Agotados, volvemos agotados de esta semana de pasión. Ha sido necesario elaborar un estresante itinerario, así como un rigurosísimo cumplimiento de un férreo cuadro horario, para evitar quedar sepultado en calles y avenidas de cada ciudad, de cada pueblo de España por procesiones de todo tipo y condición, matutinas, vespertinas, nocturnas, con cánticos, silenciosas, con cristos, con vírgenes, etcétera, etcétera, sobre las que ya ha dado su docta opinión en este periódico Javier Marías, y a la que no puede si no sumarse este modesto Ojo. Y por si acaso no fuera suficiente labor, el Maligno, además, nos ha encomendado, al menos a quienes hemos criticado la actitud de la Iglesia de Benedicto XVI en torno a los casos de pederastia, como pronto se verá, a orquestar una vastísima campaña mundial contra el Santo Padre y su infinita bondad. ¡Pobre, como leerán enseguida, esta Iglesia por todos perseguida, con un Gobierno y una sociedad ferozmente laica en lucha encarnizada para acabar con ellos y sus ricas tradiciones? Será, seguramente, que tanta procesión que decíamos al comienzo no es sino alguna alucinación de pecadores, consumidos como estamos por las drogas y el alcohol. En fin, dejémonos sólo un apunte para alguien también en extremo bondadoso, como Jaume Matas, arrastrado a la pringosa escombrera por un juez felón y una esposa ambiciosa.
A ello, que empieza la semana con fuerza.