Puede parecer una tontería, pero ocurre más veces de las que nos podemos imaginar: un viajero se presenta en el mostrador de facturación de un aeropuerto para empezar sus vacaciones y se da cuenta -sí, allí- de que tiene el pasaporte caducado (pasa, y más veces de las que os imagináis; hay mucho despistado/a suelto por el mundo).






