Espero, por los beneficios que nos proporcionará a la salud colectiva, que esta febril recidiva de la independencia catalana –y ya veremos qué pasa después de las elecciones vascas- registre una notable mejoría y remita el calentamiento. A ver si el patio se serena un poco, y podemos dedicarnos a llorar en exclusiva por la crisis económica, el paro, el rescate que sí o que no, y esas tonterías. Esta farfolla retórica de nacionalistas de cariz vario -la de los cornetas españolistas es la más desagradable- le rompe la cabeza al catavenenos, más preocupado desde su prehistórica infancia por las cosas del pensamiento que por las del querer. Los sentimientos patrios –ninguno- jamás le atosigaron, así que Le jour du Quatorze-Juillet, Je reste dans mon lit douillet ; La musique qui marche au pas, Cela ne me regarde pas.
Y Carrillo debía haberse muerto exactamente a los 67 años. Lo dice Iñaki Ezquerra. Y el padre Fortea, exorcista que es, vuelve a la carga. Pues nosotros le seguimos en su ignoto camino.



