Rafael Nadal y Novak Djokovic son los dos mejores tenistas del planeta sobre arcilla, según los resultados del último año. Su destino parece sellado: antes o después deberán cruzarse en París para decidir el título de Roland Garros. El cuándo, sin embargo, no es una cuestión menor para la organización del torneo. El español, que acaba de perder con el serbio la final de Montecarlo, es el número cinco mundial porque una lesión le mantuvo siete meses sin jugar, alejado de las pistas. Su contrario es el número uno. Eso quiere decir que los dos finalistas de 2012 (victoria del mallorquín) podrían cruzarse tan pronto como en los cuartos del segundo grande del año; y que Nadal, de llegar a esa ronda, también podría enfrentarse más pronto que nunca a Roger Federer, Andy Murray o David Ferrer. La peor pesadilla para los organizadores.
“Dado que podríamos verles en las finales de los grandes torneos de las próximas semanas, sería una pena que se cruzaran en los cuartos de Roland Garros”, explicó este fin de semana sobre los dos rivales Guy Forget, extenista y ahora uno de los ejecutivos del torneo. “Las reglas establecen que los torneos del Grand Slam tienen derecho a cambiar el ránking para sus cuadros. Wimbledon lo ha hecho en el pasado. No me parecería ilógico hacerlo”, cerró, pasando por alto que la medida afectaría a solo un tenista (Nadal), en lugar de a varios, como en Londres; y que probablemente contaría con las protestas de la mayoría, incluido David Ferrer, que como actual número cuatro mundial sería el principal perjudicado al cederle su lugar al mallorquín.
Wimbledon elige la clasificación con la que los tenistas llegan al sorteo en función de sus resultados sobre hierba. Eso altera las dificultades con las que unos y otros se encuentran en el cuadro, facilita o dificulta el camino, y durante años provocó el enfado de numerosos competidores. Hubo, por ejemplo, deserciones masivas de tenistas españoles, que consideraban injusto que no se respetara su clasificación, conseguida con sangre, sudor y lágrimas durante todo un año, para favorecer a los especialistas en hierba. Eso es lo que plantea ahora Forget: alterar los puntos que consiguen los tenistas demostrando su capacidad competitiva en tierra, cemento y hierba para primar los resultados sobre arcilla.
Proteger una superficie en retroceso, que cuenta cada vez con menos torneos, no es lo que guía el planteamiento del directivo del grande de la tierra. Defender el negocio es lo principal en la idea. ¿A qué televisión le interesaría un Roland Garros sin Nadal, el heptacampeón, en semifinales? ¿Cómo encontrar un producto mejor para el espectador que la promesa de una hipotética final entre el español y el serbio? Si Nole no está en las rondas finales porque le ha eliminado Nadal, ¿no pierde brillo la cita?
Forget piensa que sí. El mallorquín considera la opción planteada “muy lejana”. Aún debe defender el título de Barcelona y el de Roma, lo que dificulta que mejore su clasificación, además de jugar en Madrid. Roland Garros empieza el 26 de mayo, pero hace semanas que todos los tenistas se preguntan lo mismo: ¿Con qué ránking llegará Nadal a París?