¡Qué antiguo, y qué estúpido, es esto de jugar con los éxitos del deporte para intentar que olvidemos las desgracias que nos sepultan! Ya verán que lo hace más de uno, enfrentando el 4-0 a Irlanda con la crisis. Como la ridícula maniobra de cargar las culpas sobre los socialistas, con Almunia de pimpampún y Rubalcaba en la recámara. La situación es obvia, por más que la alegre muchachada se empeñe en la nariz de Cleopatra. Los inversores nos dan leña hasta hartase porque nadie explica en qué consiste el rescate bancario, y llevamos así una semana, por la rebaja de Moody's que ha dejado la deuda española lo más cerca posible del bono basura y, además, por la constatación hecha por Bruselas de que el rescate a la banca será computado como déficit. Lo que nos ocultó cuidadosamente Mariano Rajoy, el héroe del silencio. Ya pueden pedir la dimisión de Almunia, que con él o sin él el desastre sería el mismo, que en nada influye.
Y pongo en su conocimiento que Carlos Dávila deja la dirección de La Gaceta. Confiamos en que pronto le veamos publicar en cualquier otro medio del mismo nivel: The New York Times, Le Monde… Aquí esperaremos ansiosos sus bocadillos de chicharrones, aunque vengan envueltos en otro papel. Le sustituye, por ahora, la directora adjunta, Mayte Alfageme. Que tampoco es manca, como aquí han tenido la oportunidad de comprobarlo alguna que otra vez.
Y dos golitos de Fernando Torres. Dos.



