Esta semana, como la anterior, y como la siguiente, será terrible, que ya nos ha avisado Mariano Rajoy de que hará lo que tiene que hacer. ¿Y qué es lo que tiene que hacer? Pues eso que “llaman ajustes”, para seguir la textualidad de las palabras del presidente, dichas en presencia de un ceñudo José María Aznar, el hombre que sabe lo que hay que hacer. Así que se nos vienen encima nuevos e importantes disgustos, sobre todo para los más desfavorecidos. Bien es verdad que entre medias nuestro máximo dirigente no tuvo mejor idea que irse hasta Santiago para hacer la ridícula pantomima de devolver el Códice al señor Arzobispo, un egregio cura, por cierto, que se ha dejado robar durante años hasta la casulla en un ejercicio de gigantesca ineptitud, y que lejos de recibir la recompensa justa, esto es, pasar de arzobispo a monje portero en cualquier monasterio semiabandonado, sigue luciendo las pompas de su ostentoso cargo. ¡Qué cosa más ridícula, permítanme decirlo! ¿Qué pintaba allí el presidente del Gobierno, con la que está cayendo, haciéndose esas grotescas fotos?
Y como saben que nos van a caer las siete plagas, nuestros amigos de la prensa adicta obvian lo importante y prefieren el despeje acostumbrado: leña a las autonomías y mucho hablar –pero mucho- del País Vasco. Y alguno, incluso, se va hasta Rubalcaba y Griñán. Bueno.
Hay días que me gusta más Alfonso Ussía que César Vidal. Y otros que prefiero a César Vidal en detrimento de Alfonso Ussía. ¿Creen ustedes que es grave? ¿Me lo debo mirar?



