Lugares a los que emigrar
No quiero ser agorero pero la OCDE y diez organismos internacionales más han certificado que a los españoles nos quedan como poco otros dos años de recesión. Plazo que en caso de ser muy optimistas se reduciría a 730 días.

Es decir: estamos (o más bien, seguimos) jodidos.

Esta crisis galopante está cambiando nuestros hábitos. Un ejemplo: aprovechando que soy periodista (supuestamente) experto en viajes los familiares, amigos y no tan amigos me solían llamar en estas fechas para que les diera consejos (sin pagar, claro) de a dónde ir de vacaciones en verano.

Bueno pues lo que he detectado este año es que me llama la misma cantidad de gente, pero no para ver donde se pueden ir de vacaciones, no. Llaman para que yo, viajero mundial y mundano que ha visto mucho idem, les diga un país barato y amigable al que puedan emigrar y mandar a tomar por el orto a la prima de riesgo y al Ibex 35.

El último fue el hermano de un amigo, que está decido a venderlo todo, juntar los ahorrillos y largarse a un país donde pueda vivir lo que le queda de vida gastando cuatro euros al mes. Y que le den por donde amargan los pepinos a la crisis y a los mercados de deuda.

Pero… ¿existe un lugar así? Depende de lo que busques. Estas serían mis recomendaciones:

Jericoacoara-brasil-lago-paraiso
1. Jericoacoara (Brasil)

Renta per cápita: 2,6 veces menos que España; sueldo medio, 376 dólares

La peor caipirinha de mi vida la he tomado en la playa de Copacabana. Así que muy mal se te tiene que dar para poner un chiringuito de paellas y mojitos en una playa de Brasil y no tener éxito, dedicando el resto del tiempo a aprender samba o a engordar como Ronaldo. Y puesto a elegir una: Jericoacoara, una maravilloso parque nacional lleno de dunas de arena y playas solitarias a cuatro horas de Fortaleza, donde nunca más volverás a ponerte un pantalón largo.

Inconvenientes: el 99% de los habitantes de Jericoacoara son jovenzuelos y jovenzuelas veinteañeros y surferos, monísimos de la muerte, culito talla 38 y bronceado tipo los Vigilantes de la Playa. Como tengas más de 50 y problemas de sobrepeso te vas a sentir más raro que un pingüino en un garaje.

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23 may 2012

Cosas que hacer en El Cairo al atardecer

Por: Paco Nadal

El Cairo 2
Hay un ritual que cumplo siempre que estoy en El Cairo y que recomiendo hacer a quien me consulta.

Es ir al atardecer hasta la plaza Al Houssein, sentarme en uno de los cafetines que hay contiguos a la mezquita homónima y dejar que el teatrillo mundano de la ciudad actúe delante de mi, mientras el aire fresco del crepúsculo alivia la cargada atmósfera cairota.

A esas horas, cuando el plomo fundido que ciega las horas cenitales cede y suaviza los perfiles de la megaurbe, la plaza de Al Houssein estalla de vida. Los fieles entran apresurados en la mezquita, los niños que venden baratijas y souvenirs parecen más activos; las palmeras de la plaza se mecen en la sueva brisa, en competencia con la rectitud de los minaretes de la cercana mezquita de Al Azhar, que parecen forrados de chapas de bronce a estas horas. Hay familias enteras sentadas al fresco, ya sea en los bancos de los cafés o tiradas en las aceras. Un joven pasa en bicicleta sorteando transeúntes; lleva una enorme bandeja con docenas de panes sobre la cabeza: la sujeta con una mano mientras con la otra maneja el manillar para no caer ni atropellar a nadie. Las luces de neón de los cafés mandan destellos fluorescentes. Hay limpiabotas, vendedores de libros, taxistas en busca de clientes, vendedores ambulantes de gad, un chambilero que pregona sus barquillos de helado, un quiosco de almendras y cacahuetes…

A estas horas la plaza es una radiografía del gozo de vivir en estado puro. Y tú te sientes parte de ella, mientras endulzas tus recuerdos con un te a la menta.

Al Houssein esponja el denso entramado de Khan el Khalili, el mercado más bullicioso y colorido de la ciudad. Khan el Khalili es el "callejón de los milagros" de Nagib Mahfuz, un dédalo de callejuelas imposibles, el gran bazar donde todo es posible, donde todo se compra y se vende: telas, babuchas, joyas, perfumes, dulces, especias, marroquinería, alfombras… El mundo concentrado en cuatro esquinas.

Muchas veces he oído que Khan el Khalili es un sitio muy turístico. Pero hoy apenas hay turistas en El Cairo. Y las calles del bazar se muestran tan febriles y atareadas como un hormiguero a final de verano.

Otro lugar sublime al que ir al atardecer en El Cairo es la Corniche, el paseo fluvial que escolta al Nilo. Cuando el sofoco del calor y del intenso tráfico remite, las parejas de novios y las familias con niños vienen pasear a esta ribera del Nilo, entre el puente del 6 de Octubre y el puente El Tahrir, mientras la brisa del desierto perfuma el ambiente. Desde los minaretes, la voz cansina del almuecín convoca a la oración y el Nilo, lleno a estas horas de reflejos púrpuras y bermellones, confirma lo que decía un personaje de las Mil y una Noches: “Quien no ha visto El Cairo, no ha visto el mundo”.

PD: Egipto celebra a partir de hoy unas cruciales elecciones presidenciales. Después de la Revolución de la plaza de Tahrir y de una agitada transición, la Junta Militar debe traspasar sus poderes al presidente electo el próximo 30 de junio. Horas decisivas para demostrar al resto del planeta que un cambio relativamente pacífico de la dictadura a la democracia es tambien posible en el mundo árabe.

El Cairo 3

El Cairo 4

 

Pirámides 9

El Cairo es una ciudad monocroma
. Todo es de color marrón, el mismo color marrón de la arena del desierto que la rodea y de la agobiante polución que, como las inundaciones bíblicas del Nilo, añade cada año una nueva capa de polvo a sus desvencijadas fachadas.

Escribo este post desde El Cairo, la “Madre del Mundo”, como la llamaron desde la Antigüedad. La ciudad más grande de África, en la que, según los clásicos, el suelo era de oro, una hipérbole manifiestamente exagerada del cronista que poco tiene que ver con el estado calamitoso actual de las calles sin asfaltar y las aceras levantadas.

Pero el encanto y la belleza de El Cairo radica precisamente en eso, en que es un caos organizado. Una ciudad vibrante, llena de energía, 16 millones de habitantes y nadie sabe cuantos millones de coches tratándo de abrirse paso por unos viales hechos a la medida de un zoco medieval. El Cairo es el ruido perpetuo de un claxon y el de la música estridente que sale de las barcazas y los restaurantes flotantes que surcan el Nilo. El gran espectáculo humano escenificado a diario en unas aceras y plazas donde cada centímetro cuadrado parece estar hecho para golpear a los sentidos.

Pirámides 5

Por lo que he podido comprobar en El Cairo también hay turistas; aunque muchos menos que en el Mar Rojo. El miedo a las revueltas ha contraído hasta límites axfisiantes una de las principales fuentes de negocios del país, que supone el 14% del PIB egipcio. Reconozcámoslo: el turista moderno es poco revolucionario.

Pero dando un paseo por las congestionadas calles del viejo Cairo no veo más señales de la Revolución que una mayor presencia de retenes militares en edificios oficiales y residencias gubernamentales. Y cientos de vendedores ociosos en los bazares esperando que vuelvan los asustadizos extranjeros.

“Lo que empezamos a notar es un cierto auge del turismo de la Revolución”, me dice un cairota. Extranjeros que vienen atraídos por los sucesos históricos recién acaecidos, para ver en directo y con curiosidad morbosa la plaza de Tahrir y otro escenarios que han visto mil veces en diferido en la pantalla de su televisor.

Me acerco a la plaza de Tahrir (que además está cerca de mi hotel) y confirmo lo que ya sabía de anteriores visitas a El Cairo: es una de las plazas más vulgares del mundo. Poco que hacer aquí más allá del morbo de una foto de recuerdo. Hay un enorme quiosco lleno de banderas en uno de los lados, pero al acercarme compruebo que son del Real Madrid, del Barcelona y de otros equipos de fútbol europeos. Señal inequívoca de que este país tiende a la normalización. Quedan algunos chiringuitos hechos con tableros y lonas en mitad de la plaza en los que algunos activistas explican a la escasa concurrencia en qué punto se encuentra ahora mismo la transición egipcia.

Pero Tahrir no es hoy más que lo siempre fue: una plaza grande y fea llena de coches y pitidos. Y la mayoría de los cairotas con los que he hablado preferiría que siguiera siendo así; señal de que el futuro democrático de Egipto se dirime en las urnas sin necesidad de volver a forzar al poder en las calles.

Lo que tampoco han cambiado son la pirámides. Ni de sitio (obviamente; llevan tres mil años aquí) ni de condición como objeto del deseo para los forasteros. Todos los turistas que hoy visitamos El Cairo estamos concentrados aquí. Debe de haber una docena de autobuses (nada comparado con los centenares de un día normal), pero casi mejor. Ya me parece agobiante lo que hoy me rodea como para que se triplicara el número.

Compruebo asimismo que el gen del turista postrevolucionario sigue siendo igual de simple. Siguen haciendo las mismas tonterías de siempre, con o sin Revolución Árabe. A veces pienso que más que derribar un gobierno lo que debería de haber es una sedición mundial que enseñara al turista que no es obligatorio hacerse la misma foto que todos los millones anteriores y en el mismo sitio.

Pero me da que derribar a Mubarak y a Gadafi fue cosa de niños comparado con esa otra tarea titánica.

Así que solo tuve que poner la cámara y disparar sin casi mirar el visor. La fotos de turistas haciendo el turista salían solas.

En fin, insisto: a quien le apetezca conocer Egipto éste es el momento. Los precios han bajado considerablemente, yo me estoy moviendo con libertad y sin sensación de peligro alguna y no es lo mismo ver las pirámides con doce autobuses que con doscientos. Avisados quedáis.

Pirámides 8

Pirámides 2

18 may 2012

La tragedia del Salem Express

Por: Paco Nadal

Salem Express 1
Hoy me he sumergido en el pecio más dramático de la costa egipcia del Mar Rojo. Y digo dramático en el sentido castellano de la palabra. Porque fue una de las grandes tragedias de la navegación moderna. Su calcula que murieron unos mil pasajeros; los cuerpos de trescientos de ellos están aún atrapados en el barco porque fue imposible sacarlos.

El 15 de diciembre de 1991, el Salem Express, un ferry de 100 metros de eslora que hacía la ruta entre Safaga (Egipto) y Jeddah (Arabia Saudí), volvía a Safaga cargado de peregrinos que habían ido a La Meca a cumplir el ritual. El barco tenía capacidad legal para 650 pasajeros, pero la práctica habitual de admitir a más de forma ilegal elevaba el número de viajeros por encima de los mil. La cubierta, los camarotes y los salones iban atestados de gente.

Salem Express 2

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16 may 2012

Hay turistas en Egipto

Por: Paco Nadal

Mar Rojo 1
Hoy escribo desde Egipto, concretamente desde Hurgada, una de las más célebres ciudades-balneario a orillas del Mar Rojo, a donde llegué el pasado lunes.

Voy a estar por aquí unos días, grabando el capítulo sobre el Mar Rojo de la serie que produzco para la TV sobre los mejores lugares de buceo del mundo. Luego seguiré hacia El Cairo.

Cuando dije que venía a Egipto la familia y algunos amigos exclamaron al unísono: “¿A Egipto!, pero si allí ahora las cosas están muy mal, ¿no?”. Confieso que nunca hubiera dejado de venir a Egipto porque estén viviendo una transición hacia la democracia (lo contaba hace tiempo en este post). También la pasamos en España y no por eso hubiéramos entendido que dejaran de venir los turistas.

Pero es que al llegar aquí he comprobado además que ese miedo secular que tiene el turista medio español no es compartido por el de otras nacionalidades (en general, el mercado turístico español es de los más asustadizos y se retrae por cualquier complicación política, tenga razón o no).

En Hurgada hay más turistas de los que me imaginaba. Es verdad que menos de los que debería de haber a estas alturas de la temporada. Pero muchos más de los cabía esperar. Los hoteleros calculan que están al 40%. Eso sí, haciendo unas rebajas de precios memorables.

¿De dónde viene la mayoría? Pues de Alemania y sobre todo, de Rusia. ¡Hurgada está lleno de rusos! Son los nuevos ricos del primer mundo. Y la caza y captura de la rusa maciza es el deporte nacional de los jóvenes egipcios, como lo fue de la sueca en el landismo hispano de los sesenta.

Poco más puedo contar de momento. Hurgada es un invento reciente. Alguien que la conoce bien me decía esta noche mientras cenábamos: “es la Benidorm de Egipto”. Un pequeño pueblo de pescadores que en dos décadas se ha convertido en una macrociudad con 40 kilómetros de costa llena de hoteles en medio de la nada. Delante está el cálido Mar Rojo. Detrás, un desierto descomunal.

Y que no pasa nada. Que no he visto apenas policía y que las calles están tan tranquilas como siempre. Que quien quiera visitar Egipto no debería quedarse con la gana.

Hay turistas. Y eso ya es noticia. La primera señal de normalización tras una situación de conflicto es que regresen los turistas.

Seguiré contando.....

Mar Rojo 2

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal estudió Ciencias Químicas, aunque lo que más le gustaba desde pequeñito era recorrer el mundo y contarlo. Al final lo consiguió y ahora le pagan por viajar. Periodista especializado en viajes, escritor y fotógrafo, colabora con la Ser y con El Viajero, además de presentar series documentales en Canal Viajar.

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