “Me dije: ‘No es momento de quedarse [en el suelo] A por el siguiente punto”, analizó en una entrevista con este diario.  

Lo verdaderamente significativo, sin embargo, es cómo digirió el equipo de Novak Djokovic ese instante, que provocó el momento clave del partido: Nadal acabó en el suelo camino de un 4-4 y 0-40 en la tercera manga que casi le daba el partido a Nole… y lo remontó pese a todo.

“Me quedé admirado”, explicó Walter Fibak, el nuevo asesor del serbio, en un maravilloso reportaje del Sports Illustrated. “Se estaba cayendo en seis o siete etapas, y en cada una de ellas intentó golpear la pelota. Lo intentó ahí, y ahí, lo intentó luego, y más tarde lo siguió intentando”. Y añadió, en un apartado distinto: "Durante el encuentro, en mi cabeza había un pensamiento recurrente: 'Estoy viendo a un genio'. Es como Chopin, que nació para componer música. Nadal ha nacido para ganar partidos de tenis".

Un punto después de aquel, Djokovic empezó a perder el partido. Quedó claro. Nadie se cae como Nadal.

El camerino de Rafa

Por: | 08 de septiembre de 2013

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Quema el sol y la pista hierve a más de 30 grados. Es una mañana incómoda para andar a descubierto, sin una sombra bajo la que cobijarse. Aprieta el calor, y Rafael Nadal se entrena. Le observa un hombre discreto, que apenas se mueve ni hace gestos. Bill Gates pasa desapercibido hasta que la práctica acaba. Entonces, igual que si fuera un chiquillo, uno de los hombres más poderosos del planeta consigue una acreditación que le permite ir al encuentro del mallorquín en un oscuro pasillo. Ahí se suceden las fotos, las sonrisas y los flashes, sin que importe que todos vengan de los Iphone de la competencia. Gates se va encantado. Es uno más de los visitantes del camerino de Nadal.

Igual que en el torneo de Madrid le visitan músicos como los rockeros de Pereza o futbolistas como Cristiano, en Nueva York las personas más influyentes quieren acercarse al número dos del mundo, verle de cerca, compartir unos segundos del guerrero para ver cuán real es la fiera.

Así, por el vestuario del torneo, Nadal se cruza con John McEnroe, que por ahí campa a sus anchas y seguramente dice entrar para otra cosa (pero en el fondo disfruta de ver a la estrella), igual que ve entrar por la puerta al actor Ben Stiller, o pasar por el pasillo a Sean Connery, al que reciben en la pista con la cinematográfica música de 007.

Nadal tiene la puerta del vestuario abierta, pero para todos. Tras los entrenamientos, pasa largos minutos firmando autógrafos, se parte con los niños que emocionados gritan pidiendo y logrando su firma, no niega una foto ni cuando se acerca la hora del partido. Siempre sonríe. Siempre, sin que la rutina cambie dependiendo del día, devuelve el rotulador y se marcha perseguido por el mismo grito: “Rafa, I love you!”

La crisis del dólar

Por: | 04 de septiembre de 2013

Por primera vez en la historia del Abierto de Estados Unidos no hubo un estadounidense en octavos del cuadro masculino. El dato, aplicable a todos los grandes de 2013, habla de un país huérfano en ese apartado desde la retirada de Andy Roddick. John Isner no despega en los torneos del Grand Slam y no hay en los escalones inferiores tenistas con pinta de dar el relevo. Sin embargo, en el cuadro femenino brilla con luz propia Serena Williams, a la que no le faltan escuderas con galones: hay otras nueve tenistas estadounidenses en el top-100 femenino, encabezadas por Sloane Stephens (número 17, de 21 años) y Jamie Hampton (número 26, de 23), y entre las juniors abundan las esperanzas. ¿Qué está pasando? ¿Por qué salen mujeres y no hombres de la cantera estadounidense?

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“En los hombres, al tenis nos llegan menos atletas, porque los buenos deportistas se los llevan el béisbol, el basket o el fútbol americano”, explica José Higueras, ex número seis del mundo, español ex entrenador de Pete Sampras, Roger Federer o Jim Courier y hoy director de la cantera de la federación estadounidense. “En las mujeres, solo el golf o el tenis les dan una chance real de ganar dinero, y al tenis nos llegan más que hombres”, añade antes de señalar un problema aplicable a todos. “En Estados Unidos estamos intentando darle la vuelta a la cultura”, dice. “Hemos perdido un par de generaciones, porque el sistema de entrenadores no era bueno, el sistema educativo era deficiente. En España hay 10 o 15 entrenadores que han sido jugadores, con un sistema muy sencillo, pero muy bueno”.

En EE UU, señala Higueras, se ha roto la cadena, los veteranos no educan a los jóvenes en los entresijos del juego, y luego estos tardan más en madurar para la competición. Sin capacidad para competir con los dólares de otros deportes nacionales, los campeones masculinos nacionales de categorías inferiores, explica el español, son chicos que quizás no lleguen al 1,85m, lejos del prototipo del tenista moderno. En las mujeres, lo contrario. Las familias llegan hasta la raqueta atraídas por un futuro de oro. Las matemáticas hacen el resto: con una población de más de 300 millones, es imposible no encontrar competidoras.

El País

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