Corría el año 1589. Los corsarios ingleses, comandados por Francis Drake, asediaban la ciudad de A Coruña y arrasaban las localidades costeras que se ponían a su paso.
El obispo de Santiago en aquellos días, Juan de Sanclemente, temiendo que los piratas llegaran hasta Compostela y saquearan la catedral ordenó esconder los supuestos restos del Apóstol Santiago.
Pero los escondieron tan bien…¡que estuvieron casi 300 años desaparecidos!






