A veces los grandes viajes surgen de pequeñas historias. De una conversación, por ejemplo.
Una de las razones por las que estoy ahora mismo en Zimbabwe es un comentario que surgió hace justo un año cuando viajaba por Kenia y Tanzania en uno de los camiones de Endake, la empresa de safaris por África de mi amigo Dani Serralta (aquí podéis ver los post de aquel viaje).
Dani me habló de la existencia de una ciudad perdida en Zimbabwe, una ciudad construida totalmente en piedra tallada, algo insólito en el África subsahariana. Unas ruinas arqueológicas casi desconocidas en un rincón remoto de Zimbabwe y llenas de enigmas porque nadie acierta a explicar quién construyó esa ciudad, cómo pudo florecer allí aislada una civilización que dominaba la arquitectura en piedra –técnica que prácticamente no han usado otras culturas del África subsahariana, al menos no con esta grandiosidad - y por qué desapareció.
Y yo, que me consideraba un buen conocedor de África, tuve que reconocer que jamás había oído hablar de esa ciudad perdida.
Así que aquí estoy hoy, en Great Zimbabwe, las ruinas arqueológicas más subyugantes y misteriosas del África negra, dispuesto a rellenar ese hueco de mi currículo viajero. Y doy fe de que el esfuerzo de llegar hasta este lugar merece la pena.






