Leonardo Beltrand Veras siempre soñó con el mar. Desde que vio la luz hace 47 años en Recife (Brasil) supo que su vida estaría ligada a los océanos. La influencia familiar también hizo lo suyo. Su padre era un amante de la navegación y en 1984, cuando tenía 19 años, cruzó con él a vela los 560 kilómetros que separan Recife de la isla de Fernando de Noronha, una fantasía para aquella época. Cuando llegó a este archipiélago del Atlántico Sur, por entonces una tierra casi deshabitada y de uso militar, concretó su sueño: viviría del mar y además lo haría en Noronha, el paraíso que siempre imaginó.






