Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

Eskup

TWITTER

Juan José Mateo

El efecto Murray

Por: | 22 de mayo de 2013

Andy Murray no jugará Roland Garros. Le han podido los dolores en la espalda, pero no solo eso. Su decisión llega en el contexto de su alergia a la tierra y de su amor por la hierba. Con Roland Garros y Wimbledon concentrados en mes y medio, el británico puso dos cosas en la balanza: ninguna final sobre arcilla contra un oro olímpico y una final de Wimbledon sobre césped. Consciente de dónde tiene mayores posibilidades de conquistar un título, el número dos mundial no quiso arriesgar la disputa del grande de su país a cambio de un improbable éxito en París.

Que el campeón del Abierto de EEUU no esté en el segundo grande del año también refleja otra cosa: por primera vez en mucho tiempo, el pétreo bloque que formaban Novak Djokovic, Roger Federer, Rafael Nadal y él mismo, siempre en las rondas finales, tiene grietas. Les llamaron The Big Four. El cuarteto sigue siendo dominante y se sigue repartiendo todos los grandes títulos, pero ya no se presenta inevitablemente en las semifinales de todas las citas. Tras imponerse en el Masters 1000 de Montercarlo, Nole acumula un puñado de derrotas sorprendentes, dolido en un tobillo. Por primera vez en una eternidad, el suizo llega a Roland Garros sin haber ganado un título en lo que va de año. Nadal, brillante en 2013, juega con la rodilla izquierda vendada. Y Murray, baja en París, solo ha levantado un trofeo de gran nivel, el titulo de Miami, y tras afrontar punto de partido en contra.

Su baja en París tiene un efecto dominó. Propulsa a Rafael Nadal hasta el número tres en el sorteo y a David Ferrer hasta el número cuatro. Para el mallorquín no cambia nada. Para el alicantino cambia mucho: significa que no jugará contra Djokovic, Federer o el propio Nadal hasta unas hipotéticas semifinales, lo que le despeja mucho el camino hasta ronda tan noble. Con el horizonte más despejado, Ferrer esperará al sorteo como quien espera a una ocasión única: a los 31 años, busca en Roland Garros su primera final grande.

Serena y el látigo de Razzano

Por: | 19 de mayo de 2013

Ser
Es más que el título 51. Es un viaje de vuelta a 2002. Al ganar 6-1 y 6-3 a Victoria Azarenka en la final de Roma, Serena Williams se corona por primera vez desde 2002 sobre la tierra italiana con un ejercicio tiránico: solo cede 14 juegos en todo el torneo, menos de dos de media por encuentro, confirma la mejor racha de triunfos consecutivos de su carrera (24 partidos, 4 torneos ganados) y se asegura llegar a Roland Garros como máxima favorita para levantar un trofeo que ganó… en 2002.

No hay casualidad en la coincidencia de fechas y en la acumulación de celebraciones. La estadounidense tiene 15 títulos grandes. A los 31 años, París es el torneo del Grand Slam que más le ha costado dominar: solo se impuso en aquella ocasión de hace 11 años, y en 2012, víctima de un día de perros, se acabó inclinando ante Virginie Razzano, la viuda de París, que jugaba con un crespón negro por la muerte de su pareja. Fue y sigue siendo la primera vez que la hoy número uno mundial perdió en la ronda inaugural de un torneo de la máxima categoría.

Aquella derrota fue un acicate para una carrera que amenazaba con caer en la autocomplacencia, porque el dominio de Serena sobre el circuito era tan acusado que entraba y salía de los torneos a su conveniencia. Tras caer con Razzano, la estadounidense ha reforzado su equipo técnico (Patrick Mouratoglou), ha celebrado Wimbledon, dos oros olímpicos en los Juegos de Londres y el Abierto de Estados Unidos, entre otros títulos (casi nada) y ha reforzado su imagen de campeona indestructible: en Roma tras propinar una de sus habituales palizas, se retrasó antes de atender a la prensa. Se estaba entrenando. No había tenido suficiente. Que se prepare Roland Garros: la campeona de campeonas llega hambrienta.

Cuestión de cabeza

Por: | 13 de mayo de 2013

Shazza

Foto: Maria Sharapova, en Madrid. Autor: ALEJANDRO RUESGA

Se juega con la raqueta, se gana con el cerebro. En Madrid, penúltima parada de la gira de tierra, que ahora echa el ancla en Roma, tres tenistas hablan de cuánto pesa su cabeza en su tenis, de cuánto dependen sus triunfos de su mente.

“La cinta que llevo en la rodilla izquierda no sirve casi para nada”, dice Rafael Nadal camino de su quinto triunfo en siete torneos tras su lesión, magnífico en el tramo final de la cita, voraz, decidido e imperial en la final. “No hace una gran diferencia. Cada uno hacemos nuestras cosas. Finalmente, a nivel mental, te da un poco más de seguridad. Nada más”.

“Empecé muy despacio el partido”, resume Maria Sharapova, la adolescente que en el primer encuentro (2004) se asombró por la fortaleza física de Serena Williams, y que ya nunca se olvidó de ello: la estadounidense le quita el título y le cierra el paso al número uno en Madrid, la 12ª derrota seguida de la rusa. “¡Qué pasa! ¡No estás en el partido!”, le grita durante un cambio en la final su entrenador, mientras ella mira al infinito con ojos vidriosos.

“Nunca había sacado mal”, describe sobre sus problemas al saque Pablo Andújar, que pasa de ser el número 113 mundial al 54 con sus semifinales madrileñas. “El saque es muy mental. Creo que todo pasaba por mi actitud mental, que sacaba mal porque no tenía confianza. No había un problema técnico”.

La técnica, en consecuencia, no lo es todo en el tenis. ¿Cuántos jugadores dotados de talento no llegan a los grandes escenarios? ¿Cuántos hay que con menos recursos y una decisión a prueba de bombas se instalan entre los cien mejores? La gira de tierra, con sus peloteos interminables, da respuestas para esas preguntas: los encuentros se rematan con la raqueta, pero se juegan ya desde el vestuario, con la actitud, la cabeza y el equilibrio interior de los corazones que la manejan.  

Páginas con historia

Por: | 10 de mayo de 2013

_ARS0368
Foto: Andrés Gimeno. Autor: ALEJANDRO RUESGA.

En Madrid, el presente y el pasado caminan de la mano a través de las páginas de dos libros.

Andrés Gimeno se pasea por la capital con sus hechuras de gigante, alto (1,85m), ancho de hombros, aún fuerte a los 75 años. Esa es la percha de un antiguo campeón, no hay duda. Sus manos grandes y firmes se mueven mientras repasa una carrera que dio para mucho: este es el primer español que se atrevió a convertirse en profesional de la raqueta, aunque le castigaran sin jugar los grandes por ello; este es el primer español que se atrevió a ver mundo (Australia) para mejorar su tenis; este es el campeón más viejo de la historia de Roland Garros (1972, 34 años), ahora de visita en Madrid para presentar Pasión por el tenis, el libro que han escrito sobre su vida Manel Serras (EL PAÍS) y Jaume Pujol-Galcerán (Periódico de Catalunya), dos periodistas que se las saben todas.

A ese privilegiado club pertenece Neil Harman, del The Times, que en la capital de España trabaja cogiendo impulso para atacar la cobertura de su 100º grande (en Roland Garros, que empieza el 26 de mayo, cubrirá el 88º) mientras prepara la presentación de Court Confidential. Esta es una crónica de lo que ocurre entre las bambalinas del circuito, un ejercicio sobre el por qué y el cómo de las decisiones y los triunfos, en el que participan Rafael Nadal, Andy Murray, Ivan Lendl o Serena Williams.

Pasión por el tenis observa el pasado con mirada incisiva, y en él Gimeno, de la época de las raquetas de madera, se sorprende y maravilla con todo lo que ha cambiado su mundo. Court Confidential observa el presente y explica cómo se ha llegado hasta lo que se vive estos días cerca de las pistas y en los vestuarios: la época dorada del tenis, en el que conviven más campeones (Djokovic, Nadal, Federer, Murray, las Williams, Sharapova…) que nunca.

Un guiño a Nadal

Por: | 05 de mayo de 2013

 “Todos sabemos que Rafa se lo merecería. Ha tenido tanto éxito ahí en los últimos ocho años que se lo merecería”.

Habla el suizo Roger Federer, y el ahí al que se refiere es Roland Garros. El torneo francés ya ha anunciado que no alterará el ránking de cara al sorteo de su cuadro, como proponía un directivo, y que en consecuencia no premiará los siete títulos de récord del español manipulando la clasificación con la que se sortea el cuadro para compensar que Nadal haya bajado hasta el número cinco tras siete meses sin competir por lesión. Las palabras de Federer, en consecuencia, no tienen efectos prácticos, pero sí emotivos: la némesis de Nadal le hizo un guiño a su verdugo parisino.

Federer ha perdido tres finales y una semifinal contra el español en Roland Garros. Federer ha vivido momentos extremadamente dolorosos en París, donde Nadal le abrumó en 2008 (solo sumó cuatro juegos). Federer, probablemente el tenista más grande de todos los tiempos, tuvo que escuchar en 2009 que él había ganado Roland Garros porque al mallorquín le había eliminado Soderling. Todo eso pudo inclinarle hacia la inquina, quizás le tentó hacia el silencio, pero finalmente le llevó hacia la admiración. Un ejemplo más de la especial relación que une a ambos contrarios: donde otros grandes rivales solo se dedicaron silencio o frío desprecio, entre Nadal y Federer hay admiración mutua.

“Y además”, dijo el suizo en Madrid; “no es como si Nadal fuera el número 80 del mundo. No necesita un empujón. Es el número cinco mundial. ¿Significaría una gran diferencia que llegara al torneo como número uno o como número cinco? Al final del torneo, creo que no. El mejor va a ganar. Rafa, obviamente, tiene una gran oportunidad de hacerlo por lo gran jugador que es sobre tierra”.

20 años de un apuñalamiento

Por: | 30 de abril de 2013

Hace justo 20 años, Günter Parche cambió el tenis. Dejó de enviarle flores y dinero a Steffi Graf por su cumpleaños. Cogió un cuchillo y decidió emplearlo para devolverle el número uno a la alemana, la tenista que le obsesionaba: durante un partido, hundió la hoja en la espalda de Monica Seles para acabar con su reinado, que había puesto fin al de Graf. La yugoslova se desplomó. Tenía 19 años. Era la mejor: entre 1991 y 1993 llegó a 33 finales en 34 torneos, ganó 22 y celebró un 93% de victorias (55-1 en los grandes). Nunca volvió a ser la misma.

"No sabía lo que pasaba. De repente me costó respirar y sentí un dolor horrible en la espalda", contó posteriormente en su biografía, publicada en 2009.

Con su ataque, Parche evitó lo que amenazaba con convertirse en una dictadura: Seles ya había ganado ocho grandes y sumaría un noveno y un bronce olímpico tras la cuchillada, el sello de su capacidad competitiva. La lesión retrasó un lustro el cambio en el circuito femenino: del modelo Graf, una jugadora de revés a una mano, exquisita estratega con un fino sentido de la construcción del punto, al modelo Seles, una pistolera que quería ser la más rápida en disparar, arrolladora en los tiros, tenista total, de impacto y fuerza.

Nunca hubo una tenista como Seles. Ni antes ni después. Jamás ha habido otro competidor, tampoco en el circuito masculino, capaz de levantar con frecuencia títulos grandes golpeando a dos manos la derecha y el revés. Nunca se sabrá hasta dónde habría llegado. Lo que pudo ser. La cuchillada hizo algo más que cortar sus músculos. Rompió los equilibrios internos que distinguen a los campeones de los competidores muy buenos. La persona sufrió mucho más que la tenista. Ganó 15 kilos. Sufrió bulimia. Coqueteó con la idea de ser una ‘celebrity’, participó en Dancing with the Stars, presentó galas…  y siempre siguió buscando a la Seles que era antes de Parche.

Alterar el ránking

Por: | 23 de abril de 2013

Rafael

Rafael Nadal y Novak Djokovic son los dos mejores tenistas del planeta sobre arcilla, según los resultados del último año. Su destino parece sellado: antes o después deberán cruzarse en París para decidir el título de Roland Garros. El cuándo, sin embargo, no es una cuestión menor para la organización del torneo. El español, que acaba de perder con el serbio la final de Montecarlo, es el número cinco mundial porque una lesión le mantuvo siete meses sin jugar, alejado de las pistas. Su contrario es el número uno. Eso quiere decir que los dos finalistas de 2012 (victoria del mallorquín) podrían cruzarse tan pronto como en los cuartos del segundo grande del año; y que Nadal, de llegar a esa ronda, también podría enfrentarse más pronto que nunca a Roger Federer, Andy Murray o David Ferrer. La peor pesadilla para los organizadores.

“Dado que podríamos verles en las finales de los grandes torneos de las próximas semanas, sería una pena que se cruzaran en los cuartos de Roland Garros”, explicó este fin de semana sobre los dos rivales Guy Forget, extenista y ahora uno de los ejecutivos del torneo. “Las reglas establecen que los torneos del Grand Slam tienen derecho a cambiar el ránking para sus cuadros. Wimbledon lo ha hecho en el pasado. No me parecería ilógico hacerlo”, cerró, pasando por alto que la medida afectaría a solo un tenista (Nadal), en lugar de a varios, como en Londres; y que probablemente contaría con las protestas de la mayoría, incluido David Ferrer, que como actual número cuatro mundial sería el principal perjudicado al cederle su lugar al mallorquín.

Wimbledon elige la clasificación con la que los tenistas llegan al sorteo en función de sus resultados sobre hierba. Eso altera las dificultades con las que unos y otros se encuentran en el cuadro, facilita o dificulta el camino, y durante años provocó el enfado de numerosos competidores. Hubo, por ejemplo, deserciones masivas de tenistas españoles, que consideraban injusto que no se respetara su clasificación, conseguida con sangre, sudor y lágrimas durante todo un año, para favorecer a los especialistas en hierba. Eso es lo que plantea ahora Forget: alterar los puntos que consiguen los tenistas demostrando su capacidad competitiva en tierra, cemento y hierba para primar los resultados sobre arcilla.

Proteger una superficie en retroceso, que cuenta cada vez con menos torneos, no es lo que guía el planteamiento del directivo del grande de la tierra. Defender el negocio es lo principal en la idea. ¿A qué televisión le interesaría un Roland Garros sin Nadal, el heptacampeón, en semifinales? ¿Cómo encontrar un producto mejor para el espectador que la promesa de una hipotética final entre el español y el serbio? Si Nole no está en las rondas finales porque le ha eliminado Nadal, ¿no pierde brillo la cita?

Forget piensa que sí. El mallorquín considera la opción planteada “muy lejana”. Aún debe defender el título de Barcelona y el de Roma, lo que dificulta que mejore su clasificación, además de jugar en Madrid. Roland Garros empieza el 26 de mayo, pero hace semanas que todos los tenistas se preguntan lo mismo: ¿Con qué ránking llegará Nadal a París?

El hambre

Por: | 15 de abril de 2013

TommyEl hambre no entiende de dolores, de edades, de currículos. El hambre pide, exige, demanda. Nada le contenta, nada le satisface, nada le llena. Ese hambre, dice Tommy Robredo, guía una sorprendente vuelta al circuito: a los 30 años, hundido como el número 474 del mundo y martirizado por una miríada de lesiones en la pierna izquierda, Tommy Robredo se empeña en competir, en jugar, en sufrir. Quiere más tenis. Más competición. Más oportunidades de ganar títulos pese a que estuvo parado desde octubre del 2011 a junio del 2012 y pese a que en febrero del año pasado entró en el quirófano para solucionar una tendinopatía crónica en los isquiotibiales. El domingo, en Casablanca, llega el premio a la voracidad de un hombre que fue el número cinco mundial, ganó millones de euros y bien podría haberse retirado en lugar de perseverar en la pista y el gimnasio. Robredo gana con casi 31 años su 11º título.

“Todo cuesta”, le explica a este diario a principios del año, cuando celebrar su décimo trofeo sobre arcilla es todavía una quimera. “Lo que más me ha costado ha sido estar físicamente bien. Cuando te recuperas de la pierna, te empieza a doler todo porque llevas mucho tiempo parado”, añade. “Estoy empezando ahora, todo 2012 jugué con dolores. Luego cuesta coger la confianza. Para eso necesitas verte bien, ganar partidos. Eso me falta un poquito. En los partidos, tengo ganas de ganar, a veces me apuro y hago cosas que no tengo que hacer”, subraya. “Uno se siente muy bien y quiere volver a estar donde estaba, porque cree que es tu sitio, y no llegar se hace duro”, sigue. “No es ningún esfuerzo. Hago lo que me gusta. Lo que más ganas tengo es jugar, intentar estar arriba, ganar partidos. Cuando deje de tener esa ambición...”

El éxito catapulta a Robredo hasta el número 43 del mundo y le hace soñar con una gira de arcilla amable, que le deje con un ránking suficientemente bueno como para plantearse mayores ambiciones el resto del curso. Por eso, quizás, sintió cosas que no sentía desde hace tiempo antes del partido decisivo de Casablanca: “Estaba muy nervioso, porque el título era algo muy importante para mí. De verdad quería ganar”. Lo dijo Robredo, eternamente hambriento.  

España ya no es la mejor

Por: | 07 de abril de 2013

Ruesga
España ya no es la mejor selección del mundo. Pese a que alcanzó la final de la Copa Davis en 2012 (derrota en Praga por 3-2), el grupo que dirige Álex Corretja acaba de ceder a la República Checa (clasificada para semifinales) el número uno del ránking que publica la Federación Internacional de tenis (ITF). El equipo nacional no será el más distinguido del planeta por primera vez desde 2009. Ha ocupado el trono durante más de 3 años y medio. Que los checos le sustituyan es un síntoma de lo que viene: tras la derrota en la primera ronda de 2013 frente a Canadá se anuncian tiempos de menos brillos, no se avista un grupo que en el futuro sea capaz de igualar los triunfos del actual, y solo la promesa de que Rafael Nadal y David Ferrer comparecerán en la eliminatoria para evitar el descenso del Grupo Mundial (13 al 15 de septiembre) aclara un poco el panorama. 

España ha llegado hasta este punto tras caer eliminada en la ronda inaugural por primera vez desde 2006. El  seleccionador no pudo contar en Vancouver con Rafael Nadal, que estaba lesionado; David Ferrer, que pidió descansar; Nicolás Almagro, dolido en un adductor; Fernando Verdasco, con problemas en una rodilla; o Feliciano López, que se resintió de una muñeca. Así, la mejor escuela del planeta, la que más tenistas de elite ha producido en este siglo, se jugó su continuidad en la competición con García López, el número 82, que no había ganado un solo partido en el cuadro grande de los nueve últimos torneos que había disputado. El de La Roda perdió y España se inclinó en Canadá

En una competición en la que la condición de local o visitante marca el resultado, porque influye en el tipo de pista en el que se juega, la selección volverá a optar al título en cuanto el bombo le favorezca. Tiene tenistas sobrados de presente, la tierra batida como seguro y el sinsabor de 2013 como espuela en el espíritu con el que se afrontará la empresa en las próximas temporadas. Haber perdido el número uno de la clasificación, sin embargo, obliga a recordar tiempos mejores: difícilmente volverá España a dominar la Copa Davis como en el primer decenio del siglo XXI, cuando sumó cinco títulos (2000, 2004, 2008, 2009 y 2011) y dos finales (2003 y 2012).

Foto: Los tenistas españoles, con el título de 2011. / ALEJANDRO RUESGA

Memoria corta

Por: | 02 de abril de 2013

El tenis es un deporte de memoria corta. Por primera vez desde 2003, ni Roger Federer ni Rafael Nadal son uno de los dos mejores jugadores del planeta. La dictadura del ránking, que obliga a defender los resultados del año anterior y en consecuencia penaliza las bajas prolongadas por lesión (caso de Nadal) o los calendarios hechos pensando en grandes objetivos (caso de Federer, que ya solo se interesa verdaderamente por los torneos del Grand Slam), ha impuesto de nuevo su pesado yugo. El cambio en la clasificación ha supuesto un pequeño terremoto. Sin embargo, la novedad estadística no es síntoma de tiempos de crisis, sino de bonanza.

Hubo una época en la que Federer y Nadal amenazaron con fagocitar a su deporte. Primero, el mallorquín salvó al tenis de convertirse en el deporte más previsible del planeta: una especialidad en la que siempre ganaba el genio suizo. Luego, cuando el español abandonó la arcilla como único escenario de sus hazañas y conquistó la hierba y el cemento, la rivalidad alcanzó máximos insuperables, convertida en un polo de atracción que dejó momentos inolvidables, como las finales de Wimbledon en 2007 y 2008. Hoy, el tenis ha escapado al peligro de la rutina, ya no depende de un binomio, como en los tiempos en los que Novak Djokovic era un tenista subyugado y Andy Murray un interrogante competitivo.

El tenis vive tiempos inmejorables. El serbio es el número uno mundial y ha firmado temporadas antológicas, como la de 2011. El británico ha roto el maleficio de Fred Perry, ya tiene un grande y el oro olímpico, pesa en los torneos del Grand Slam. Eso no significa que sus predecesores hayan perdido vigencia cuando de verdad importa, en los torneos de largo aliento. Por mucho que ya no ocupen los dos primeros puestos de la clasificación, Nadal es el campeón de Roland Garros 2012 y Federer el de Wimbledon. El tenis tiene cuatro raquetas de oro. Vive una época de alternativas, de duelos épicos, de pulsos galácticos. Federer, el que menos carrera tiene por delante (31 años) y Nadal, el que se enfrenta a más preguntas (siete meses de lesión coronados con una brillante vuelta al circuito) comparten ahora el escenario con Djokovic y Murray. No lo hacen como actores secundarios. De dos grandes candidatos se ha pasado a cuatro.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal