Mientras Europa duda de si nos intervienen mañana o pasado, aquí tenemos a Rato dispuesto a dar no se sabe qué batalla ni contra quién -¿va a disparar ahora fuego graneado don Rodrigo Rato, ahí es nadie, contra el Gobierno del PP?-, y a Mafo agazapado a la espera de empezar a largar. Luis de Guindos -y Mariano Rajoy- tienen un saco de problemas. El de Rato, que no es solo el de Bankia, es de difícil solución, que el de Europa, más complejo, habrá que esperar un poco. Así que a ver qué hacemos, porque Rajoy ya ha dicho que nada de comisión de investigación, lo que daría un espacio abierto para que hablaran todos, como también se negó, y a lo mejor ya se está arrepintiendo, a las comparecencias que pidió Rubalcaba, un método bastante más limpio que el que ahora propone Rato: a golpe de declaración pública y sin control. Así que o Rajoy o Luis de Guindos hacen de Tony Soprano y se obliga al ex de Bankia a que practique la omertá voluntariamente, previo chantaje de lo que tengamos a mano –robó, mató, violó o practicó la pederastia- o se le encierra en el maletero de un coche con varios metros de cinta adhesiva rodeándole la boca para que se calle. Y mientras, a vigilar a Mafo, no fuera a ser. Porque ya me contarán: ¿Alguien va a responder públicamente a Rato? ¿Quizá Goirigolzarri se va a calzar los guantes y a meterse en una discusión a calzón quitado frente a accionistas, clientes, ojeadores europeos, etcétera, etcétera, sobre las miserias de Bankia? ¿O lo hará el ministro de Economía? ¿Quizá el presidente del Gobierno? Lo dicho: las comparecencias en sede parlamentaria. El resto, un horror.
¿Toman ustedes menos de 70 pastillas diarias? Pues estarán hechos un asco. Se lo dice Sánchez Dragó.



