Martín Caparrós

Proyecto Hambre (1)

Por: | 26 de marzo de 2012

Estoy lejos de casa –y en un lío. En Dacca, Bangladesh, acabo de empezar el trabajo de campo para un libro que llevo años preparando. Todavía no sé su título pero sé que seguramente incluirá la palabra hambre, porque de eso se trata: una crónica/ensayo sobre uno de los temas más manidos y olvidados de este mundo de olvidos. Y, también: una tentativa de pensar sobre los trucos que nos permiten vivir más o menos tranquilos mientras mil millones de personas pasan hambre, se mueren de hambre. Para intentarlo estoy aquí; para intentarlo voy a seguir en los próximos meses por Asia, África, América Latina. Y a veces este blog mostrará momentos de esa búsqueda: imágenes, fragmentos, confusiones, los apuntes de un trabajo en curso.

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Dacca es la capital de Bangladesh: una ciudad de 15 o 20 millones de habitantes -nadie sabe seguro- adonde cada día llegan miles y miles de inmigrantes campesinos que huyen de las deudas, las inundaciones, el hambre, los rencores. Llegan con la ilusión de la ciudad que va a cambiar sus vidas. Muchos de ellos terminan en los inmensos slums –villas miserias, poblaciones, chabolas, favelas, callampas, cantegriles– que la atraviesan. Kamrangirchar, la más grande de todas, es una isla en el río Buriganga. En 1980 tenía 2.800 habitantes; ahora quizá medio millón. Todos son, por lo tanto, migrantes: personas que lo intentan.

Shahalla (1)

Shahalla dice que está atrapada: que no puede salir a trabajar porque no tiene con quién dejar a sus hijos porque en Dacca no tiene familia porque se vinieron del pueblo después de aquella inundación para ver si en Dacca les iba mejor pero no pasó nada, porque el inútil de su marido –dice “el inútil de mi marido” con un odio que le chispa los ojos– no quiere trabajar como debiera, como los hombres deben: que dice que no puede tirar del rickshaw o cargar ladrillos más de diez horas por día, que le duele todo, que ella no sabe lo duro que es eso, y ella que eso es lo que los hombres hacen y él que ella qué sabe y ella que lo que sabe es que. Y que entonces a veces tienen para comer y a veces no, y los días en que sus hijos la miran con hambre calladitos a veces piensa si matarlo no sería mejor y le parece que no pero no está segura.

–Si me meten presa, quién se va a ocupar de los chicos…

Shahalla tiene 23 años, una nena de siete, un nene de uno, y el nene no camina, no crece, no hace dientes, no hace nada de lo que un nene de un año debería. Y últimamente ya no come.

–Siempre comió el arroz que le daba, pero ahora no quiere.

Para muchos, aquí, comida y arroz es la misma palabra. A veces, una vez por semana, un trozo de verdura, la sopita de lentejas; cada mes, cada dos meses, algún resto de carne o medio huevo. Shahalla tiene rasgos tirantes, los huesos muy marcados, y se siente atrapada, dice: que cayó en una trampa. Pero romper un matrimonio es muy difícil cuando una mujer no tiene ninguna otra opción:

–¿Qué voy a hacer, volver a la casa de mi papá en el pueblo? Él ya tiene muchos hijos que mantener, no consigue darles de comer.

Su marido le quitó casi todo pero le dio, al mismo tiempo, una forma de explicar el mundo:

–Todo el problema es él. Si no fuera por él podríamos comer todos los días.

–Si tu marido fuera muy trabajador, ¿podrías tener una casa grande con un baño y una cocina para vos?

–Sí, claro.

Dice Shahalla, y le pregunto qué le gusta hacer cuando no tiene nada que hacer.

–Bueno, siempre tengo algo que hacer. Hay que limpiar, lavar, cocinar, todo el tiempo ocuparse de los chicos.

–Pero si en algún momento no tenés nada…

–Entonces juego con los chicos.

–¿Y alguna otra cosa?

–¿Qué otra cosa?

A Shahalla sus hijos le importan más que nada, y ahora está preocupada: ella sabía que si no comían la pasaban mal pero creía que si al final comían no pasaba más nada, y una médica de MSF le acaba de decir que no es así, que si sus hijos siguen comiendo mal van a tener muchos problemas cuando crezcan porque van a crecer menos y a aprender menos, dice, y que eso le dolió porque ella tendría que haber hecho otra cosa, dice, ser capaz de darles lo que necesitan, dice, una lágrima sola.

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En Dacca me recibe Médicos sin Fronteras (sección Bélgica), que hace un gran trabajo en su centro de Kamrangirchar tratando la malnutrición crónica en chicos y madres jóvenes. Los MSF ven más de cien pacientes por día, y su principal problema es cómo tratar una enfermedad que sus víctimas no perciben como tal: en general, la malnutrición no mata; matan las enfermedades que un organismo desnutrido no consigue rechazar. O, si no, la malnutrición produce vidas disminuidas: los chicos desnutridos no desarrollan sus cuerpos y sus mentes, se condenan a vivir poquito.

Mohamed (1)

Mohamed Masum llegó de su pueblo hace tres meses, lleno de ilusiones. Mohamed tenía un trozo de tierra que plantaba –arroz, algún platano, algún mango– pero tuvo que dejarlo: desde que se casó, sus hermanos le hacían la vida imposible.

-No sé, no les gustaba Asma, me decían que era pobre, que no tenía dote.

Pero él la había visto en el pueblo, le gustaba, le dijeron que era trabajadora y buena y decidió casarse; al final sus hermanos la aceptaron y todo se tranquilizó. O eso parecía; ahora, con la enfermedad de su padre –cuando todos saben, dice, que su padre se va a morir muy pronto– las peleas por la herencia se pusieron tan brutas que él prefirió vender su parte e irse.

–¿Es una herencia grande?

–Y, sí. Son tres trozos de tierra de cuarenta o cincuenta metros cada uno.

A Mohamed no le importó: hacía tiempo que quería venir a Dacca. Siempre le habían dicho que en la ciudad la vida era otra cosa.

–Yo sabía que la gente que vive acá tiene vidas cómodas, tranquilas, felices, que puede ganar bastante plata.

–¿De dónde lo sacaste?

–Gente que me lo había contado. Y alguna vez lo ví en la televisión, en mi pueblo, en la plaza. Ahí se ve que la gente de Dacca vive bien.

–¿Y seguís pensando lo mismo?

–Claro. Estoy teniendo una vida feliz y próspera, así que me voy a quedar acá.

Acá es su pieza de dos por tres –chapas y palmas– sin ningún mueble: nada. Mohamed es flaco, fibroso, cara de guerrero bengalí: un tigrecillo de Sandokán en el lugar equivocado. Asma tiene una sonrisa amable, plácida. Y alrededor revolotean sus tres chicos, todos en la pieza. Mohamed trabaja pedaleando un rickshaw: un triciclo que lleva uno, dos, cuatro pasajeros.

–¿Qué es lo peor del trabajo del rickshaw?

 –Lo peor es que es muy muy cansador. Es lo más cansador que hice en mi vida.

–¿Cuánto ganás por día?

–Y, según los días. Puede ser 200, puede ser hasta 400 takas.

Que son casi cinco dólares. Le pregunto qué es lo bueno de trabajar un rickshaw.

–Nada. Pero no tengo plata ni conozco a nadie; por ahora es lo único que puedo hacer. Igual yo siempre quise estar en Dacca, así que ahora estar acá me hace sentir feliz. Pero es verdad que en mi pueblo siempre tenía algo para comer. En cambio acá si no puedo trabajar no como. Ahora hace dos días que no me siento bien y no puedo ir a trabajar, ya nos quedamos sin comida. Eso no es tan agradable.

Es la zozobra de buscarse la vida cada día. La ecuación es muy simple: no hay reservas. Si hoy consigue plata, su familia y él comen; si no, no. La famosa seguridad no existe: hay que salir y ver, y puede ser y puede no ser. Y su mujer asiente y después tiene que salir para llevar a un hijo a hacer pis afuera y entonces, en voz baja, como para que no lo oiga, Mohamed dice que a veces se le hace muy pesado, que la responsabilidad es muy pesada, que saber que si él no trae ninguno de los suyos come es muy pesado, que a veces sabés qué.

–No, no sé.

–A veces creo que sería mejor ser una mujer.

Dice y alza las cejas, como si se asustara de sus propias palabras. Nos miramos, yo no sé qué decirle. Asma vuelve con el nene y dice que si estamos hablando de no tener comida deberíamos callarnos, si no nos da vergüenza.

–De esas cosas no se habla. ¿Para qué vamos a hablar? Ya bastante tenemos con lo que nos pasa.

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Unas son chozas de paredes de lata, techo de palma, suelo de tablones desparejos, sostenidas apenas por unas cañas de bambú muy largas enterradas en el pantano tres metros más abajo. Sus habitantes viven, más allá de metáforas malas, en equilibrio tan precario: para salir de sus casillas, para cocinar, para lavarse, caminan por puentecitos hechos de tres o cuatro bambús -y abajo el agua negra, hedionda: el olor de sus vidas.

Otras son como conventillos, solares, inquilinatos degradados: veinte o treinta cuartos precarios amontonados alrededor de un par de patios, unas hornallas y una letrina y una bomba de agua. En cada cuarto hay una cama que lo ocupa todo, sin colchón –una tela sucia sobre tablas–, las paredes de chapa con agujeros grandes como gallinas, trapos colgando, alguna cacerola, un par de ropas rotas. Es difícil tener -haber, poseer, ser propietario de- menos que esto.

 Momtaz (1)

Momtaz está indignada porque ayer tuvo que llevar a un hospital a su hijo de dos años que se había cortado un dedo con un cuchillo y sangraba sin parar, y le pusieron ocho puntos pero cuando se quiso ir no la dejaron porque no tenía con qué pagar el tratamiento. Eran 1000 takas –poco más de 10 dólares– y la retuvieron varias horas, dice, con una mezcla de horror y vergüenza en la cara todavía. No la dejaban salir, estaba como presa, dice, y sus hijos en la casa solos, sin nadie que los cuidara y les cocinara algo, y el arroz a punto de acabarse y esos señores que la tenían como presa. O más bien presa, dice: presa. Fueron horas horribles; al fin una tía consiguió la plata y fue a buscarla. Ahora Momtaz no sabe cómo va a devolverla:

–Con esa plata nosotros comemos diez, quince días. Yo no puedo dejar de comer todo ese tiempo para pagarla.

Dice, y lo dice en un tono monocorde, como sin emoción -que es la emoción más bruta.

–No sé qué hacer, estoy desesperada.

Momtaz estaba sola: su esposo se fue al pueblo hace unos días porque se sentía enfermo y quería descansar: el rickshaw, dijo, lo estaba matando. Le dejó quince kilos de arroz y la promesa de que volvía en unos días, pero el arroz ya se está terminando. Momtaz no se acuerda cuándo fue que se casó ni cuándo vino –con su marido– de su pueblo: Momtaz se acuerda de muy poco, sigue hablando del desastre de ayer, de la deuda, del arroz que se acaba.

–¿Te parece que tu vida va a mejorar?

–No sé. Ya veremos más adelante.

Momtaz es flaca, chiquitita, los ojos como velados, arrugas de otra edad: formas de la tristeza.

–¿Qué podrías hacer para mejorarla?

–No sé, ahora yo no puedo hacer nada para mejorarla. Pero cuando mis hijos sean mayores voy a poder trabajar y ganar un poco más de plata.

Que sus chicos la mantengan cuando crezcan, que ojalá pudieran ir a la escuela, que si consiguieran la plata para los libros podrían mandarlos a la escuela. Los chicos parecen todos parejamente chicos, como si tuvieran una misma edad; en realidad tienen problemas serios de desarrollo por falta de alimentación. Son de esos chicos que no tienen chances: crecerán poco, con la inteligencia probablemente disminuida por esa carencia –y serán, con suerte, mano de obra bruta y muy barata.

–Pero lo que quiero para ellos es que tengan una vida tranquila, que tengan un futuro. No como mi vida, que está llena de miserias, siempre hay algo…

Le pregunto por qué tiene que vivir así, de quién es la culpa; Momtaz me mira como si la pregunta fuera demasiado difícil o brutal o superflua, vaya a saber, y se calla la boca. Un hijo le manotea la cara; Momtaz le aparta la mano, casi violenta. Después habla:

–La culpa es mía.

La culpa es suya, dice, porque tuvo demasiados hijos. Que tendría que haberse controlado, que se lo dijeron tarde, que si hubiera sabido antes, que si hubiera tenido solo dos hijos todo sería distinto; que todo sería distinto, dice, compungida. Que la culpa es suya, dice, insiste.

Hay discursos que son, por decirlo de una manera fina, un gran tarro de mierda.

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Fotos © Martín Caparrós

Continuará

Hay 46 Comentarios

Felicitaciones, Martín, por la crónica. Cruda y real postal de Dhaka. Tu estilo solo suma a sentirla. Gracias. Si necesitas algo más de Dhaka, sería un placer darte una mano. Estoy hace un año y seguiré por medio más acá tratando de entender el "desarrollo" desde su perspectiva. A seguir haciendo sentir. Un abrazo

Sos un pelotudo Caparros, otro golpista vendepatria. Metete tu bigotito burgues en el culo gil de cuarta.

Caparros, te vi en el aeropuerto Charles de Gaulle, en junio del año pasado, todo vestido de negro, pasando por el sector VIP, muy rápido, muy indiferente....
No se qué decir, dudo, no estoy segura de creer en dios, tampoco de no creer, no se que pensar de Agnes, es difícil entender la religiosidad desde fuera de ella, aunque como a vos, Ella nunca me pareció muy creíble, pero dudo....He acompañado a gente mientras moría, ricos o pobres, allí somos todos iguales, no me parece bien que nadie tenga que morir solo....., por eso dudo, si era tan malo lo de Agnes....
Me pareces igual de genial que de soberbio, ¿cómo te bancás ese espectáculo? ¿cómo te financiás?, ¿es una quijotada lo tuyo, o ganas dinero tambien con el hambre? ¿Sos un despertador de conciencias burguesas, para regresar luego al ascetismo de tu negrura, o un fenicio, o un ser comprometido con su tiempo, o nada de eso?
Dudo, comparto lo que decís sobre el regodeo de la señorita Agnes en lo tanático...., pero dudo, no es lo mismo que lo tuyo pero por otras razones? Entiendo, no queres aportar nada, no estas seguro de nada...., lo tuyo es una manera de ser nadie, como decis al principio, pero me pregunto si no estas de algun modo vos, cumpliendo el papel de algún "bueno"....
Termino, genial el uso del adjetivo basto, en la entrada anterior. Es placentero leerte, aunque finalmente, siga hambrienta de saber, de comprender, porqué pasa lo que pasa, porque mientras leo esto, todas esas personas mueren frente a tus ojos, sin que vos hagas nada....., y yo tampoco....

ya te fuiste? Porque no avisaste que venias! Yo trabajo en Bangladeshy te hubiese llevado a ver otras realidades ademas de MSF..

A diferencia de muchos comentaristas críticos pienso que el artículo sirve de disparador para la reflexión, obviamente es un fragmento de lo que luego será el libro, que creo va a ser muy interesante, no esperen encontrar en este pequeño artículo un gran desarrollo. Es muy interesante entrevistar a la gente y saber que piensa, sobre todo en un lugar tan distinto y tan igual al nuestro como la india

Rey Empedocles, dejalo que haga tour por Banglash sacándole fotos y reporteando a los menesterosos -mostrando, por otra parte,  lo que ya todo el mundo sabe- así, al menos, es menos nocivo que contribuyendo a crear una distorsionada y horripilante imagen de los argentinos en el extranjero. 


Seguramente él sabrá convertir la indigencia de esa gente en un libro que le reportará utilidades. Nada se pierde, todo se transforma. ¿Donará parte de lo recaudado para paliar minimamente la miseria de sus entrevistados?

Martín, si tenés tiempo me gustaría tener tu mail para comentarte algunas cosas de tu excelente libro Argentinismos. Me gustó porque comparto la reivindicación de la duda, varias de tus ideas y muchas no. Pero considero que lo importante no es lo que compartimos o en lo que disentimos, sino que nos obliga a pensarnos como sociedad.
Un abrazo.

Excelente Martín, es doloroso leerlo pero es necesario recordarlo y no hacernos los distraídos. No tengo una explicación, no me interesa tenerla. Me gustaría que pudiéramos encontrar una solución. A lo mejor, si los gobiernos gastaran menos en armas, coimas, sobreprecios para los amigos, etc., aunque sea se podría al menos paliar la situación. Es terrible saber que el desnutrido de hoy es el muerto de mañana, SIN NINGUNA RAZÓN QUE LO JUSTIFIQUE.

¿Qué MAYOR AMENAZA que POBREZA y DESESPERACIÓN?
Porque empleando el DINERO en SOLUCIONAR PROBLEMAS de agua, de analfabetismo, de cultivos, de alimentación, etc. y FORMANDO JÓVENES en las zonas de POBREZA CRÓNICA para LEVANTAR con su TRABAJO sus NACIONES.
Seguramente evitaríamos la GÉNESIS TERRORISTA ABONADA por la MISERIA.


Es un derecho humano GENERADOR DE PAZ:
Estar bien comido y vestido, con una buena formación y pudiendo acceder a un trabajo remunerado decentemente y a una vivienda digna.


Nadie en su sano juicio entiende tanto GASTO en GUERRAS SIN FIN y AGENCIAS ANTITERRORISTAS.
¿Tanto TERRORISTA anda suelto?


Mi pregunta es:

¿QUIENES GANAN DINERO "GESTIONANDO" tanto la POBREZA ETERNA como la AMENAZA CONSTANTE del TERRORISMO?

Observo, no sin un dejo de que el forista nino entrò en la variante de Gonzàlez, un inùtil a cargo de la Biblioteca que se cree "inteligente" y "sabio" por hablar "en difìcil". Pertenece a esa nueva "casta" de "ILUMINADOS" que, con las palabras que el "cree" conocer?, juega para denigrar y denostar al resto de los "ignorantes" e "idiotas" que desfilamos por el foro. PD. Pequeño comentario polìtico. Mucho dolor le causa a este "señor" que el mejor periodista argentino, incluyendo al escritor, devenido periodista, JORGE ASIS que como confesara se dedica a la "picaresca polìtica" denuncien de manera tan VISCERAL Y LACERANTE, el cruel DESPOJO Y LATROCINIO que el grueso de la dirigencia polìtica (por complicidad, complacencia y beneficios econòmicos que corresponden por estar "en la vereda del sol" del poder de turno y, a SABIENDAS, continùan denigrando la dècada del 90, en cualquier momento van a hablar de Baring Brothers y el emprèstito a Rivadavia, para OCULTAR Y BARRER bajo la alfombra estos 9 años de MAFIAS Y ASOCIACIONES ILÌCITAS. El asunto consiste en hablar del siglo pasado, imponer diarias agendas para sacar nuevos temas absolutamente triviales para, mientras tanto, elevar el grado de depresiòn y enfermedad mental a la mayorìa de los ciudadanos decentes. Ni queriendo SE PUEDE CONDUCIR TAN MAL nuestro paìs. Pero la fiesta se termina. Y, cuando el òrgano mas sensible de los argentinos quede vacìo (su bolsillo) se producirà aquello que muchos vejetes sabemos "tronarà el escarmiento". Pero este vez, no habrà PUERTAS DE CUARTELES de milicos para golpear para, de esa manera, la dirigencia polìtica ocultarse, hacerse los dolobbus pasar a retiro y volver, como siempre hicieron, hacièndose las CARMELITAS DESCALZAS, cual si ellos no hubieran participado como CÒMPLICES, en todos los golpes de ESTADO. Que a mi alguien me venga a CONTAR HISTORIA. Primer mandamiento argentino. EL QUE NO LLORA NO MAMA, EL QUE NO AFANA ES UN G I L. Capisce que significa la SUCIEDAD ARGENTINA?

No e neesario viajar a Bangladesh para observar la pobreza y la miseria. Me extraña don martìn, Ud. que supo hacer docencia diciendo que lo de la Madre Teresa era un "moritorio". Triste esta nota que no AGREGA ABSOLUTAMENTE NADA a lo ya sabido por todos los que concurren a tu blog. De que se trata, de mostrar la miseria humana? O acaso nos olvidamos de los versos del bardo. TRISTE Y TEDIOSA LA CONDICIÒN DE HUMANO. BAJO UNA LEY NACIDA Y A OTRA CONDENADA. QUE RAZONES TENDRÀ NATURA, RAZÒN Y PASIÒN, CAUSA DE LA ETERNA DIVISIÒN. O acaso, desde que a los humanos nos echaron del paraìso por haber comido del àrbol del conocimiento (lo que significaba exactamente el hecho de discernir, algunos, la diferencia entre BIEN Y MAL) alguien pudo haber creìdo, iluso, romàntico, agnòstico (ahora que se avivaron que Dios ha muerto) que tienen CONCIENCIA? Que viene a representar el "bastòn" con que toda religiòn suma acòlitos y multitudes con el sòlo objeto de ofrecer una "indulgencia" para la "vida eterna". Como dijera un poeta menor inglès del siglo XIX.
Entonces,
la vejez y la experiencia
te llevan a la muerte de la mano.
Y te hacen entender al cabo
De un camino tan largo y tan penoso
Que has estado en el error toda TU VIDA
Y en el barro tu màquina PENSANTE,
tan INGENIOSA, SOBERBIA Y SABIA.
O serà quizàs lo que antropòlogos y cientìficos viven descubriendo acerca de nuestra "naturaleza".
Mas que interesante serìa que muchos en el foro leyeran, cual si fuera una novelita de "ciencia ficciòn" este libro que recomiendo.
https://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/planeta12/12planet_index.htm
Y analizar, racionalmente, si los humanos no somos el producto de una MANIPULACIÒN GENÈTICA.
Pierdan un poco de su "valioso"? tiempo que se esfuma en su lectura. O acaso hasta el siglo XVI Occidente no creìa que la tierra era plana?

Caparrós, ¿cómo haces para comunicarte con estas personas? ¿Vas caminando con traductor, hablas bengalí o ellos mastican español?
Decía una amiga: ¿para qué voy a visitar un país con tanta miseria si no voy a poder resolver nada?
Ojalá tú hicieras algo por esta gente; vender tu laptop para que ellos coman varios días sería una buena idea. Digo, si todo lo que aquí has escrito no es hipocresía.
Saludos desde Ecuador.

maxi yo a los que sigo sin entender es a los boludos como vos que entran a felicitar con dos lineas como si se tratara de una tarjeta de casamiento y sin aportar una sola idea

Muy buena la cronica!
Sigo sin entender a los payasos que solo escriben para insultar, perdiendo el tiempo en leer a alguien que detestan.

El hijo de Shahalla mira en otra dirección y uno piensa qué bueno, otro camino, distinto al de sus padres, él se va a salvar. Pero luego uno lee y se entera que no crece lo que debería, que no quiere comer.
Uno ve lo que quiere y leyendo comprende lo que no.
Saludos, Caparrós, y ánimo para sobrevivir a ese abandono tan atroz, tan mezquino, con el que tenés que convivir.

Rey Empedocles: ¿Piensa lo mismo de Nick Ut, gracias a quien el mundo entero se enteró de lo que estaba sucediendo en Vietnam con aquella foto de la niña del napalm? ¿Usted está diciendo que Nick Ut le faltó el respeto a la humanidad por fotografiar la realidad, lo que estaba viendo/viviendo?

Me da un poco de impresión tener que salir en defensa de Caparrós, pero vale la pena. Cuando leí el artículo de Chiabrando noté que el significado que le da al concepto de sinécdoque no pasó más allá de lo bonito que le sonaba a primera vista, porque lo utilizó mal, al menos lo utilizó mal para referirse a esa nota de MC.
Para que haya sinécdoque es imprescindible que haya interrelación entre los dos entes que se comparan, y además los elementos aludidos deben relacionarse o incluirse entre sí: https://retorica.librodenotas.com/index.php?id=49

A pesar de que yo mismo critiqué esa nota (y de que además coincido con el análisis de Chiabrando) debo decir que MC lo que hizo -y hace habitualmente- es simplemente generalizar, o sea incluir dentro de una categoría universal a todos los sujetos de su análisis. Técnica llevada al paroximo y a la exaltación extrema en agudos filósofos como Jorge Larrata, sin ir más lejos.
Y una cosita más: Chinchin pegó el enlace como muestra de propaganda oficialista y Camila como muestra de la técnica opositora. Muchach@s argentin@s, pónganse de acuerdo.
Como diría mi tía Luisa: "exactamente, todo lo contrario" :)

Chinchin: muchas gracias por el enlace que envias; aprendi 2 cosas : que es una sinecdoque y una nueva estrategia para desarticular las falacias de la oposicion necia.
saludos
pd: el que quiera leer el excelentisimo articulo de pagina 12, dejo el enlace - repito, gentileza de chinchin.
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-33088-2012-03-27.html

EL HAMBRE


Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra.
Tú que arrojaste al círculo del horizonte abierto
la alta proa del viking, las lanzas del desierto.
En la Torre del Hambre de Ugolino de Pisa
tienes tu monumento y en la estrofa concisa
que nos deja entrever (sólo entrever) los días
últimos y en la sombra que cae las agonías.
Tú que de sus pinares haces que surja el lobo
y que guiaste la mano de Jean Valjean al robo.
Una de tus imágenes es aquel silencioso
dios que devora el orbe sin ira y sin reposo,
el tiempo. Hay otra diosa de tiniebla y de osambre;
su lecho es la vigilia y su pan es el hambre.
Tú que a Chatterton diste la muerte en la bohardilla
entre los falsos códices y la luna amarilla.
Tú que entre el nacimiento del hombre y su agonía
pides en la oración el pan de cada día.
Tú cuya lenta espada roe generaciones
y sobre los testuces lanzas a los leones.
Madre antigua y atroz de la incestuosa guerra,
borrado sea tu nombre de la faz de la tierra.


Jorge Luis Borges
El otro, el mismo (1964)

Caparros.
Relax……………………………………………x
Ahora descubrís que hay hambre en el mundo. Congratulation. Gracias por avisarme ! !.
Yo creía que en plena hegemonía capitalista , el hambre era un invento. Un mito creado por los “populistas” para ensuciar y difamar a las bondades del libre mercado.
Si no entendes un pomo de lo que ocurre en tu país (Argentina ?, España ? ),¿ como pretendes entender lo que sucede en Bangladesh?. AH ! Cierto que vos no pretendes entender nada; simplemente te dedicas a hacer dinero contando las desgracias de los mas humildes; y acto seguido, te enrolas en las filas del stablishment para asegurarte de que, el "sagrado" Status Quo, te siga proporcionando entretenidas historias para “divertir” a la burguesía frivolizada que, en el colmo de su hipocresía, pretende simular un interés por los demás.
No le faltes el respeto a la humanidad. Comenzá a escribir en una revista te chimentos, esa es tu verdadera vocación.

No te vayas tan lejos, Martín. Si te internás en el Chaco o en Formosa, acá en la Argentina, tendrás también muy buenos testimonios sobre el hambre.

La nota es muy buena y tus libros de viajes son los mejores que lei. "Larga Distancia" es una obra que abre los ojos como seguramente tu proximo libro.

Estuve en la India en 2008 y observe exactamente lo mismo.

Les dejo mi cronica y mi blog por si acaso a alguien le interesa:

https://fecadeatorrantes.blogspot.com/2009/09/anotaciones-encontradas-ayer-del-primer.html

Excelente artículo, la verdad me pone la piel de gallina. Pensar que yo tengo casa, LCD y PS3 y me sigo quejando, mientras otros son felices con un poco de arroz al día.

Excelente artículo, la verdad me pone la piel de gallina. Pensar que yo tengo casa, LCD y PS3 y me sigo quejando, mientras otros son felices con un poco de arroz al día.

La pobreza, a mi juicio, es una calamidad que las teorías marxistas no alcanzan ni alcanzaron a explicar en plenitud desde su verdadera naturaleza, se trata de un fenómeno social mucho más complejo que la mera distribución equitativa o no de los recursos. Es consecuencia directa e indirecta de la ignorancia, la desidia, la tradición, la obediencia al poder, la resignación, el conformismo, la fatalidad, la naturalización de la desigualdad y la injusticia ¿Es el capitalismo, como sistema, perverso en sí mismo y a su vez la razón necesaria y excluyente de tales desgracias u-ni-ca-men-te?, si así fuera la pobreza no hubiese tenido explicación teórica convincente en las sociedades pre-industriales, o en el medioevo bajo el yugo feudal o en la antigüedad; sin embargo lo vemos como una constante histórica permanente en todos los sistemas sociales desde siempre y hasta la actualidad. (¡!)


La hipocresía occidental, muy cristiana, ella, basada en la sacralización de la pobreza como valor legítimo en sí misma a través del consabido doble discurso, sostiene a Jesús como el paradigma religioso, él era pobre, nació en un establo en condiciones similares -o peores aún- de las que viven en la actualidad los desdichados habitantes de Bangladesh; él lucía su pobreza como una cualidad divina emulada por sus seguidores. Dios es pobre. Todas las religiones condenan la riqueza. La riqueza y el bienestar social son diabólicos y nos empujan a experimentar sentimientos de culpa y de mezquindad muy freudianos, pero al mismo tiempo son el parámetro “legítimo” desde donde se delinea la pobreza.


Me gusta la convicción obstinada de Galeano cuando habla sobre el tema: “¿Será que los pobres son pobres porque su hambre nos da de comer y su desnudez nos viste? No estalla como las bombas ni suena como los cuchillos. El hambre que mata callando mata a los callados, a los condenados al silencio y al olvido. De ellos sabemos todo. Los expertos, los pobrólogos, los estudian y nos ofrecen los datos actualizados. Cuántos son los pobres, en qué trabajan cuando trabajan, qué no comen, cuánto no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no piensan, qué no vota, en qué no creen. Sólo nos falta saber por qué los pobres no son pobres. Ellos que en las guerras son los muertos, y son los muertos en los huracanes, en los aludes, en los terremotos, en las inundaciones, en las sequías y en las demás catástrofes. Ellos que en las cárceles son los presos más solos.”

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Sobre el autor

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es escritor y periodista, premios Planeta, Herralde, Rey de España. Su libro más reciente es la novela Comí.

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