El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

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Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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31 dic 2008

La increíble historia del Vasa

Por: EL PAÍS

Una de las historias más increíbles y sorprendentes que jamás he oído es la del Vasa, el antiguo barco de la marina real sueca. En 1621, Suecia se encontraba en hostilidades contra Polonia, dentro de la Guerra de los 30 Años entre católicos y protestantes. El rey sueco Gustavo Adolfo II ordenó construir la que sería la nave de guerra más grande y poderosa de su tiempo para asegurarse el control del Báltico y dar un escarmiento a los pérfidos católicos polacos.
El Vasa tardó ocho años en construirse en unos astilleros cerca de Estocolmo, pero en el último momento la soberbia del rey obligó a añadirle un puente más y otra doble fila de cañones, para aumentar su capacidad de fuego, pese a los avisos de los ingenieros de que un barco no era un sandwich y no se le podía añadir capas al libre antojo.
El Vasa, el orgullo de la marina real sueca fue botado el 10 de agosto de 1628. Aquella mañana apenas soplaba una suave brisa. Aun así y cuando todavía no había navegado ni unas millas dentro del fiordo donde está la actual Estocolmo, el Vasa viró sobre un costado, volcó y se hundió con más de 300 hombres a bordo. Fue la gran verguenza nacional sueca.

Pero no acaba aquí lo fascinante de la historia. Más de 400 años después, un arqueólogo e historiador aficionado sueco, Anders Franzén, obsesionado con todo lo relativo a este barco, descubrió que en la bahía de Estocolmo, por una conjunción de casualidades de salinidad, temperatura y composición mineralógica, el agua no crea parásitos xilófagos, los que corrompan la madera. Es decir, que a diferencia de cualquier otro lugar, un trozo de madera sumergido aquí no desaparece en poco tiempo. ¿Y si el Vasa estuviera entonces ahí abajo, enterrado en fango, pero intacto?, se preguntó.
Sin ayuda oficial, con una barca, una sonda y mucha paciencia, en 1956 encontró el lugar exacto del hudimiento del Vasa. El desarrollo de los acontecimientos fue largo y apasionante (teneis completa la historia del hundimiento y el hallazgo en esta web), pero resumiendo: el 21 de julio de 1961, el Vasa emergió completo y casi intacto de las aguas de la bahía de Estocolmo. ¡El único navío de guerra del siglo XVII que nos ha llegado tal cual a nuestros días!. El resto que conocemos (como el Amsterdam, que está en el Museo Marítimo Holandés) son copias.
Hoy el Vasa se exhibe en su propio museo, contruido para albergarlo a las afueras de Estocolmo. Y es una de esas imprescidibles visitas que nadie que fuera a Suecia debería de dejar pasar. Y menos aún quienes, como me pasa a mi, se sientan fascinados por el mar, los barcos, la historia y la arqueología.

28 dic 2008

Ligar en una aldea-templo

Por: EL PAÍS

La idílica población de la foto de arriba se llama Gammelstad y está a unos 25 kilómetros de Luleå, en la Laponia sueca. Gammelstad está considerado el mejor ejemplo de aldea-templo del norte de Escandinavia.
Antiguamente, la población de este lejano norte de Suecia vivía diseminada en granjas de difícil acceso, sobre todo en invierno. La iglesia era el centro de reunión social de la comarca y las celebraciones religiosas, casi la única posibilidad de relacionarse para la dispersa población. Pero llegar a la iglesia no era nada fácil y a veces el viaje de ida y vuelta implicaba más de un día. Por eso en torno a los principales templos fueron surgiendo poblados que se utilizaban para alojar a los feligreses durante esas concentraciones.
Solo en Suecia llegaron a existir 71 de estas aldea- templo, aunque solo quedan en pie 16 de ellas. Gammlestad es la más grande y mejor conservada de todas, con más de 400 casitas de color rojo rodeando la bella iglesia del siglo XV.
Las fiestas religiosas eran también la ocasión para celebrar mercados, bailes y reuniones sociales que permitían a los jóvenes conocerse y buscar novio o novia. Eso sí, todo muy casto, porque las normas de moral en la aldea eran muy estrictas (vamos, que de botellón y after hours hasta el amanecer, nada de nada). Además, las viviendas de la aldea-templo solo podían utilizarse los domingos y fiestas de guardar. El resto del año, cada uno a su casa con sus renos? ¡y sin messenger ni facebook ni SMS con el que comunicarse hasta la siguiente misa!
Y aún hay quien piensa que ligar ahora es difícil

25 dic 2008

Cosas que hacer en Laponia

Por: EL PAÍS

Repasando las fotos del último viaje a la Laponia sueca, entre Lulea y Kiruna, encontré también estas otras imágenes. Y es que aunque parezca un territorio frío e inhóspito, hay un montón de cosas que hacer en este remoto norte de Suecia. Por ejemplo....
... un baño fresquito en la estela abierta por un rompehielos....
... un paseo en motonieve por la tundra helada....
... o un paseo en bicicleta bajo el crepúsculo boreal. ¿Quién dijo que el frío es aburrido?

23 dic 2008

Navidades en el lejano norte

Por: EL PAÍS

Me gusta viajar a las capitales escandinavas en pleno invierno. Aunque la lógica incita a pensar que el frío y la oscuridad serán los dueños de las calles, ocurre todo lo contrario.
Tanto Estocolmo (en la foto de arriba), como Oslo o Helsinki reviven en cuanto llegan las primeras nieves. Son ciudades que se crecen con el frío, que se gustan más a sí mismas con un metro de nieve.
Con la caída de los primeros copos todos sus habitantes parecen echarse a la calle a la vez mientras la ciudad se llena de luces cálidas y adornos navideños. Calles blancas, puertos llenos de témpanos, escaparates de diseño, restaurantes coquetos con luces ténues, velas y buena gastronomía... A los escandinavos le encanta disfrutar del aire libre cuando el termómetro marca 15 grados bajo cero. Pasean por los parques, viajan en trineo o motonieve hasta sus cabañas en los bosques cercanos para pescar o pasar la Nochevieja, patinan en los lagos helados...
Helsinki, Oslo, Estocolmo. Las tres conjuran con la luz y el color de sus espectáculos la oscuridad invernal que las rodea. Y lo hacen de una forma que te enamora.
Por cierto, esta foto es de la auténtica oficina de Correos de Papa Noel en Rovaniemi, en la laponia finlandesa. Aunque parezca mentira, aquí se reciben miles de cartas a Papa Noel procedentes de todo el mundo; incluso aunque en el destinatario ponga solo "Papa Noel, Laponia" (en español, en chino o en arameo)... ¡llegan!
Un grupo de trabajadores ataviados "ad hoc" se encargan de contestar a muchas de ellas. ¡La eficiencia nórdica no tiene límites!

21 dic 2008

¡Nieve para ponerse las botas!

Por: EL PAÍS

Aprovechando que el jueves estaba en Granada me he quedado este fin de semana a esquiar en Sierra Nevada. Parafraseando a Forges: "Gen'santa, cuanta nieve". Hacía años que no veía la sierra tan cuajada de blanco. ¡Una pasada! Después de los dos últimos años de sequía blanca, esta temporada es para ponerse las botas (metafórica y literalmente).
Han sido unos días espectaculares. Tiempo luminoso y soleado, algo de viento pero sin pasarse, buena temperatura.... ¡y no demasiada gente!, cosa que en Sierra Nevada sí que es noticia. Lo de la crisis debe de estar haciendo efecto.
Me gusta subir hasta el collado de la Carihuela, en la zona alta de la Laguna de las Yeguas, donde te deja el último remonte. Antes subía mucho por aquí, cuando venía con los amigos a escalar el Mulhacén o la Alcazaba; solo que entonces nos lo ganábamos a golpe de bota y crampón desde Pradollano y no sentados en un telesilla (¡nos estamos aburguesando!).
Desde el collado y si el día está claro, como en esta ocasión, se divisa África, allá muy a lo lejos, detrás del manto de nubes que suele cubrir el Estrecho. Una fila de picos negros en diente de sierra, detrás del cual se abren todas las promesas, todos los misterios y todas las miserias del continente africano.
Hacia el norte se veía la cima del Mulhacén, el techo de la península. Y me acordé de una de las leyenda que circulan por Las Alpujarras. Cuando murió Muley-Hacén, el penúltimo rey moro de Granada, padre de Boabdil el Chico, la favorita de su harén, Soraya, trasladó su cuerpo hasta la cima de las montañas nevadas que rodeaban la ciudad y le enterró allí, ante la más hermosa vista de la tierra que amó.
Por eso la punta cimera de Sierra Nevada lleva su nombre, Mulhacén. Desde tan privilegiada atalaya, Muley-Hacén seguiría viendo los crestones afilados de la Alcazaba y el Veleta, que se vuelven de oro cuando el último rayo de sol se acuesta sobre sus paredes; las vegas granadinas, verdes y lujuriosas, arañando protagonismo al desierto de Guadix y los pueblos blancos de las Alpujarras, escalonados de manera imposible sobre las laderas, como terrazas de pizarra y yeso. ¿Habrá mejor lugar en el mundo que éste para afrontar la eternidad?
En cuanto al esquí, lo habitual en Sierra Nevada. Por la parte positiva: dominio esquiable amplio comparado con el de otras estaciones españolas, pistas largas y con buenos desniveles para esquiadores expertos, buen tiempo, animado apreski.
Por la negativa, también lo de siempre: remontes obsoletos y muy lentos, pocos puntos de restauración en pistas y unas colas memorables en temporada alta, aunque este fin de semana, repito, se veía menos gente de la habitual para estas fechas. Será la crisis.

18 dic 2008

Teruel ¿existe?

Por: EL PAÍS

Ya lo creo que existe. La semana pasada, al menos, estaba ahí. Me hubiera emocionado entrar en Teruel en bicicleta, pero tengo que reconocer que el último día de la excursión por la vía verde cayo tal manta de agua que hasta las ranas iban con paraguas.
Pero da igual. Teruel es interesante llegues como llegues. Pocas campañas populares han tenido tanto éxito mediático como la de ?Teruel existe?. No se si habrá merecido la pena en réditos políticos y económicos para la ciudad (ahora por lo menos hay una autopista que la comunica con Valencia y Zaragoza), pero como reclamo turístico fue todo un hallazgo.
Si vais a Teruel en un día de fiesta siempre encontrareis un montón de turistas. Y seguro que muchos llegan para comprobar el famoso, ¿existe? Pues sí, hombre, claro que existe. Lleva siglos ahí, en un altozano sobre el río Turia. Y es una ciudad deliciosa donde todas las topografías urbanas confluyen antes o después en la plaza del Torico, el escenario del teatrillo social turolense.
Los principales comercios, las tertulias, los paseos matinales, la pastelería Muñoz, los buenos bares de tapas tienen siempre como compañía a este diminuto toro, que recuerda la leyenda de fundación de la ciudad, cuando un astado con fuego en los cuernos señaló a las tropas cristianas el cerro sobre el que debían edificarla.
Y luego están las torres mudéjares, los rascacielos del medioevo. Decía Menéndez Pidal que el mudéjar es el único arte enteramente español (y es verdad, el resto, desde el románico al barroco, son importaciones de allende los Pirineos).
Pues ya sabe. Acérquese a Teruel, que existe, y además tiene las cuatro torres mudéjares más bonitas del reino.

17 dic 2008

Por el Alto Palancia en bicicleta

Por: EL PAÍS

La vía verde de Ojos Negros se puede hacer de dos maneras: cuesta arriba o cuesta abajo. Pero claro, cuando uno va con amigos machacas, de esos que llevan colgado un cartel tipo "Nasío p'a sufrir", ¿qué opción creéis que se elige?. ¡Poooor supuesto: cuesta arriba!
Esto parece que contradice lo que he escrito en un montón de reportajes, que lo bueno de las vías verdes es que no tienen cuestas. Y es cierto. No las tienen... muy pronunciandas. Porque aquellas viejas locomotoras no podían salvar desniveles de más del 4%. Pero creedme, 25 kilómetros de tirón, sin descanso, al 4% de desnivel terminan por atragantársele a cualquiera. A veces miraba hacia atrás porque parecía que alguién me estaba sujetando la rueda, y que por eso me clavaba.

La hagáis como la hagáis (os sugiero cuesta abajo, de Teruel a Sagunto, y si teneis un amigo machaca, dejarlo en casa), esta es una de las vías verdes más bonitas que conozco. Empieza en Algimia de Alfara (Valencia) y llega hasta Cella, más allá de Teruel. En total 155 kilómetros que en buena parte discurren por el valle del Alto Palancia, un río salpicado de pueblos de aromas morscos y colores levantinos, como Segorbe o Jérica.
En cada uno de ellos despunta un campanario mudéjar (en la foto, el de Jérica), rematado como todas las torres mudéjares con una filigrana de mampostería y azulejos vidriados. Se pasa por otras muchas localidades, como Barracas o la propia Teruel, por lo que puedes dormir y avituallarte sin problema. Apenas que tengas un poco de buena forma física se pueden hacer entre 50 y 70 kilómetros diarios sin problema.
La plataforma pertenece a un viejo tren minero que empezó a funcionar en 1907 para llevar el hierro de las minas de Ojos Negros, en la comarca minera de Teruel, hasta el puerto de Sagunto. Existía ya un trazado ferroviario en esta zona, el que aún hoy utilizan los trenes de Renfe, que en muchos tramos circula en paralelo y a escasos metros de la vía verde, pero como la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón, que era la que lo explotaba, le cobrara mucho por llevar el mineral la empresa minera decidió construirse su propia vía. Estuvo en funcionamiento hasta 1972.
Como todo no van a ser loas, también un palo (ya dije que este es un país de chapuzas). RENFE está dentro del patronato de la Fundación que gestiona las vías verdes. Bien, pues como en este país montar tu bici en un tren es más complejo que resolver el cubo de Rubrik, de tooooodos los trenes diarios que hay entre Valencia y Teruel solo te dejan llevar la bicicleta en el de las 18:47; es decir, que no puedes irte con tu bici en tren un domimgo o un día soleado y luego bajar por la vía verde, a no ser que pases la noche en Teruel.
Kafkiano, verdad. ¡Spain is different! Ahhh, Carmen Frei, como echo de menos la facilidad y las buenas infraestructuras para ciclistas que tenéis en Centroeuropa. A veces no sé ni cómo nos dejaron entrar en la UE. De verdad.
Imaginación para los topónimos no falta
Teneis info de todas las vías en la web de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles

17 dic 2008

Mís vías verdes favoritas

Por: EL PAÍS

Por si habéis decidido coger la bici o las zapatillas de trekking y lanzaron a la vía, os dejo algunas de las que conozco y que son muy recomendables.
1.Vía Verde del Aceite (Jaén y Córdoba)
Permite recorrer buena parte de la campiña de olivares andaluza por el antiguo trazado de un ferrocarril que unía Jaén con Campo Real. Cuenta con 3 túneles y 13 viaductos metálicos, entre ellos el que salva el río Guadajoz. Pasa por Torredonjimeno, Martos, la vieja estación de Alcaudete, Luque, Zuheros y Lucena, entre otras localidades. Longitud total: 116 km.
2. La Senda del Oso (Asturias)
Es una de las más famosas y transitadas. Y buena parte de su éxito lo debe al fantástico entorno de montaña que atraviesa. Discurre por los concejos asturianos de Santa Adriana, Proaza, Teverga y Quirós, a apenas 20 minutos de Oviedo. Aprovecha la traza del viejo tren del Teverga, un minúsculo ferrocarril carbonero construido en 1874 para acercar el mineral de los pozos de Quirós y Teverga hasta Trubia, en el valle del Nalón, donde aún resiste la siderometalúrgica que lo procesaba. Longitud total: 39 km.
3. Vía verde del Noroeste (Murcia)
Es parte del viejo tren de vía estrecha que comunicaba Murcia con Caravaca de la Cruz. La plataforma existente entre Baños de Mula y Caravaca se acondicionó como vía verde para recorrer la comarca del Noroeste, una de las más interesantes de Murcia, con paisajes duros de secano de olivo, pinos y almendros y pueblos monumentales como Cehegín y la propia Caravaca.
Longitud total: 48 km.
4. Vía Verde la Sierra Norte (Sevilla)
Parte del trazado del antiguo tren minero de la sierra sevillana se ha convertido en una de las vías verdes más naturales, ya que circula por el interior del cañón de la Rivera del Huéznar a través de uno de los bosques de galería mejor conservados del Andalucía. Se pedalea entre alisos, chopos, fresnos, olmos y un matorral denso de madreselvas. Longitud total: 15 km.
5. Vía verde del Plazaola (Navarra / Guipúzcoa)
Aprovecha la plataforma del viejo tren a vapor del Plazaola, que unía Pamplona con San Sebastián a través de los valles de Larraun y Leitzaran y que cerró definitivamente en 1958. De él decían los vecinos que fue el primer medio de transporte no racista, porque subías blanco y bajabas negro... de tanta carbonilla. La senda empieza en la misma estación de Lecumbrerri. Varios senderos de pequeño recorrido cercanos permiten completar un paseo circular por los mejores bosques de hayas del valle navarro de Larraun.
Longitud total: 40 km.

16 dic 2008

La vía verde de Ojos Negros

Por: EL PAÍS

Acabo de estar en la vía verde de Ojos Negros, un antiguo ferrocarril minero entre los monte de Teruel y el puerto de Sagunto reconvertido en carril exclusivo para senderistas y ciclistas. Para quienes no sepáis de qué va esto de las vías verdes, un poco de documentación: se trata de un programa de recuperación de líneas férreas en desuso (en España hay mas de 7.000 kilómetros!!!) para su aprovechamiento turístico.
Lo lleva a cabo la Fundación de Ferrocarriles Españoles (en la que está el Ministerio de Comercio y Turismo y otros organismos) y, la verdad, ha sido una de las inicitivas que mejor han funcionado en este sector del turismo de naturaleza (en un país de chapuzas como es el nuestro, para qué engañarnos).
De momento se han recuperado 1.700 kilómetros de vías verdes por todo el país. Se han acondicionado las plataformas, reparado puentes, desobturado e iluminado túneles... ¡Una delicia!. Las ventajas son obvias: carriles exclusivos para caminantes y cicloturistas en los que no pueden (o no deben, que luego siempre está el maleducado de turno) entrar coches o motos, por parajes de gran belleza (la mayoría eran viejos trenes mineros de vía estrecha que cruzaban zonas montañosas) y ....¡sin grandes desniveles! (esto es lo mejor) ya que las locomotoras no podían salvar cuestas con mucha pendiente.
Las traviesas de madera de las vías se han reutilizado en algunos tramos para vallar los laterales de los senderos o como postes para indicar los hitos kilométricos.
Mañana os sigo contando más.

11 dic 2008

Despedida desde el palacio de la Moneda

Por: EL PAÍS

Si hay algún edificio representativo del Chile contemporáneo es el Palacio de la Moneda, en Santiago. No es una obra de arquitectura soberbia, como otros palacios coloniales de Suramérica, ni se alza sobre basamentos precolombinos con siglos de antigüedad, como ocurre con construcciones de Perú o de México, por ejemplo.
Pero para toda una generación, en la que me incluyo, es el icono del Chile masacrado por sus propios militares, el emblema de un golpe de estado (otro más en la castigada América Latina) que acabó con el sueño de una incipiente democracia que, con todos sus errores y fracasos, trataba de crear una sociedad más justa y además emanaba de una decisión popular legítima y soberana.
Quienes en aquel lejano 11 de septiembre de 1973 teníamos ya suficiente uso de razón como para entender lo que veíamos en los telediarios en blanco y negro tenemos grabado en la retina la imágenes de aquellos aviones bombardeando el edificio que tengo detrás de mi, el Palacio de la Moneda, y de aquellos milicos vestidos de verde y armados hasta las cejas acabando a tiros con la vida del presidente electo por los chilenos, Salvador Allende.
El Chile de hoy, por fortuna, es muy diferente al de los años de plomo de la dictadura militar, cuando se hacía desaparecer y se asesinaba impunemente a ciudadanos indefensos simplemente por sus ideas políticas. Hoy Pinochet y sus secuaces son ya un recuerdo en la memoria colectiva chilena y, me da la sensación, por las conversaciones tenidas durante estos días, que hay ganas de olvidar, de pasar página, de empezar una nueva vida en una democracia real y consolidada.
Por eso me pareció importante acabar este recorrido por Chile aquí, frente al palacio de la Moneda, el icono de una represión brutal y de la resistencia de un pueblo contra quienes aún creen que la fuerza es la solución a algo. Con la ilusión de algún día no muy lejano volver a pisar las calles de Santiago, como cantaba Pablo Milanés
"Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes":
(Si quieres oir completa "Yo pisaré las calles nuevamente", de Pablo Milanes pincha aquí)

El País

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