Hoy escribo desde el Tirol, que es como decir escribo desde (unas de) las montañas más bellas de la Tierra.
Acabo de llegar a la estación de esquí de St. Anton am Arlberg, en Austria, un sitio mítico para los amantes de los deportes de nieve. Los austriacos dicen que aquí, en esta montañosa e inaccesible región del Arlberg, nació el esquí alpino; lo cierto es que en St. Anton se construyó el primer teleférico invernal de Austria y en 1901 se fundó en la vecina aldea de St Christoph la primera escuela de esquiadores.






