El Viajero: Guía de Viajes de EL PAÍS

Sobre el blog

Un blog de viajes para gente viajera en el que tienen cabida todos aquellos destinos, todos aquellos comentarios, todas aquellas valoraciones que no encontrarás en otros medios.

Un espacio abierto a la participación con información diaria y actualizada sobre países y ciudades, alojamientos, transportes, gastronomía, rutas, ideas para ahorrar dinero o para gastárselo en lo mejor en lo que uno puede invertir su tiempo: en viajar. Todo contrastado y analizado en primera persona.

paconadalsl@gmail.com

Sobre el autor

Paco Nadal

Paco Nadal es viajero-turista antes que periodista y culo inquieto desde que tiene uso de razón. Estudió Ciencias Químicas pero acabó recorriendo el mundo con una cámara y contándolo. Escribe en EL PAÍS sobre viajes y turismo desde el año 1992. Es también escritor y fotógrafo, colabora con la Cadena Ser, además de presentar series documentales en diversas televisiones.

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Último libro

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

El cuerno del elefante, un viaje a Sudán

Un relato trepidante por unos de los destinos menos turísticos y más inseguros del mundo. Un viaje en solitario lleno de emoción y melancolía a lo largo de una región azotada por constantes guerras y conflictos étnicos. Un viaje plagado de sentimientos que consigue conectar al lector con los sufrimientos y las esperanzas de África.

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Hooooola. Ya estoy por aquí de nuevo. Como siempre, con "mono" de blog. Reconozco que esto de contar a diario tus pocas glorias y tus muchas miserias llega a ser adictivo. Os he echado de menos.
El verano se acaba. Llega septiembre. Para muchos es momento de hacer planes y promesas que luego nunca cumplirán (dejar de fumar, ir al gimnasio...). A mi en cambio, después de unos días en la costa mediterránea, me da por hacerme preguntas:
- En verano ¿es obligatorio ir a los centros comerciales en chanclas, bermudas y camiseta de tirantes?
- ¿Alguna ley de la Física explica por qué un hombre cuanto más barrigón y peludo sea irá por la vía pública con la camisa más abierta o incluso sin ella?
- ¿Hacer la compra en el Mercadona empujando los carritos en biquini o en bañador y sin camiseta es lo más cool de la moda playera?
- ¿Obligan las ordenanzas municipales a chiringuitos y restaurantes playeros a utilizar siempre vulgares mesas y sillas de plástico blanco y manteles de papel aunque luego te peguen la misma (o mayor) clavada que un restaurante de diseño?

Lo dicho. Se acaba el verano. Y con él (supongo) el mal gusto.
Llega septiembre. Y con él, nuevos viajes. Espero que podamos compartirlos. Bienvenidos. El gusto es mío. Gracias por seguir aquí.
(la foto es "cortesía" de Google pictures)

17 ago 2010

Y además.....¡hay tranvías!

Por: EL PAÍS

Éste es el último post que cuelgo sobre San Francisco. Es hora de tomarse un descanso, aunque no será muy largo.

Me ha fascinado Frisco, como la llamaba Kerouac. Si no fuera por el tiempo que hace en verano (con esa maldita gorra de nubes siempre encima), sería la ciudad soñada. Es culta, tolerante, librepensadora, suficientemente pequeña para recorrerla a pie, suficientemente grande para ser cosmopolita. Rodeada de mar y de una naturaleza exuberante. Progresista y librepensadora, con un cierto toque de estilo de vida europeo, muy alejado de esa otra (norte)América profunda de los estados del medio oeste y del sur.
Y por supuesto....¡también tiene tranvías. Cómo no. Los famosos "cable-car", el topicazo de la ciudad, junto con el Golden Gate Bridge.
Me marcho unos días de vacaciones, incluso del blog. Un millón de gracias a todos los que habéis opinado y mejorado con ello los contenidos de esta bitácora durante la aventura norte(americana).

Vuelvo el 1 de septiembre. Nos esperan tierras lejanas de grandes espacios abiertos y música celta. ¿Nos vemos allí?
¡¡¡¡¡HASTA EL 1 DE SEPTIEMBRE!!!!!

13 ago 2010

¿Un concierto? No, una misa

Por: EL PAÍS

Uno de los consejos que puedo daos si un domingo por la mañana queréis ver algo más de la vida real de San Francisco (más allá de los tranvías y el Golden Gate, me refiero) es que os acerquéis a la celebración dominical de la iglesia metodista de Glide, en el 330 de Ellis Street.
No es una misa al uso. Al menos al uso de lo que los católicos estamos acostumbrados. No me veo al cura de mi pueblo tocando el saxo antes del Padrenuestro ni al coro de monaguillos bailando el "We shall overcome" a ritmo de rap. Ni mucho menos a la mujer del cura en ajustado traje chaqueta diciendo la homilía.
Pero es que aunque a los cardenales de Roma se les remueva el solideo del susto, hay quien celebra la existencia de Dios con jazz y rock e incita a los asistentes a vivir y dejar vivir, a luchar por la paz y por los derechos de las minorías. En vez de acojonar al respetable con el fuego eterno si cometen pecados y salir a la calle a manifestarse contra la osadía de un gobierno que pretende dar a una minoría los mismos derechos que "su" mayoría.
Glide Church es una institución en el dowtown de la ciudad. Fue fundada en 1929 gracias a las donaciones de la filántropa Lizzie Glide. Desde 1964, con la llegada de un cura afroamericano y hippie, el reverendo Cecil Williams, pasó de ser un trasnochado lugar de reunión de beatas a un foco de revolución social donde tenían cabida los pobres, los marginados, los homosexuales, los hippes, los homeless, los que se oponía a la guerra de Vietnam y los sin voz del sistema (imagino que si la respetable sra. Glide levantara la cabeza, volvería a hundirla del susto).
Y ahí siguen. El reverendo Williams y su elegante mujer Janice continúan al pie del cañón. Tienen muchos programas sociales de ayuda a los necesitados del barrio y acciones de voluntariado. Cada domingo cantan, bailan y piden por la paz en el mundo. El día que yo asistí hubo leña al poder sin contemplaciones: por la Propuesta 8 (que impide el matrimonio entre homosexuales), por las bombas de Hiroshima y Nagasaki (era la conmemoración de aquel genocio y la hija de una superviviente narró lo que le contó su madre de aquel día: casi se me saltan las lágrimas), por la guerra de Afganistán...
En fin, no es que me vaya a hacer metodista a estas alturas. Pero merece la pena ir a verlo.
(Hay celebraciones en Glide Church todos los domingos a las 9,00 y a las 11,00. Es conveniente ir media hora antes para coger sitio)

12 ago 2010

Visto y oído en San Francisco

Por: EL PAÍS

- En la barra de un bar, a altas horas de la noche, una amiga me dice: "Me gusta tu scarf (pasmina), es muy metrosexual. ¿Eres gay o europeo?"
(En referencia al poco tiempo y dinero que suelen gastar los hombres hetero en Norteamérica en adecentar su armario).
- "En esta playa hay tiburones blancos. Se ha tenido constancia de al menos un ataque en apenas 6 pies (2 metros) de agua".
(Cartel visto en Stinson Beach, una de las playas más largas y concurridas a las afueras de SFO donde siempre hay miles de bañistas y surfistas disfrutando del mar, ajenos a la advertencia)
- "El invierno que más frío pasé fue aquel verano en San Francisco"
(Frase redonda que define el puñetero tiempo frío, ventoso y nublado que hace en julio y agosto en esta ciudad y que es atribuida -al parecer erróneamente- al escritor Mark Twain ; pero que sea quien sea el autor, es la más acertada que se pudo acuñar).
- Blancanieves busca a su príncipe azul y termina casándose con Elvis Presley en San Francisco.
(Ocurre en Beach Blanket Babylon , el desternillante musical que puede verse a diario en el teatro Club Fugazi, de San Francisco. Tiene el récord de permanencia ininterrumpida en las carteleras norteamericanas, 36 añitos ya. Desde Obama a Tiger Woods pasando por Sarah Palin, no dejan títere con cabeza. Más que recomendable.
- "Por alguna extraña razón, todo aquel que desaparece vuelve a aparecer en San Francisco"
(Frase atribuida, esta vez parece que corréctamente, a Oscar Wilde).
- La palabra sobremesa no existe en el vocabulario inglés-americano.
(Nada más terminar el último bocado te retiran el plato y acto seguido, sin necesidad de solicitarla, te traen la cuenta. Una invitación a que levantes el vuelo y dejes el sitio a otro. Tiene una ventaja: casi nunca hay que reservar. ¡Las mesas rotan en los restaurantes como el viento!
- "Debes de andar tranquilo y lento como un burro. Si vas rápido como un caballo te cansarás enseguida"
(Consejo oído para afrontar las cuestas de San Francisco, algunas de cuyas calles tiene un 27% de desnivel. Las rampàs más fuertes del Tourmalet tienen un 9%).

Todo el mundo coincide en que San Francisco es la ciudad más abierta, liberal y progresista de (norte)América. Hay un trato preferente para las minorías, buenas políticas de integración, un sueldo de 400 $ para necesitados (lo que la ha convertido también en la ciudad con más homeless y pedigüeños callejeros del país) y mucha conciencia ecológica. Dentro de poco habrá, por ejemplo, un referéndum para tratar de prohibir las botellas de plástico.
Se ha puesto muy de moda también el consumo de productos orgánicos. Carnes, lácteos y vegetales producidos sin pesticidas ni fertilizantes químicos. Raro es el barrio que no tiene su propio Organic Farmers Market (mercadillo callejero de venta directa de productos orgánicos). El más famoso es el que se celebra los jueves en el Ferry Building.
De manera que esta mañana, harto de pizzas by the slice y hamburguesas, me he propuesto hacer mi compra ecológica en uno de esos mercados para cenar de manera sana y ecológica. Sí, señor. Vida sana in coprore sano.
Mi primera adquisición: un tomate (uno solo), 5 dólares (4,1 ?). ¡¡¡5 dólares!!! Dios, voy a tener que guardarlo en la caja fuerte, en vez de en el frigorífico.
Segunda elección: zanahorias a 8,8 $ el kilo (7,3 ?). ¡Gluppsss!, debe de ser porque son de color naranja, como el caviar.
El resto de la cesta de la compra:
- Un aguacate: 2 $ (1,8 ?).
- Una lechuga: 4 $ (3,6 ?).
- Queso feta: 4,25 $ (3,8 ?) el paquete de 450 gramos...

Luego me acerco al puesto del aceite de oliva, y me apoyo en una turista japonesa que pasaba por allí para no caerme al suelo del susto: una botella de virgen extra 375 ml.: 22 $ (17,6 ?). A ese precio, casi mejor aliñarla con petróleo Brent del Mar del Norte, que sale más barato.
Ahora me toca el puesto de quesos (orgánicos, por supuesto):
- un trocito de 110 gramos de queso local curado, 8,66 $ (6,9 ?).
- otros 100 gramos de semicurado: 6,85 $ (5,5 ?).

Me marcho ufano (y arruinado) a casa y me preparo mi ensalada y mi tabla de quesos.
Calculo que la sana y ecológica ensalada y los sanos, ecológico y reducidos trozos de queso me han costado como poco 30 $.


El tomate en cuestión, fotografiado en la ventana de mi apartamento


Me quedo con hambre.

Ante los rugidos estomacales, bajo al Mcburguer más cercano. Resultado de la operación:
- un gigantesco Sirloin Swiss and Grilled Onion Burguer cargado de nocivas pero suculentas grasas poliinsaturadas, estrógenos añadidos, estabilizantes, caseinatos, espesantes y colorantes varios. Todo bien embutido en dos trozos de pan que no saben a nada, pero que llenan: 6,59 $ (5,7 ?)
- un no menos suculento y destructivo platazo de patatas fritas precongeladas, precortadas y prefritas aunque sin-sabor-a-nada: 1,69 $ más (1,3 ?)
Y quedo saciado.
Mientras caigo muerto en la cama, pienso:

1. Qué fácil y barato es comer mal en este país. Y qué caro es comer bien.
2. No me extraña que según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU, el 64,5% de los adultos estadounidenses tengan sobrepeso y el 30% sean técnicamente obesos.
3. Creo que se está confundiendo agricultura orgánica con delicatessen. De que me sirve comprar un aguacate que no ha contaminado la tierra con fertilizantes si luego me lo venden en una tienda superfashion y superpija (que cuesta una pasta mantener) y gastan un trozo de film plástico para envolverlo, un papel de alto gramaje para envolverlo más y medio metro de cinta adhesiva para pegarlo. Y me lo cobran como si fuera caviar.
4. Esto es lo que se lleva aquí. Pero también es lo que se está imponiendo en toda la cultura occidental. ¡Y me horroriza!

Uno de los aspectos más gratificantes de escribir un blog son los comentarios de los lectores. Es lo que marca la gran diferencia con la prensa escrita: hay un contacto directo y bidireccional entre quien cuenta una cosa y quien la lee. Y a veces quien lee, también cuenta cosas, algo imposible en los medios tradicionales.
Agradezco de todo corazón los muchos comentarios que estáis dejando durante este periplo por San Francisco. A algunos, a los que dejáis un link, he procurado contestaos en vuestra página. Por desgracia, no me da tiempo a responder a todos. Pero a todos os agradezco el tiempo dedicado y vuestra opiniones, sean a favor o en contra.

Leo todos los comentarios y sugerencias. Y esta vez he decidido seguir algunos de esos consejos y visitar lugares que han recomendado los lectores de este blog. Estos son algunos de ellos:

Las cervecerías de San Francisco (Maza)
California es tierra de vinos, pero San Francisco tiene también una larga tradición cervecera. Quedan aún muchos pequeños locales (brewery) que producen sus propias cervezas. Fui a probarlo a uno de los que recomendaba Maza: Magnolia , en el 1398 de Haight St. ¡Fantástico! Un local con sabor de antaño, ambiente cálido, mucha gente joven y siete tipos de cerveza de fabricación propia. Una caña, 3 $ (precio normal de mercado). Dan comidas y cenas. Ambiente bohemio. Otra cervecería famosa de visita imprescindible: Thirsty Bear (el oso sediento), en el 661 Howard St. ¡con tapas españolas!
Cevichería peruana La Mar (Tessie).
En uno de los muelles restaurados junto al Ferry Building. De rabiosa moda entre la "beautiful people" (hay que reservar). Excelente comida peruana y ambiente desenfadado y divertido. ¡Y frente a la bahía! Unos 40 $ por cabeza, mínimo.
Bar de tapas Lalola (Guillermo)
El mejor bar de tapas de SFO (al menos, uno de los mejores). Gonzalo y Kevin, los dueños, son un crack de simpatía. Las mejores tapas (sabor realmente español) que he probado en los muchos bares de tapas que he conocido a lo largo del mundo. Refuguio diario de buena parte de la colonia hispana de la ciudad. Buen rollo asegurado cualquier día de la semana; se puede cenar hasta tarde (faltaría más, ¡es un bar español!). En Mason con Pacific.
Napa Valley (Goldeglo)
Confieso que todavía no he ido hasta allí, pero si he visto los viñedos de Paso Robles y son una delicia para los sentidos. El Napa Valley es la zona vitivinícola más famosa de California y uno de los paisajes más adorables del estado. A poco más de una hora de Frisco. A los europeos de zonas vinícolas puede que no nos sorprenda demasiado el escenario (al fin y al cabo, copiaron la idea de allá), pero merece la pena saborear el "american way of life" también a la hora de hacer vino.

Librería City Lights (Ana F. de Bobadilla y Nani Arenas )
La mítica librería de la generación beat. Una superviviente del San Francisco hippie y alternativo. De hecho, la preside un cartel que dice: "Have a seat, read a book" (toma una silla y lee un libro). La fundo en 1953 Lawrence Ferlinghetti, poeta y amigo literario y de correrías de Keruac, de Ginsberg de Borrough, de Cassady... Me compre Big Sur, un libro de Keruac que aún no había leído. No había pasado ni dos páginas cuando ya se había emborrachado en una presentación, precisamente en City Lights (¡estos beats!). Por cierto, el Lorenzo Monsanto que aparece en el libro es el propio Ferlinghetti.
Y un vídeo, "La historia de las cosas"
Pedaleante dejó este enlace a un vídeo de la norteamericana Annie Leonard que no tiene desperdicio. El consumismo puro y duro explicado de manera tan sencilla, que te deja noqueado. Por desgracia, eso ya no solo ocurre en (norte)América

09 ago 2010

Mission: México en San Francisco

Por: EL PAÍS

Las grandes ciudades norteamericanas (como todas las grandes ciudades) son poliédricas y multiculturales. Y San Francisco no es una excepción. Te montas en el Bart (el sistema de tren de cercanías) en pleno centro, por ejemplo en Powell Station, te bajas tres estaciones más allá, en la 24 th con Mission Street. Y cuando sale a superficie, estás en México. O en El Salvador.
Mission District es el barrio latino de San Francisco. Un lugar donde los anuncios están en español, los restaurantes sirven tacos y enchiladas y los comercios vende artículos baratos para una población inmigrante que ocupa el escalón más bajo del sistema productivo gringo.
En Mission puedes sobrevivir un año sin hablar ni papa de inglés.
Desde un estricto punto de vista histórico, el barrio no ha cambiado de lengua ni de personalidad, porque aquí fue donde los españoles fundaron la misión que dio lugar a la ciudad. Los turistas vienen hasta Mission para ver la misión Dolores, la iglesia que los franciscanos levantaron en 1782 y que es el edifico más viejo de San Francisco y de toda California. Y luego se van, asustados, porque en algún estúpido periodista de viajes escribió que más allá de la calle 24 es peligroso adentrarse.
Sin embargo, Mission es uno de los barrios más activos y dinámicos de San Francisco. Este fin de semana he estado allí un par de veces porque he conocido a gente fascinante de la comunidad latina que me invitó a una fiesta el viernes y a otra el domingo (un fin de semana intenso, vive Dios).
Salvadoreños que huyeron de la guerra civil de su país; argentinos y uruguayos acusados de ser tupamaros que salieron de sus países por los pelos antes de que los milicos los asesinaran como a tantos izquierdistas en aquellos años de plomo de los Pinochet y los Videlas. Mexicanos en busca de un futuro mejor. Guatemaltecos, bolivianos, nicaragüenses... Gente luchadora de izquierdas que hoy vive en la ironía de ser (bien) acogidos en el país que fomentó los golpes de estado que arruinaron el suyo. Es parte de las grandeza y la miseria de esta (norte)América.
A Mission hay que ir para comer tacos en El Farolito (junto a la estación del Bart de la 24 th), para pasear por Valencia Street (una calle de lo más cool llena de tiendas y librerías alternativas y restaurantes étnicos) pero sobre todo para hacer la ruta de los murales. El barrio es un hervidero de movimientos sociales que luchan por la integración y los derechos de los latinos en EEUU. Estos heredaron la cultura de la pintura mural que llegó a EEUU en los años 30 de la mano de tres pintores mexicanos: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros .
El resultado es que buena parte de las paredes del barrio están ambientados con murales. Algunos simplemente decoran los callejones de Mission. Otros trasladan mensajes políticos y sociales de una sociedad latina que busca su identidad en tierra extraña.

Estos son algunos de ellos:








Hay un libro estupendo sobre los murales de Mission titulado Street Art San Francisco, Mission Muralismo, con prólogo de Carlos Santana. En su web tienen fotos de otros muchos murales
Fotos © Paco Nadal
Hay un lugar en la costa californiana, en San Simeón, al borde de la Highway 1, que define como pocos el amor por la desmesura de este pueblo.

Es el Hearst Castle , la megalomaníaca mansión que mandó construir el magnate de la prensa William Randolph Hearst, uno de los hombres más ricos de Norteamérica durante la primera mitad del siglo XX.
La vida de Hearst es bastante conocida: fue quien inventó la prensa amarilla, el que convirtió los medios de comunicación en un cuarto poder capaz de manipular sin reparos a los otros tres y quien sirvió de base a Orson Welles para rodar la mejor película de todos los tiempos, Ciudadano Kane (si queréis ampliar más sobre la vida de William R. Hearst, aquí va una biografía ).

Hearst, además de trabajar y hacer dinero, tenía otro vicio: comprarlo todo. Y gastó una fortuna en acumular obras de arte y antigüedades de todo el mundo. Pero no solo jarrones y estatuas: si le gustaba un monasterio lo comparaba entero, lo desmontaba piedra a piedra y lo mandaba en barco a EEUU, como pasó con medio convento de Santa María la Real de Sacramenia (en Segovia).
En 1919 decidió reunirlo todo en una nueva mansión. Hearst tenía un enorme rancho en esta parte de la costa californiana y le dijo a la arquitecta Julia Morgan: "Miss Morgan, estamos cansado de venir al rancho y tener que acampar. Me gustaría construir algo pequeño". El resultado: un pastiche de 19 salones, 56 dormitorios, 61 cuartos de baño que reune todos los estilos imaginables, desde una catedral española a una piscina que recuerda al Partenón. Dentro hay de todo: estatuas griegas, chimeneas de castillos españoles, tapices bizantinos, artesonados mudéjares...
30.000 metros cuadrados de puro kitsch construidos en lo alto de una colina que hay que ver para creer. Una mezcla entre el Alcázar de Segovia, el palacio de Sissi Emperatriz y la casa de la familia Monster.
Pero el show empieza abajo, en el mismo centro de visitantes montado para dar acceso al recinto (que ahora pertenece al Estado de California) y que no tiene tampoco desperdicio. Hay restaurantes, un teatro más grande que los de una capital de provincia, tienda de regalos con todo tipo de items, heladería... todo en un tamaño king-size. Un show digno de un país que convierte todo en un gran espectáculo.
The show must go on!

Mi opinión: un norteamericano puede quedar sorprendido por este tipo de edificaciones. Pero para un europeo no merece la pena gastarse un dineral (la entrada más barata cuesta 24 dólares y no incluye todo el recinto) en ver algo que en definitiva no es más que un castillo-palacio medieval tuneado.

05 ago 2010

Castro celebra las bodas homosexuales

Por: EL PAÍS

Hoy he ido a cenar a casa de unos amigos en Castro, el barrio gay de San Francisco. Cuando iba hacia allí me he tropezado con la manifestación que celebraba por las calles del barrio la decisión de un juez federal en favor del derecho de los homosexuales a contraer matrimonio.

Mis amigos y amigas anfitriones son miembros de la comunidad gay de San Francisco, una de la más grandes y organizadas de los EEUU, por lo que en la cena inevitablemente ha salido el tema. Había ganas de festejarlo (en las calles y en los escaparates de lo comercios podía verse carteles con un "Thank you, judge Walker" muy esclarecedor), pero también había alegría contenida porque saben que la lucha legal no ha acabado y que va para largo.
California es uno de los estados más abiertos y tolerantes de los EEUU, y en concreto, la ciudad de San Francisco. Las minorías, los inmigrantes, los homeless, los desfavorecidos tienen aquí un nivel de protección y ayudas sociales muy superior al resto del país, lo que provoca no pocos odios y rechazos por parte de la derecha rancia y conservadora, que aquí es muy rancia y muy conservadora.
La historia de la legalización del matrimonio homosexual empezó en 2006 en esta ciudad de San Francisco, cuando el alcalde, Gavin Newsom, por su cuenta y riesgo, dijo que no había ni una letra en la Constitución de California que impidiera casar a los homosexuales; y empezó a hacerlo en su Ayuntamiento. 18.000 parejas se acogieron a la iniciativa.
Pero la derecha conservadora, los mormones y la iglesia católica se aliaron para combatir semejante ultraje. Las razones: las mismas que la derecha rancia y conservadora española ayudada por la iglesia católica ha utilizado en España. Que se destruía a la familia y que el matrimonio era algo divino (y, al parecer, de su propiedad). En 2008, mediante un referéndum consiguieron anular esa prerrogativa en la Constitución californiana.
Lo que el juez federal Walker ha dicho hoy es que ese referéndum iba contra la Constitución federal y que lo anulaba. Pero quedan muchas apelaciones aún. La cosa acabará en el Tribunal Supremo y llevará aún varios años de juicios.
Harvey Milk (ver la magnífica película de Sean Penn ) murió asesinado en 1978 por defender los derechos de los homosexuales. Vivía en el 575 de la calle Castro, la que da nombre al barrio. El mismo que esta noche festejaba en bares y pubs la decisión del juez Walker.
En algunas luchas por los derechos de las minorías, parece como que el tiempo nunca pasara.

PD: hace ya 5 años que se aprobó el matrimonio entre homosexuales en España y todavía no he visto que ninguna familia tradicional cayera fulminada por su causa.

04 ago 2010

Cayucos y santos en California

Por: EL PAÍS

Visitaba hace tiempo Machu Picchu, en Perú, cuando la guía me dijo:
-"¿Sabe por qué tenemos la certeza de que los españoles nunca descubrieron esta ciudad sagrada de los incas?" "No, ¿por qué?", le respondí.
- "Porque no hay ninguna iglesia".

Si hay algo que define la colonización española es el reguero de evidencias religiosas que dejó. Por desgracia (en mi opinión) los conquistadores españoles llegaban con la cruz por delante (y la espada por detrás) con un ímpetu fundacional de iglesias, conventos, monasterios y todo tipo de recintos religiosos, arrasando la cultura local, que más bien parecían una multinacional de la franquicia que unos evangelizadores de la paz.
La costa de California fue hasta 1821 una colonia española. Y quedó tal cantidad de evidencias de las misiones que los franciscanos (los monjes a los que la corona encargó la avanzadilla) fundaron aquí que solo en los letreros de las carreteras y autopista puedes coleccionar todo el santoral católico: San Rafael, San Bruno, San Antonio, San Miguel, San Francisco, San Diego, Los Ángeles, San Mateo, San Leandro, Santa Bárbara, Santa Mónica... Hay que agradecer a los locales que además no le cambiaran el nombre. Todos siguen así, en español.
Pero en medio de la Highway 1 me encontré con otra sorpresa toponímica: Cayucos. Un encantador pueblo costero. Los vecinos saben que es el nombre de un bote pequeño y alargado. Y que el pueblo lo fundó un portugués. Y poco más.
Yo solo sabía que acababa de salir el sol. Que hacía un atardecer de ensueño. Que la larguísima playa de Cayucos estaba iluminada por un reflector dorado. Y me quedé allí, paseando por el arenal, extasiándome con el horizonte infinito, hasta que el sol se acostó sobre el Pacífico. Los Ángeles pueden esperar.

PD 1: cayuco es el nombre de una barca alargada que se usa para pescar en la costa occidental africana y que es ahora utilizada por las mafias para llevar inmigrantes africanos hasta las costas españolas. La palabra cayuco está un día sí y otro también en los medios de comunicacón españoles, de ahí la sorpresa.
PD 2: tampoco tiremos todas las piedras sobre el mismo tejado. Lo nuestro fue lamentable, pero lo que hicieron éstos tampoco tiene nombre, aunque vinieran sin la cruz. Pregúntesele si no a los aborígenes norteamericanos (a los que pocos que quedaron)

El País

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