Primero se prohibía decir rescate. Ahora ya se puede, que Mario Draghi, ese señor tan estirado que siempre mira de medio lado, nos va a rescatar cual Sandokan en las novelas de Emilio Salgari. Ya, que ahora nadie sabe quién es Emilio Salgari… Ustedes se lo pierden. Aceptemos, pues, rescate como animal de compañía. Lo que ha costado, qué barbaridad. Así que ahora ya hemos subido –o bajado, cualquiera sabe- al siguiente escalón, y dado por hecho que se puede decir res-ca-te, pero si por fin se pide, que sea bueno, bonito y barato, háganme el favor. Y es que ahora la nueva engañifa va a ser convencernos de que es un rescate, sí, qué le vamos a hacer, pero “suave”. Pues no. Las medidas que está tomando el gobierno de Mariano Rajoy, y que forman parte de un paquete obligatorio para acceder al reino de los elegidos, no son suaves. Es mentira. Son duras, durísimas. Y las que vengan, que vendrán, serán peores. No hay rescates suaves para las espaldas de los que menos tienen. Los hay duros y los hay durísimos. Veremos dónde nos quedamos.
Y qué les voy a decir de Obama. Un demonio.



