El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

Sobre el blog

Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

paconadalsl@gmail.com

Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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30 nov 2008

Yo también quisiera una casa así

Por: EL PAÍS

"El océano Pacífico se salía del mapa.
No había dónde ponerlo. Era tan grande,
desordenado y azul que no cabía en ninguna parte.
Por eso lo dejaron frente a mi ventana"
(Pablo Neruda. Fragmento de "Una casa en la arena")
(Vista de Valparaíso y su puerto desde La Sebastiana, la casa que Neruda compró en Valparaíso en 1961 junto a sus amigos Francisco Velasco y María Martner. Él se quedó con una parte y la pareja con otra. Desde los cinco pisos de que consta la vivienda se disfrutan estas insuperables vistas de la bahía y del desordenado océano Pacífico. La casa es ahora un museo sobre su vida y obra.)
¡Tú si que sabías vivir bien, Ricardo Neftalí!

29 nov 2008

Las ventanas de Valparaíso

Por: EL PAÍS

Confieso que me ha sorprendido Valparaíso. Nunca había estado en la tercera ciudad más poblada de Chile y no la imaginaba así. Desde lejos da la sensación de que llegas a Río de Janeiro o a Sao Paulo porque Valparaíso parece una inmesa red de favelas que tapiza por completo los 42 cerros sobre los que se asienta.
Pero una vez que entras en este laberinto de cuestas y miradores, de calles adoquinadas y elevadores mecánicos, te percatas de que no son favelas sino mansiones neoclásicas, palacetes afrancesados o simples viviendas familiares. Valpo es una ciudad hecha en tres dimensiones, en donde no se camina, se escala.
Hay un aroma portuario de hierros oxidados, de colores vibrantes, un mar de tejados que se solapan y superponen, como un tetris de ladrillo y hormigón crecido sin orden ni concierto, pero cuyo ordenado caos mereció el galardón de Patrimonio de la Humanidad .
Y sobre todo hay ventanas, miles de ventanas. Ojos que te miran sin parapedear. Vanos de todo tipo y condición tras los que nunca parece haber nadie, espacios vacios surcados por kilómetros de cables, por tendederos de ropas que huelen a jabón de sosa, ventanas viejas de hierro repintado a mano mil veces con persianas y cortinas que llevan lustros en la misma posición, son moverse un ápice. Fachadas de planchas de chapa vencida por las humedades del Pacífico a las que hiladas de tachuelas atan al esqueleto de los edificios como una coraza antidiluviana.
Las ventanas de Valaraíso te miran de forma anónima, misteriosa, y ocultan los secretos de una ciudad que fue la entrada por mar a América del Sur y que hoy vive aún sin despertar de un letargo de siglos. Valparaíso tiene un poco de Lisboa, de Oporto, de Río, de Bahía. Pero no se parece a ninguna en realidad. Porque en el fondo es una ciudad irrepetible, de una decadente belleza, que te enamora o te repele, pero nunca te deja indiferente.

27 nov 2008

De copas por el barrio de Neruda

Por: EL PAÍS

Uno de los barrios que más me gustan en la noche de Santiago es el de Bellavista. Pablo Neruda tuvo una casa aquí, que se visita ahora como museo. Son calles pequeñas, de ambiente bohemio, con casitas bajas de una o dos plantas construidas en los años cincuenta y con mucho arbolado. Y un motón de baretos y restaurantes de todo tipo que montan terrazas en la calle en cuanto llega el buen tiempo. La última vez que estuve en Santiago, hace ya diez años, la zona de moda era la calle Suecia, en Providencia, pero ahora me dicen que se ha vuelto un tanto lumpen y peligrosa.
Bellavista sin embargo nunca defrauda. Anoche quedé a cenar allí con Nicolás López, el niño prodigio del cine chileno. Y cuando digo lo de niño no es un recurso fácil de periodista cascado, es que con 10 años rodó su primer corto y con 12 publicaba una columna en el diario El Mercurio, el de mayor tirada en Chile, en la que narraba sus experiencias un tanto traumáticas como niño gordito, con gafas y al que no le gustaba el deporte en una clase llena de cabrones despiadados (¿por qué los niños hemos sido siempre unos cabrones despiadados con nuestro prójimo?).

Aunque después de conocerlo creo que los compañeros se metían con él no por gordo sino por pesado. ¡joder, habla por los codos, sin parar! Un mano a mano entre él y Fraga sería demoledor. Pero como es de esos monólogos inteligentes, que te enganchan, porque el tipo tiene una cabeza muy bien amueblada y sabe de cine más que Garci y su cigarro, pues lo dejas ir y asistes embelesado a una clase gratuita y magistral de artes visuales hasta las tantas de la madrugada.
Tiene un toque entre Alex de la Iglesia y Santiago Segura (de los que es colega, por supuesto) y es hoy por hoy el directo de cine chileno con más proyección de futuro.
Acaba de estrenar en España "Santos", una peli con Elsa Pataky, Willy Toledo y Leonardo Sbaraglia que (y esto es frase literal suya) "no ha ido mal de taquilla, ha ido peor" (sobre esto Nicolás tiene una particular visión del gusto cinematográfico de los españoles, que odiamos a los EEUU pero luego nos tragamos todos los bodríos cinematográficos que produce Hollywood).
El caso es que fue una velada de los más interesante. El chico tiene 25 añitos, se codea con Guillermo del Toro y Tarantino y lo llaman de Hollywood para rodar, cosa que él rechaza porque dice que solo rueda en Chile. Con dos cojones.
En la cena estuvo también Francisca Valenzuela, una cantante pop-rock que en Chile es toda una revelación (digamos que es la Julieta Venegas nacional) aunque en España todavía no se la conoce. Acaba de grabar una canción para un disco homenaje con Serrat.
Bueno, pues otra que tal. Tiene 21 insultantes años. Toca el piano, compone sus propias canciones, ya tiene un disco publicado ("Muérdete la lengua"), es bilingüe (bueno, esto es menos mérito porque nació en San Francisco, de padres chilenos), y con 11 años publicó un libro de cuentos avalado por Isabel Allende, que la prologó. ¿De donde salen todos estos jóvenes genios en este país alejado de todo? ¿Es por el pisco sauer? ¿O por los vientos gélidos que bajan de los Andes? Jesús, que depresión. Con estos currículos a uno le entra una sensación de tercera edad que no veas.

Como la luz del restaurante es escasa, le pido a Francisca que salga a la luz de una farola para hacerle unas fotos. Es muy alta y atractiva, de rasgos afilados, sonrisa de niña, largas piernas y una piel tan clara como la de una muñeca de porcelana. Cuando estamos en plena sesión aparecen unos perros callejeros y se encaprichan con ella. Disparo la cámara sin cesar, mientras me viene a la mente la bella y la bestia o Alicia en el país de las maravillas. Francisca sonrie, los perros bailan a su alrededor y yo disparo pensando que estoy en un sueño... o que el segundo mojito de apio ha empezado ya a hacerme efecto.

27 nov 2008

La ciudad de las mil caras

Por: EL PAÍS

Santiago de Chile es una ciudad rabiosamente moderna. Unos dicen que se parece a Los Ángeles; otros que es una ciudad sin personalidad y los más (entre los que me incluyo) pensamos que lo que tiene sus muchas personalidades, muchas ciudades en una sola.
Pero sobre todo tiene una terrible capacidad de absorver nuevas tendencias, tecnologías de vanguardia. No por casualidad es uno de los países con mayor porcentaje de móviles por habitante (17 millones de aparatos para 15 millones de habitante) y donde antes y más rápido se ha instalado el Iphone. Como viven en el en el culo del mundo (con perdón, por el mundo) son coscientes de que esas nuevas tecnologías y esos nuevos vehículos de intercambio de comunicación les pueden resituar más cerca del centro del planeta (aquí todo Dios está en Facebook, es alucinante).
Pasear por los nuevos barrios de Santiago es como pasear por Manhattan, por Hong Kong o por Singapur, pero a escala más humana, claro. El país no tiene más de 200 años de edad y el centro histórico de la ciudad es de hace 60 años. Por eso lo nuevo, lo vanguardista es lo que va dando forma a la nueva ciudad.
Ayer estuve paseando por el barrio de Alonso de Córdova, uno de los rabiosa moda, lleno de galerias de arte, tiendas muy fashion para gente joven (los dos bollicaos de la foto los encontré tras el mostrador de una tienda de gafas) y de restaurantes de cocina de fusión.
Luego estuve con Isabel Aninat, la pionera del galerismo de arte contemporaneo en Chile, descubridora de muchos jovenes talentos sudamericanos y la primera además que decidió mudarse a este barrio, cuando aún no era más que un sitio aburrido y residencial.
Tras ella llegaron docenas de nuevas galerias, entre otras la de Patricia Ready, otra histórica del arte, que ha abierto justo enfrente un pedazo de galería con restaurante, tienda y sala de proyecciones que más parece un centro de arte moderno que una galería privada.
Todo esto se cuece ahora mismo en Santiago. Lo más "in" con lo más tradicional. Porque puedes darte un atracón de modernidad por la mañana pero irte por la noche a Bellavista, el barrio bohemio, el de Neruda, y encontrar el mismo ambiente latino y casi mediterráneo de siempre, de gente joven y no tan joven en la calle hasta las tantas bebiendo pisco sour (la bebida nacional, hecha con pisco, un aguardiente; anoche cayeron varios, confieso) o un "coctel para chicas", una modernidad del restaurante Amorios (que llevan dos actores chilenos muy conocidos aquí, Benjamín Vicuña y Gonzalo Valenzuela) que ofrece una carta de cócteles solo para mujeres.
Si eres un tiarrón pelo en pecho pero muestras tu lado más femenino, tambien te sirven. Yo lo hice y me tomé un mojito de apio insuperable. El cocte más original de mi vida, os lo aseguro.
Lo que me gustaría es que pese a las vanguardias, Santiago siga conservando identidad local y no acabe siendo otra yanquilandia. Seguro que los chilenos no lo permitirían.

26 nov 2008

Desde Santiago.... de Chile

Por: EL PAÍS


Hola. Acabo de aterrizar en el aeropuerto de Santiago de Chile después de 14 horas de vuelo que me han sabido a poco. Cosa rara, esta vez iba en clase Business?. ¡y hay diferencia!, ¿eh? Cuando sea mayor quiero ser rico para viajar siempre así.


Santiago luce radiante esta mañana. La primavera austral ha llegado y los cerros que rodean la ciudad, algunos de más de 5.000 metros de altura, funden ya las últimas nieves. Lo hemos visto bien desde la ventanilla del avión. Una panorámica soberbia de los Andes mudando la piel blanca del invierno por la costra dura y marrón que los envolverá durante estos próximos meses de sequía.

Flota en el aire un ambiente de alegría, de desperezo tras un largo invierno. Apenas me ha dado tiempo a llegar al hotel, pero las terrazas del barrio de El Golf o los paseos de la Costanera que he visto desde la ventanilla del taxi están llenos ya de gente en ropa veraniega, con ganas de disfrutar la inminencia de buen tiempo. Este viaje promete.

Por cierto. Olmo, tienes premio aunque no quise reconocerlo antes, porque me pillaste demasiado rápido. Concha, tienes razón, hice una pequeña trampa, lo siento; veía que me descubrías a la primera y jugué al despiste?. Entono el mea culpa y prometo escribir en la pizarra cien veces: no despistaré con las pruebas, no despistares con las pruebas,?.. jejeje. Besos a todos. Continuará.

24 nov 2008

La laguna mágica

Por: EL PAÍS

Siempre que vengo a Murcia o a Cabo de Palos me suelo alojar en la vieja casa familiar que mi abuelo compró en los años 40 en Los Urrutias, a orillas del Mar Menor, una laguna costera de agua salada separada del Mediterráneo por una manga de arena de más de 25 kilómetros de longitud.
En el Mar Menor la luz tiene ese matiz cegador de cielos remotos y diáfanos que solo se ven en los confines del planeta. El cielo, a su vez, es una caja de vientos, vientos bonancibles y somnolientos. Vientos húmedos cargados de añoranzas grises cuando soplan de Levante y arrancan pequeños remolinos blancos al oleaje. Vientos dorados, de tarde plomiza de agosto, de calígine bochornosa que cubre la laguna con un sopor cansino cuando suspiran de leveche. Vientos que ralentizan el tiempo y zarandean los recuerdos de los habitantes de esta laguna salada, que más que un mar chico es un espejo de frontera, donde se mestizan atardeceres de almagre, siestas de silencios, tardes de invernal melancolía, baños de azul luminoso, noches de azahar y romero.
Es mi retiro secreto. El lugar en el que me siento feliz entre viaje y viaje. La laguna mágica en la que pasé todos los veranos de mi niñez y en la que no me importaría pasar los de mi retiro. Pero para eso queda mucho, ¡espero!
El curso de buceo ha acabado y estoy de vuelta en Madrid. Tengo poco más de un día para deshacer una maleta y preparar la siguiente. Parto otra vez y a un destino que me apetece mucho porque no he vuelto por allí desde hace mucho tiempo.

20 nov 2008

El naufragio del Sirio

Por: EL PAÍS

De todos los grandes barcos que naufragaron frente a las costas de Cabo de Palos, uno destaca por la magnitud de su tragedia: el S.S. Sirio, un vapor-correo italiano cargado de emigrantes europeos rumbo a América que se hundió en el Bajo de Fuera en 1906.
Los restos del Sirio se encuentran ahora a unos 55 metros de profundidad, repartidos en ambas caras de esta traicionera montaña submarina. Es una de las inmersiones estrella de Cabo de Palos. Nos hemos sumergido en su búsqueda.
Entro en las bodegas de la nave a través de un boquete de la cubierta y entre los contraluces azulados de este laberinto de hierros me parece escuchar aún las voces de los casi mil pasajeros que reían, hablaban, comían o sesteaban en este mismo espacio a las cuatro de la tarde del 4 de agosto de 1906, el momento preciso en el que el barco, en ruta regular entre Génova y Sao Paulo (Brasil), embarrancó en el bajo de Fuera.
Ese día reinaba una calma chicha en el litoral murciano. El mar estaba al plato y la visibilidad era total. El Sirio, un vapor de dos chimeneas, 115 metros de eslora y 13 de manga, construido en Glasgow en 1883, había partido de Génova dos días antes en dirección a Barcelona, donde recogió a 94 emigrantes españoles en busca de un futuro mejor en América.
De allí salió el día 3 por la tarde en dirección a Cádiz. Oficialmente viajaban a bordo 765 pasajeros y 127 tripulantes. Tras la comida, el capitán Piccone, un veterano con 46 años de servicio que pensaba retirarse después de este viaje, decidió echarse una siesta y dejó el mando, supuestamente, al tercer piloto, un oficial inexperto. Los habitantes de Cabo de Palos y los tripulantes de algunas barcas que faenaban en la zona vieron aproximarse las dos chimeneas del Sirio en una derrota extraña, demasiado cercana a tierra.
De repente, un bramido agónico rompió el letargo del agosto murciano. El Sirio, lanzado a 15 nudos de velocidad, acababa de incrustarse en la cabeza del bajo de Fuera. El buque avanzó aún unos metros, mientras la roca desgarraba sus entrañas y las planchas retorcidas mataban en el acto a los operarios de la sala de máquinas. La nave quedó literalmente clavada en la roca, con la proa fuera del agua y la popa sumergida. Tras unos segundos de silencio angustioso, el escenario se lleno de ruidos: el griterío de los supervivientes, el crujir de la estructura del buque, el silbido del vapor escapando por todas las grietas... Pero el barco no se hundió.
Quedó así, clavado, en una posición casi ridícula, con la proa al aire y la popa bajo agua hasta que 16 días después un temporal de levante lo mandó al fondo del mar. Pese a todo, pese a las excepcionales condiciones del día, pese a estar a sólo cinco kilómetros y medio de la costa y el rápido auxilio de algunas embarcaciones que faenaban en las cercanías, perecieron en el accidente entre 440 y 500 personas, según diversas fuentes. ¿Qué pasó en el Sirio? ¿por qué tanta mortandad? ¿Por qué navegaba tan cerca de la costa?
Pues como siempre suele ocurrir, por un cúmulo de despropósitos. Los primeros en ponerse a salvo en un bote fueron el capitán Piccone y toda la tripulación, que abandonaron al barco y al pasaje a su suerte. Si ellos hubieran puesto calma en esa situación se habría salvado la mayoría. Los pasajeros empezaron a lanzarse al agua temiendo que el barco se hundiera en cualquier momento, pero en 1906 muy pocos sabían nadar. Las mujeres llevaban pesadas ropas que las mandaban directamente al fondo, como plomadas. Además había docenas de niños a bordo, porque entonces se emigraba en familia. Hubo peleas y asesinatos entre los que trataban de lograr un hueco en los escasos botes salvavidas que pudieron ser arriados. Por eso le llaman el Titanic del Mediterráneo.
Pero la clave de la tragedia la desveló meses más tarde una comisión de investigación italiana. El Sirio, como otros muchos barcos de pasajeros de la época, recogía emigrantes clandestinos a lo largo de la costa, una práctica habitual en aquellos duros años de la emigración europea al Nuevo Mundo donde los más pobres sólo podían viajar en pésimas condiciones hacinados en las bodegas tras un soborno a la tripulación. Esa fue la razón de que el Sirio navegara en una derrota que no era la suya: buscaba pasaje ilegal en algún puerto murciano, casi con seguridad, en Águilas.
Tras el hundimiento, el barco se partió en dos. La proa se fue al fondo por la ladera sureste del bajo, mientras que la popa rodó por la ladera opuesta de la montaña submarina, donde reposa aún a unos 50 metros de profundidad, acostada sobre la amura de estribor. Un agujero de la cubierta permite acceder a la bodega y ver los váter de porcelana blanca de los camarotes de primera clase, con una curiosa manivela que accionaba la cisterna, y varias de botellas de vino y champán medio enterradas en el lodo que por desgracia nunca sirvieron para brindar por una nueva vida en América.
Quienes ahora se rasgan las vestiduras por la cantidad de emigrantes que viene a nuestro país y se preguntan cómo tiene la osadía de meterse en una patera para cruzar el Atlántico deberían de tener un poco más de memoria y acordarse de que, hasta no hace mucho, éramos nosotros, los españoles, los ricos y prepotentes europeos, los que nos metíamos en pateras en busca de un futuro mejor en América.

18 nov 2008

El cementerio de los barcos

Por: EL PAÍS

Basta con sumergirse una sola vez en cualquier punto del planeta para tomar conciencia real de hasta qué punto están esquilmados nuestros mares. No os lo podéis imaginar. He visto mares vacíos como un desierto en Madagascar, en Tailandia o en la Costa del Sol. Da igual. Por culpa de la sobrepesca hoy es más fácil ver un atún en la barra de un bar que nadando libre en el fondo del mar. Por eso es tan importante la creación de reservas marinas. Son una especie de zoológico submarino (¡a eso hemos llegado!), pero sin rejas, donde está prohibida la pesca, para que las especies autóctonas se reproduzcan y regeneren la zona circundante.
La reserva marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas es una de las mejor conservada y más ricas del Mediterráneo. Puedes bucear entre grandes bancos de barracudas (la foto superior) o ver enormes meros, dentones, abadejos, túnidos y con suerte, algún marrajo. Por eso es un lugar codiciado por los buceadores.
Pero a otros nos gusta sumergirnos en Cabo de Palos no solo para ver peces de colores: es también uno de los lugares con mayor concentración de barcos hundidos del Mediterráneo. Una especie de cementerio marino en el que reposan naves de todas las épocas.
La reserva está formada por varios bajos (montañas submarinas) cuyas cabezas llegan hasta unos 5 metros de la superficie. Cuando se navegaba a cabotaje, es decir, cerca de la costa, estas agujas de roca eran una trampa mortal para los navíos.
En ellas han encallado desde galeras romanas a grandes mercantes del siglo XIX y barcos de vapor llenos de emigrantes que iban a América. Por si fuera poco, en la I Guerra Mundial hubo un famoso submarino alemán de la clase U35 que se pasó varios meses en esta agua hundiendo toda cosa que flotara y que no llevara el pabellón alemán. Pecios como los del Stanfield, el Carbonero, el North América o el Minerva son míticos para los aficionados al submarinismo de medio mundo. En esta web tenéis mucha información sobre esos naufragios

El problema es que casi todos esos barcos están entre 50 y 100 metros de profundidad. Demasiado para bajar con aire comprimido en la botella, porque a las presiones que se alcanzan a esas profundidades empieza a ser mortal. Por eso se bucea con una mezcla de nitrógeno, oxígeno y helio, el famoso trimix, menos dañino a esas cotas aunque requiere de un equipo y una preparación más complejos.
(hubieramos preferido hacer la mezcla con ron Matusalem y coca-cola, pero todo no puede ser)
Mañana nos sumergimos en el más famoso de todos los barcos hundidos en Cabo de Palos, el Sirio. Os contaré en el próximo post por qué le llaman el Titanic del Mediterráneo

17 nov 2008

El faro de Palos

Por: EL PAÍS

Decía Álvaro Cunqueiro que el faro que más amó fue el primero que vio de niño en las tardes de verano en el mar de Foz: el faro de Tapia de Casariego. A mí me pasa igual. El primer faro que vi en mi vida fue éste, el del Cabo de Palos, que avisa a los navíos de un muñón de roca que se adentra en el Mediterráneo en un extremo de la laguna del Mar Menor, en Murcia.
Y ya se sabe, el primer faro es como el primer amor, nunca se olvida.
Parece como si esTe fuste de piedra solitario y altanero, clavado como un estilete sobre el tejado del enorme edificio cuadrangular que lo sustenta, llevara allí toda la vida, vigilándonos pero también deleitándonos con su porte majestuoso, desde que Palos era Palus, en época de los romanos, y desde que las naves fenicias lo doblaban con respeto y temor. Desde entonces no he gozado de otro espectáculo visual más gratificante que el de la luna llena de agosto cuando emerge por detrás del faro de Palos y éste se transforma en una silueta a contraluz de cuyo penacho parpadea con una cadencia cíclica e inalterable la luminaria de su linterna, ?gran látigo de luz que los faros lanzan sobre la piel del mar en las horas de la tiniebla nocturna?, y cito de nuevo a Cunqueiro.
Frente al faro se encuntra la Reserva Marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas, uno de los mejores lugares de inmersión del Mediterráneo. Y aquí sigo, con el curso de bueo. De momento no nos hemos sumergido porque había que preparar equipos, mezclas de gases, etc. Espero colgar las primeras fotos submarinas en el próximo post.


16 nov 2008

En ocasiones veo tiburones

Por: EL PAÍS

Acabo de llegar a Cabo de Palos, en Murcia. Voy a estar aquí una semana haciendo un curso de buceo técnico con trimix. El buceo es otra de mis grandes pasiones y siempre que me preguntan por qué respondo lo mismo: es la manera más cercana que tiene el ser humano de volar como un pájaro, de sentir la ingravidez mas absoluta. Es el silencio perfecto, la trasgresión de la última frontera. En superficie, todo está absolutamente cartografiado e inventariado. Bajo el mar, sin embargo, más allá de los 80 metros de profundidad todo nos es aún desconocido. Tres cuartas partes de nuestro planeta están bajo el agua y aún sin explorar.
Os iré contando más cosas de Cabo de Palos y el buceo en el Mediterráneo a lo largo de esta semana. Pero como aún no tengo fotos se me ha ocurrido poneros ésta, que obviamente no es de Cabo de Palos.
La tomé grabando un documental en las islas Galápagos. Es un cardumen de varios cientos de tiburones martillo. Bucear con tiburones es la expriencia más adrenalínica que existe. Y una vez que la pruebas, engancha; vamos, que luego si no hay colmillos cerca hasta te resulta aburrida la inmersión.
Los tiburones martillos son muy difíciles de filmar porque son muy esquivos y viven en profundidad. Lo he intentado en muchos mares, pero siempre pasa igual: te quedas inmóvil en el azul, a unos 40 o 50 metros de profundidad, esperando; de repente aparecen a los lejos, difuminadas en la negritud azulada, las siluetas de varios de ellos, pero cuando intentas acercarte se hunden y se alejan sin que puedas seguirlos.
Sin embargo en Galápagos es diferente. La fauna de superficie de estas maravillosas islas es famosa porque al no tener depredadores nunca huye cuando te acercas; y bajo la superficie ocurre igual. Nunca he visto a tanto tiburón junto y tan confiado. La imagen es un fotograma extraído del vídeo. Lo rodé con mi compadre Paco Salinas en la isla de Wolf. Los tiburones nos dejaron cruzar entre ellos, posicionarnos en un punto más bajo y filmar a contraluz, que es como mejor se aprecian las siluetas de estas extrañas criaturas. Parece un enjambre de espermatozoides en una placa de cultivo.
Por cierto, para los no iniciados. El trimix no es una anfeta ni una pastilla tipo éxtasis (que alguno ya estaría pensando mal, ¿eh?). Se trata de bucear con una mezcla de gases diferentes al aire comprimido que permiten alcanzar mayores cotas de profundidad de una manera más segura.
Continuará.

El País

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