Alterar el ránking

Por: | 23 de abril de 2013

Rafael

Rafael Nadal y Novak Djokovic son los dos mejores tenistas del planeta sobre arcilla, según los resultados del último año. Su destino parece sellado: antes o después deberán cruzarse en París para decidir el título de Roland Garros. El cuándo, sin embargo, no es una cuestión menor para la organización del torneo. El español, que acaba de perder con el serbio la final de Montecarlo, es el número cinco mundial porque una lesión le mantuvo siete meses sin jugar, alejado de las pistas. Su contrario es el número uno. Eso quiere decir que los dos finalistas de 2012 (victoria del mallorquín) podrían cruzarse tan pronto como en los cuartos del segundo grande del año; y que Nadal, de llegar a esa ronda, también podría enfrentarse más pronto que nunca a Roger Federer, Andy Murray o David Ferrer. La peor pesadilla para los organizadores.

“Dado que podríamos verles en las finales de los grandes torneos de las próximas semanas, sería una pena que se cruzaran en los cuartos de Roland Garros”, explicó este fin de semana sobre los dos rivales Guy Forget, extenista y ahora uno de los ejecutivos del torneo. “Las reglas establecen que los torneos del Grand Slam tienen derecho a cambiar el ránking para sus cuadros. Wimbledon lo ha hecho en el pasado. No me parecería ilógico hacerlo”, cerró, pasando por alto que la medida afectaría a solo un tenista (Nadal), en lugar de a varios, como en Londres; y que probablemente contaría con las protestas de la mayoría, incluido David Ferrer, que como actual número cuatro mundial sería el principal perjudicado al cederle su lugar al mallorquín.

Wimbledon elige la clasificación con la que los tenistas llegan al sorteo en función de sus resultados sobre hierba. Eso altera las dificultades con las que unos y otros se encuentran en el cuadro, facilita o dificulta el camino, y durante años provocó el enfado de numerosos competidores. Hubo, por ejemplo, deserciones masivas de tenistas españoles, que consideraban injusto que no se respetara su clasificación, conseguida con sangre, sudor y lágrimas durante todo un año, para favorecer a los especialistas en hierba. Eso es lo que plantea ahora Forget: alterar los puntos que consiguen los tenistas demostrando su capacidad competitiva en tierra, cemento y hierba para primar los resultados sobre arcilla.

Proteger una superficie en retroceso, que cuenta cada vez con menos torneos, no es lo que guía el planteamiento del directivo del grande de la tierra. Defender el negocio es lo principal en la idea. ¿A qué televisión le interesaría un Roland Garros sin Nadal, el heptacampeón, en semifinales? ¿Cómo encontrar un producto mejor para el espectador que la promesa de una hipotética final entre el español y el serbio? Si Nole no está en las rondas finales porque le ha eliminado Nadal, ¿no pierde brillo la cita?

Forget piensa que sí. El mallorquín considera la opción planteada “muy lejana”. Aún debe defender el título de Barcelona y el de Roma, lo que dificulta que mejore su clasificación, además de jugar en Madrid. Roland Garros empieza el 26 de mayo, pero hace semanas que todos los tenistas se preguntan lo mismo: ¿Con qué ránking llegará Nadal a París?

El hambre

Por: | 15 de abril de 2013

TommyEl hambre no entiende de dolores, de edades, de currículos. El hambre pide, exige, demanda. Nada le contenta, nada le satisface, nada le llena. Ese hambre, dice Tommy Robredo, guía una sorprendente vuelta al circuito: a los 30 años, hundido como el número 474 del mundo y martirizado por una miríada de lesiones en la pierna izquierda, Tommy Robredo se empeña en competir, en jugar, en sufrir. Quiere más tenis. Más competición. Más oportunidades de ganar títulos pese a que estuvo parado desde octubre del 2011 a junio del 2012 y pese a que en febrero del año pasado entró en el quirófano para solucionar una tendinopatía crónica en los isquiotibiales. El domingo, en Casablanca, llega el premio a la voracidad de un hombre que fue el número cinco mundial, ganó millones de euros y bien podría haberse retirado en lugar de perseverar en la pista y el gimnasio. Robredo gana con casi 31 años su 11º título.

“Todo cuesta”, le explica a este diario a principios del año, cuando celebrar su décimo trofeo sobre arcilla es todavía una quimera. “Lo que más me ha costado ha sido estar físicamente bien. Cuando te recuperas de la pierna, te empieza a doler todo porque llevas mucho tiempo parado”, añade. “Estoy empezando ahora, todo 2012 jugué con dolores. Luego cuesta coger la confianza. Para eso necesitas verte bien, ganar partidos. Eso me falta un poquito. En los partidos, tengo ganas de ganar, a veces me apuro y hago cosas que no tengo que hacer”, subraya. “Uno se siente muy bien y quiere volver a estar donde estaba, porque cree que es tu sitio, y no llegar se hace duro”, sigue. “No es ningún esfuerzo. Hago lo que me gusta. Lo que más ganas tengo es jugar, intentar estar arriba, ganar partidos. Cuando deje de tener esa ambición...”

El éxito catapulta a Robredo hasta el número 43 del mundo y le hace soñar con una gira de arcilla amable, que le deje con un ránking suficientemente bueno como para plantearse mayores ambiciones el resto del curso. Por eso, quizás, sintió cosas que no sentía desde hace tiempo antes del partido decisivo de Casablanca: “Estaba muy nervioso, porque el título era algo muy importante para mí. De verdad quería ganar”. Lo dijo Robredo, eternamente hambriento.  

España ya no es la mejor

Por: | 07 de abril de 2013

Ruesga
España ya no es la mejor selección del mundo. Pese a que alcanzó la final de la Copa Davis en 2012 (derrota en Praga por 3-2), el grupo que dirige Álex Corretja acaba de ceder a la República Checa (clasificada para semifinales) el número uno del ránking que publica la Federación Internacional de tenis (ITF). El equipo nacional no será el más distinguido del planeta por primera vez desde 2009. Ha ocupado el trono durante más de 3 años y medio. Que los checos le sustituyan es un síntoma de lo que viene: tras la derrota en la primera ronda de 2013 frente a Canadá se anuncian tiempos de menos brillos, no se avista un grupo que en el futuro sea capaz de igualar los triunfos del actual, y solo la promesa de que Rafael Nadal y David Ferrer comparecerán en la eliminatoria para evitar el descenso del Grupo Mundial (13 al 15 de septiembre) aclara un poco el panorama. 

España ha llegado hasta este punto tras caer eliminada en la ronda inaugural por primera vez desde 2006. El  seleccionador no pudo contar en Vancouver con Rafael Nadal, que estaba lesionado; David Ferrer, que pidió descansar; Nicolás Almagro, dolido en un adductor; Fernando Verdasco, con problemas en una rodilla; o Feliciano López, que se resintió de una muñeca. Así, la mejor escuela del planeta, la que más tenistas de elite ha producido en este siglo, se jugó su continuidad en la competición con García López, el número 82, que no había ganado un solo partido en el cuadro grande de los nueve últimos torneos que había disputado. El de La Roda perdió y España se inclinó en Canadá

En una competición en la que la condición de local o visitante marca el resultado, porque influye en el tipo de pista en el que se juega, la selección volverá a optar al título en cuanto el bombo le favorezca. Tiene tenistas sobrados de presente, la tierra batida como seguro y el sinsabor de 2013 como espuela en el espíritu con el que se afrontará la empresa en las próximas temporadas. Haber perdido el número uno de la clasificación, sin embargo, obliga a recordar tiempos mejores: difícilmente volverá España a dominar la Copa Davis como en el primer decenio del siglo XXI, cuando sumó cinco títulos (2000, 2004, 2008, 2009 y 2011) y dos finales (2003 y 2012).

Foto: Los tenistas españoles, con el título de 2011. / ALEJANDRO RUESGA

Memoria corta

Por: | 02 de abril de 2013

El tenis es un deporte de memoria corta. Por primera vez desde 2003, ni Roger Federer ni Rafael Nadal son uno de los dos mejores jugadores del planeta. La dictadura del ránking, que obliga a defender los resultados del año anterior y en consecuencia penaliza las bajas prolongadas por lesión (caso de Nadal) o los calendarios hechos pensando en grandes objetivos (caso de Federer, que ya solo se interesa verdaderamente por los torneos del Grand Slam), ha impuesto de nuevo su pesado yugo. El cambio en la clasificación ha supuesto un pequeño terremoto. Sin embargo, la novedad estadística no es síntoma de tiempos de crisis, sino de bonanza.

Hubo una época en la que Federer y Nadal amenazaron con fagocitar a su deporte. Primero, el mallorquín salvó al tenis de convertirse en el deporte más previsible del planeta: una especialidad en la que siempre ganaba el genio suizo. Luego, cuando el español abandonó la arcilla como único escenario de sus hazañas y conquistó la hierba y el cemento, la rivalidad alcanzó máximos insuperables, convertida en un polo de atracción que dejó momentos inolvidables, como las finales de Wimbledon en 2007 y 2008. Hoy, el tenis ha escapado al peligro de la rutina, ya no depende de un binomio, como en los tiempos en los que Novak Djokovic era un tenista subyugado y Andy Murray un interrogante competitivo.

El tenis vive tiempos inmejorables. El serbio es el número uno mundial y ha firmado temporadas antológicas, como la de 2011. El británico ha roto el maleficio de Fred Perry, ya tiene un grande y el oro olímpico, pesa en los torneos del Grand Slam. Eso no significa que sus predecesores hayan perdido vigencia cuando de verdad importa, en los torneos de largo aliento. Por mucho que ya no ocupen los dos primeros puestos de la clasificación, Nadal es el campeón de Roland Garros 2012 y Federer el de Wimbledon. El tenis tiene cuatro raquetas de oro. Vive una época de alternativas, de duelos épicos, de pulsos galácticos. Federer, el que menos carrera tiene por delante (31 años) y Nadal, el que se enfrenta a más preguntas (siete meses de lesión coronados con una brillante vuelta al circuito) comparten ahora el escenario con Djokovic y Murray. No lo hacen como actores secundarios. De dos grandes candidatos se ha pasado a cuatro.

El miedo

Por: | 26 de marzo de 2013

164627676¿Cuánto cuesta ganar? ¿Cuántos demonios hay que derrotar, cuántas pesadillas hay que sortear, cuántos malos consejos retumban en el cerebro cuando se acerca la victoria? ¿Provoca vértigo la posibilidad del triunfo? ¿Da miedo, mucho miedo, apuntarse una víctima sonada, derrotar a uno de los mejores tenistas del planeta? La respuesta la tiene el búlgaro Dimitrov, el pequeño Federer, que le dicen, por sus golpes cincelados a imagen y semejanza del genio suizo.

El lunes, en Miami, sacó para apuntarse la primera manga contra el británico Andy Murray. Cometió tres dobles faltas y perdió el parcial. Antes, en el torneo anterior (Indian Wells), tuvo a Novak Djokovic contra las cuerdas. Le pasó lo mismo: sumó cuatro dobles faltas en un juego y perdió el set. Total: siete dobles faltas y cero sets ganados ante dos de los mejores tenistas del planeta.

No solo Dimitrov tiembla, claro. ¿Cómo olvidar a Rafael Nadal cometiendo doble falta en punto de break en la final de Indian Wells 2013? ¿O a Fernando Verdasco entregando así la tremenda semifinal del Abierto de Australia que le enfrentó al mallorquín en 2009? ¿Cuántas cometieron el serbio Noval Djokovic, el suizo Roger Federer y el británico Andy Murray en puntos decisivos, de los que marcan el destino de un partido?

El miedo atenaza a todos y precisamente por eso distingue a los mejores del resto. Son ellos los que combaten mejor a los fantasmas, ellos los que sienten menos veces sus garras apretándoles la garganta, cortándoles el aire y ahogándoles en dudas. Ellos, los Djokovic, Federer, Nadal y Murray comparten con Dimitrov el vértigo ante la victoria, pero tienen herramientas con las que construirse el paracaídas que detenga la caída. En sus soluciones hay técnica (un saque supersónico por aquí, un saquecito malintencionado de zurdo por allá, un servicio lento, solo por poner la bola en juego, confiando en la calidad de sus golpes de fondo), pero también filosofía. Frente a los monstruos interiores, los monstruos de la raqueta. Hace tiempo que los mejores imponen tanto respeto al resto que saben que si ellos sufren escalofríos, pronto sus contrarios sufrirán una tiritona.

Tres dobles faltas seguidas de Federer

Brotes verdes

Por: | 16 de marzo de 2013

Gabi

“Gran servicio. Dispara ganadores por todos lados. Solo tiene 19 años. Puede hacerlo muy bien”. No son las palabras de una cualquiera: habla Serena Williams de Garbiñe Muguruza, y lo hace con el tono admirativo de quien cree firmemente en un potencial aún sin confirmar. La española mide 1,82m. Pesa 73 kilos. Pega duro. Acaba de llegar a los octavos de Indian Wells, ya dejó huellas alcanzando la misma ronda sobre la pista dura de Miami 2012, y, aún sin consolidarse entre las 100 mejores tenistas del mundo, empieza a dar señales de ser una tenista diferente al resto de españolas: una pegadora.

Y, sin embargo, Muguruza no está sola.

Se llaman Carla Suárez, Lara Arruabarrena y Tita Torró. A ninguna, como tampoco a Muguruza, se le puede pedir que cargue con los mismos fantasmas que varias generaciones de tenistas incapaces de digerir la herencia de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez, dos campeonas. En cualquier caso, son tenistas que representan brotes verdes en el alicaído horizonte del tenis español, al que le sobra presente y le falta, en principio, futuro.

Carla Suárez, ya número 21 del mundo, roza la parte noble de la clasificación, por donde no pisa ninguna española desde que Anabel Medina alcanzó el número 16 mundial. La canaria de 24 años, doble cuartofinalista en los grandes, llevaba años penando lesiones y recuperando la mente de las cicatrices que dejan los sufrimientos del cuerpo. Aunque aún no ha celebrado un título, sus resultados de 2013 (final de Acapulco) empiezan a ser notables, y en una forma óptima será capaz de firmar capítulos hermosos en la gira de arcilla europea, como ya anunció en Roland Garros 2008.

Su ejemplo sirve de espuela a las tenistas de la generación del 92, Arruabarrena (ya campeona en Bogotá 2012, también en octavos de Indian Wells) y Torró (de la factoría de Ferrero, una tenista de gran percha y dañina derecha sobre tierra), de progresión ascendente en el circuito. Todas, quizás con la excepción de Suárez, ya consolidada en la elite, tienen aún un largo camino por recorrer... y las herramientas que necesita el viaje.

El trampolín de Nadal

Por: | 04 de marzo de 2013

Nat
“Me ha fulminado”, acaba por decir David Ferrer, el número cuatro, cuando Rafael Nadal ya le ha devorado 6-0 y 6-2 en la final del torneo 500 de Acapulco. Es mucho más que un ejercicio de demolición competitiva. Es la culminación de la primera fase del plan de reincorporación progresiva a la competición del mallorquín, que cierra con dos títulos (Acapulco y Brasil) y una final (Viña del Mar) la gira sudamericana de arcilla, que eligió para volver al circuito tras siete meses penando por una rotura parcial de ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. A falta de la prueba de los mejores (Djokovic, Murray y Federer), Nadal deja Sudamérica reforzado: su primera victoria ante un top 10 tras la lesión confirma que sigue siendo un tenista decisivo sobre arcilla y sirve de trampolín para su participación en la gira estadounidense de cemento, donde su participación en el masters 1000 de Indian Wells ya está confirmada.

El mallorquín configuró una gira de menor a mayor dificultad: dos torneos de categoría 250 (Viña del Mar y Brasil) y uno de 500 (Acapulco). Pese a ello, sus estadísticas han mejorado según ha aumentado su movilidad (“La rodilla ha respondido bien toda la semana”, dijo ayer). Durante sus dos primeros torneos, Nadal salvó el 73% de las pelotas de break. En Acapulco, defendió el 92% (solo entregó una vez el saque en toda la semana). Al comenzar su andadura americana, solo sumó el 31% de los puntos al resto sobre el primer saque del rival, y así perdió una de las señas de su tenis: su capacidad para poner casi siempre la pelota en juego, neutralizar a los mejores sacadores y llevar los duelos siempre al cuerpo a cuerpo. Ahora se marcha al cemento de Estados Unidos habiendo celebrado el 40% de puntos sobre el primer saque rival en su último torneo sobre tierra. Del Nadal irreconocible que perdió 10 de los 11 peloteos iniciales en su primer partido individual tras su lesión (ante Delbonis en Viña del Mar) se ha pasado a un Nadal con margen de mejora pero ya identificable.

Fue su segundo título del curso, 38º sobre tierra batida y 52º en total. Le consolidó como el tenista con mejor porcentaje de victorias sobre arcilla de la historia (93% de triunfos, por el 86% del sueco Bjorn Borg y el 77% del austriaco Thomas Muster) y le asentó aún más si cabe en el podio de los que han conquistado más trofeos (38, por los 40 de Muster y los 45 del argentino Guillermo Vilas). Pero fue mucho más que eso: la confirmación de que sigue siendo una fuerza dominante sobre arcilla y el aliento necesario para atacar el cemento con mentalidad positiva. Un trampolín.

Hitos

Por: | 24 de febrero de 2013

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Clasificados para las finales de Buenos Aires y Memphis, David Ferrer y Feliciano López consiguieron dos hitos: el alicantino se convirtió en el tercer español que ha competido más veces por un título (35, como Bruguera, por las 43 de Moyà, las 56 de Orantes y las 73 de Nadal) y el toledano celebró su victoria 300 en el circuito. “Está realmente orgulloso”, cuentan quienes vivieron con él la jornada en la que alcanzó esa marca.

Aunque ninguno de los dos datos pasará a la historia grande del tenis, esas estadísticas reflejan la riqueza presente de las raquetas españoles y su probable pobreza futura. No se avistan competidores de La Armada que puedan renovar los éxitos de quienes ahora la integran. Más allá de la quimera de que vuelva a surgir un Nadal, algo que ocurre una sola vez en la vida, parece también improbable que aparezcan en un corto plazo de tiempo jugadores con la continuidad competitiva del alicantino, los chispazos del toledano o el deseo competitivo de un Tommy Robredo, semifinalista esta semana en Buenos Aires pese a que lleva dos años martirizado por las lesiones, ya tiene la cartera llena y difícilmente volverá a ocupar su lugar de antaño entre los cinco mejores tenistas del planeta.

“No es ningún esfuerzo”, le explica a este diario el actual número 97. “Hago lo que me gusta. De lo que más ganas tengo es de jugar, intentar estar arriba y ganar partidos. La vida del deportista es muy dura. La gente solo ve cuando se gana o se pierde, no el que todo el día estás pendiente de tu cuerpo, del entreno, del estar en forma, que puede ir bien o puede ir mal”, continúa. “Eso también es bonito: el esfuerzo y el trabajo te lo puedes recompensar ganando un partido. Estoy muy tranquilo. Cuando deje de tener ambición, esas ganas de jugar, me lo plantearé la retirada”.

Ferrer y Feliciano, como antes Robredo, explican por qué España se ha convertido en el mejor equipo del siglo XXI en la Copa Davis, con cinco títulos. No son solo los triunfos absolutos. No es solo el fulgor deslumbrante de una estrella. Es, pese a la eliminación este curso en primera ronda, un prolífico fondo de armario a disposición de cada seleccionador. Es la competitividad constante, diaria y repetitiva: casi cada fin de semana un tenista de La Armada pelea por un trofeo o deja una marca para la historia pequeña de su deporte.

Lágrimas de diez años

Por: | 18 de febrero de 2013

Lloro
En el banquillo, el padre de Rafael Nadal rompe a llorar. Se cubre la cara con las manos. Le abrazan. Toni Nadal, tío y técnico del número cinco mundial, aprieta el puño. No solo acaban de ver cómo el mallorquín gana un título. Han recibido la primera noticia positiva desde Roland Garros 2012, tras descontar siete meses viendo cómo el tenista se recuperaba de una rotura parcial del ligamento rotuliano y una hoffitis en la rodilla izquierda. Nadal acaba de ganar el Abierto de Brasil.

Por décimo año consecutivo, el mallorquín celebra al menos un título. La marca es estimable, pero también es lo de menos: Nadal busca a Nadal, aún le queda camino por recorrer, y el título brasileño es más que nada un empujón positivo en lo anímico y lo tenístico, porque fue de menos a más en un torneo que comenzó desdibujado y acabó con el mejor partido desde que volvió a las pistas.

Nadal, el quinto jugador mundial, se lleva 400 puntos de Sudamérica. Eso es casi la tercera parte de lo que perdió en Australia, cuando no se presentó en Melbourne para defender la final alcanzada en el Abierto de 2012. Hoy está a 1110 puntos de Ferrer, el número cuatro mundial, que esta semana compite en Buenos Aires y la que viene lo hará en Acapulco (México), como el mallorquín, cuyo calendario después de eso es un misterio. Ni él sabe si competirá en los masters 1000 estadounidenses de cemento o se reservará para la gira de arcilla Europea.

Las lágrimas de su familia, sin embargo, reflejan que lo de menos son las estadísticas, los datos, las matemáticas. Lo que importa son los sufrimientos superados y por superar, las emociones vividas y por vivir, la pelea luchada y por luchar: solo su familia y su equipo saben cuánto le ha dolido verdaderamente al campeón de 11 grandes perderse los Juegos de Londres 2012, dos torneos del Grand Slam, la final de la Copa Davis o la Copa de Maestros. Solo sus allegados le han visto en los días de invierno, enfermo en Navidades, sufriente siempre. Solo sus íntimos, esos que lloran y se cubren la cara para que no escapen más sentimientos, conocen la interioridad de la historia: cuánto esfuerzo le lleva a Nadal combatir todos los días para volver a ser el que era.

Vacas flacas

Por: | 04 de febrero de 2013

España ya no lucha por ganar La Ensaladera en 2013. Por primera vez desde 2006 ha caído a la primera, contra Canadá. Levantar una sexta Copa ya es una quimera. Aunque es imposible que la selección gane siempre, la eliminación deja pistas sobre cuál es el futuro del equipo: David Ferrer cumple 31 años en 2013 y Rafael Nadal ya no tiene la competición entre sus prioridades, así que los tenistas que compitieron en Vancouver irán cobrando poco a poco un papel principal bajo los focos.

Corretja, el seleccionador, tuvo que afrontar el cruce con el número 32 (Marcel Granollers), el 51 (Albert Ramos) y el 82 (Guillermo García López). El problema quedará matizado por la tierra batida cuando la eliminatoria se dispute en casa, o cuando Nicolás Almagro, Fernando Verdasco o Feliciano López, ahora lesionados, puedan volver al equipo. Sin embargo, nadie es eterno y España no tiene relevo a la vista. Los tenistas que tiene La Armada entre los 30 mejores promedian 28 años de edad. La selección no tiene ninguno menor de 23 para elegir entre los 150 mejores jugadores del planeta. Es cierto que nunca hubo tantos veteranos entre los 100 mejores, que jamás estuvo tan caro para los jóvenes entrar en esa elite, pero España no puede presumir por el momento de ningún proyecto de gran tenista.

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Durante el siglo XXI, la selección se acostumbró a ser la gran potencia del tenis mundial. Su presente puede seguir siendo brillante, nada impide que en 2014 vuelva a asaltar la Copa Davis con garantías. Para el futuro, sin embargo, parece que se ha roto la cadena de brillantes eslabones que unió a Sánchez Vicario con Bruguera, a este con los Ferrero, Costa o Moyà, y a estos con Nadal y Ferrer, en una sucesión aparentemente inquebrantable de campeones. 

Ojo de halcón

Sobre el blog

Un ojo de halcón para mirar al tenis, compartir historias y hablar sobre un deporte que de enero a diciembre inunda la libreta de héroes, villanos, partidos y detalles.

Sobre el autor

Juan José Mateo

es master en periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid / El País, redactor de la sección de deportes y cubre los Grand Slam.

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