Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Tenis del siglo XXII

Por: | 14 de noviembre de 2013

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El tenis, de siempre un deporte reacio a las innovaciones y apegado al clasicismo, acaba de dar un salto al futuro. Los jugadores, que aceptaron entre grandes discusiones el Ojo de Halcón y consiguieron parar la introducción del round robin en todo el circuito (solo se usa en la Copa de Maestros), se enfrentan a partir de 2014 a un escenario desconocido. Los competidores, que tienen prohibido escuchar y pedir los consejos de sus entrenadores durante los partidos, podrán usar a partir de enero el KITRIS KIT, un dispositivo de almacenamiento y análisis de datos que recoge la información durante el encuentro. Así lo ha aprobado esta semana la Federación Internacional, dando un paso en una dirección jamás explorada. Es el primer aparato de este tipo que cuenta con el visto bueno de los federativos.

El futuro irá en la muñeca de los tenistas. El aparato les permitirá grabar el marcador y registrar cómo ganaron o perdieron cada punto, golpe a golpe. Luego, podrán descargar la información en un ordenador y estudiarla a través de gráficos y estadísticas. Su interpretación durante el encuentro, igual que el consejo de los técnicos, está todavía prohibido.

Es el primer paso para que puedan utilizarse raquetas con chips incrustados durante los duelos, como ya se usan en los entrenamientos. Con ellas llegarán los GPSs para medir los desplazamientos de los tenistas, y acabarán apareciendo las pelotas con tecnología que permita medir los efectos, las velocidades o la altura con la que superan la red. Eso creará una nueva raza de tenistas. Ya no será necesario solo tener capacidad de análisis y autocorrección durante los encuentros, ni valdrá con simplemente estudiarse el DVD interactivo después del encuentro. Quien mejor entienda la información que le aporten los nuevos dispositivos tendrá una ventaja competitiva inigualable.

Àlex, el rey del mundo

Por: | 07 de noviembre de 2013

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Fue una concatenación de momentos mágicos, una concentración única de inspiración, de golpes fiados al talento, de estrellas alineadas en el firmamento y, podría pensarse, de brujos musitando hechizos. Hace 15 años, Àlex Corretja se proclamó maestro de maestros en Hannover. Solo hubo un español capaz de hacer eso antes (Manuel Orantes) y jamás hubo otro que le siguiera. No fue un éxito sencillo. Puede decirse lo contrario, que fue una conquista increíble, lograda con corazón, fe inquebrantable y magia, mucha magia. En semifinales de la edición de 1998, el español fue capaz de negarle tres puntos de partido a un tal Pete ‘Pistol’ Sampras. En la final, remontó dos sets de desventaja para ganar 3-6, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-5 a un tal Carlos Moyà. Total, casi nada.

“Es el triunfo más especial de mi vida, el soñado, el más peculiar”, cuenta ahora Corretja, que estos días aterrizó en Londres para recibir el homenaje del torneo, que no olvidó a un campeón como él, que con su éxito rompió tantas barreras para los tenistas españoles. “Fue en pista cubierta, ante jugadores mejores que yo en esa superficie. Una sorpresa: yo, que como todo español soñaba con Roland Garros, nunca pude ganarlo pese a que jugué dos finales, y, sin embargo, el Masters sí que se me dio”, prosigue el exnúmero dos mundial. “Tuve un muy buen 98. Había estado conformista en la final que había jugado en Roland Garros, y aprendí. Había mejorado mucho el saque y el resto, de movilidad y fuerza de piernas estaba muy bien. Pude remontar en cinco sets”.

Manel Serras, el enviado de EL PAÍS a aquel torneo, presenció entonces escenas impensables. Moyà, que había sufrido una derrota dolorosa (¡dos sets de ventaja!), fue capaz de presentarse en la fiesta del campeón, y juntos amenazaron con un striptease a la audiencia. Philipe Bouin, el venerable corresponsal de L´Equipe, toda una autoridad en el mundillo, además de una persona entrañable con una comprensión única de las pasiones que movían a los protagonistas del juego, se felicitó por haber sido testigo de la mejor final a cinco sets de todo el año. José María Aznar, que entonces presidía el gobierno de España, se apresuró a llamar al ganador, tan impactante fue su triunfo. Había ocurrido una cosa única. Mágica. Irrepetible. El resultado es conocido: durante todo un año de tenis, Corretja fue el rey del mundo

El misterio de Ferrer

Por: | 04 de noviembre de 2013

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“He vuelto a sentirme tenista”. Hay frases que retratan a su autor, y quizás esta describa bien a David Ferrer. Es este un tenista con un agudo sentido de la autocrítica, autoexigente como el que más. Es este un hombre de 31 años que por oposición dice no haberse sentido tenista de junio a noviembre, entre Wimbledon y la gira indoor europea, pese a que en ese tramo, de resultados mejorables (nueve victorias en quince partidos), alcanzó unos cuartos de final del Abierto de EEUU “muy trabajados”. Es este el mismo Ferrer que en ese periodo se ha aupado hasta el número tres del mundo, la mejor clasificación de su carrera, y que pese a todo, hasta ahora no ha vuelto a sentirse tenista. ¿Por qué?

Ferrer no es un jugador de personalidad plana. Amante de los libros, la psicología y la historia, enamorado de las vivencias, apasionado de la posibilidad de conocer cuantas culturas le ofrezca el mundo, a veces parece que su cabeza esté en constante ebullición, que sea un trasiego de pensamientos continuo. ¿Qué pasaría por ahí dentro el domingo, cuando por dos veces, en la final de París-Bercy, sacó para abrochar sendos sets frente a Novak Djokovic? ¿Cómo sería la lucha de sus seguridades contra sus dudas en esos momentos culminantes que se le escaparon, costándole el partido? Porque la cabeza del Ferru, el tenista de hierro, es de verdad interesante: lo mismo le lleva a engullir a todos los tenistas que están peor que él en el ránking (y esos son casi todos: el pitbull le llaman por su fortaleza) que luego se diluye frente a los que están por encima (3-10 ante los otros diez mejores en 2013, una sola victoria contra los otros cinco mejores).

En Londres, el español, que suma tres finales en los últimos tres torneos y siete derrotas seguidas en el partido decisivo, se juega acabar una temporada en el podio de su deporte por primera vez en su carrera. Su grupo es asequible, aunque tiene en contra que el orden de partidos le enfrente con Rafael Nadal ya el martes, en lugar de debutar contra Berdych o Wawrinka. Para la empresa final (el número tres) le sobra corazón y raqueta, y sobre todo vuelven a estar engrasadas todas las piezas. También la cabeza: “He vuelto a sentirme tenista”.

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Por ahora, pólvora mojada

Por: | 02 de noviembre de 2013

Janowicz
Janowicz, el Paris-Bercy. Miguel Medina (Afp)

Todo se quedó en fuegos artificiales, en eslóganes sin contenido. La fanfarria que acompañó a todas las jóvenes promesas a principios de 2013 se ha convertido en monocorde música de ascensor con el final del año. Ni uno solo de los tenistas menores de 25 años que asaltaron la temporada con la ambición de codearse con los mejores ha dado un paso adelante con el que superara claramente sus cursos previos. Si algo dejó la campaña que ahora acaba es la consolidación de un rígido sistema de castas en el que los veteranos no dejan sitio para los jóvenes.

Ahí está, por ejemplo, el caso de Milos Raonic. El canadiense llegó a su primera final de un Masters 1000, pisó el ático del top-10 y ganó dos títulos. El problema es que no se le apreció ninguna evolución técnica y estratégica que le permitiera sentirse mejorado con respecto al tremendo sacador que asombró al tenis cuando irrumpió en el circuito. Rompió su vínculo con Galo Blanco, el técnico que se lo enseñó todo, contrató a Ljubicic, uno que llegó al número tres con su estilo de juego, y así fue dejando pistas de que tiene identificado el problema y afirmada la voluntad de enmendarlo. 2014 debe ser el curso de su lanzamiento.

El polaco Janowicz, con casi 23 años en el mejor ránking de su vida (14), subrayó sus virtudes (saque, carácter competitivo) al mismo tiempo que volvió a demostrar que es un peligro precisamente en las pistas con menos peso del circuito: las de cemento bajo techo. Semifinalista en la hierba de Wimbledon, el resultado y las maneras con las que se enfrentó a Andy Murray en la catedral del tenis hacen pensar en un tenista distinto, que quizás acabe liderando la camada, y que contará para luchar por torneos cuando gane consistencia en el juego de fondo. Por ahora no ha ganado ningún trofeo.

Solo el fogonazo del título de Estocolmo, el primero de su carrera, permite que la campaña de Grigor Dimitrov no sea considerada un fracaso.  No dejó huella en ningún gran escenario. Cedió a la primera en el Abierto de Australia y el de Estados Unidos. Nunca justificó la fama que le precede, nacida en la belleza de sus tiros y en la fluidez de sus movimientos, acunada en su victoria madrileña contra Novak Djokovic y finalmente muerta en unas piernas que aún se doblan ante el paso de los minutos y en un corazón que aún tiembla frente a las presiones. Al búlgaro le sobran armas y le faltan resultados. El puente que une esos conceptos opuestos está hecho de constantes cambios de entrenador, de querencia por las revistas del corazón y de problemas estratégicos: aun no ha descubierto cómo contrarrestar los ataques que le encierran sobre su revés a una mano. Todavía hay esperanza de que se corrija, es tan parecido en el juego a Roger Federer que es imposible olvidar cuánto tardó el suizo en dar con la tecla, pero cierra 2013 lejos del top-10 (22).

Otros jóvenes y no tan jóvenes pasaron desapercibidos. Nishikori, a un paso de los 24 años, acabó como número 19 mundial y sin dejar ningún resultado notable, más allá de su episódica victoria contra Roger Federer en Madrid. Vasek Pospisil, de 23 años, fue un Guadiana que apareció y desapareció durante la temporada mientras iba consolidando un juego sólido y sin alharacas. El portugués Sousa, de 24, celebró su primer título, entró en el top-50 y dejó todo preparado para despegar a cotas más altas en 2014. Ninguno inquietó a los mejores. Por ahora, los jóvenes disparan con pólvora mojada.

El País

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