A nuestros chicos es que les gusta todo lo que hacen tan magníficos gobernantes. Por gustarles, hasta les encanta ese euro que van a cobrar a los madrileños por receta. Que si era una vergüenza cuando se imponía en Cataluña, un expolio a los sufridos ciudadanos, ahora es una medida de innegable beneficio para el respetable. Uno de nuestros periódicos de cabecera, El Mundo, nos dice que no parece que nadie vaya a dejar de pedir un medicamento necesario por tener que pagar un euro. O sea, que nadie se va a dejar morir en un camastro por no soltar la mosca. Lo que desgraciadamente será verdad, pero denota la catadura moral de quien lo escribe. Otro, La Razón, nos dice que la medida “busca un uso eficiente de los medicamentos y revertir en la sociedad ese ahorro”. La desvergüenza, como ven, no tiene límites o, caso de tenerlos, están muy allá, cerca de las cordilleras de Nepal.
No tiene nada que ver, pero me ha encantado saber que las auditoras que examinaron a la banca española cobraron 31,4 millones, 130 euros por hora.
Pero arriba esos corazones y no se sientan tristes, que la fiel infantería no ha olvidado a Rubalcaba ni a Mas. En absoluto. Hoy también les insultan, tranquilos.



