Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

El imán de Stan

Por: | 30 de enero de 2014

Wawrinka y federer

No han pasado ni cinco minutos desde que Stanislas Wawrinka levanta el título del Abierto de Australia, y ya le están preguntando si este fin de semana disputará la Copa Davis contra Serbia. “Por supuesto”, contesta. “Puede que usted no lo sepa, pero para mí jugar con Suiza es muy importante”.

El apellido retrata al tenista de 28 años: hijo de alemán, con pasaporte germano; protestante en un cantón católico; siempre sintió pasión por defender la bandera, autoafirmándose como suizo. Roger Federer, su heráldico compañero, es el caso contrario. No jugaba la Copa Davis desde 2012… hasta que Wawrinka ganó en Melbourne. Y de repente, Federer que dice que se apunta al viaje a Serbia. Y de repente, Suiza que es el primer país desde 2005 con dos ganadores de grandes en la alineación (España los tuvo con Nadal y Ferrero y EEUU con Agassi y Roddick). Y de repente, la selección helvética, una que no supera la primera ronda desde 2004, se pone a soñar con el título, que para eso con esos dos tenistas ya celebró el oro olímpico en dobles durante los Juegos de Pekín 2008.

La vuelta de Federer a la primera ronda de la Copa Davis, que solo había disputado en una ocasión desde 2004, neutraliza las bajas de otras estrellas: aunque Andy Murray sí competirá con el Reino Unido y frente a Estados Unidos, Novak Djokovic se ha dado de baja, como Nadal o David Ferrer. El campeón de 17 grandes no se ha podido resistir. El título por países es el gran agujero en su currículo y una de las marcas en las que palidece en la comparación con el mallorquín, que tiene tres Davis. Wawrinka le asegura mucho más que un escudero. Stan es un imán que ya atrae hasta al gran Federer.

Niños

Por: | 25 de enero de 2014

KozlovEl alemán Zverev gana la final del Abierto de Australia junior contra el estadounidense Kozlov. Es un tiarrón de 1,90 con las piernas delgadas como esquíes. Un gigante con cara y músculos de lo que es, un niño. Su rival mide 1,77m, apenas va a cumplir los 16 años, y ya maneja los códigos de los profesionales: el juez de silla le amonesta por perder tiempo entre punto y punto, intentando frenar el partido, y él, tras una maniobra dantesca, es capaz de aguantar en la final pese a haberse torcido un tobillo. Le vendan, le dan unas pastillas, y cojeando y cojeando sigue jugando.

El tenis ya no es el coto cerrado que fue, privativo de americanos y europeos. Es un deporte global, con competidores venidos de todas las esquinas del mundo. El aumento de competidores ha dificultado todavía más la llegada a la elite, que nunca fue sencilla. Ese paso al profesionalismo queda reservado a una minoría, mientras las academias de tenis rebosan de profesores que no llegaron a la elite.

La transición exige sacrificios y soledades. El torneo se llena de llamadas de padres preocupados, pendientes del móvil con el que contactar a ese entrenador amigo que les puede contar por qué su hijo perdió o ganó el partido, y qué fue de su corazón y sus lágrimas si el resultado no fue el apetecido. Puede, por ejemplo, que el niño sea de Valencia y esté compitiendo en Melbourne. Casi solo. Viendo mundo a miles de kilómetros de la familia.

A muy tierna edad, este es ya un mundo que exige como si los competidores fueran hombres y mujeres. Merodean los agentes con las redes preparadas para pescar a la estrella del futuro. Se manejan los mismos códigos competitivos que entre los mayores. A veces es fácil olvidar, entre tanto gesto serio, tanto entrenador en el palco, tantas sanciones, tantas ruedas de prensa y tantos fisios, que son solo niños.

El tenis se olvida de África

Por: | 20 de enero de 2014

Noah

Noah, con gorro, en el Abierto de Australia

“Mi chico le va a patear el culo a Federer. Si no digo que gana Tsonga, no puedo volver a África”

Aunque se equivoque en su predicción, porque el suizo es quien le gana al francés de padre congoleño en octavos, el único que se acuerda de un continente olvidado para el tenis es Yannick Noah. En todo el top-100, solo hay un tenista africano. Kevin Anderson, de Sudáfrica, es quien defiende esa bandera. El tenis, un deporte caro, que exige instalaciones, equipación con fecha de caducidad (pelotas, cordajes y raquetas) y entrenadores cualificados para llegar a la elite, se ha olvidado de África: mientras la vieja Europa sigue dominando, Asia toma posiciones y América resiste, ya no hay un Younes el Aynaoui (Marruecos), un Ismail El Shafei (Egipto) o un Yaya Doumbia (Senegal) que representen al continente en el deporte de la raqueta.

Escuchar a Noah, que ganó para Francia Roland Garros mientras competía con una muñequera que llevaba los colores del Camerún de sus padres, es comprender el por qué.

“Cuando voy a Yaoundé me tratan como a un rey, aunque no lo sea. Por eso no puedo cambiar muchas de las cosas que querría”, cuenta mientras el sol de Melbourne golpea el resto de las rastas que un día llevó. “Las prioridades allí son muy distintas, básicamente sobrevivir. Siempre amo volver ahí, y lo hago dos veces al año, porque me devuelve a la realidad: la gente lo pasa mal para conseguir comida. De ahí vengo yo”, recuerdas sobre las polvorientas calles de la capital camerunesa, donde reina el caos, las aceras están llenas de puestos de venta ambulante y el ruido de las bocinas de los coches componen la banda sonora del día a día. “Mis padres siempre me enseñaron que nunca me debía olvidar de mis orígenes. Estoy feliz de que mi segundo país siga en paz, pese a que todos los que le rodean están en guerra. Toco madera para que siga así”.

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Noah celebra Roland Garros abrazado a su padre. / AFP

El mensaje de Noah lo deja claro. Una parte muy importante de África tiene frio, hambre y miedo. No es tiempo de raquetas.

Una decisión olímpica

Por: | 16 de enero de 2014

Mug

Por primera vez en su carrera, Garbiñe Muguruza competirá la tercera ronda de un grande: apuntalando una racha de diez victorias consecutivas que le ha valido su primer título (Hobart), la tenista, de 20 años, tumbó 6-3 y 6-3 a la eslovaca Schmiedlova. En la lucha por los octavos también estará Carla Suárez, que bajo 41 grados y un 15% de humedad sufrió un mundo para remontar 7-6, 3-6 y 8-6 a la kazaja Voskoboeva, que mandaba 5-2 en el parcial decisivo y sacó por el duelo. Una cosa separa a las dos competidoras. Muguruza aun no ha decidido si jugará con España, el país de su padre, o Venezuela, el de su madre. Como ha descartado pronunciarse en 2014, el calendario le obligará a hacerlo a principios de 2015, según la Federación Internacional: si quiere jugar los Juegos de 2016, tiene que competir un mínimo de tres veces con España, porque el equipo está en el Grupo Mundial; o de dos con Venezuela, que está en el de Américas.

 “Yo la trato exactamente como a todas. Para mí es española hasta que deje de serlo”, explicó Conchita Martínez, la seleccionadora española. “Ha jugado con España en los campeonatos nacionales y detrás de su nombre las siglas que aparecen son las de España. He entrenado con ella. Cuando Alejo [Mancisidor, su técnico] me ha pedido consejo, se lo he dado”, prosiguió tras ver en directo la sufrida victoria de Suárez. “Me he reunido con ella y con su padre. Me dijeron que la decisión es no tomar una decisión”, añadió, antes de ponerse a soñar: “Para mí representaba mucho jugar y representar a mi país. Con ella podríamos hacer un equipazo que haga grandes cosas. Sería un lujo contar con ella, Carla y las jóvenes, porque habría un equipo muy fuerte”, valoró. “Yo veo a Garbiñe muy bien, con fuerza física y un talante muy bueno en la pista. Tiene muchísimo potencial”.

La seleccionadora cree que con Muguruza España podría volver a ganar la Copa Federación. Antes, sin embargo, la tenista tiene que decidir a qué país representa. Si quiere disputar los Juegos de Río 2016 pronto tendrá que hablar claro. Una decisión olímpica

Robredo coge la sierra

Por: | 15 de enero de 2014

Rob

Si esto no es amor por el tenis, pasión por la raqueta, se le parece mucho. Durante las vacaciones y la pretemporada, Tommy Robredo, exnúmero cinco mundial con todo hecho y nada por demostrar, tuvo que enfrentarse a la recuperación de una pequeña rotura de escafoides. El número 18, de 31 años, no se tumbó a la bartola porque no pudiera coger la raqueta. Al contrario. Empuñó un serrucho. Cortó la cabeza de una de sus herramientas de trabajo, para hacerla más ligera. Y se puso a entrenarse.

“Dormía con una máquina de magnetoterapia, que unos días aparecía junto al brazo y otros a dos metros”, recuerda ahora, ya clasificado para la tercera ronda, donde le espera el francés Gasquet. “Me pasé todo el día haciendo tratamiento. Lo peor del deporte es eso, cuando tienes que trabajar en la sombra, hacer la recuperación de muñeca, de la pierna...”, prosigue. “Cogí una raqueta y le corté la cabeza, solo para acostumbrarme al grip [agarre] y hacer los gestos y los callos”, añade. “Luego, cuando mejoré, ya usé una raqueta normal, pero sin cuerdas [para que pesara menos]. Finalmente, empecé a entrenarme con pelotas para niños. La verdad es que Dunlop se portó muy bien”.

Con más años de carrera por detrás que por delante, Robredo no pierde la ilusión. Tiene el CAR de San Cugat siempre en el Norte de la brújula de su vida, porque siempre piensa en tratarse, entrenarse y trabajar. Los frutos son mucho mayores que los de pelear por los octavos del Abierto de Australia: son haberse labrado en los últimos capítulos de su carrera la fama de ser un tenista terco, duro como las piedras, de los que mira de frente a las derrotas y las lesiones para decirles… ‘todavía no has ganado, yo sigo insistiendo’.

Garbiñe abre la vitrina

Por: | 11 de enero de 2014

Muyg

La raqueta queda abandonada en el suelo durante largos minutos. Con 20 años, Garbiñe Muguruza acaba de ganar su primer título WTA, en Hobart: 6-4 y 6-0 a Zakopalova. La española nacida en Venezuela, que todavía no ha elegido con quién jugará la Copa Federación, no llora. Y podría. Aunque parezca mentira, este es solo su segundo torneo después de seis meses de baja por operarse el tobillo derecho con el fin de corregir una osteocondritis disecante de astrágalo. En medio, según Alejo Mancisidor, su técnico, “trabajó como un animal”.

El título llega sobre cemento y con las hechuras de una tenista moderna. Con margen de mejora en el saque, Muguruza juega fuera de los moldes de la escuela española. Su tenis es un golpe en la mandíbula. Revienta la pelota por las dos alas. Sin pararse a crear la tela de araña en las que sus compañeras, más livianas, intentan enredar a sus contrarias, ella compite a cañonazos. Primero pega y luego pregunta. No por nada sus tenistas favoritos son Pete Sampras y Serena Williams, dos prodigios de la contundencia. Un estilo que ya le ha servido para ganar a dos top-10, a una exnúmero uno y a cinco top-20, y para entrar ahora en el top-50.

“Esto es increíble. Un regalo por todo el esfuerzo que he hecho”, dijo en Hobart Garbiñe. En primera ronda del Abierto de Australia le espera la estonia Kanepi. Nadie sabe dónde parará su tren, en este torneo y en 2014, si será en primera ronda o más adelante, pero hace tiempo que los entrenadores y los ejecutivos de la WTA tomaron nota: aquí hay una tenista que revienta la pelota.

El País

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