La primera piedra de ese futuro AVE marroquí, que hoy jueves colocan en Tánger el rey Mohamed VI y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, es una buena noticia para Marruecos, pero para el vecino español y sus empresas tiene connotaciones algo amargas.
A principios del siglo XXI un país que aspira a tener una estrechísima relación con la Unión Europea puede otorgar a otro, miembro fundador de la UE, grandes contratos a dedo rehuyendo cualquier procedimiento de licitación internacional. Es exactamente lo que acaba de hacer Marruecos con Francia. Mohamed VI invitó, en noviembre de 2007, a su huésped en Marraquech, Nicolas Sarkozy, y a las empresas francesas, a presentar su oferta para la construcción del primer tren de alta velocidad del mundo árabe, el que a partir de 2015 enlazará las dos ciudades con mayor peso económico en Marruecos, Casablanca y Tánger, en algo más de dos horas.
No hubo, por tanto, licitación internacional a la que pudieran presentarse empresas de otros países con tecnología ferroviaria de alta velocidad como España. Los franceses, con Alstom a la cabeza, se llevaron todos los grandes contratos. En otra monarquía, por ejemplo, Arabia Saudí, un consorcio encabezado por ADIF, Renfe y OHL compite con los franceses de SNCF-Alstom para construir el tren que unirá a Medina con La Meca. Y este hasta posible que los derrote.