Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

Las citas frustradas de Nadal y Federer

Por: | 28 de marzo de 2014

Hace un decenio que Rafael Nadal y Roger Federer se enfrentaron por primera vez. Pasó en Miami. Ganó por doble 6-3 el español, que no era uno de los treinta mejores tenitas del planeta, y cedió el número uno. Desde entonces, los dos tenistas han tejido una rivalidad planetaria que ha marcado el tenis y ha permitido que su deporte trascienda a su público habitual, hasta atraer a quienes veían en el contraste de estilos (zurdo contra diestro, guerrero contra gentleman, restador contra sacador, especialista en arcilla contra especialista en hierba y cemento…) un espectáculo similar al que pudiera ofrecer el mejor teatro. Federer y Nadal llevan diez años persiguiéndose a lo largo y ancho del planeta. Han jugado en hierba, tierra y cemento. Manda el español 23-10. Y, sin embargo, tras tanto tiempo, abundan las citas frustradas. Esta es la lista de sus desencuentros.

Nueva York. Los dos rivales han jugado todas las finales grandes menos una. Les vio jugar la arcilla de Roland Garros (4-0 para el español), la hierba de Wimbledon (1-2) y el cemento del Abierto de Australia (1-0, para un 6-2 global en partidos decisivos grandes para el mallorquín). Varias veces se asomaron a las semifinales del Abierto de EEUU en zonas opuestas del cuadro. Varias veces soñó la organización con cruzarles en el partido decisivo, lo que probablemente habría deparado la audiencia más grande jamás vista para un partido de tenis. Novak Djokovic y Juan Martín del Potro frustraron la cita en distintas ocasiones. Por ahora se les resite una cita atractiva como pocas: la sesión nocturna de La Gran Manzana.

El dobles. ¿Es una locura pensar en los dos rivales compartiendo equipo? Hubo un intento, allá por 2006 Se intercambiaron mensajes de texto. Finalmente, la oferta de aquel joven Nadal no fue aceptada por Federer, y con eso se frustró una fotografía histórica que solo se ha dado en exhibiciones con fines solidarios. Ahora, con tantas batallas compartidas y menos carrera por delante que por detrás... ¿quién sabe?

La Copa Davis. Logroño soñó con un Nadal-Federer en la primera ronda de la Copa Davis de 2010. Eran otros tiempos. Como Stanislas Wawrinka aún no había dado el salto competitivo que ha convencido ahora al campeón de 17 grandes de volver a la lucha por La Ensaladera, el encuentro se vio doblemente frustrado. No viajó Federer. Tampoco Nadal. España eliminó a Suiza con David Ferrer a los mandos. Tampoco se dio el partido en la primera ronda de 2007.

Los Juegos Olímpicos. Es el otro gran escenario que no ha disfrutado de los dos mejores tenistas del siglo XXI. El suizo y el español coincidieron en los Juegos de Atenas 2004, donde Nadal no disputó los individuales, y en los de 2008, donde el mallorquín se alzó con el oro individual y el de Basilea con el de dobles (junto a Wawrinka). James Blake, que dio la sorpresa en cuartos de 2008 contra Federer, y una lesión de rodilla, que impidió a Nadal acudir a los Juegos de 2012, frustraron un cruce con el que soñaban los jerarcas del tenis, al que siempre se mira con sospecha en la cita olímpica, tanto dinero mueve. Los dos tenistas tienen subrayada en rojo la cita de los Juegos Olímpicos de Río 2016. ¿Última parada de la rivalidad de las rivalidades?

Delpo dice basta

Por: | 24 de marzo de 2014

Dev

El gigante ya no puede más. Juan Martín del Potro vuelve a tener que operarse una muñeca (ahora la izquierda), dolencia que ya le hizo perder su puesto entre los 400 mejores del mundo hace cuatro años, cuando venía de ganar el Abierto de EEUU 2009 y parecía extendida la alfombra roja hacia el trono del tenis. El gigante de Tandil (1,98m) ya no puede controlar el dolor, ni competir como un dragón con un solo ala, porque muchas fueron las veces que se tuvo que dedicar a golpear reveses cortados en lugar de sus cañonazos a dos manos, para proteger la articulación. Delpo se da de baja, quién sabe por cuánto tiempo, y deja un vacío como un agujero negro.

“Lógicamente, no es la decisión más fácil ni el momento más feliz de mi carrera. Tengo la experiencia de una situación parecida y sé lo duro que es estar fuera del circuito, las ganas de querer volver, las semanas interminables de recuperación y también lo complicado que es comenzar a pelear por los primeros puestos nuevamente”, dijo en un comunicado.

Pocas cosas reflejan mejor lo que pierde el tenis sin Del Potro que el último Wimbledon. Sobre la hierba de Londres se plantó un tenista que sufre sobre esas canchas. Obligado a doblar constantemente el espinazo, un ejercicio extenuante, mil veces repetido contra la tendencia cómoda y natural de quedarse tieso, el argentino llegó a cuartos con la rodilla izquierda vendada tras un escalofriante resbalón. Nada más empezar el partido, sufrió otro. Entonces, la articulación se mueve aparatosamente. Es la hora de abandonar. Saca bandera blanca, Delpo. Despídete, no arriesgues. Eso deben pensar quienes más le quieren. Y Delpo que hace lo contrario. Sobre una pierna se marca un partido espectacular que es solo el aperitivo de lo que hará luego: competir una semifinal extraordinaria contra Novak Djokovic en la que solo la falta de pericia en la red le priva de su primera final de Wimbledon.

Aunque le falte algo de variedad, Del Potro es más que mazazos. Es callado fuera de la pista y vociferante en la cancha. Un tenista capaz de medirse de tú a tú con Nadal, Djokovic, Federer o Murray. Pimienta en el guiso. Sal en el circuito. Conoce el camino de vuelta de una lesión, y eso debe ayudarle, porque es más fácil hacer algo cuando ya se sabe que es posible. Que vuelva bien. Hasta entonces, el tenis le echará en falta.               

El devorador de entrenadores

Por: | 19 de marzo de 2014

Lenl

A los 26 años, Andy Murray acaba de anunciar que termina su relación profesional con Ivan Lendl, quien hasta ahora era su técnico. El británico va camino de romper un récord. Sea por voluntad propia o por las tensiones que se generan a su alrededor, es un devorador de entrenadores: desde que es profesional, ha contado con seis técnicos distintos, y desde hace tiempo se hace acompañar por Daniel Vallverdú, que compartió aprendizaje con él en la Academia Sánchez-Casal y le sirve ahora de consejero.

El campeón de dos grandes ha ido soltando amarras con entrenadores de muy distinto perfil. Desde los tiempos de Leon Smith o Mark Petchey, que le enseñaron los rudimentos básicos de la competición profesional, llegó a Lendl, el encargado de transmitirle desde la propia experiencia lo que hace la diferencia entre los mejores a nivel mental. En medio desfilaron Brad Gilbert, el maestro de ganar sucio feo (así se titula su best-seller), Miles Maclagan, un guiño al tenis de las Islas, o Corretja, el sabio estratega que debía ayudarle a entender la arcilla. 

La decisión, que parece haber tomado Lendl, deja a Murray sin un hombre clave en su carrera. Hasta la llegada del estadounidense de origen checo (2012) no había ganado ningún grande. Hoy, en su palmarés luce un oro olímpico, una plata, el título de Wimbledon, esperado durante 77 años por el Reino Unido, y un Abierto de Estados Unidos. El sello de Lendl, que ahora se dedicará a las lucrativas exhibiciones y a la explotación de una academia, y que sobre todo evitará los viajes y el estrés de la alta competición en un grupo como el de Murray, lleno de tensiones (todo un país pendiente de un tenista) y opiniones divergentes (la madre, que es seleccionadora británica; el agente; el jefe de prensa, el preparador físico, el fisio… es el equipo más amplio del circuito)

“Estaré eternamente agradecido a Iván por todo su trabajo duro”, dijo el tenista. “Como equipo, hemos aprendido mucho. "Ahora me tomaré un poco de tiempo para pensar cuáles serán los siguientes pasos”.

Tres espaldas

Por: | 13 de marzo de 2014

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En Indian Wells, tres espaldas: la de Rafael Nadal, la de Andy Murray, la de Roger Federer. Solo el suizo está vivo en el torneo, que ya ha llegado a los cuartos, y que precisamente sea él quien sigue compitiendo tiene algo de justicia poética: siendo el tenista de más edad entre los tres (32 años, por los 27 del español y los 26 del británico), su calvario empezó precisamente en este torneo, hace un año, cuando empezó a dolerle… la espalda.

El campeón de 17 grandes parece recuperado. Su racha de más de diez victorias, que incluye el título de Dubai (con victorias sobre Djokovic y Berdych), le devuelve a cifras que no alcanzaba desde 2012, aunque sigue entre interrogantes su capacidad para mantener la tendencia en los cinco sets de los grandes.

Pero este era un asunto de lumbares. La espalda de Nadal parece mejorar según pasan las jornadas, así lo aseguran él y su entorno, aunque las dudas que nacieron cuando se quedó clavado en la final del Abierto de Australia han infectado ahora su juego. El español teme que la dolencia se repita. Aunque ninguna de las pruebas a las que se ha sometido sugiere eso, sino justo lo contrario (que acabará por recuperarse al ciento por ciento), el número uno tiene cerca un ejemplo de lo que ocurre cuando las lumbares obligan a un tenista a pasar por el quirófano.

Andy Murray renunció a competir a finales de 2013 para operarse de los dolores que le impedían competir al máximo. Desde entonces parece otro. Aunque alcanzó la final de Acapulco, sobre cemento (perdió contra Dimitrov), las lagunas de su juego son cada vez mayores, sus movimientos no son tan ágiles como antes y ya hay una pequeña lista de tenistas a los que antes habría tumbado que pueden presumir de haberle derrotado: Dimitrov, Raonic, Cilic… jugadores estimables, todos ellos en alza, que con sus triunfos le recordaron cuánto se tarda en encontrar uno a sí mismo cuando se ha enfrentado a dolores de espalda.  

Nole busca a Nole

Por: | 02 de marzo de 2014

Noledubai

Los fuegos artificiales por el triunfo de Roger Federer en Dubái (78º título, primero en cemento desde 2012) hicieron tanto ruido como para ocultar que hay un campeón que vive un momento inquietante. Se llama Novak Djokovic. Sin decir ni mú, muy lejos de sus mejores prestaciones, vio cómo el suizo le remontaba un set de ventaja en las semifinales. No ha ganado ningún torneo en lo que va de año. Perdió en cuartos del Abierto de Australia, su templo. Por primera vez desde 2006 (¡2006!), cuando aún no era nadie en el circuito, llegará al primer Master 1000 de la temporada (Indian Wells) sin haber celebrado ningún título. Aunque el serbio puede destaparse ganando en California, los datos, el juego y sus decisiones indican que algo pasa.

Djokovic había ganado nueve de sus últimos doce duelos con Federer, se había impuesto en los últimos tres y nunca había cedido tras ganar la primera manga. Aunque el suizo siempre encuentra su mejor nivel en una pista ultrarápida como la de Dubái, que premia su bella apuesta por el riesgo, la superficie no explica que Nole no le hiciera ni cosquillas a partir del 2-2 de la segunda manga. “No conseguí moverme bien y cometí muchos errores”, diagnosticó el número dos.

Sin embargo, hay gente en los aledaños del vestuario que observa razones más profundas. Desde que Djokovic contrató a Boris Becker como su entrenador, los técnicos observan con interés qué tipo de cambios acomete en su juego. Hay quien cree haber visto un ligero ajuste en su técnica de servicio (y ya es raro, porque la última vez que Djokovic intentó algo así, en 2010, se estrelló con Todd Martin en el banquillo). Otros  aseguran que el saque-volea con el que el campeón de seis grandes intentó negociar el punto de partido en contra en cuartos de Australia refleja su confusión táctica (él siempre fue un jugador de línea de fondo, al contrario que su nuevo técnico, que está intentando cambiar su posición en pista. Perdió aquella pelota, y el partido, con una volea lastimosa). Finalmente, la decisión de no competir antes del Abierto de Australia y su temprana eliminación le han dejado sin los partidos necesarios para engrasar las piernas.

De un tenista con la calidad del serbio se puede esperar un triunfo en cualquier momento. Sin embargo, los delicados equilibrios técnicos y emocionales que diferencian a los mejores del resto parecen ahora mismo ligeramente descompensados en su caso. Indian Wells examina la capacidad de reacción de Nole.

El País

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