Ya han conseguido lo que pretendían: Garzón, fuera de la carrera judicial. La persecución, la cacería, no podía acabar de otra forma, que el jabalí tiene un carácter que no hay quien lo aguante, pero mil escopetas acaban con la resistencia del más bragado. Se confabuló toda la derecha, y secundada por algún que otro pitiminí de la izquierda exquisita, más el apoyo de aquellos de ésta te la guardo, lograron construir un ejército invencible. ¿Toda la derecha? Pues sí, toda. La prueba del algodón es sencilla: todos -y cuando digo todos me refiero a todos- los periódicos de derecha y de extrema derecha, si hay alguien que pueda diferenciarlos, que llenan este modestísimo blog desde hace casi dos años, se han alineado en el campo de los fieros perseguidores. Sin fisuras. En perfecta formación. Incluso quienes conspiraron con el hoy odioso juez en sus propios despachos y no paraban de regalarle los oídos con portadas y editoriales sonrojantes, como hizo en los noventa don Pedro José Ramírez Codina, hoy máximo partidario de la ejecución pública de Garzón. ¿Qué se puede decir? Día triste, sí, día triste…
Y los políticos finlandeses están aterrorizados. Cada vez que van a una reunión en Europa hay un miembro del Gobierno español que se les abalanza para contarles cómo van a pasar a cuchillo a todos y cada uno de los trabajadores españoles. Si Rajoy le anunciaba la huelga española a un atónito Jyrki Katainen, que a mí que me cuenta usted, ayer fue Luis de Guindos quien vio a otro finlandés, Olli Rehn, y allá que se fue para, ufano y pizpireto, contarle -esta vez en inglés, eso sí- que la reforma laboral que aprobará el Gobierno este viernes será "extremadamente agresiva". “Eso estaría genial”, le dijo Rehn, para no desilusionar al ex de Leman Brothers.
Pues hoy, a lo mejor somos todos finlandeses y el Gobierno del PP nos cuenta también a nosotros la reforma laboral. Va a estar genial, ya verán.