Martín Caparrós

k = p + 2001

Por: | 20 de diciembre de 2011

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Aquella noche iba a ser una de tantas. No había razón para que no lo fuera; sólo un par de horas antes, nadie imaginaba que pudiera pasar todo aquello, aquella noche.

Es verdad que estábamos tensos, preocupados. El corralito ya llevaba dos semanas de confusión y bronca. Esa tarde había habido saqueos en el Conurbano: pasarían, como habían pasado tantas cosas. Pero se anunció que el presidente hablaría por cadena nacional: en esos tiempos, un presidente hablando por la tele era algo anómalo, la marca de lo extraordinario. Y aún así lo miramos –creo, el plural siempre es un abuso– con cierta distancia, esperando retórica y pavadas. Hasta que le oímos decir que había declarado el estado de sitio. No tenía sentido que declarara el estado de sitio; era violento que declarara el estado de sitio. Yo lo putée entre dientes y dije hasta dónde pueden llegar con las pelotudeces; Juan tenía diez años y le dio risa que dijera eso. No habían pasado dos minutos que ya sonaban –tras las ventanas de esa noche de verano– latas y  cacerolas: resonaban, crecían. Fue entonces cuando le dije a Juan que saliéramos a la vereda a ver qué onda. Vivíamos, entonces, en una planta baja; tan poco imaginamos que salimos descalzos.

En la esquina de la avenida había otros diez o quince. Miramos, comentamos; le dije a Juan que entráramos a ponernos zapatillas: a prepararnos para algo. Cuando volvimos a la vereda ya éramos tres o cuatro docenas; entonces algunos empezaron a bajar a la calle y cortaron la circulación de una de las manos. Seguía llegando gente, algunos conocidos del barrio, charlábamos, nos preguntábamos qué haríamos. Al rato cerramos toda la avenida. Habíamos cortado el tránsito pero no había tránsito, y no teníamos ningún propósito preciso; tampoco podíamos quedarnos parados en esa esquina. Al rato ya éramos cientos y empezamos a caminar en dirección al centro. No sabíamos adónde íbamos, nadie había planeado nada, pero esa noche en la plaza de Mayo fuimos muchos miles, y al día siguiente en tantas calles y en menos de veinticuatro horas de la Rúa se escapó en su helicóptero. Antes, sabemos, sus fuerzas represivas mataron mucha gente. Murieron treinta y ocho, cuyos nombres están muy poco inscritos.

Y todo sin que nadie lo planeara: los altos designios y las teorías conspirativas se derrumban a veces, cuando millones de personas no soportan. Eso fue, supongo, 2001: la sensación de que no soportábamos más y las reacciones impensadas que semejante sensación produce. Es bastante extraordinario cuando miles, millones de personas hacen lo que no habían pensado. Y cuando, además, eso que no habían pensado hacer cambia –aunque sea un tantito– la historia: la Argentina sería muy distinta –peor, probablemente– sin los levantamientos de diciembre 2001.

Lo sabemos: en esos días hubo marchas y más marchas, más y más cacerolas, variados presidentes, bloopers diversos y hubo, sobre todo, muchas personas buscando otras maneras. Algunos sólo querían recuperar su plata; otros pensamos que había más cosas que recuperar. Los de la plata, como siempre, fueron más tenaces. Quizá fuera pura ingenuidad, pero muchos creíamos que podíamos inventar algo nuevo. Quedarán, de aquellos días, el grito de Que se vayan todos y los intentos de resolver los asuntos sin jefes, por encuentros, votaciones y consensos –su fracaso.

(2001 tiene la rara actualidad de los aniversarios pero tiene, sobre todo, presencia porque, en estos meses, crisis que parecen parecidas tocan países ricos. Ya lo dije aquí: españoles, italianos y otros ancestros nos miran a nosotros argentinos como portadores de un supuesto saber, el de bailar al borde del abismo. Yo insisto en que son crisis muy distintas, que el fondo de nuestro abismo era el hambre y la muerte –y no es, afortunadamente, el caso de los europeos. Pero también insisto en que hay una diferencia fundamental entre 2001 y 2011: entonces el grito de que se vayan todos se refería a “los políticos”, ese grupo de funcionarios de clase media percibidos como el enemigo; ahora, en cambio, los movimientos han identificado a su enemigo verdadero: los ricos.

Aunque, en última instancia, no critiquen una estructura, un sistema económico, sino sus errores y excesos: la concentración extrema que ha producido últimamente. Y se hayan entretenido, por eso, en consignas tan engañosas como ese slogan que separa el mundo en 99 y 1, donde parece que, salvo los multimillonarios, todos los demás fuéramos más o menos lo mismo: somos el 99%, dicen, ensaladan. Es lo que solía llamarse populismo. O, dicho de otro modo: una variante del discurso nacionalista, que pretende que todos los súbditos de una nación tienen intereses comunes –que se oponen a los de los súbditos de las otras. Cuando, como bien sabe perogrullo, un obrero argentino y su patrón argentino tienen, casi siempre –mientras no juegue la selección–, intereses opuestos; lo mismo pasa dentro del 99.)

Hace diez años, decía, creímos brevemente un par de cosas. Pero los argentinos somos veleidosos e impacientes, en el peor sentido de la palabra impacientes: incapaces, en general, de la paciencia necesaria para hacer cosas serias. Así que en cuanto pasaron unos pocos meses y no encontramos esas otras formas de funcionamiento sin papás, y vimos que la economía no seguía cayendo sino que, llegada al fondo, empezaba a laboriosamente remontar, volvimos a la idea de que mejor dejarse manejar por papi. Eran los meses de Duhalde y Lavagna; funcionaban –su plan económico funcionaba– pero se parecían demasiado a lo anterior; fue entonces cuando apareció Néstor Kirchner, simpático, farfulloso, entusiasta, torpe, actualizado, y nos dio la oportunidad de volver a creer en los papás buenazos.

Fue un aporte importante al sistema: a mediano plazo, cuando se decanten las nubes de polvo de la historia, Kirchner será el político que restableció la confianza en la delegación, que permitió que el sistema de política corruptita y autónoma siguiera funcionando en la Argentina. Para hacerlo, nos vendió un par de motos, se compró un par de causas.

O sea: supo tomar en cuenta esos días de calles y asambleas. El kirchnerismo es la forma en que el peronismo leyó esos levantamientos y decidió adaptar su discurso y sus formas de poder a aquella realidad: cuando entendió que el modelo económico que había sostenido durante diez años no funcionaba y que sus víctimas no lo serían sin oponer cierta resistencia y que, para mantener su hegemonía, debía modificarlo.

O, dicho de otro modo: el kirchnerismo es el peronismo más diciembre 2001. La suma de las formas de hacer y de poder del peronismo con algunas –muy pocas, muy leves– de las transformaciones que mucha gente buscaba en esos días de verano, furia y esperanza. El trayecto fue extraño: de aquel grito de que se vayan todos los políticos a estos políticos convertidos en grito –en mito, en ruta, en campeonato– hay cursos y recursos y una herencia. El kirchnerismo, tan dado a los grandes montajes funerales, no ha rendido a los muertos de 2001 los homenajes que podían esperarse: ni una condena a los responsables políticos de sus muertes, ni una indemnización a sus deudos, ni una plaza o un cruce o una escuela, ni un gran acto con músicos amigos. Sin ellos, el kirchnerismo no existiría: la herencia de esos muertos es fuerte pero –parece– incómoda. Con tanta más distancia, los muertos de los setentas aparecen en cada pliegue del relato –y éstos tan poquito. ¿Será porque éstos están más cerca en el tiempo y el contexto y es más difícil hacerles decir lo que uno quiera? ¿O porque se levantaron contra un gobierno constitucional y pueden ser un mal ejemplo? ¿O porque los mató esta democracia?

Kirchner cavalloLa solución, alguna noche inesperada.

Hay 63 Comentarios

El hecho de que lea tantas opiniones distintas de gente que encima escribe bien, lo que comprende muchas otras cosas, me hace seguir alimentando esta tristeza de ver como se me pasan los días y tengo que vivir en un país como el que tenemos hoy. Tengo memorias de cosas que no quiero.
La historia del 2001, como de muchos otros acontecimientos es una sola. Podemos poner en duda si en la Patagonia existió o no el Dinosaurio XX, pero cuando se trata de historia política o económica y encima una tan reciente, la historia es una sola. No entiendo como pueden culpar a unos o a otros. No entiendo como teniendo una historia tan cortita no pueda existir un consenso de lo sucedido. Cuando dos personas cuentan dos historias distintas sobre un mismo hecho, uno de los dos miente. Imaginen como se siente leer (leí todos) los comentarios de gente que escribe muy bien y sin embargo hay tanta diversidad de opinión.
Es que no se opina sobre la historia que vimos todos por televisión, no se opina sobre la metástasis que le fue el Banco Galicia a este país en el 2001, no se opina si el obelisco es blanco o naranja. Por cierto, es blanco.
Antes la hsitoria la contaba el que ganaba. Volvía del campo de batalla después de haber peleado días o meses y contaban lo que había pasado, mandaban un halcón con un mensaje, que se yo.... Hoy tenemos la posibilidad de saber la verdad y la estamos negando, y eso, es negarnos a nosotros mismos.

Alberto:
Me temo que debo recordarte que la debacle del 2001, fue producida por gobiernos peronistas. O quien gobernó durante la década de los 90? Hasta donde recuerdo era ese Riojanito, y con todo el PJ por atrás! También te recuerdo que la columna vertebral del movimiento (que por cierto habia hecho 14 paros generales al gobierno de Alfonsin) no dijo ni pio. Así como desapruebo a quienes simplifican lo que es el peronismo, te diría que, al menos, se hagan cargo de lo que hacen.

Mi estimado Keith. El motivo por el que tantos Españoles, Italianos, Irlandeses, Rusos, etc se hicieron peronistas (esto no quita que otros tantos se hallan hecho, fuertemente antiperonitas), es que tal vez aquí encontraron un lugar de oportunidades para realizarse. Te recuerdo que muchos de ellos venían de hambrunas, de paises (España entre ellos) donde los trabajadores no tenían los derechos mas básicos cubiertos, y aquí se encontraron con vacaciones pagas, jubilación salarios dignos, etc. Podríamos también explayarnos sobre todas las "fallas" del mismo; que quede claro que no es que haga una defensa del Peronismo (de hecho no lo soy). Pero cuestionamientos como el tuyo son harto simplistas. Seria bueno que intenteras profundizar un poco en tus conceptos.
Saludos

Alberto,
La mayoría de los inmigrantes españoles en la Argentina fueron republicanos que llegaron huyendo de un tirano fascista. No veo como "se hicieron peronistas". Es decir, simpatizaron con otro tirano fascista. Me parece a mi que el peronismo es más de "tanos" que de "gallegos"
Saludos.

Retsigam: no soy español, soy uruguayo (aunque viví muchos años en Barcelona); de modo que estoy al ladito de Buenos Aires, donde también viví varios años. Sigo lo que pasa en Argentina, un país decisivo para los uruguayos. No me parece que lo de la representación política esté tan claro como a tí te parece que lo está. De hecho, el "que se vayan todos" y el democracia real ya o el "nuestros sueños no caben en vuestras urnas" no indicaría eso. Una propuesta, si se la entiende como una propuesta global a la antigua usanza de los años 70, no la tengo. Luego, hablemos de temas parciales, de problemas concretos. Ahí podría decir algo.

No voy por el mundo en plan anónimo, sin hacerse cargo de lo que se dice. Lo que hago, está a la vista, no quiero hacer pasar una cosa por otra (lo digo por lo de la acusación de estar haciendo promoción de mi blog).

Salute

K=/- [678 + Grondona + Gvirtz + Calafate + Casino Club S.A + Barrick Gold Corporation] = ($$$.$$$.$$$) Pero de todos los argentinos (Ladris!)

De lo que plantea Caparrós en este artículo me interesa particularmente la consigna “que se vayan todos”, que de alguna manera sintetizó el espíritu de aquel movimiento. ¿Qué ha pasado que no sólo no se han ido todos, sino que, diez años más tarde, están los mismos de siempre? Nadie puede decir sensatamente que los Kirchner no forman parte de la clase política tradicional de Argentina (no entro en si Kirchner era Satán o un santo; probablemente, como la mayoría de los políticos, no haya sido ni una cosa ni la otra). Me formulo la pregunta porque es de una actualidad indiscutible: los movimientos de indignados comparten con aquél el mismo desdén por la política, por la representación, a la que consideran una impostura y la fuente de todos los males. La intervención que apela a la espontaneidad de la muchedumbre en la calle, a la democracia asamblearia (persuadida de la supuesta sabiduría de la masa), tiende a debilitar la política como esfera de articulación y síntesis desde la que pensar la configuración del futuro, contribuyen a crear un imaginario en el que el campo político queda en una situación de exterioridad respecto de la sociedad; dicho con algo de simpleza, esta última sería portadora de todos los atributos positivos y el primero de los negativos; el político es degradado sistemáticamente a politiquero.

Uno de los problemas de los indignados es su idealización de las formas de democracia directa, su desprecio de la representación que sería intrínsecamente perversa. La impotencia de esa política quedó en evidencia en Argentina en aquellos años. Sin representación sólo queda “el pueblo” a secas, un pueblo sacralizado, único y virtuoso y sin embargo inexistente (entre otras cosas, en el pueblo llano y sencillo no hay sólo virtud, sino también egoísmo, prejuicio, oscurantismo y bajeza). Ese pueblo único es una ficción que oculta su pluralismo, su diversidad de intereses y opiniones, a veces tan irreconciliables que la identificación de algo parecido al bien común, al interés general, a la justicia, o como se lo quiera llamar, sólo puede lograrse a través de las tareas de reflexión, deliberación, mediación y arbitraje que son propias de la política. No está directamente disponible en Plaza del Sol ni en Zucotti Square, ni, ya lo sabíamo, en Plaza de Mayo. Sin comprometerse en el universo de la política representativa –aunque sea para rediseñarla radicalmente– es improbable que se pueda evitar que la indignación moral desemboque en más indignación moral.

Desde luego que el diseño de las democracias actuales no constituye un horizonte insuperable ni el orden político al que debemos resignarnos hasta el final de los tiempos. No dudo de que las actuales democracias padecen males que piden a gritos su corrección; los partidos se han anquilosado, no hay estímulos ni cauces para la participación ciudadana, sus instituciones son a menudo secuestradas por grupos de interés y la corrupción se impone a la ley y a las consideraciones

acerca de la "policia argentina":
Pienso que la policía , en todo el mundo , es más o menos igual .
En situaciones de caos , político , económico , etc , la policía , cuando pega , tortura , etc , en el fondo , lo hace para defender "su empleo" , porque si no lo hace , lo hechan .
Solo algunos tienen el coraje moral de analizar las órdenes , si son buenas , o malas .
Y rebelarse y / o irse .
Hablar es fácil , otra cosa es ser protagonista en directo .

Caparros, se te olvido decir que EL PERONISMO K fue el que arreglo la debacle del 2001 que fue consecuencia de gobiernos Antiperonistas !

Por alla abajo hay un tal Federico que le dedica algo a "los españoles que nunca han sufrido al peronismo".
Sabra este Federico que Esapaña fue uno de los paises que mas se beneficio con el Peronismo ?, Sabra este Federico que en Argentina la mayoria de los inmigrantes Espanoles se hicieron y son Peronistas ?

Martín Caparrós, eres un locuaz servil que habla sin conviccion y lo unico que haces es defender los intereses mezquinos del Monopolio Clarin. Deshonras a tu pais y a los Argentinos con tus falacias.

publicado hoy en El Mundo digital :
"""Procesan al jefe de la Armada argentina por actividades de espionaje interno """
---------------------------------------------------------------------------
La Argentina ha dado muchos grandes pasos .
Pero todavía que mucho por hacer.
Como eliminar la casta de los "niños bonitos guerrilleros de cristo" dentro de los militares , especialmente la Marina .
Al Godoy , espero que lo manden al retiro inmediato , como ya hicieron con el marido de la burra que gritó a CFK en un acto público .

Podría referirse a lo que está ocurriendo en el espacio llamado LA COMUNIDAD en este diario. Justo queda en el extremo derecho de la página virtual en la que sale publicado su blog.

....hace un esfuerzo caparros,plantale cara a tus patrones y trata de encontrar algo positivo en el kirchnerismo,no es tan dificil si lo haces honesta y objetivamente....no soy peronista ni kirchnerista y casi me da igual la politica,pero este pais es otro desde kirchner,se ve en la calle,en la gente,hay ilusion,la gente ya no se va del pais sino que vuelve,solo un necio puede negarlo o alguien que le interese seguir desparramando mierda para conformar a sus jefes.

Es realmente ceguera? No reconocer que Argentina vivió un cambio positivo es realmente sospechoso de esconder un oculto interés. Entre otras cosas hemos aprendido a leer periódicos desde lo profundo de sus convicciones / intereses. Ademas de la disminución de la pobreza, la estatización de las pensiones, que con el sistema privado estaría en quiebra, la asignación universal por hijo, la disminución de la mortalidad materno infantil, ley de matrimonio igualitario, des penalizacion del aborto, ley penal tributaria, retenciones al agro e hidrocarburos, ley de tierras,etc. No es que está todo hecho, pero es muy difícil soslayar lo positivo de este gobierno.

Yo creí que los kirchneristas, que antes fueron menemistas, que antes fueron peronistas, que antes fueron camporistas y que genéticamente fueron golpistas iban a refutar las ideas. Sí, soy un poco naïf. ¿Es que cualquiera tira una frase y lo único que saben hacer es usar el fecaloma cerebral? Por dio...

Mira Martín sí en algo discrepo con vos, es en eso de lo que llamas "Fuerzas Represivas" Y no es porque estas no lo sean, sino porque la Policía Argentina es una de las fuerzas mas perversas que se hayan creado, que pasan desde la total ineptitud a la represión mas violenta sin chistar.Y pruebas al canto con lo que acaba de ocurrir en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Es delirante suponer que De Larrua en su caso haya tenido la mas mínima posibilidad de ejercer el control de ellas.Y a ello súmale las provocaciones de una izquierda insurrecta y tienes cerrado el circulo perverso.

Vuelvo a reiterar esta persona no se levanto nunca a las 04,00hs para ir a trabajar como lo hizo uno,es como los socialistas de aca que quieren hacer politica de un cafe,gradias

Vuelvo a reiterar,esta persona no se levanto para ir trabajar nunca a las 04,00 hs.como uno durante 40 años,es como los socialistas que quieren hacer politica desde un cafe,gracias

Bueno sin que yo me lo propusiera el comentario "aparentemente" ha aparecido. ¿Alguien me puede informar como funciona esta "vaina" ya que no es la primera vez que después de echar un párrafo he comprobado como se quedaba este colgado de la rama y yo sin saber que hacer.

Dime Martinico que yo no soy muy despabilao en esto.¿Como coño te enganchas en esta vaina?

Hay gente aca que opina porque el teclado es gratis, sin tener la menor idea de lo que es Argentina, opina, habla, dice boludeces, se aburre del tema etc. Solo les digo que, piensen en sus respectivos paises a ver con lo que se encuentran.

Se le acabaron las ideas ? que mente delirante!! que sigue? muero por leer el titulo del proximo post... ya es hasta gracioso o mejor dicho payasesco este tipo.

"Estimados contertulios", recuerden lo que jocosamente contaba el gran Facundo Cabral: "en una de mis habituales giras, hablando mal del capitalismo junte 500.000 U$A". Como todos sabemos, hablar mal del capitalismo ya no cotiza en la bolsa, ya no rinde dividendos, ahora hay que hablar mal de otras personas y de otros temas. Hay que recordar cómo nos fuimos caminando desde un barrio residencial ¿Recoleta? a Plaza de Mayo, sintiendo que por nuestras moléculas estaba pasando la Historia, casi como un Cipriano Reyes en el 47 o un Che Guevara bajando de la Sierra Maestra. De haber ido descalzos hubiéramos superado con creces esas epopeyas, pero a último momento recordamos que en el botiquín del baño no había agua oxigenada.

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta y Rey de España. Su libro más reciente es Los Living, premio Herralde de Novela 2011.

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