La marcha minera en la calle Alcalá (Madrid)./ S. SÁNCHEZ
Parece absurdo contarles aquí lo que ayer ocurrió en la reunión del Ecofin. Se trata, ustedes ya lo saben, de una de las noticias de mayor calado de los últimos años: España cede la soberanía de su sistema financiero. Y los socios europeos imponen, además, 32 condiciones a España. Haremos, pues, lo que nos ordenen los señores de negro que tan graciosamente denominó Cristóbal Montoro, que los va a tener sentados en su despacho un día sí y otro también corrigiéndole las cuentas a cada paso. ¡Esa firma, Cristóbal! Me cambias esa partida ahora mismo y me pones esta otra. Y subes el IVA, y bajas las pensiones, y quitas esas ayudas, y te cargas… Por no hablar de Luis de Guindos, convertido en viceministro, y del flamante gobernador del Banco de España, desde hoy subgobernador, que el jefe se llama Mario Draghi. O Klaus Regling, que uno no sabe qué es peor. ¿Y Mariano Rajoy? Pues a sacar el hacha de Peridis y a seguir destrozando todo lo que pille: sanidad, educación, derechos laborales, dependencia… Pero sanearemos los bancos. ¡Nos da tanta alegría!
La jornada estuvo agitada: sentencia de Estrasburgo sacudiendo un leñazo mortal a la justicia española, empeñada en leyes imposibles, la forzada rectificación del PP para que comparezcan en el Congreso los responsables de Bankia… además de la marcha minera.
Pues nuestros chicos silban y miran para otro lado. La consigna es de hierro: silenciar o minimizar lo evidente, que Europa dirige nuestra política financiera. Y aquí, a obedecer. Constatemos, pues, que apenas tenemos prensa. Nuestros chicos elaboran panfletos vergonzantes que solo sirven para tapar las vergüenzas de sus señoritos. Lo veo, claro, por el Ojo izquierdo.



