Hace un par de días me di el paseo más surrealista de mi vida. Caminé por la sabana de Zimbabwe con dos leones cogidos del rabo (yo les cogía a ellos, no al revés; no nos confundamos). Y viví para contarlo.
La experiencia se puede vivir en el Antelope Park, una reserva privada cerca de la localidad de Gwero, al sur de Zimbabwe, dedicada a la cría de leones y mejora genética de la especie para reintroducirlos luego en espacios salvajes donde están en franco retroceso.
Para financiar la investigación y el mantenimiento de unas instalaciones costosas en las que hay ya más 120 leones en diversas fases de crecimiento y en enormes espacios abiertos pero vallados ofrecen a los visitantes alojamiento y diversas actividades en torno a la fauna salvaje. La más famosa y sorprendente es la posibilidad de caminar al amanecer por las praderas que rodean el río Ngamo con dos o tres leones juveniles de no más de un año y medio de edad. Los leones son ejemplares que o bien quedaron huérfanos o vienen de otras reservas. Desde muy pequeñitos se les acostumbra al contacto con humanos hasta tal punto que los dos con lo que yo pasee creen que Dan Matthews, uno de los responsables del proyecto, es su madre; y que el resto de cuidadores y turistas que por la mañana pasean con ellos para estirar las piernas, somos el resto de su camada.
Juro que la imagen de los dos leones corriendo hacia nosotros entre la maleza cuando les abrieron la jaula y los siguientes cariños y lametazos que prodigaron a Dan, felices por volver a verlo, no se me olvidará en la vida. Vale que son dos cachorros de un año de edad, pero verlos venir hacia ti te deja helado: pese a su edad tienen unas garras y unos dientes que te pueden partir en dos sin contemplaciones. Sin embargo están encantados del roce mañanero con “su familia”, se dejan acariciar, juegan contigo y les gusta que les agarres del rabo mientras caminas a su lado.
En la actualidad tienen cuatro leones destinados a esta actividad en el Antelope Park. Cuando cumplen un año y medio y empiezan a ser peligrosos, vuelven a la reserva para integrarse en alguna camada. Serán unos leones más, sin mayor problema de adaptación, solo que ellos nunca podrán ser devueltos a la vida salvaje porque al estar habituados al contacto con humanos podrían ser potencialmente peligrosos para las poblaciones locales.
Es un mal menor si con el dinero que ellos logran recaudar puede seguir adelante un proyecto innovador y muy necesario para proteger al león africano. Como Dan Matthews me explicaba: “En los últimos 50 años ha desaparecido el 90% de la población de leones en África. Queda el mismo número de leones que de rinocerontes. Sin embargo todo el mundo habla de salvar al rinoceronte, pero nadie habla de salvar al león”.
Además de la caza furtiva y la pérdida de espacios donde vivir, uno de los mayores problemas de la especie es la cosanguineidad. Las diferentes camadas viven en territorios-isla sin contacto entre sí y los genes no se renuevan. Por eso en el proyecto de Antelope Park cruzan leones del Cabo, leones del Zambeze y leones de la sabana para engendrar ejemplares de sangre renovada que una vez devueltos a la vida libre renueven la especie.
Aún sigo alucinado por el paseo. Fue una bonita historia de amor, cogidos por... el rabo. ¡Toda una experiencia para quienes amen a los animales y la vida salvaje!
PD: Estoy en Zimbabwe preparando el viaje que organizo a primeros de septiembre por África en camión con Cadena Ser Viajes. Visitaremos este lugar y otros más de Zimbabwe y Botswana.






