Esto de Europa y las cuentas es muy duro. Aún recordamos todos cómo se reían de Zapatero nuestros amigos y las imposiciones de Bruselas. O, mejor, de Berlín. España no tenía dignidad y el Gobierno del PSOE dejaba que le diera órdenes Ángela Merkel. Una vergüenza. ¡Qué distinto iba a ser con el PP! Entre otras cosas porque sería llegar y ya la sola presencia de Mariano Rajoy en La Moncloa serviría para que la confianza –ese bien intangible, pero tan fuerte- ejerciera su influencia y un nuevo mundo se abriría paso para acoger a los españoles, ya redimidos de la desgracia de padecer a los mugrientos socialistas. Y no solo Rajoy, qué va. Imagínense qué clase de acompañamiento, Europa rendida a sus pies: García Margallo, Báñez, Wert, Morenés, Arias Cañete, incluso Mato… ¡Ni más ni menos que Ana Mato! Y no, la verdad es que aquella aparición de la Virgen de Los Mercados en la Bolsa de Madrid nunca se produjo y estamos donde estábamos, como todo el mundo con dos dedos de frente sabía, a pesar de los esfuerzos que han hecho Rajoy y de Guindos buscando la complicidad del primer finlandés que se encontraban en Bruselas -¡qué fijación con los finlandeses!- para contarles los enormes beneficios que supondrían para el mundo mundial que a los trabajadores de Muebles El Armario Tres Cuerpos les vayan a despedir con 20 días de indemnización. Y eso si se portan bien.
Canutas. Las vamos a pasar canutas. Y además, los sindicatos están llenos de rojos que afilan las azadas para pasar a cuchillo a los nobles. Y la primera, Esperanza Aguirre.



