La joya de la corona hace aguas.
Paradores de Turismo, la red de alojamientos de calidad propiedad del Estado Español creada en 1928 para dotar de infraestructuras turísticas a lugares donde la iniciativa privada no llegaba y de paso recuperar edificios del patrimonio histórico que de otra forma hubieran desaparecido, una de las marcas turísticas de España con más prestigio y proyección exterior, presenta un plan de restructuración que incluye un ERE (despido) para el 14% de la plantilla, el cierre definitivo de siete establecimientos y el temporal de otros 25. Las cuestiones políticas y económicas que han llevado a esta situación las contaba de manera muy clara mi compañera Cristina Delgado ayer en este diario: Castillos (y palacios) en el aire.
Pero, ¿cuál es la visión del viajero? ¿qué percepción tienen los turistas de esta red estatal de hoteles?
Creo que no me equivoco si afirmo que para una inmensa mayoría de usuarios Paradores es sinónimo de hotel caro, caduco y decorado con un estilo tan rancio que no te extrañarías si al abrir la puerta de tu habitación estuviera dentro don Quijote reponiendo el minibar.






