Si algo me sorprendió la primera vez que vine a esquiar a Austria fue la costumbre del apreski. Buscar un poco de fiesta, unas copas y lo que se tercie después de un buen día de esquí es un clásico en todo el mundo. Pero lo normal es irse al hotel, darse una ducha y luego salir a cenar y de fiesta. En Austria no. Aquí empiezas a beber a las tres de la tarde, vestido de esquiador, en bares a pie de pista… y tres horas después sigues en el mismo bar, con una considerable sobredosis de schnapps y cerveza, bailando sobre la barra abrazado a cualquier desconocida/o en un fiestón que me río yo de los carnavales de Río de Janeiro. Hasta se te olvida lo que aprietan unas botas de esquí. Bueno pues la estación de esquí de St Anton, en la región tirolesa de Arlberg, es la capital del mundo mundial del apreski "austrian-style”. Y el Mooserwirt bar, el templo de la perdición.






