Es que es inevitable. ¿Cómo vamos a hablar de otra cosa? Ayer fue un día desastroso para la situación económica de España, con la Bolsa de baja y la prima de riesgo de subida, solo 48 horas después del anuncio del rescate. Ni así. Y parece obvio por qué. En primer lugar, porque nadie conoce la letra pequeña y, por tanto, las condiciones en las que va a haber que devolver el préstamo. Repitan una vez más, pero con lentitud, que de tanto decir la cifra parece poca cosa. A ver: 100.000 millones de euros. Otra vez, y más despacito aún: 100.000 millones de euros. Bien. Respiren hondo. Conviene, claro, que el Gobierno y el Eurogrupo nos cuenten a la mayor brevedad posible, plazo de devolución, interés a pagar… y condiciones de todo tipo a cumplir. ¿Qué no las hay, dicen nuestros cornetas? Pues con el mismo instrumento: tururú. Y con esos datos en la mano, que el presidente del Gobierno vaya al Parlamento y desgrane con voz cantarina a todos los españoles los términos exactos de tan exitoso rescate.
Y que el presidente no se calle como una rabiza. Tranquilos y no me peguen, quietos ahí, que no lo digo yo. Es cosa del académico don Luis María Anson Oliart. Una autoridad. Un maestro del periodismo.



