La protagonista del día es Soraya Sáenz de Santamaría. Está en todas las primeras páginas. Y se destaca su gran poder al ejercer la vicepresidencia única. Que ya es raro, porque si la mayor preocupación de todos, desde Rajoy abajo, es por la economía, como no podía ser de otra forma, no se entiende que no haya un vicepresidente económico. ¿No les parece cuando menos un tanto extraño? Porque el propio Rajoy tampoco ha destacado nunca por sus grandes conocimientos de tan compleja materia. Así que si lo más preocupante, que es la economía, la van a llevar dos ministros, dos, bajo las órdenes de un presidente y una vicepresidenta no excesivamente expertos en los avatares financieros, a cualquier observador imparcial debería parecerle una composición del Ejecutivo un poco estrafalaria. El ejercicio es sencillo: piensen ustedes qué hubiera ocurrido si Zapatero no hubiera sustituido a Pedro Solbes por otra vicepresidencia económica cuando la crisis empezaba a apretar y se hubiera quedado tan solo con Teresa Fernández de la Vega. Y no me hagan comparaciones pretendidamente inocentes, porque a ustedes les gustará más o menos una u otra vice, que a eso no hay nada que objetar, naturalmente, pero ya hay que ser sectario para autoconvencerse de que Sáenz de Santamaría tiene mejor currículum y mayor conocimiento de la Administración que Fernández de la Vega. O de que es más avezada, con lo que les encanta esa palabra: avezados, avezadas. ¿No les gusta tanto presumir de curriculum? Pues nada. Comparen.
Ni una semana ha pasado desde que el PP se ha hecho con el mando absoluto en el Congreso y ya han cambiado de sitio -sin contárselo al resto de grupos parlamentarios- el busto de Azaña. Les molestaba. Ni un mes ha durado donde lo situó José Bono. Y para encontrarle hueco, sin tan siquiera mencionárselo a los socialistas, han movido de su sitio el de Ernest Lluch, asesinado por ETA. Extraño respeto a la historia – Manuel Azaña, el “peniblando”,que dijo Alfonso Ussía hace un mes, escandalizado por la colocación de aquel busto- y a una víctima del terrorismo, que eso fue el ex ministro socialista. ¿Verdad que como primera medida de gran talante liberal, de querer contar con todos, de no excluir a nadie, es difícilmente mejorable?
Y les digo hasta luego.



