El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

Sobre el blog

Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

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Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal estudió Ciencias Químicas, aunque lo que más le gustaba desde pequeñito era recorrer el mundo y contarlo. Al final lo consiguió y ahora le pagan por viajar. Periodista especializado en viajes, escritor y fotógrafo, colabora con la Ser y con El Viajero, además de presentar series documentales en Canal Viajar.

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Si hoy es jueves, esto es Tombuctú

Si hoy es jueves, esto es Tombuctú

El alocado diario de un periodista de viajes recoge una selección de las entradas de este blog publicadas desde sus inicios en 2008. Unas crónicas que retratan con humor los avatares de una profesión absorbente pero maravillosa -la de periodista de viajes digital- en la que hay días en que no sabes si hoy es jueves o si esto es Tombuctú

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30 ene 2009

FITUR (III) (¡y se acabó!)

Por: EL PAÍS

PERSONAJES DE FITUR
Un feria con 11.000 expositores de 170 países es como una jungla sin ley. Y en ella habitan toda suerte de seres, a cual más adaptado a este hábitat tan singular. Estos son algunos de ellos:
El coleccionista de folletos
Especimen acaparador donde los haya que no contento con las bolsas y contendores de cartón que dan aquí sale de su madriguera con la maleta de las mudanzas para cargar en ella miles de folletos de todo tipo. Siempre me he preguntado, ¿qué harán con ellos cuando llegen a casa?
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El/la sagaz periodista
Especimen muy común en Fitur, procedente de todo tipo de medios nacionales, regionales, locales y hasta parroquiales (entre los que me incluyo) al que se les puede observar fácilmente por los pasllos y esquinas de los pabellones en busca de su sustento natural: las "novedades de la feria", en una feria en la que la última novedad noticiable fue que los trenes dejaron de funcionar con carbón.
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El/la excursionista
Son el terror de los expositores. Esta especie se caracteriza porque acude a la feria como el que va de safari: armado con mochila, salacot y camtimplora... y dispuesto a olfatear hasta en el último rincón de los mostradores en busca de cualquier objeto que llevarse de recuerdo. Su pericia y obstinación son encomiables y les harán sobrevivir a cualquier cataclismo nuclear.
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El expositor solitario
El biotopo más temido de la feria. En los pabellones alrededor tuyo el resto de las especies se relacionan entre sí, intercambian información (o incluso fluidos), rien, comen, beben.... ¡y tu estás más solo que Robison Crusoe! ¡Horror! Suele solucionarse yéndose a tomar un cafe y volviendo mas tarde, a ver si para entonces la suerte ha cambiado.
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Los/las estudiantes de Turismo
Son la alegría del hábitat. Corretean felices por la feria, visitan stand con la candidez de quien va a ver a Papa Noel, dejan currículos, se hacen fotos con todo dios.... ajenas las pobres criaturas a que este mundo cruel les depara como mucho un contrato de mileuristas (eso con suerte, porque igual hasta les obligan a darse de alta como atónomos). ¡Perro mundo!
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Y mucho más... pero me duelen los pies cantidad de tanto dar tumbos por la feria y estoy, como todos los años, hasta el gorro de multitudes. ¡Me largo a casa, YA!
Hasta aquí la contracrónica de Fitur. Para ver la crónica normal de siempre, os remito a los telediarios y periódicos de siempre. A quienes me preguntan por las novedades: aquí no hay novedades, este es un mercado muy maduro, muy consolidado y no se inventa la pólvora cada mes de enero. Pero que a pesar de eso, me alegro de que se celebre FITUR, de que genere negocio, de que sus especímenes se interrelacionen y se apareen (en lo económco, no me malinterpreteis)... y que el sector esté de momento capeando mejor que otros la jo... crisis. ¡TOQUEMOS MADERA! ¡Felices viajes!

29 ene 2009

Un año más, FITUR (II)

Por: EL PAÍS

IN/ON
En respuesta a las cuestiones de Zalbo y Concha. Lo que más me ha gustado este año de FITUR... pues ver como países que han sufrido guerras o conflictos recientes, como Bosnia-Herzegovina o Colombia, están presentes aquí, tratando de promocionar el país, de hacernos ver que han superado esos traumas y que se puede viajar hasta allí sin peligros ni problemas. Son a los que da más ganas de ayudar y promocionar.
Lo que más me ha llamado la atención: el pabellón de Israel, no porque tenga ningún reparo en que estén aquí, por supuesto, solo que chocaba verlo promocionando algo tan trivial como el ocio junto a los stand de otros países árabes después de la que ha caído estos días. Quien sabe, igual el turismo, los viajes, contribuyen a generar paz.
Me ha gustado también el esfuerzo de todas las comunidades autónomas por renovar su imagen, por apostar por la cultura, la gastronomía, los museos, los espacios naturales... lejos de tópicos rancios.
Lo que menos: la cantidad de papel que se tira a la basura en ferias como Ésta.
¿Que si hay algo más aparte de oficinas nacionales de turismo y agencias de viaje? Pues algo hay, como hoteles, empresas de booking por internet, compañías aéreas, algo de turismo solidario... y poco más.
Es una feria muy pensada para profesionales, aunque el fin de semana se abre al públcio. Es un buen momento para tomar ideas de dónde ir este verano de vacaciones.
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.LAS MULATAS
Por aclamación popular y en honor a Blas, cuelgo la foto de las mulatas. Aunque reconozco que éstas iban muy tapaditas. Promocionaban nosequé discoteca en nosequé isla del Caribe... ¡que cabeza! ¿en que estaría yo fijándome cuando me lo contaron?
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DE GORRA
Como en toda feria, lo de comer y beber de gratis es una de las actividades más demandadas. Como además aquí se venden viajes y la gastronomía es una de la mejores excusas para viajar... pues eso, que los cátering no son precisamente de chopped y mortadela. Solo Dios sabe la de patanegras que caen en Fitur estos días. Y salmón ahumado en el stand de Noruega, cous-cous en el de Marruecos, shushi en el Japón, café en el de Colombia.... ¡Todo no va a ser hacer negocios! Hay profesionales de esto, bandas organizadas de señoras septuagenarias que no sé como entran en las jornadas profesionales, pero se saben al dedillo dónde y a qué hora hay un ágape y se ponen las botas.
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EL PABELLÓN MINIMALISTA
Me parece también de elogio el esfuerzo que hacen países como Uganda, Gabón, Mali o Etiopía por estar en el mercado y vender sus excelencia, aun sabiendo que su presupuesto es muy limitado. Los hay con grandes pabellones, como el Etiopía este año, y otros que son tan minimalistas, como el de Mali, que no sabes si es que no les ha llegado el atrezzo por un problema con SEUR o son una alegoría del desierto (que es lo que venden). En cualquier caso, tienen muchas visitas y la gente se interesa por sus productos.
...continuará....

28 ene 2009

Un año más, FITUR

Por: EL PAÍS

Llegó, llegó un año más FITUR. El gran mercado del turismo, el mayor escaparate de destinos viajeros. Un mogollón de visitantes, dos horas de cola para entrar, mil tarjetas de visita en tu bolsillo de gente que luego ni te acuerdas quien era, un dolor de pies del carajo. Y una frase, "A ver si nos llamamos después de FITUR y hablamos tranquilamente". ¿Y entonces, para que nos vemos aquí? Pero así son las ferias. Y así os la cuento.
LA ENTRADA
¡Diiiiiioooooos, si no hay nadie! No me lo puedo creer. ¡FITUR vacío! Pero si esto era siempre un hervidero de peña que no te podías ni mover. ¿A ver si va a tener razón Rajoy y este gobierno "cobalde" nos ha mentido sobre el alcance de la crisis?
LO NORMAL
Ahhhhh, nooooooo. Es que la foto anterior estaba hecha a las 7,30 de la mañana y no habían llegado ni las señoras de la limpieza. Hoy miércoles haciamos el programa de la SER enterito desde FITUR para conmemorar el evento. Pero como sus majestades o altezas o... como se diga.... los príncipes (Leti y Felipe, por si hay algún republicano desmemoriado leyendo este post) habían decidido venir hoy también a inaugurar el mismo evento.... pues las medidas de seguridad eran como de una cumbre Bush-Putin. O entrabas antes de las 8... o te quedabas en la calle hasta las 11. Y claro, nos ha tocado madrugar... ¡y entrar con un pase de trabajadores del catering porque con el de prensa no dejaban entrar ni a Francino!
Ahora si, en esta foto está FITUR como suele estar, gente para allá y para acá en busca de contactos. Aunque he de reconocer que he visto algo menos de visitantes que en años anteriores. ¡La crisis, querid@s, la crisis!
EXOTISMO
En FITUR están representados 170 países y más de 11.000 expositores. Esto quiere decir que la compentencia es dura, colegas. Y cada uno se trae lo que puede para llamar la atención de los visitantes. Igual colocas a Ramsés II a firmar autógrafos en pergaminos de papiro que pones a unas mulatas en tanga a desfilar por los pasillos para promocionar tu isla caribeña con tal arrebato de carnes sueltas en el frío invierno madrileño que a más de uno encorbatado, arrastrando la samsonite y con el jet-lag aún en el cuerpo le va a dar un día de estos un síncope del susto. (seguro que estaréis pensado que por qué no he puesto la foto de las mulatas en vez de la de Ramses, ¿eh?. Pues no, que luego me acusan de sexista y machista)
LA PESADILLA DEL STAND SOLITARIO
Exponer en FITUR vale una pasta gansa. Y aunque todo el mundo se queja de que no ve muy clara la rentabilidad de estas ferias nadie en su sano juicio se atreve a no venir. ¡Si no estás en FITUR no existes! (como aquello de que mientras no salga tu esquela en el ABC no estás realmente muerto). El problema es si te gastas esa pasta gansa y te toca una esquina poco transitada. ¡Te pasas cinco días rascando menos bola que Saviola! Como sufro cada año en mis carnes esta pesadilla cuando me toca firmar en la Feria del Libro y nadie se para en mi caseta (y en la de al lado está Boris Izaguirre con más cola que la del pan) pues me dan pena y me suelo acercar a que me cuenten su milonga y me llevo todos los folletos que puedo, ¡pobrecicos!. Aunque luego los tire a la papelera (los folletos).
LA COLA
FITUR es una feria a la que principalmente se viene a pillar. A pillar lo que sea. Un pin, una camiseta, un folleto, un caramelo o un bolígrafo. El 50% de los visitantes profesionales y el 100% del público general sale de la feria con un lumbago del quince de cargar tanta folletería y dádivas en general. Esto se acrecienta el fin de semana, cuando las puertas se abren al público (previo pago de la entrada, por supuesto, 8 euritos) y éste se lanza cual poseso sobre los mostradores donde están atrincheradas las asustadas azafatas al grito de : ¡¡¡¿AQUÍ QUE DAIS?!!! Y les da igual lo que den (a la azafata de Canal Viajar esta mañana le pedían la camiseta, pero no UNA camiseta, no, querían LA camiseta que llevaba ella puesta, los muy pillines).
Así que si venis y veis una cola, haced como en Cuba, poneros en ella porque algo caerá. Aunque sea un folleto en cuatricromía sobre Almendralejo.
.......¡continuará.....!
(FITUR, la Feria Internacional del Turismo, se celebra en IFEMA de Madrid del 28 de enero al 1 de febrero. Hasta el viernes abre solo para profesionales; sábado y domingo, también para el público general. Más info aquí )

27 ene 2009

Seis ojos de buey en la noche austral

Por: EL PAÍS

El cabo de Hornos entró en la leyenda en el siglo XIX, cuando los grandes clippers que unían Europa con la costa oeste de Estados Unidos se veían obligados a cruzarlo desde el Atlántico hacia el Pacífico, en sentido contrario a los vientos dominantes. La fuerza de estos, las grandes olas del Pacífico y el frío propio de estas latitudes hacían el resto. Viejas cartas marinas conservadas en Ushuaia relatan odiseas terribles, como la del Edward Sewall, un cuatro mástiles inglés, que en 1904 necesitó tres meses para doblarlo. En 1909, la Rochejaquetien, un tres mástiles de Nantes cargado de emigrantes, estuvo dando tumbos por estas peligrosas aguas entre el 10 de octubre y el 20 de noviembre, sin encontrar una mala brisa que lo lanzara, por fin, al tan ansiado Pacífico.
La noche nos sorprende frente a los acantilados de la isla de Wollaston, farallones negros e inhóspitos de casi 200 metros de altura cuya visión, sin embargo, se agradece, aunque sólo sea por saber que tenemos tierra otra vez cerca.
Anclamos en el fondo de la bahía Scourfiled, aprovechando una boya instalada por la marina chilena. No hay más radas al sur de Puerto Williams, ni bases, ni asentamientos humanos. El viaje es una lucha individual contra la naturaleza.
Bernardette, la mujer de Pascal, prepara pastel de manzana y te caliente. Caemos rendidos en los catres. Fuera, los seis ojos de buey del Valallha son los únicos destellos de calidez en esta oscura noche austral.

30 de noviembre, 55º 53? 17" latitud sur
Al amanecer, un vendaval de 55 nudos se abate sobre la bahía Scourfield. Toda la literatura y la leyenda del Cabo de Hornos quedan patentes ante nuestros sentidos con esas ráfagas descomunales, acompañadas de chubascos y granizo. Apenas queda tiempo para refugiarse en la siguiente isla, la de Herschel, en una cala llamada Martial en honor al capitán de una expedición francesa que pasó todo el año de 1882 en las cercanías realizando uno de los estudios más serios sobre flora y fauna jamas hechos sobre el Cabo de Hornos.
Lanzamos al agua dos anclas como medida de precaución y nos disponemos a pasar un largo día de reposo: es imposible avanzar con este huracán. Alejandra, la tercera tripulante del Valhalla aprovecha para hacer buñuelos. También es francesa, tiene 24 años y hace dos que dejó su trabajo de oficinista en París para aliñar su vida con una pizca de emoción e incertidumbre. Acompaña a Pascal y Bernardette en sus viajes a cambio de cama y comida y llena los cuatros costados de la nave con su inocencia y dulzura. Parece un grumete, siempre despierto y de buen humor. Como, a pesar de su buena dicción en castellano, tiene un serio problema con los acentos ?igual dice pajáro que carga la tilde sobre la última sílaba de whisky? la rebautizamos cariñosamente como Guisquí.
A mediodía amaina un poco el vendaval y bajamos a la isla con la zodiac. Está deshabitada, como el resto del archipiélago, y un espeso manto de turba cubre el suelo. Los pies se clavan a cada paso. Hilillos de agua potable que se pierden entre la espesura del manto vegetal y algunos bosques de lengas, tan achaparrados y prietos que impiden el paso, son los únicos elementos del paisaje. Parece como si los árboles, en estas latitudes, solo estuvieran hechos de raíces. Pasamos la tarde dados al placer de la lectura, con un ojo en el libro y otro en las dos anclas salvadoras a la espera de que las condiciones mejoren y podamos poner proa de nuevo al cabo.

1 de diciembre, 55º 59? latitud sur: cabo de Hornos

El viento ha calmado. Tanto, que los negros canales asemejan a un pantano más que a la conjunción de dos océanos. Es la ironía de Hornos. Un día sopla un huracán capaz de hundir un navío y durante la siguiente semana no se levanta una brisa. Ayudados por el motor, serpenteamos entre los islotes finales del archipiélago, eludiendo el mar abierto. Varios delfines juguetean en la proa mientras Guisquí sigue atenta sus movimientos. Una leyenda fueguina dice que si las toninas silban al salir a la superficie es señal de que se acerca un temporal y conviene buscar refugio.

Hacia las 14.00 se deja ver por fin Hornos, que pese al topónimo no es un cabo, es una isla. Un acantilado de 150 metros cortado a pico que se hunde en un mar tenebroso. Enfrente, sólo agua gélida capaz de matar a quien caiga en ella en menos de cinco minutos.

Pero hoy es difícil que alguien se precipite por la borda. Apenas sopla una ligera brisa, incapaz de hinchar las velas, y un sol radiante despunta entre los remolinos de nubes.
Animados por el buen tiempo, fondeamos en la boya que sirve de atracadero a la isla de Hornos y desembarcamos ayudados por la zodiac. Es el momento que justifica el viaje. La fascinación de lo extremo, de alcanzar el finis terrae. Una eufórica sensación de conquista y trasgresión nos envuelve y hace válidos todos los esfuerzo, incluidos los tres días de navegación que aún quedan para regresar al punto de partida.
En el peñón viven tres militares chilenos con dos únicas obligaciones: atender la estación de radio y dar soberanía a una isla que, como toda Tierra de Fuego, provocó continuas disputas entre Argentina y Chile hasta el Tratado de Límites de 1881. Son relevados cada dos meses, junto a una nueva provisión de víveres, agua y películas de vídeo suficientes para impedir a la siguiente dotación morir de hambre y de tedio. Una simple cabaña con tejado de aluminio a dos aguas, una caseta para el grupo electrógeno, una capilla y un faro automático componen la infraestructura de la estación. Hacia el Oeste, sobre un promontorio, un monumento en forma de albatros mantiene vivo el recuerdo de los marinos fallecidos al doblar Hornos. Al pie hay grabado un poema de Sara Vial de los Heros que en aquel momento no copie.
Pero mira por donde Justindbf si lo recordaba y me lo dejó escrito al inicio de este ciberviaje (gracias Justin, para eso sirven los amigos blogueros):
?Soy el albatros que te espera en el final del mundo,
Soy el alma olvidada de los marinos muertos,
Que cruzaron el Cabo de Hornos,
Desde todos los mares de la tierra.
Pero ellos no murieron en las furiosas olas,
Hoy vuelan en mis alas,
Hacia la eternidad,
En la última grieta de los vientos antárticos? .
Y nada más. Vientos de hasta 110 nudos impiden el crecimiento de cualquier cosa, animal o vegetal, que levante más de un palmo del suelo. Sólo en verano una colonia de pinguinos que viene desde la Antártida para alumbrar aquí a sus crías anima la claustrofóbica soledad de la isla de Hornos.
Frente a nosotros se abren los 800 terroríficos kilómetros del Paso de Drake y, después, el Polo Sur. El fin del mundo. Hoy los modernos sistemas de navegación ayudados por GPS, sónar, radar, radios? permiten que su singladura no sea tan penosa como hace unos años. Pero el crujir de las gavias, el bronco estallido de las cuadernas al reventar contra un muro de agua y los gritos ahogados de los infortunados marinos siguen habitando las noches eternas de este mundo perdido en el confín de América.

P.D.: a partir de hoy me propongo hacer uso de las tres prerrogativas que la tradición otorga a los marinos que doblaron el Cabo de Hornos y sobrevivieron para contarlo, a saber: no descubrirme ante el rey, ponerme un aro en la oreja y mear hacia barlovento. Aunque bien pensado, esta última no se si la pondré en práctica, las leyes de la física saben poco de tradiciones marineras.


OTRA PD: hoy empieza FITUR, la feria internacional del turismo de Madrid. Voy hacia allá. Máñana os cuento el marujeo de un periodista de viajes en la hoguera de las vanidades del mundillo turístico. ¡La trastienda de FITUR! ¡Lo que nunca nadie contó del gran mercado persa de las vacaciones!







26 ene 2009

55º 20' 15" latitud sur

Por: EL PAÍS

29 de noviembre 55º 20' 15"" latitud sur
Dejamos atrás Puerto Williams y el mediodía nos sorprende frente a la isla de Picton, el lugar en el que el misionero británico Allen Gardiner y sus siete acompañantes escribieron en 1851 una de las más calamitosas experiencias de colonización de Tierra de Fuego. Al desembarcar en la cala de Banner Cove de esta isla deshabitada uno de ellos escribió en su diario: ?Es una tierra de tinieblas, un escenario de salvaje desolación; ambos, paraje y clima, concuerdan en carácter: el uno es hosco y desolado, el otro, tempestuoso y negro?. Sus males empezaron al olvidar en el barco que les trajo de Inglaterra la munición para las armas. Acosados por los yaganes y sin posibilidad de cazar, murieron uno a uno de inanición, escribiendo frases piadosas en sus diarios.
Al dejar atrás Picton acaba también el canal de Beagle, y con él, la tranquilidad. Las ráfagas de viento alcanzan los 35 nudos y el Valhalla se escora como un árbol joven vencido por la furia del viento. Hay que enfundarse los trajes de agua, asegurar escotas? La cabina parece una batidora y resulta difícil mantener la verticalidad.
Por delante se extiende la bahía Nassau, un brazo de mar abierto al Atlántico y considerado el tramo más peligroso de la travesía. Pero su travesía se hace imprescindible para alcanzar el refugio del archipiélago Wollaston. Desde allí sólo quedará un tiro de vela hasta el mítico paralelo 55º 59?, el Cabo de Hornos.
El cabo fue descubierto en 1616 por el francés Jacques Le Maire y el holandés Willen Schuten, quienes lo bautizaron con el nombre de la ciudad natal del segundo, Hoorn; la reconocida y manifiesta dificultad para los idiomas de los colonizadores españoles derivó en el topónimo Hornos. Si pinchas aquí lo puedes ver en Google Earth.
Aunque, para ser justo, habría que mencionar en este punto a un viejo conocido de la marina española: Francis Drake, pirata para unos, héroe para otros, que fue en realidad el primero en tener conocimiento de que Pacífico y Atlántico se daban la mano en algún ignoto lugar de Tierra de Fuego. Drake cruzó el estrecho de Magallanes en 1578 con la intención de saquear galeones y colonias españolas en la costa oeste de América (por cierto que, al salvar el famoso estrecho en tan sólo 16 días, estableció un récord que tardaría tres siglos en ser superado). A la salida, una tempestad desarboló la flota, hundió dos de sus navíos y lanzó al tercero, el suyo, hacia el sur, hasta el paralelo 56. Por allí deambuló dos meses, al pairo. Pero en medio del caos que estuvo a punto de costarle la vida, Drake, marino sagaz, observó que las aguas del Atlántico y el Pacífico se mezclaban. Allí, entre la oscuridad de las tormentas, existía algo que unía los dos océanos. Drake contó su experiencia a la vuelta de su exitoso viaje (se recuerda como una de las rapiñas más memorables de cuantas se hicieron en el Virreinato del Perú), pero nadie lo creyó. Sin embargo, sus suposiciones eran ciertas. Se había adelantado 38 años al descubrimiento del Cabo de Hornos, el fin de la tierra conocida, por lo que al estrecho que separa Tierra de Fuego de la Antártida se le llamo posteriormente Paso de Drake.
Puerto Williams es el nombre de la base militar chilena instalada en la isla de Navarino, en la margen sur del canal de Beagle. Ellos, los chilenos, aseguran que este sí que es el asentamiento humano más austral del mundo (en efecto, está más al sur que Ushuaia) a lo que los argentinos replican que no es una ciudad, es un destacamento militar (cosa en la que también llevan razón). Sin entrar en disputas de récords geográficos, ¡jamás he conocido dos pueblos tan cercanos y tan parecidos (esto me va costar un buen montón de improperios, lo sé) que se lleven tan mal como los chilenos y los argentinos!.
Volviendo a lo que nos interesa. Puerto Williams resulta ser un poblado de casas de madera rodeado de la naturaleza más virgen y salvaje que uno pueda imaginar. Bosques compactos de lengas, ñirres y coigües, retorcidos como sacacorchos por efecto del viento, tapizan las laderas de la isla. Una bruma pegajosa los envuelve en misterio. Los castores, envalentonados por la falta de depredadores, devastan hectáreas enteras de árboles con sus motosierras dentales, convirtiendo las forestas en escenarios de aquelarres y los arroyos, en profundos lagos por efecto de las presas que construyen.
Dos mil almas, entre militares, familiares de estos y nativos dedicados a la pesca de la centolla y el calamar pueblan esta suerte de paraíso perdido en el que todo sería idílico si no fuera porque se encuentra 900 kilómetros más al sur que cualquier otra tierra firme del resto de los continentes y las tormentas juguetean recortando muñecotes de papel con las cartulinas del buen tiempo.
Lo que los puertowillianenses (¿se podrá usar este gentilicio?) llaman ?el club náutico más austral del mundo? (todo parece merecedor del título por estos lares) se trata, en realidad, de un antiguo navío de guerra, el Contramaestre Micalvy, inservible ya para el servicio y varado en la rada para que se abarloen a él las embarcaciones de recreo y de pesca ante la ausencia de un puerto natural en condiciones. Las dos únicas facilidades del club consisten en un bar instalado en la antigua sala de oficiales y una ducha de la que sí se puede afirmar sin reparos que es el baño caliente y gratuito más austral del mundo. A partir de este punto empieza el reino de la nada, del viento, el frío y la soledad.

Antes de partir, nos acercamos a casa de Cristina Calderón, una de las dos últimas yaganes puras que quedan en Tierra de Fuego, según nos cuenta ella misma, (la otra es su hermana Úrsula). El resto de sus compatriotas fueron diezmados por el tifus y la viruela o se mestizaron con los colonizadores. Cristina tiene siete hijos, 15 nietos, dos bisnietos y un rostro inexpresivo y ajedrezado de arrugas, producto de 68 años de penurias en una tierra que no regala nada. Compramos una de las pequeñas canoas de madera de coigüe que talla para los turistas que llegan los lunes desde Punta Arenas a bordo del Terra Australis y le pagamos en dólares, aunque ella hubiera preferido cambiarla por una bombilla de mate (vaso para tomar infusiones) de las que venden en Ushuaia, tan difíciles de encontrar en Puerto Williams. Nos despedimos conscientes de que cuando ella y su hermana mueran, otra lengua habrá desaparecido de la faz de la tierra.
Mañana abandonaremos por fin la seguridad del canal de Beagle para internarnos en mar abierto. Allí nos espera la verdadera aventura.
26 de noviembre, 54º 50? latitud Sur.

Hoy ha amanecido un día frío y gris, con rachas cortas pero muy fuertes de viento, lo que por otra parte no es ninguna noticia en este lejano sur antártico. Pero Pascal, el capitán y dueño del Valhalla, cree que irá mejorando conforme avance la jornada. Desde que lo construyó con sus propias manos ?dos años de duro esfuerzo y un nombre cargado también de poesía que recuerda al paraíso al que van a los guerreros muertos en combate según la mitología nórdica?, Pascal no tiene más jefe que a sí mismo ni más ley que la de estar cerca del mar. A popa queda una vida entera a bordo de todo tipo de navíos en los que este francés enjuto y pequeño, de nariz aguileña, perfil de comadreja y manos encallecidas por mil singladuras, hizo de pescador, cocinero, marino mercante, tripulante de alta competición? Soporta el frío del Antártico con unos simples vaqueros y unas zapatillas deportivas y apenas perpetra unas palabras en castellano, pero sus ojos vivarachos lo dicen todo.
Como todo buen marino, Pascal tiene detrás una hermosa historia de amor. La suya empezó en 1994, cuando participaba, junto a la navegante francesa Isabel Autissier, en la regata Nueva York-San Francisco a través del Cabo de Hornos. Autissier consiguió su objetivo ?ganó la regata y dejó el récord en 62 días, cinco horas, 55 minutos y 40 segundos?, pero Pascal Boimard sólo retuvo de esa gesta la luz misteriosa y la bravura que envolvían aquel peñón negro de la isla de Hornos, el fin del mundo, cementerio de tantos valerosos marinos, muertos al desafiar las traicioneras aguas en las que se abrazan el Atlántico y el Pacífico. Sin pensarlo dos veces, cortó amarras, dejó el Caribe, donde alquilaba el Valhalla a turistas ricos, y se estableció con Bernardette, su mujer, en Ushuaia, un sitio mucho más acorde con alguien que ha consagrado su vida al océano. Ahora dedica sus días a acompañar aventureros que desean vivir en primera persona esta singladura a vela, como los antiguos galeones, hasta el punto más emblemático de la navegación mundial.
Al caer la noche, el Valhalla irrumpe en la rada de Puerto Williams, la base naval que da soberanía a la porción chilena de Tierra de Fuego.

22 ene 2009

Ushuaia, la ciudad más austral del mundo

Por: EL PAÍS

Más que una ciudad Ushuaia es una quimera. Un asentamiento irreal de 40.000 habitantes creado por Argentina para colonizar su porción de Tierra de Fuego. La pequeña misión que fundara en 1870 un pastor anglicano, Thomas Bridges, en una rada a la que los aborígenes yaganes llamaban Ushuaia (bahía que mira a poniente) hace tiempo que dejó de ser ?para desgracia de quienes viajan en busca de tópicos? un puerto rebosante de naves maltrechas y aventureros en busca de ballenas o de un paso hacia el Pacífico. Ahora es una ciudad moderna, cuadriculada, grande, como un juego de dados sobre un tapete blanco de nieve, en el extremo sur del continente americano.

En Ushuaia ya no queda ni una de aquellas tabernas de madera y aire denso en las que los viejos marinos desgranaban historias terribles de naufragios y muertes y los que tenían que embarcar al día siguiente hacia la negrura indómita de Hornos amansaban sus miedos con whisky y ron. Lo que ahora abundan en la calle principal son tiendas de ropa de marca, muebles de diseño, teléfono celulares, ordenadores y clubs de alterne en los que suena la música de Rosana o de Britney Spears, lo que, por otra parte, no quita ni un ápice de interés a la propia aventura de llegar a este punto remoto del mapamundi, de tan difícil acceso que solo pudo ser colonizado hace unas décadas.
Navegamos con rumbo 80º y empieza refrescar. Estamos en pleno verano austral, pero la temperatura no sube de 15º. El Valhalla cabecea suavemente en busca de una salida al Atlántico por el canal de Beagle, el paso que une este océano y el Pacífico sin necesidad de bajar hasta el cabo de Hornos y que fue descubierto en 1830 por Robert Fitz-Roy durante el primer viaje del Beagle, el bergantín en el que luego viajaría también como naturalista Charles Darwin.
La luz de acero que envuelve el canal es pura magia y acrecienta la sensación de estar en el confín del mundo. Todo, desde el color del mar hasta los brillos solares, parece aquí diferente.
Sopla una ligera brisa de seis nudos cuando Pascal, nuestro capitán, saca su pequeña cabeza por la escotilla y olfatea el aire, como un sabueso. ?Buen viento. No problemo?

21 ene 2009

Hacia el cabo de Hornos

Por: EL PAÍS

Uno de los viajes más fantásticos que jamas he hecho fue la travesía del cabo de Hornos a vela.
El plan era sencillo: una goleta de 23 metros de eslora alquilada en Ushuaia, siete días de navegación y dos océanos que se encuentran. El objetivo: emular a los antiguos galeones doblando el cabo más septentrional, más famoso y más tracionero del mundo impulsados por los vientos, como hicieron ellos.
Durante aquellos días de luz extraña y tiempo voluble al sur del paralelo 54º fui escribiendo un cuaderno de bitácora, un diario de a bordo como también antes habían escrito otros marinos célebres que exploraron este confín violento del mundo a bordo de cascarones en los que hoy nadie se atrevería a salir siquiera de puerto. Magallanes, Sarmiento de Gamboa, Fitz Roy, Dumont D?Urville? pasaron por estas mismas aguas, soportaron galernas y vientos huracanados y narraron con pulso firme en sus diarios hasta el más pequeño de los detalles con la única finalidad de abrir nuevos caminos a la navegación y hacer, de paso, un poco más grande el mundo.
Tras su estela, tras su presencia, navegaba. Si como dijo Julio Llamazares, el paisaje es memoria, durante esos días en que atravesé el más hostil de los paisajes mi memoria no se posó solo en los afilados muros de piedra de los canales patagónicos ni en el brillo de jade que la proa del Walhalla, nuestro barco, arrancaba de las aguas oscuras en las que se unen el Pacíficio y el Atlántico. Al escribir las primeras anotaciones de aquel diario de a bordo me acordé sobre todo de un biólogo novato, un tal Charles Darwin, que comenzó a modelar en este mismo lugar a principios del siglo XIX una peregrina teoría sobre la evolución de las especies.
Como sé que Carmen-frei está a punto de salir para allá, y como en la vida del periodista de viajes hay momentos en los que no queda más remedio que parar y sentarse ante el ordenador a escribir (me he prometido a mi mismo no moverme de casa en las dos próximas semana para terminar un libro que no consigo acabar), os iré relatando en esta ventana las cuitas que un marino novato escribió en su cuaderno de bitácora en singladura hacia el fin del mundo. ¡Continuará.....!

El País

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