Ya les avisé ayer de la que nos esperaba en el caso de que el Tribunal Constitucional legalizara a Sortu. Pues hoy lo van a ver. Sapos y culebras. Virulenta indignación -¿respeto a los jueces?; depende- que nos ha evitado tener que volver a hablar de ese rescate que no sabemos si va o si viene, cuyo proceloso devenir solo podría ser glosado por Cantinflas en aquellos memorables monólogos. Piensen en cómo nos están contando el rescate, los viajes a México y las discusiones con Bruselas y Berlín el presidente del Gobierno y sus ministros económicos, cierren los ojos y a ver si les suena: “Déjenme dejar algo bien en claro, tengo momentos de lucidez y hablo muy claro… Amigos, hay momentos en mi vida que son realmente momentáneos y no es porque uno lo diga, pero hay que verlo… ¿Qué vemos? lo que hay que ver… porque qué coincidencia amigos, que suponiendo que en este caso -no digamos lo que podría ser-, pero debemos pensar en ello y entender la psicología de vida para hacer una analogía de la síntesis de la humanidad, ¿correcto? Bien, ese es el punto”.
Y dicho esto, a ninguno de nuestros fieros columnistas parece molestarles la desvergüenza de Mariano Rajoy negándose a que se haga en el Parlamento el debate sobre el Estado de la Nación. ¡En este momento, cuando precisamente el estado de la nación oscila entre espantoso y terrorífico, que es cuando más falta hacen las explicaciones! De nuevo el héroe del silencio opta por la huida y el desprecio a los ciudadanos. ¿Suena demasiado solemne? Pues les pido excusas. Pero es lo que pienso: una desfachatez.



