Ya intuíamos que esto de las hipotecas tenía que acabar de mala manera. Los bancos se han visto obligados a torcerse el brazo a ellos mismos y se les ha puesto un humor de perros. Así que han empezado con sus dotes de relaciones públicas -abundantes- y ya tenemos a todos nuestros amigos de la fiel infantería dispuestos a que nos enteremos de que en realidad los únicos culpables hemos sido nosotros mismos, que nos hemos creído que podíamos vivir en una casa propia, sin los suegros y una cuñada. Incluso con calefacción. Y cuarto de baño, ya ven. Tal que hacen los ricos. Pero los ricos son los ricos, que es que no nos enteramos. Así que en el pecado llevamos la penitencia. Es más: debemos ser conscientes de cómo hemos perjudicado a los pobres banqueros aceptando aquellos préstamos que les arracábamos con malas artes, por lo que no queda otra que contribuir de buena gana a que les financiemos sus pérdidas, de las que usted, el inquilino de Orcasitas y yo mismo somos los únicos culpables, que les hemos llevado mal las cuentas. No comprobamos debidamente los balances de Rato, y así nos ha pasado lo que nos ha pasado con Bankia. Somos un desastre. Pues a pagarles el rescate.
Como la huelga y el paro. Culpa de los sindicatos. Y los parados que faltan, de los socialistas.



